Alguien dijo de este blog...


UN VISITANTE ANÓNIMO DIJO DE ESTE BLOG:
«UNA MEZCLA PERFECTA ENTRE CÓMICS, GÉNERO NEGRO Y SERIE B. ¡El TWIN PEAKS DE LOS BLOGS!»

_____________________________________________________________________________________________________

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La Semana de Warren Ellis: Doktor Sleepless





"El nuevo Transmetropolitan". Así de claro es Warren Ellis a la hora de definir una de sus múltiples creaciones para Avatar Press, Doktor Sleepless, cuyo primer volumen ya está disponible en edición española, como Black Summer o Black Gas, por parte de Glénat en su colección Pop Corn. Y en cuanto a su temática y pretensiones, quizá no le falte buena parte de razón...



El volumen, de título genérico "Engines of Desire" ("Máquinas de deseo"), incluye los ocho primeros comic books de la serie, además de un material extra considerable: cinco páginas de textos complementarios, una galería de portadas, e ilustraciones a toda página firmadas por Felipe Massafera. Como ocurre, por ejemplo, con el Criminal editado por Panini, aquí el material complementario goza de una gran relevancia; más aún que en la obra de Ed Brubaker y Sean Phillips, pues Ellis ha concebido Doktor Sleepless como un work in progress en cuya página web oficial los lectores pueden ampliar información, por pasiva y por -ojo- activa, acerca del universo de ficción del tebeo.



Este universo está ubicado en la localidad norteamericana de Heavenside. Estamos en un futuro impreciso y muy posiblemente cercano, donde un gobierno impersonal, prácticamente invisible, ejerce su control sin necesidad de manifestar de facto una opresión sobre la ciudadanía: esta, sumisa, se deja catalogar y controlar sin presentar problema alguno (de nuevo el Big Brother Watches You). Todos están conectados entre sí con tecnología punta a través de unas lentillas que permiten saber si los amigos de uno están conectados o incluso si han muerto (si el nombre de uno de ellos aparece como desconectado no hay mucho más que hacer). Por otro lado, algunos de los habitantes forman parte de la subcultura de los Grinders, un movimiento cuyos seguidores practican modificaciones extremas en sus propios organismos. Menos numerosas, pero igualmente llamativas, son las Shrieky Girls, chicas interconectadas en red de cuyas gargantas surge el pitido de un módem y que son capaces de sentir lo mismo al mismo tiempo.



Buena parte de esta tecnología, y buena parte también de la ideología que dio inicio al movimiento Grinder, se debe a la figura de John Reinhardt, que lleva tres años encarcelado de forma anónima -es conocido como "el hombre de la habitación 23"- por orden del comisario Preston Stoker. Pero mientras dicho individuo sigue entre rejas, otra persona que afirma ser también John Reinhardt -y podría ser, como explica Ellis, que los dos estén diciendo la verdad-, regresa a Heavenside convertido en el Doktor Sleepless, un caricaturesco mad doctor con vocación de personaje de cómic, con la intención de desatar el Apocalipsis.



Como puede intuirse, y como suele pasar con muchas creaciones de Warren Ellis, Doktor Sleepless es una historia muy difícil, casi imposible, de contar con cierta fidelidad... más allá de sugerir algunos aspectos destacables: mencionar a personajes secundarios como Sing, la ex novia de John, que regenta una librería alternativa, la misteriosa y letal Nadia -ayudante del protagonista- o Max Cale -antiguo compañero del propio John en el blog comunitario Imminent.sea- no será de gran ayuda al futuro lector, y reflejar que en sus páginas conviven las canciones de Bob Dylan con el No Logo de Naomi Klein, el asesinato de JFK con la ayahuasca de Ginsberg y Burroughs, solo servirá para dejar intuir muy superficialmente las posibilidades de la obra. Para entender Doktor Sleepless hay que leerla de primera mano, y prestar atención a las notas a pie de página del traductor, Alejo Valdearena, que aquí realiza un trabajo encomiable; estaría bien que otras editoriales de cómic tomaran nota de esto y empezaran a realizar ediciones críticas -o así- de sus tebeos.



