Abandonad toda esperanza

martes, 3 de marzo de 2009

Bodrios que hay que ver: Luna maldita

Hasta hace unos días yo creía que a Eric Red se lo podía perdonar todo. ¿Que si estoy hablando de Eric el Rojo, algún vikingo olvidado en las brumas del pasado? No, para nada: Eric Red es un director y guionista al que nunca se le ha dado demasiado predicamento, pero al que el autor de estas líneas siempre le ha tenido cierto cariño. Y como me imagino que se preguntarán por qué, me adelanto y se lo cuento... Primero, porque las dos únicas películas dirigidas por él que conocíamos nos parecen estupendas: su debut, Cohen & Tate, era una espléndida muestra de film neonoir con aires de road movie, rabiosamente entretenida y muy bien escrita, en el que el malogrado Roy Scheider y Adam Baldwin eran dos secuestradores que se llevaban como el perro y el gato mientras custodiaban a su rehén, Harley Cross (el pequeño psycho killer de El niño que gritó puta); por su parte, Cuerpo maldito (Body Parts) era una estupenda película de terror con toques de humor negro que adaptaba un texto de Boileau y Narcejac (los mismos del Vertigo de Hitchcock, ahí es na) y que protagonizó un estupendo Jeff Fahey (recuperado en Planet Terror).



Pero, por si esto fuera poco y sobre todo, a Eric Red se lo perdonábamos todo por su labor como guionista para dos magníficas películas de Kathryn Bigelow, Los viajeros de la noche y Acero azul -nada que ver con la mirada de Zoolander-, y, muy especialmente, por su guión para aquella joya del cine de los 80 que no me canso de reivindicar: Carretera al infierno, con unos maravillosos Rutger Hauer y C. Thomas Howell, y a la que secuela y remake hicieron flaco favor.



Pero hete aquí que al parecer un servidor vivía en la ignorancia, porque el currículo de este buen hombre no es tan intachable: en 1996, Red filmaba su tercer largo: Luna maldita (Bad Moon en su país, porque parece ser que allí si está en inglés lo entienden mejor), según una novela de Wayne Smith de la que después de ver la adaptación no tengo ni las más mínimas ganas de leer. Con este film, obviamente, Red reincide en el género de terror. Y si no me creen, échenle un vistazo a esta foto:



¡Sí, es él! ¡Michael Paré! ¡Y además posando! Paré, antaño estrella fugaz de los 80 gracias a Calles de fuego de Walter Hill pero que haciendo cosas como Marine: entrenado para matar dilapidó el poco crédito que tenía. Por si esto fuera poco, luego cayó en manos de Uwe Boll, que lo convirtió en su actor fetiche. Y es que hay días en los que más vale no haberte levantado de la cama...



Pero vamos a lo que vamos: Luna maldita arranca en el corazón de la selva de algún país de Latinoamérica, y en el que el bueno de Michael Paré y su atractiva novia ejercen de exploradores. Será en mitad de esa noche, que se intuía de relax y gozoso retozamiento, y antes de alcanzar el clímax del coito, que algo que parece una enorme criatura, un cruce entre un lobo y un oso, rasga la tela de la tienda de campaña y destroza a la susodicha.



Luego pasamos a los títulos de crédito, al cartelito de que avisa de que han pasado unas semanas o unos meses (tanto da), y a la presentación de los otros protagonistas de la cinta: una abogada soltera (o separada, o viuda, esto tanto da también) a la que interpreta Mariel Hemingway (la nieta de Ernest que hizo de lolita para Woody Allen en Manhattan, y que ya ha crecido lo suyo) y su adorable hijo encarnado por Mason Gamble (el que fuera Daniel el Travieso junto a Walter Matthau tres años antes).



Enseguida vuelve a hacer acto de presencia Michael Paré, a la sazón hermano de la abogada y por tanto, en un alarde de construcción de guión propio de las mejores escuelas de cine, tío del muchacho. Ambos, por cierto, están encantados con la visita del hermano-tío. No tanto así Thor, el pastor alemán que vive con ellos, y que sí, se llama como el dios asgardiano de Marvel Comics. Además, la novela de Smith se titula precisamente Thor, así que igual allí sale más, porque si no no me aclaro. Y en fin, como perro que es, Thor se huele que, como diría el bardo de Avon, algo huele a podrido en Michael Paré...



Sí, amigos, esto es tan tópico como parece: el film recuerda a tantas y tantas películas sobre licántropos que en el mundo se han hecho; sobre todo a Miedo azul, aquella cinta con Gary Busey basada en un texto de Stephen King y que, no siendo nada del otro mundo, parecía una obra maestra del género en comparación con esta basura tremebunda que apenas dura 75 minutos -es lo único bueno que puede decirse de ella- y que tiene una pinta de telefilm que tira de espaldas. Lo peor es que no lo es...



En fin... Habrá que ver 100 Feet (en España, en DVD como Arresto domiciliario), la nueva película de Red con Famke Janssen y, ¡horror!, Michael Paré, para comprobar si podemos volver a confiar en Eric Red. Pero como sea como esta Luna maldita, ya no le daremos más oportunidades: una y no más, Santo Tomás... digo, Eric Red.



(Sí, este es Eric Red. Por si ustedes tenían curiosidad).

2 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Aahhh, yo la he visto, sí que es mala. Aunque en general casi todas las de licántropos lo son. No hay temas malos, sólo guionistas y directores inútiles, que diuen.

Oscar Jimenez dijo...

"...según una novela de Wayne Smith de la que después de ver la adaptación no tengo ni las más mínimas ganas de leer..."

Craso error, debo decir, sin atisbo alguno de animosidad; la película es ciertamente mala, pero el libro excele en casi los mismos aspectos en que la película falla cochambrosamente, léase desarrollo de personajes -y digo bien, personajes, ya que en el libro hay bastantes más-, ambientación y suspense, entre otras muchas cosas.

Esta película es al libro de Wayne Smith lo que el Viaje al Centro de la Tierra en 3D al loibro de Verne, poco más o menos.


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