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«UNA MEZCLA PERFECTA ENTRE CÓMICS, GÉNERO NEGRO Y SERIE B. ¡El TWIN PEAKS DE LOS BLOGS!»

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

El arte de mirar



Algunos relatos protagonizados por voyeurs han acabado convirtiéndose en varias de las obras maestras que jalonan la historia del cine, y es lógico que un arte tan visual como el séptimo haya celebrado en muchas ocasiones una actividad tan reprobable como humana como es la de espiar al prójimo. Recuerden a los fotógrafos de La ventana indiscreta, El fotógrafo del pánico o Blow Up, o al actor en paro de Doble cuerpo, filmes dirigidos por Alfred Hitchcock, Michael Powell, Michelangelo Antonioni o Brian De Palma que se han convertido en todo un tratado acerca del arte de mirar.



Curiosamente, otro arte visual como el cómic no ha reincidido tanto en la figura del voyeur, aunque los títulos que hoy comentamos no son ni mucho menos los primeros ni serán los últimos: recuerden, por citar alguno, el Voyeur de Horacio Altuna o el reciente serie El apartamento de Kang Full, sin olvidar el estupendo Tamara Drewe de Possy Simonds, que en cierta forma participa de este subgénero. Pero ya era hora de que nos encontrásemos con una obra maestra indiscutible del noveno arte que plasmara una reflexión acerca de esta actividad.



Pero vayamos antes por estricto orden de aparición y hagámonos eco de la publicación de "Una sensación conocida", el primer volumen de la trilogía Rosalie Blum de la francesa Camille Jourdy que publicó a finales del pasado verano la editorial La Cúpula. En este primer álbum, cuyo título original hace referencia a la sensación de déjà-vu que todos hemos experimentado alguna vez, la autora sitúa la acción en un pequeño pueblo de provincias donde el día a día transcurre con lentitud sumiendo a algún que otro vecino en un inevitable estado de somnolencia y tedio.



Ya desde la primera página el lector conocerá a Vincent, un peluquero de treinta años, soltero, que todavía vive con su anciana madre, una mujer excéntrica que en ocasiones deja entrever los primeros síntomas de lo que podría ser alzheimer. El devenir cotidiano del joven, por lo general sin ningún elemento que se salga de la más profunda monotonía, se transforma cuando descubre a Rosalie, una misteriosa mujer... al menos misteriosa para él, que lo desconoce todo de la chica y que así acaba por envolverla en un cierto halo de fascinante misterio que podría muy bien no tener razón de ser.



Aburrido de su rutina diaria, Vincent se convertirá en un voyeur que espiará y seguirá a Rosalie a lo largo de sus paseos por el pueblo, descubriendo que muchas noches se dedica a visitar un local donde bebe en solitario para, quizás, olvidar un pasado que la atormenta. ¿Qué esconde Rosalie Blum?, se preguntará Vincent, y junto a él un lector que no puede dejar de pasar las páginas observando con interés actividades en principio de lo más anodinas.



El estilo gráfico de Jourdy, que puede recordar a otros autores galos como es el caso de Étienne Davodeau (autor de Caída de bici y El testimonio), remite al mundo de la ilustración para libros infantiles, una idea subrayada por la distribución de las viñetas y por una fuente de texto -tanto en el original francés como en la versión autóctona- también propia de este tipo de publicaciones. No obstante, y como el lector ya habrá supuesto, Rosalie Blum no es un cómic para niños, pues promete ser una radiografía de la vida cotidiana a través de las figuras de Vincent, Rosalie y el resto de personajes del elenco.





La obra, como dijimos antes, es una serie de tres volúmenes cuyas entregas segunda y tercera esperamos no tarden demasiado en ver la luz en nuestro país (en Francia ya han sido publicadas todas ellas). Solo entonces podremos valorar con justicia una obra que promete ser de lo mejor del año que está a punto de terminar.



Una obra que no promete nada, pues es ya una firme candidata a ser uno de los títulos imprescindibles de este 2009 también ha sido publicada por la editorial barcelonesa, y lleva la reputada firma de Beto Hernandez. El autor, también conocido como Gilbert Hernandez, y al que los lectores identificarán como la mitad del tándem creador de la mítica Love & Rockets, ya nos ha ofrecido recientemente títulos imprescindibles como todos los del ciclo Palomar, así como Pereza o Una oportunidad en el infierno (todos ellos, a excepción de Pereza -editada por Planeta-, pertenecientes al catálogo de La Cúpula). Nos referimos a Hablando del diablo.