Y esto es así porque Ellis, más allá de urdir argumentos de acción física que no reniegan de cierto sentido del espectáculo, suele ser un autor de ideas, y Doktor Sleepless no es una excepción. Y qué ideas: para empezar, el guionista postula que el futuro ya está aquí, que no hay que esperar a que nos suministren coches cohete y pistolas láser, pues lo que tenía que llegar ya ha llegado y no hay más. Además: ¿y si no vale la pena vivir? ¿Y si la Tierra no es más que una despensa repleta de comida para criaturas innombrables de la Décima Dimensión?



En Doktor Sleepless Ellis consigue aunar con acierto ciencia ficción anticipatoria y los terrores abisales de H. P. Lovecraft, logrando también que el lector se replantee muchas cosas, se formule preguntas acerca del mundo en el que le ha tocado vivir, y a partir de sus respuestas, o la ausencia de estas, vea su realidad de un modo diferente.



Hasta el momento no hemos hecho referencia a la mitad del tándem creativo de Doktor Sleepless: el dibujante español Iván Rodríguez (parece ser que Ellis le está cogiendo el gusto a esto de colaborar con ilustradores patrios, como es también el caso de Juan José Ryp o Raúlo Cáceres). Esta ausencia es una buena prueba de que estamos ante un claro ejemplo de cómic en el que el guionista es la estrella: el estatus que ha alcanzado Warren Ellis en los últimos años solo es comparable al de algunos coetáneos suyos como Neil Gaiman o Grant Morrison, sobre todo habida cuenta del amplio margen de libertad que le han dado en Avatar Press, donde medio catálogo -como poco- de novedades parece ser obra suya. ¿Y qué pasa con Rodríguez? Pues que realiza un trabajo digno, incluso podríamos decir que muy eficiente, pero impersonal y sin matices; no desentonaría en las páginas de Spider-Man, o de Batman, o de un cómic independiente de género negro, o si me apuran en un slice of life, aunque es innegable su capacidad para retratar los avances tecnológicos formulados por Ellis.



Pese a todas las excelencias expuestas hasta ahora, no creo que Doktor Sleepless esté a la altura de las obras mayores de Ellis -no hace falta mencionarlas: llevamos días comentándolas, y además casi todo el mundo se puede imaginar cuáles son-, pero sí que es cierto que de lo que conocemos del Ellis para Avatar es la obra más prometedora -más aún si tenemos en cuenta que solo hemos podido leer en español la mitad de la serie-, así como la más ambiciosa y representativa de lo que significa la figura de Warren Ellis en la ficción de nuevo siglo. Ahora estaría bien que Glénat siguiera trayéndonos títulos de Avatar escritos por el autor de Planetary -vaya, la he mencionado otra vez-, como No Hero, Gravel, Anna Mercury o la inminente Supergod. Yo no pienso perderme ninguno. Y quiero más Doktor Sleepless con cierta urgencia.


Título: Doktor Sleepless (Vol. 1: Engines of Desire)
Autores: Warren Ellis (guión) / Iván Rodríguez (dibujo)
Editorial: Glénat
Fecha de edición: septiembre de 2009
216 pp. (color) - 15 €

martes, 22 de septiembre de 2009

La Semana de Warren Ellis: Global Frequency





Si Planetary es la obra más redonda de Warren Ellis, Transmetropolitan la más representativa, y The Authority la más llamativa y deslumbrante, Global Frequency es de entre todas sus obras específicamente personales y propias esa aportación aparentemente pequeña -se trata de una serie limitada de apenas doce entregas- y discreta que parece no hacer demasiado ruido pero por la que un servidor tiene no ya un cariño especial sino que la considera como uno de sus más grandes logros narrativos.



Global Frequency fue publicada en Estados Unidos mensualmente entre octubre de 2002 y septiembre de 2003 dentro del sello WildStorm, y este formato se respetó tal cual para su primera edición en España, por parte de Planeta de Agostini, en 2004. Pero este verano, tras la pérdida de derechos por parte de Planeta y la adquisición de los mismos por Norma Editorial, esta recupera como tiene por costumbre toda la serie en un atractivo formato de lujo.



A modo de prólogo, el volumen se abre con el provocativo y vehemente "Old Bastard's Manifesto" de Ellis, en el que el guionista ataca visceralmente lo que él considera narraciones alargadas hasta la saciedad -obviamente, piensa en buena parte de los tebeos de superhéroes de las dos grandes, Marvel y DC-, y defiende por tanto el formato de novela gráfica entendida como un todo compacto y autoconclusivo, o bien la realización de series con un número de entregas preestablecido que no dependa del éxito de las mismas, con el fin de evitar prolongaciones innecesarias de la historia inicial.



