Abandonad toda esperanza

domingo, 25 de marzo de 2007

Ghost Rider: ¿cine de autor?

Mark Steven Johnson lo ha vuelto a hacer. Si cuatro años atrás convirtió su adaptación de Daredevil, gracias en parte también a Ben Affleck, en la peor película surgida de la factoría Marvel hasta la fecha, ahora con este Ghost Rider (El Motorista Fantasma) reincide (y, sorprendentemente, aumenta) los errores de aquella.



En Daredevil se permitió convertir a Matt Murdock en un héroe sin carisma, y trocó a la heroína / villana Elektra, uno de los personajes más ambiguos y por tanto estimulantes del universo Marvel, en una buena chica presuntamente cambiada por su deseo de venganza (una chapuza que se prolongaría en la propia Elektra, dirigida por Rob Bowman pero escrita por Johnson).



Ahora se toma la licencia de convertir a Johnny Blaze, personaje creado en los años 70 en la línea de los personajes atormentados de la compañía (con Bruce Banner / Hulk a la cabeza), en un indeciso monigote interpretado sin gracia por un Nicolas Cage que se ve manejado en todo momento por las directrices de un guión irrisorio.



La película mantiene su interés hacia el comienzo, donde presenta el doble origen del personaje: tanto el de la encarnación demoníaca al servicio de Mefisto (aquí, un Peter Fonda cada vez más parecido a su mítico progenitor, y que realiza un trabajo cargado de tópicos), como el del alter ego humano, Johnny Blaze, un joven motorista que trabaja de feriante junto a su padre.



Pero una vez Blaze se convierte en el Motorista Fantasma y dedica todos sus esfuerzos a compaginar su cada vez más frustrado romance con su amor de toda la vida, Roxanne Simpson (una Eva Mendes espectacular solo a nivel físico, pues no hay nada que se pueda hacer por levantar el interés del guión pergeñado por Johnson) con el enfrentamiento con los villanos de la función, el interés inicial (que tampoco era nada del otro mundo, nunca mejor dicho) va decayendo por momentos.



Así, una vez termina la película con la consabida sensación de, ay, poder dar pie a toda una saga, hemos asistido a la lucha entre un (anti)héroe que no tiene las aristas ni sabe transmitir la sensación de tormento y desdicha que sí estaba presente en los cómics originales de la Marvel, con Blackheart y sus demonios, el primero interpretado por un Wes Bentley que compone uno de los villanos más patéticos y menos fascinantes de la historia del séptimo arte. Compararlo con el Magneto de la saga X Men, el Nick Nolte de Hulk o -ya fuera del universo Marvel- los distintos villanos de Batman begins subraya todavía más el lamentable trabajo no ya como director (donde tampoco es que su talento brille en demasía) sino como guionista de ese experto en adaptaciones de cómics al cine llamado Mark Steven Johnson.



Y es que, aun estando ante un claro ejemplo de cine comercial, un puro blockbuster, ¿no es este Ghost Rider también cine de autor? Porque si las películas de autor se definen por las constantes temáticas y/o estilísticas del cineasta que las firma, y que suelen ser más o menos reconocibles, esta cinta muestra claramente el estilo de Mark Steven Johnson: una realización plana al servicio de historias sin ningún interés que malogran personajes ajenos cargados de matices.


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