Si en la traducción del título de la obra de Jourdy se ha decidido adaptar la expresión "déjà-vu" como "Una sensación conocida", en este caso es inevitable que se haya quedado en el camino el doble sentido de la edición original de Dark Horse: la versión española de Speak of the Devil sería "Hablando del rey de Roma", pero en el caso de traducirlo así se perdería la alusión al disfraz que usa el voyeur de este relato ambientado en un barrio residencial cualquiera de una ciudad cualquiera de Estados Unidos.



La protagonista de esta historia, al menos en su arranque -pues pronto la obra se convertirá en una composición coral-, es Val Castillo, una joven estudiante y gimnasta que pronto descubriremos es quien se esconde detrás de una máscara satánica para espiar a sus vecinos. Lo que Val no sabe, ni el lector tampoco aunque Beto Hernandez pronto se lo enseñará sin compasión alguna, es que la actividad de Val le va a traer a ella y a los que la rodean fatales consecuencias.



En este círculo de personajes que se mueven alrededor de Val nos encontraremos con su padre Walter, que parece adorar a su hija y a su esposa pero cuyo trabajo lo mantiene en muchas ocasiones lejos de casa; su madrastra Linda, que aparenta ser una gran mujer pero a la que Val no acaba de apreciar; o los mejores amigos de esta, el introvertido y taciturno Paul, que guarda un gran secreto, o su compañera de equipo Patty, lesbiana y posiblemente enamorada de su mejor amiga.



A partir de estos y otros personajes, y de cómo sus vidas se entrecruzan repetidas veces armando una red de relaciones, confidencias y mentiras, el autor no solo ejecuta lo mismo que la citada Camille Jourdy -esto es, reflexionar sobre la condición humana a partir de un fresco plural que habita en un espacio delimitado-, sino que articula un relato que funciona a varios niveles al unísono, sin estridencias: Hablando del diablo funciona desde su primera página como un slice of life costumbrista pero al mismo tiempo fascinado por el lado más oscuro del ser humano -en la línea que han hecho populares autores como Daniel Clowes o Adrian Tomine-, pero pronto se convierte en una pesadilla increíble -en todos los sentidos del término- que participa y se ríe al mismo tiempo de la literatura de género más alocada, de los relatos de terror pulp sin pies ni cabeza y de lo más truculento, como ya hiciera Hernandez -con mucha menos fortuna, dicho sea de paso- en Grip (El extraño mundo de los hombres), un trabajo como Pereza creado para Vertigo de DC y que aquí publicó hace una década Norma Editorial.



Por si esto fuera poco, Hablando del diablo podría usarse como manual es clases prácticas de historieta, ilustrando a la perfección cualquier doctrina de Will Eisner, Scott McCloud o cualquier otro teórico del cómic, habida cuenta de la portentosa planificación de viñetas, y del uso tanto de diálogos magníficamente escritos como de secuencias narradas exclusivamente con imágenes.



Y es que muy pocos autores tienen a su alcance decir tanto con tan poco: en las páginas de Hablando del diablo el lector se encontrará con narración repleta de sugerencias, de dobles lecturas, de expresiones de incomodidad o dolor que no se ven tras una careta sonriente pero si intuyen (por ejemplo, en las páginas 37 y 38), o una sombra en una pared cargada de evocaciones (página 73, última viñeta). Y son solo algunos de los muchos ejemplos que podríamos rescatar para recomendar esta obra, pero preferimos dejar el placer de experimentarlos de primera mano a cualquier lector afortunado que dé una oportunidad a esta obra.



De esta forma, Hablando del diablo pasa a engrosar una de las producciones más indiscutibles de la historia del cómic reciente, haciendo gala de una poética de lo extraño que desde hace ya un tiempo empieza a ser reconocible, y no solo por el popularísimo estilo gráfico de Beto Hernandez; una manera de observar la realidad y traducirla en arte que convierte al autor en hermano bastardo de otros artesanos de pesadillas como el escritor J. G. Ballard o los realizadores David Lynch y Michael Haneke. Háganme caso y no dejen pasar esta obra: podríamos estar ante el tebeo del año. Quien avisa no es traidor.