Ellis, claro, predica con el ejemplo, y Global Frequency no pasó de los doce números pese a las excelentes críticas recogidas. Más aún, el autor concibió la serie con una sucesión de episodios autoconclusivos, de manera que el lector pudiera leerla de forma fragmentada o que pudiera sumarse a la serie en cualquier momento sin necesidad de recuperar los episodios publicados anteriormente.



Así pues, la colección relata doce aventuras de una organización de seguridad privada llamada Global Frequency, que cuenta con 1.001 agentes repartidos por todo el mundo -el último en sumarse a la misma, un físico anciano que trabajó en la investigación de armas biológicas en Stepnogorsk tres décadas antes, es contratado en la primera entrega-, todos ellos bajo el mando de una misteriosa mujer que se hace llamar Miranda Zero. Dicha organización cuenta con Aleph, una joven cuyo apodo remite al célebre relato de Jorge Luis Borges, ejerciendo la labor de enlace global... aunque en el penúltimo episodio, que narra su reclutamiento, demuestra que también podría ser un excelente agente de campo.



Miranda Zero y Aleph son los únicos personajes principales de la serie, si bien algún otro agente de la organización -como John Stark o Alice April, por citar un par- aparecen y reaparecen en algún instante para dar cohesión a un universo de ficción donde los agentes de la "Frecuencia Global", que disponen de un móvil exclusivo para estar en contacto, tendrán que enfrentarse a amenazas internacionales de la más diversa índole: bombas humanas, organismos mejorados cibernéticamente, virus letales, grupos sectarios de iluminados, ataques directos contra la base de operaciones y hasta el secuestro de la propia Miranda Zero.



Esta sucesión de relatos sirve a Ellis para volver a ajustar cuentas, una vez más, con nuestro presente globalizado, donde las ventajas que permite disfrutar de una idea de sociedad mundial se ven acompañadas por múltiples inconvenientes: el crimen que surge del capitalismo desatado se propaga como una pandemia por todo el planeta, y parece que nuestro destino está en manos de unos pocos, muy pocos, agentes incorruptibles.



Elegir nuestras historias favoritas de esta antología es muy complicado, dado el altísimo nivel de calidad de la serie en general, pero intentemos destacar algunos de los mejores momentos: "Cabeza nuclear" es un prometedor y muy trepidante arranque, un inicio in medias res que atrapa la atención del lector sin esfuerzo aparente; "Invasión" demuestra que Ellis también puede ponerse romántico en un relato que evoca películas como 28 días después y su secuela; "Experimento" también nos recuerda al cine de terror contemporáneo más claustrofóbico y psicológico, con reminiscencias del cine de David Cronenberg o Shinya Tsukamoto; la anécdota mínima de "Los cien del cielo" y el espídico "La carrera" mantienen en vilo al lector desde la primera a la última página; y en medio de ambas, "Gran cielo", supone un remanso de paz en un territorio helado cargado de magia y misticismo, y en el que Ellis recupera la figura de Aleister Crowley, por el que parece sentir debilidad (véase su Hellblazer).



Más allá del placer que (casi) siempre supone leer a Ellis, Global Frequency permite disfrutar del arte de doce dibujantes de talento excepcional que disfrutan aquí de libertad plena para desarrollar su trabajo sin verse encorsetados por la necesidad de dar una unidad visual a la serie. De esta forma, la colección funciona como un catálogo de algunos de los mayores talentos de la historieta actual, la mayoría de ellos británicos, y muchos colaboradores de Alan Moore: Global Frequency arranca con Garry Leach -nada más y nada menos que el co-creador con Moore de Miracleman- y finaliza con un espectacular Gene Ha -co-autor con Moore del estupendo Top 10-; en medio, algunos dibujantes que asociamos particularmente a Garth Ennis, como Steve Dillon y Glenn Fabry (dibujante y portadista de su Predicador), Roy Allan Martinez (Grifter), el siempre personal Jon J. Muth (aquí en una de las entregas más particulares y especiales de la colección), David Lloyd (otro colega de Moore en el mítico V de Vendetta), el poderoso Simon Bisley (Lobo, Bodycount), Chris Sprouse (Tom Strong, de nuevo con Moore, y Ocean, allí también junto a Ellis), Lee Bermejo (Batman / Deathblow, Joker), Tomm Coker (Gen 13 / Maxx) y Jason Pearson (Body Bags). Ahí es nada.



La unidad que no le da a la serie este relevo constante de dibujante la otorga el color de David Baron y Art Lyon y muy especialmente las portadas de Brian Wood, doce obras de arte muy particulares, una suerte de collages donde siempre aparece el logo de la organización protagonista, y que desde luego, en su publicación serializada, llamaban muy mucho la atención, y para bien, desde las estanterías de las librerías especializadas.



En definitiva, Global Frequency nos parece uno de los logros mayores de Ellis, que se lee con semejante placer tanto por entregas mensuales como de corrido, y que podría ser un excelente punto de partida para una serie de televisión de calidad. Así lo pensó algún ejecutivo de la Warner, que encargó una primera temporada de trece episodios pero de los cuales, tras un cambio en la directiva, solo se rodó y emitió el piloto. Búsquenlo en la red y podrán ver la versión en carne y hueso de Miranda Zero (Michelle Forbes) y de sus agentes de la Frecuencia Global. Pero, principalmente, háganse con el cómic original de Warren Ellis, porque vale muy mucho la pena.


Título: Global Frequency
Autores: Warren Ellis (guión) / AA.VV. (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: junio de 2009
296 pp. (color) - 25 €

lunes, 21 de septiembre de 2009

La Semana de Warren Ellis: Hellblazer





Como todo seguidor del Universo DC que se precie, hablar de John Constantine implica retrotraernos a 1985, cuando en su gloriosa etapa al frente de Swamp Thing el guionista británico Alan Moore creaba a este moderno hechicero de cabello rubio y rasgos inspirados en el joven Sting de The Police y cuyo carisma le llevaría a gozar de cabecera propia apenas tres años después... dando pie a una serie que todavía hoy sigue publicándose después de más de doscientas entregas.



Antes de que Vertigo fuese Vertigo, antes de que DC sintiese la necesidad de crear un sello para publicar material más adulto del que editaba en sus series superheroicas, The Sandman de Neil Gaiman se convirtió en la colección alabada por la crítica de la que todo el mundo hablaba y esta Hellblazer escrita en primera instancia por Jamie Delano venía a ser el buque insignia, el best seller sin paliativos, de una nueva corriente destinada a un público más granado en busca de nuevas sensaciones pero que no sentía la necesidad de abandonar necesariamente el mismo universo de ficción donde habitaban Superman, Batman y el resto de la Liga de la Justicia de América.



Por supuesto, una cabecera de tan larga existencia se ha visto puesta en manos de distintos escritores que con mayor o menor fortuna tomaron el relevo del seminal Delano para seguir enfrascando al bastardo de Constantine en mil y una peripecias de las que no siempre saldría triunfante. Muy al contrario, y es algo verdaderamente sorprendente, los diferentes guionistas que se hicieron con la colección siempre han mantenido un nivel creativo más que aceptable, y no se dan desigualdades abismales entre los capítulos escritos por Mike Carey, por citar un caso, y los que cuentan con guiones de Brian Azzarello o la escritora escocesa Denise Mina.



A finales de los años 90, y después de dos estapas escritas por Garth Ennis -este en dos tandas no consecutivas- y por Paul Jenkins, Hellblazer recayó en manos del guionista Warren Ellis, para el que esto firma -digámoslo ya- uno de los mejores guionistas del cómic norteamericano actual gracias a títulos como Transmetropolitan (no su mejor obra, pero quizá sí la más representativa de su modo de ver el mundo), The Authority, Global Frequency, Desolation Jones, la sugerente Fell o su obra maestra indiscutible: Planetary. Y también para el que esto firma, Ellis es el causante de que la serie de John Constantine remontara incluso por encima de una media más que aceptable (el trabajo de Ennis y Jenkins me parece en el peor de los momentos más que digno) para recuperar la esencia del terror moderno entendido tal y como lo entendía Jamie Delano... todavía hoy, si no el mejor guionista que ha trabajado en la serie, sí el que le aportó sus momentos más álgidos.