Título: Rosalie Blum (Vol. 1: "Una sensación conocida")
Autor: Camille Jourdy (guión y dibujo)
Editorial: La Cúpula
Fecha de edición: agosto de 2009
128 páginas (color) - 18 €


Título: Hablando del diablo
Autor: Beto Hernandez (guión y dibujo)
Editorial: La Cúpula
Fecha de edición: octubre de 2009
132 páginas (b/n) - 18 €

[Fotografía: Camille Jourdy.]

martes, 17 de noviembre de 2009

Bodrios que hay que ver: Robot Ninja

Es ya lugar común decir que hasta la aparición de Alejandro Amenábar, John Carpenter era el único director de cine que además componía sus propias bandas sonoras. Pues hete aquí, amable lector de estos "Bodrios que hay que ver", que he descubierto a otro capaz de hacerlo. Bueno, lo de capaz igual es discutible...



Este caballero tan majo no es otro que J. R. Bookwalter, autor de películas de títulos tan prometedores como The Dead Next Door, Zombie Cop, Kingdom of the Vampire, Galaxy of the Dinosaurs, Humanoids from Atlantis, Ozone, The Sandman -esta la vi hace años y la recuerdo penosa penosa- y las partes segunda y tercera de Witchouse. Vamos, un carrerón. Pero si hay un film que destaca en su producción, y que le ha granjeado legiones de fanáticos del cine de serie Z, ese es sin duda el que hoy nos ocupa: Robot Ninja. ¿Verdad que el título ya promete... pesadillas? Pues en efecto, esta producción de 1989 es una de las películas más casposas y lamentables jamás filmadas, y pasa a engrosar desde ya no solo la lista de bodrios protagonizados por héroes, superhéroes o antihéroes de saldo -recuerden a Vampirella, La Mujer Murciélago o el Lightspeed de Stan Lee-, sino que incluso merecería estar en un hipotético "Top 10 de lo Más Peor" que ha pasado por esta simpática sección de los martes.



En realidad, Robot Ninja cuenta con un argumento que sin ser nada del otro jueves podría haber dado mucho más de sí: Leonard Miller es un autor de cómics cuya fama proviene de su más célebre personaje, el justiciero Robot Ninja. Es tal su éxito que una cadena de televisión ha comprado los derechos del personaje y emite una serie sobre sus andanzas emulando el tono naif del Batman de los años 60 -detalle para los más friquis: el mandamás de la cadena está interpretado por Burt Ward, el Robin de dicha serie-, lo cual le da a su creador unos beneficios económicos importantes. Pero el bueno de Leonard no está satisfecho con la adaptación, pues según él malogra el tono serio del cómic y convierte a su personaje en un pelele infantiloide. Por si esto fuera poco, la editorial intenta convencerlo continuamente de que suavice el contenido de sus historietas para acercarlo más a la exitosa serie y poder así ampliar el número de lectores.



Harto de estas intromisiones en su creatividad, y después de ser testigo de cómo un grupo de pandilleros ultrajan y asesinan a una pareja que salía de cenar en un restaurante, convence a un amigo suyo que es inventor -qué apropiado, ¿no?- para que le diseñe un traje similar al de su personaje, a prueba de balas, provisto de cuchillas mortales en las muñecas y con un distorsionador de voz que impresione a los criminales. De esta forma, Leonard se convierte en su propia creación, pretendiendo así ayudar a los inocentes en peligro y, de paso, recordar al mundo que este es un lugar peligroso y que resulta necesario tomarse en serio a personajes como Robot Ninja... Claro, más le valdría haberle puesto un nombre menos ridículo, así como una apariencia que recordara un poco menos a Schredder, el villano de Las Tortugas Ninja. Todavía no entiendo como Eastman y Laird no lo denunciaron por plagio.



Lo más interesante del film es cómo retrata la evolución del personaje de Miller, que pasa de ser un chaval con la mejor de las intenciones a convertirse en un justiciero psicótico ávido de sangre, capaz de eliminar sin piedad a los mencionados pandilleros (liderados por una mujer de raza hispana que intenta impresionar y lo único que consigue es dar risa)... Aunque, como he leído por ahí, a estos Charles Bronson se los habría cepillado en los primeros diez minutos de película sin necesidad de traje, cuchillas o distorsionador de voz. Por lo demás, finalmente, un Leonard cada vez más desquiciado acaba suicidándose, y sus últimas planchas -que muestran lo mismo que sucedió en realidad- revelan que todo formaba parte de un plan urdido con anterioridad.



Entonces, si la idea no es tan mala... ¿Por qué Robot Ninja es tan, tan, tan, tan lamentable? Pues, para empezar, porque el oficio de los actores, del primero al último, es profundamente deficiente, y el hecho de que sus personajes se apelliden como directores, guionistas o actores del cine fantástico de la época -Cameron, De Palma, Hickox, O'Bannon, Spinell, Barbeau- tampoco es el colmo de la originalidad, y se ha hecho antes (El terror llama a su puerta) y después (Destino final). Pero, sobre todo, el desastre es culpa de Bookwalter, cuyo talento como realizador brilla por su ausencia. Por si esto fuera poco, el presupuesto del film se adivina mucho, muchísimo más irrisorio que el bautizo de cualquiera de vuestros sobrinos. Es más: el acabado del film -que, dicho sea de paso, no pasa de los setenta y pocos minutos- recuerda poderosamente al de cualquier realización en vídeo de la boda más chusca a la que jamás hayamos asistido, y cuenta con unos títulos de crédito, unos efectos especiales y una partitura original realizados con un ordenador Amiga (no es broma, véanlo en los créditos finales). Por supuesto, en este desaguisado Bookwalter ejerce de hombre orquesta capaz de dirigir, producir, escribir, montar, componer la banda sonora y hasta interpretar un papel secundario. Así le salió.



En fin: que Robot Ninja -donde, por cierto, participa en labores de producción el simpar David DeCoteau, director de Crepozoides, y donde aparecen presencias de culto como Scott Spiegel y Linnea Quigley- es de lo más lamentable que sus retinas llegarán a contemplar jamás. Avisados están. Y por si tienen curiosidad, en su web oficial J. R. Bookwalter habla de últimas tecnologías y de sí mismo, en ese orden.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Diciembre: Novedades Norma

Norma Editorial, en sus novedades para el próximo mes y que se pondrán a la venta este viernes 20, viene apostando fuerte por los clásicos: nada más y nada menos que un par de títulos de Hugo Pratt, uno un lujoso libro de ilustraciones hermano de Viaje imaginario y el otro un inédito que supone el inicio de una nueva colección dedicada al creador de Corto Maltés; así como el segundo volumen del Little Nemo de Winsor McCay recopilado por Peter Maresca o el segundo tomo de tiras de Dick Tracy de Chester Gould. Por si esto fuera poco, una antología de Katsuhiro Otomo, el autor de Akira y La leyenda de Madre Sarah, cofres integrales de obras de Dufaux y Jodorowsky, y material de Indiana Jones con la firma de autores clave de los 80 como John Byrne, Howard Chaykin o Walt Simonson.



- Sandokán: El Tigre de Malasia
Hugo Pratt & Mino Milani
80 pp. (b/n) - 19 €



- Viaje secreto
Hugo Pratt
420 pp. (color) - 60 €



- Giacomo C.
Dufaux & Griffo
15 álbumes (color) - 49 €



- Megalex
Alejandro Jodorowsky & Fred Beltran
3 álbumes (color) - 19 €



- Astro City (Vol. 1: "Vida en la gran ciudad")
Kurt Busiek & Brent E. Anderson & Alex Ross
192 pp. (color) - 19,95 €



- Little Nemo in Slumberland (Vol. 2: "¡Muchos más espléndidos domingos!")
Winsor McCay
128 pp. (color) - 120 €



- Dick Tracy (Vol. 2: 1933-1935)
Chester Gould
384 pp. (color) - 29,50 €



- Katsuhiro Otomo: Antología
Katsuhiro Otomo
210 pp. (b/n) + 50 pp. (color) - 18 €



- Indiana Jones (Omnibus, Vol. 3)
John Byrne & Howard Chaykin & Walt Simonson & Ron Frenz et alii
368 pp. (color) - 19,50 €



El resto de novedades incluye una nueva entrega de un clásico incontestable como Los Archivos de The Spirit, dos volúmenes de los Archivos de WildC.A.T.S. y Witchblade, un nuevo número de The Boys de Garth Ennis, el regreso de Thorgal, más material de Buffy Cazavampiros y un nuevo título de Luis Royo. Para conocer todos estos títulos, lo mejor es consultar el catálogo de novedades de la casa:

Norma Editorial: Novedades Diciembre 2009

domingo, 15 de noviembre de 2009

Un sábado noir

Arrancó la velada con la lectura de Las serpientes ciegas, flamante tercer Premio Nacional de Cómic. Una narración que el guionista Felipe Hernández Cava ambienta en el New York de 1939, con una gran urbe azotada todavía por la Gran Depresión, y a la que llega un hombre misterioso en busca de Ben Kotch, el cual a su vez busca a un antiguo compañero del partido comunista en Estados Unidos con el que acabó encontrándose de nuevo durante la Guerra Civil española.