Con Ellis, y como ya ocurriera con Delano, Hellblazer volvió a repartir su protagonismo entre Constantine y la misma Inglaterra, con particular y lógico hincapié en la ciudad de Londres; siempre preocupado por reflejar, directa o metafóricamente, el estado de la situación actual en sus relatos, en los diez números de la serie que escribió, el autor de Camino tortuoso dibujó una nación marcada por la pobreza y la podredumbre, por una corrupción tanto física y palpable como moral e interiorizada, en la que la sombra del gobierno conservadurista y retrógrado de Margaret Thatcher, la Dama de Hierro, seguía siendo alargada.



La etapa de Ellis al frente de Hellblazer, recuperada en este volumen de forma íntegra por Planeta de Agostini, ocupa los números 134 a 143 de la serie, y arranca con el primer y único arco argumental de cierta extensión de la misma: en "Atormentado", que ocupa los seis primeros comic books, Constantine investigará la muerte de una de sus ex novias, cuyo cadáver ha sido hallado con muestras indiscutibles de haber sufrido las más horribles vejaciones, muy posiblemente -según un docto en la materia como el bueno de John- de la mano de un émulo del célebre satanista Aleister Crowley. En los diálogos, secos y cortantes, y en el monólogo interior del protagonista, áspero y desencantado, detectaremos la huella del legado de Delano, que aquí se manifiesta en párrafos de una dureza impactante y donde el que se atreva a mirar más allá de la barbarie superficial encontrará una sinigual belleza.



Esta narración da pie a un relato que se lee como una novela, de esos que dan sentido a un término tan vilipendiado como el de novela gráfica, con esa unidad y esa construcción férrea anheladas que el mismo Ellis expuso en su "Manifiesto del Viejo Bastardo" que puede leerse a modo de prólogo en la reciente edición en tapa dura de Global Frequency. Todo ello se nos presenta de la mano de un John Higgins que demuestra con gran oficio ser mucho más que el colorista de Dave Gibbons y Brian Bolland en Watchmen y La broma asesina... curiosamente dos títulos escritos ambos por Moore, el padre de John Constantine.



A este relato le siguen una serie de historias cortas de menor enjundia pero que siempre mantienen el nivel alto propio de Ellis, y de las cuales podemos destacar la última, donde el guionista pone de manifiesto la condición de embaucador y manipulador que siempre ha caracterizado al personaje. Son una serie de relatos breves que permiten disfrutar del arte de Frank Teran, James Romberger, Marcelo Frusin (uno de los dibujantes capitales de la serie), el español Javier Pulido y Tim Bradstreet, carismático y muy reconocible portadista de la serie (y del último The Punisher de Marvel, línea Max), y que aquí se encarga con su habitual solvencia del relato "The Crib" ("La cuna").

En resumidas cuentas: una de las mejores etapas de uno de los mejores cómics del mainstream actual, y una de las mejores obras de uno de los mejores guionistas en activo. ¿Les parece suficiente recomendación?


Título: Hellblazer, de Warren Ellis
Autores: Warren Ellis (guión) / AA.VV. (dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Cómics
Fecha de edición: marzo de 2009
240 pp. (color) - 15,95 €



(+) Previously on Abandonad toda esperanza, Hellblazer...
- ... de Jamie Delano / Mike Carey
- ... de Denise Mina

domingo, 20 de septiembre de 2009

Arranca Dragolandia

Esta noche, a las 22.00 o las 22.30 horas -según las fuentes que se consulten: desde el primer día comienza el asunto con emoción-, arranca en Telemadrid el esperadísimo nuevo programa de Fernando Sánchez Dragó: Dragolandia.



Según la web oficial del mismo, se trata de un magazine televisivo absolutamente personal e inclasificable -como su máximo responsable, vamos- que se presenta repleto de sorpresas, que incluirá entrevistas, y que contará con un equipo de lujo... Comandados por el propio Dragó y por su hija, la actriz Ayanta Barilli, colaborarán de forma fija con el programa Carlos Rodríguez Braun, Jesús Neira, Silvia Grijalba y dos viejos cómplices del escritor y presentador: los polifacéticos Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal, co-creadores con el malogrado Roland Topor del Movimiento Pánico.



Del primero, últimamente conocido por ser el creador de la psicomagia pero antes más célebre por su labor literaria, sus personalísimas películas (Fando y Lis, El Topo, La montaña sagrada...) y por sus guiones de cómic (El Incal, El corazón coronado), se sabe que leerá las cartas del Tarot; del segundo, dramaturgo, pintor, cineasta, el propio director y presentador afirma que "no sabemos por dónde nos saldrá".