El relato, ilustrado por un Bartolomé Seguí de talento desbordante, bebe de los iconos del género negro para dar un giro final hacia el fantástico, en una pirueta narrativa que me recordó poderosamente a El corazón del ángel, la película de Alan Parker basada en la novela El ángel caído de William Hjortsberg. El resultado es una de las novelas gráficas más redondas que he tenido el gusto de leer en los últimos meses, y que -ahora sí- recomiendo encarecidamente de primera mano. Eso sí: ha hecho falta que le den el codiciado galardón que ya ganaron Max y Paco Roca para que pudiera encontrar sin problemas un ejemplar en Fnac. En su día lo busqué allí, y en un par de librerías especializadas en cómic, y fue en vano.



La velada continuó con Born to Kill, producción de la RKO estrenada en 1947 y emitida por televisión como Nacido para matar. El film, dirigido por el gran Robert Wise, es un espléndido ejemplo de los melodramas noir que produjo la extinguida compañía en aquella época: producciones de serie B basadas muchas veces en novelas del género con ingredientes pulp (en esta ocasión, Deadlier than the Male de James Gunn), que ofrecían una mirada de lo más amarga y en ocasiones hasta obscena de la condición humana, con un atrevimiento del que los filmes de las grandes productoras de Hollywood no podían ni querían hacer gala.



En esta ocasión el reparto lo encabeza Claire Trevor, que nueve años antes enamoró a las plateas de medio mundo como la prostituta de buen corazón de La diligencia de John Ford y un año más tarde reincidiría en el género negro con la soberbia Cayo Largo de John Huston, con un trabajo que le reportaría un Oscar como Mejor Actriz de Reparto.



Le acompaña un actor de talento más limitado: el malogrado Lawrence Tierney, un intérprete que pasó toda su existencia dando vida a tipos duros, del Dillinger de Max Nosseck (Dillinger, 1945) al Joe Cabot de Quentin Tarantino (Reservoir Dogs, 1992). En el film que nos ocupa Tierney interpreta a Sam Wild (significativo el apellido: "Salvaje"), un tough guy que pronto se revela como un psychokiller sin complicaciones morales que no desentonaría en una novela cualquiera del gran Jim Thompson.



El film cuenta con el siempre eficiente Elisha Cook Jr. en uno de sus habituales papeles secundarios en cintas de temática criminal; recuérdenlo, nada más y nada menos, que en El halcón maltés, El sueño eterno y Atraco perfecto a las órdenes de Huston, Hawks y Kubrick. Y aunque este Born to Kill no le llegue ni a la suela de los zapatos a estos títulos tan excelsos, ofrece lo que ofrecían esas mismas revistas de quiosco al estilo Black Mask que compra el misterioso protagonista de Las serpientes ciegas al llegar a la Gran Manzana.



Después de esta velada, e imagino es bastante comprensible, me han entrado unas ganas terribles de hacerme con Todo Marlowe; esto es, todas las novelas y cuentos de Raymond Chandler con Philip Marlowe como protagonista reunidas en un solo tomo. Casi nada. Y es que no hay nada como dejarse llevar por los maestros -los más grandes, y también los más discretos- del género policíaco y pasear por calles de New York, San Francisco o Los Angeles pobladas por individuos vestidos elegantemente y cuyos sombreros parecen ocultar bastante más que su pelo.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Las recomendaciones del sábado



Cómic:
NOCHES DE ZIPANGO
Hideshi Hino
(La Cúpula, 2009)

Una niña vive obsesionada con ratones que tiene por mascotas, otra despierta por la mañana con la cabeza del revés y la cocinera de la escuela es acusada de bruja mientras varios alumnos desaparecen misteriosamente... Estas son solo tres de las siete historias que incluye esta nueva antología del autor de El hijo del diablo y Galería de horrores. Relatos como "Lo que tienes detrás" o "¿Quién eres tú?" dan buena prueba del poderío imaginativo y la fuerza visual que han convertido a Hideshi Hino en el autor más influyente del cómic de terror japonés. Absolutamente imprescindible para los fanáticos del género.



Libro:
LA DIOSA CIEGA
Anne Holt
(Rocaeditorial, 2009)

La subinspectora de la Policía de Oslo Hanne Wilhelmsen debe resolver una serie de crímenes que están llevándose a cabo en la capital al mismo tiempo que soluciona algunos de los problemas de su vida personal... Con esta novela empieza a publicarse en España una de las series policíacas de esta autora, antigua abogada que llegó a ser ministra de Justicia de Noruega, y que debe también su dominio en el ámbito de la justicia criminal a su pasada dedicación como asesora legal del cuerpo de Policía de su país. Satisfará a los amantes del best seller de intriga.


(De: El Periódico de Villena, n.º 202, 13-XI-2009).

viernes, 13 de noviembre de 2009

Culto al cuerpo

Ya lo dijimos en su día: The Surrogates de Robert Venditti y Brett Weldele es uno de los mejores cómics de género de los últimos años, y su precuela, también editada aquí por Glénat, no ha hecho sino confirmar las excelencias de este relato de anticipación.

La obra de Venditti y Weldele vuelve a ponerse de actualidad gracias a la adaptación cinematográfica dirigida por Jonathan Mostow y protagonizada por Bruce Willis, y que nos ha gustado más de lo que esperábamos. De ambos, cómic y film, hablamos en la columnad de Abandonad toda esperanza de hoy:

Que se mueran los feos

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Noviembre: Novedades Glénat

Ojo con las novedades de Glénat para este mes: destacamos cuatro, que incluyen nada más y nada menos que la tercera entrega de Los náufragos del tiempo de Forest y Gillon, obra maestra del tebeo europeo de ciencia ficción, y El experimento, el -al menos por un servidor- esperadísimo nuevo trabajo de Juaco Vizuete, autor de El resentido y dibujante de Julito, el cantante cojito:



- El experimento
Juaco Vizuete
96 pp. (color) - 19,95 €

Sinopsis: Si Franz Kafka regresara de la muerte para escribir un cómic de superhéroes, el resultado sería El Experimento. Juaco Vizuete, el autor de El Resentido -obra que le valió una nominación como autor revelación en el Salón del Cómic de Barcelona- nos sorprende en esta ocasión desplegando una variedad de registros gráficos que beben tanto de Jack Kirby como de Art Spiegelman, y corrobora que es un guionista sensacional. Con El Experimento, la novela gráfica alcanza un nuevo grado de madurez en España.



- Necróticas
Angel
64 pp. (color) - 15 €

Sinopsis: Necróticas es un libro de ilustraciones humorísticas que hará partirse la caja a las fans de Stephenie Meyer con sentido del humor. Su autor, Angel, es en realidad un demonio con el pincel y el cerebro tan afilados como los caninos del Lestat de Anne Rice. Sin que el pulso le tiemble, pero con ternura, abre en canal al rollo gótico y deja que se desangre por la herida a borbotones de carcajadas. Necróticas es, sin lugar a dudas, el libro que las hijas de Zapatero hubieran matado por regalarle a Obama.



- Los náufragos del tiempo (Vol. 3)
Paul Gillon
112 pp. (color) - 19,95 €

Sinopsis: Ciencia ficción en estado puro. Los náufragos del tiempo es una obra precursora de la ciencia ficción moderna. Una space opera que ocupa un lugar destacado junto a La guerra de las Galaxias y a 2001: Una odisea en el espacio. El cómic se convirtió enseguida en una serie mítica entre los aficionados a la ciencia ficción gracias a la desbordante imaginación y la fina ironía de Jean-Claude Forest y al grafismo realista y elegante de Paul Gillon. A finales del siglo XX, para preservar la raza humana, Christopher y Valérie son hibernados y lanzados al espacio en dos cápsulas ovoides. Mil años más tarde, Christopher despierta en una Tierra al borde del colapso, una terrible plaga de esporas tóxicas propaga la muerte por el planeta y los invasores trasos, unas ratas con enormes poderes mentales, están conquistando el sistema solar. Cinco tomos dobles de aventura en estado puro. Dice François Schuiten en el prólogo de este libro: "… para un autor de cómic es una auténtica conmoción enfrentarse a las planchas originales de Paul Gillon".



- Ultrabrutal
Mike Ibáñez
104 pp. (b/n y color) - 9,95 €

Sinopsis: Más devastador que Palahniuk, tan delirante como Pynchon y casi tan apocalíptico como Ballard. Después de su excelente pOp cOntrOl, Mike Ibáñez nos vuelve a sorprender, esta vez con una controvertida novela que tiene lugar en la década de los setenta y narra la historia de Abraham "Abe" Newman, yanqui judío y veterano de Vietnam que ha emigrado a Israel en un incomprensible subidón de "judeidad". El 7 de julio, Abe oye repetidamente una voz dentro de su cabeza que le ordena filmar una snuff movie con Isaaac, su primogénito de 7 años, como víctima/estrella. Sacrificio. Ritual. Abe lo interpreta como una señal. Compra una cámara de 16 mm, rollos de película, cuchillos, bisturís y un serrucho…



Para más información acerca de estos y otros títulos, como son las series manga en curso, nada como consultar la web de la editorial y descargarse el catálogo de novedades.

martes, 10 de noviembre de 2009

Bodrios que hay que ver: Teléfono mortal

Cuando en esta sección de "Bodrios que hay que ver" comentamos el lamentable debut del gran Robert Englund (al que tuvimos el placer de conocer en Sitges), 976: El teléfono del infierno, hicimos un repaso por las más terroríficas aportaciones del invento de Alexander Graham Bell a la historia del cine. Y entre todos aquellos títulos, mejores o peores -la mayoría peores, claro- aparecía el film que protagoniza la entrega de hoy: Teléfono mortal, de Ruggero Deodato.



De título original Minaccia d'amore pero más conocida con el internacional de Dial: Help, esta producción de 1988 es ya definitoria y característica de la etapa de decadencia del otrora maestro de cine de explotación italiano. No es la primera vez que Deodato visita esta sección -hablamos de él cuando Trampa para un violador-, pero ya aclaramos aquella vez que se debía a lo apropiado del film para armar una entrega consistente de títulos acerca de violaciones.



El problema de Teléfono mortal surge de lo absurdo de su historia, tan tontorrona que el que fuera responsable de la célebre y polémica Holocausto caníbal muy poco puede hacer con ella. Veamos: la protagonista es Jenny Cooper, una modelo inglesa que se traslada a trabajar a lo que debe ser Roma pero muy bien podría ser Albacete dada su importancia en la trama, y que espera con ansia una llamada profesional que podría darle un fuerte impulso a su carrera.



Hete aquí que al poco de llegar a su destino la susodicha llama desde el teléfono de un siniestro bar, atendido por un individuo autóctono todavía más siniestro, y se produce un inoportuno cruce de líneas. Así, Jenny entra en contacto con unas oficinas abandonadas, las de un Teléfono de la Esperanza que ya no está en funcionamiento pero donde, por lo visto, se han quedado registradas varias llamadas desesperanzadas y, con ellas, los espíritus en pena de aquellos que llamaron y no vieron sus problemas solucionados.



Esta no es la premisa estúpida a la que aludía; es más, me parece un bonito arranque para lo que podría ser un bonito y triste cuento de terror que en manos de un guionista más avezado tendría un mejor desarrollo. Pero en Teléfono mortal todo toma el camino equivocado, y apuesta por la casquería (o por un intento de) convirtiendo a cualquier teléfono en un arma mortífera, capaz de generar un pitido que mata a todos los peces del acuario de la pobre Jenny (!) o de lanzar las monedas de su interior como proyectiles letales a un sujeto de baja calaña que perseguía a la joven (!!).



Hablando de la joven: Jenny es interpretada por Charlotte Lewis, aquella bellísima actriz de rasgos exóticos y físico rotundo que después de debutar de la mano de Polanski en Piratas nos deslumbró en El chico de oro junto a Eddie Murphy. A partir de ahí, una carrera que caía en picado y cuyo punto álgido tuvo lugar en 1995 cuando tuvo un escarceo lésbico de lo más softcore, a lo David Hamilton, con Alyssa Milano (futura estrella de Enjabonadas... perdón, Embrujadas) en la discretísima Embrace of the Vampire. Por supuesto, en Teléfono mortal también tiene un par de escenas de lucimiento, particularmente una sesión de friegas cuasi onanistas en la bañera hasta que un teléfono se lanza al agua para provocar un cortocircuito que podría matarla (!).



En fin... Ya adivinarán que Teléfono mortal es una tontada de las que hacen época, y que hoy solo puede verse por dos razones: para echarse unas risas o para escribir un "Bodrio que hay que ver" como este. O para las dos cosas, como es el caso.