Yo no sé ustedes, pero lo que es yo desde luego no me lo pienso perder, lo emitan a partir de las diez o de las diez y media, más aún después de lo animada que estuvo la grabación. Y por cierto, dentro de ocho días, el lunes 28 y también en Telemadrid, un servidor hablará de libros de cine (y de nuestro libro de cine, un poco) en Las noches blancas, el otro programa de Fernando Sánchez Dragó, en estupenda compañía: nada más y nada menos que José Luis Garci (otro que dicen se pasará alguna que otra vez por Dragolandia), Eduardo Torres-Dulce, José García Berdoy, Ray Loriga y, claro, nuestro estupendo anfitrión.



Ya lo saben: madrugada de lunes 28 al martes 29, a las 00.45 horas, en Telemadrid. Y los que dispongan del canal vía satélite, el programa se repite en sábado a 8.15 y 17.55, y en Telemadrid La Otra en la madrugada del sábado al domingo a 02.15. Y hoy domingo 20, arranca Dragonlandia. No veo el momento...

sábado, 19 de septiembre de 2009

Las recomendaciones del sábado



Cómic:
ENFERMO
Varios autores
(Astiberri, 2009)

De 2003 a 2007 el colectivo Nuevo Orden publicó las ocho entregas de este fanzine que ahora se recuperan junto a material inédito en un volumen de lujo. De sus páginas surgieron algunos de los más prometedores valores del cómic español actual, entre ellos David Rubín, Fermín Solís, los salvajes Jorge Parras e Ivan Brunetti y el muy personal Alberto Vázquez. En Enfermo el lector encontrará una impecable antología de historietas cortas, en muchas ocasiones sin el apoyo de textos, con un marcado interés por lo oscuro y lo psicológico. Es el tebeo que leería David Lynch si viviese aquí. Hay que leerlo.



Libro:
TRÍPTICO SICILIANO
Vitaliano Brancati
(Lumen, 2009)

La Sicilia de la primera mitad del siglo XX es una región donde reina un machismo absolutamente arraigado, y donde las esposas y sus hermanas solteras parecen estar al servicio del hombre de la casa... Lumen recoge en un solo tomo tres de las novelas más célebres de Vitaliano Brancati: Don Giovanni en Sicilia, El bello Antonio y Los placeres de Paolo, todas ellas adaptadas al cine y esta última inédita en castellano hasta la fecha. Tres novelas cargadas de sensualidad y sentido del humor de lectura imprescindible para los amantes de la literatura italiana moderna.


(De: El Periódico de Villena, n.º 194, 18-IX-2009).

viernes, 18 de septiembre de 2009

Cuentos de género al por mayor

La editorial Salto de Página acaba de editar dos antologías de relatos que no deberían pasar desapercibidas: por un lado, La lista negra recoge cuentos de narrativa policíaca de autores como Domingo Villar, Antonio Jiménez Barca, Juan Ramón Biedma, Nacho Faerna, Ricardo Bosque, Óscar Urra o Carles Quílez; por otro lado, Perturbaciones pasa lista a los que han definido la narrativa fantástica de las últimas décadas en nuestro país, de José María Merino a Miguel Ángel Zapata, pasando por Cristina Fernández Cubas, Pilar Pedraza, Elia Barceló, Ignacio Martínez de Pisón, Fernando Iwasaki o Félix J. Palma.

De todos ellos... y de algunos más, hablamos en la columna de Abandonad toda esperanza de hoy:

Más cuento que Calleja

jueves, 17 de septiembre de 2009

Un oscar para la serie B

Nos alegramos mucho en su día del Goya honorífico para Jesús Franco, y nos volvemos a alegrar ahora -por lo que supone de reconocimiento a una forma de entender el cine que respetamos- al conocer la noticia de que uno de los Oscars honoríficos del próximo año irá a parar a las manos del productor y director de cine norteamericano Roger Corman.



Autor del libro Cómo hice cien films en Hollywood y nunca perdí ni un céntimo, el nombre de Corman siempre ha sido sinónimo de una manera de entender el cine propia de la serie B, rentabilizando los recursos a toda costa -llegó a rodar la muy entretenida y (claro) muy modesta Rock All Night con su actor fetiche Dick Miller a lo largo de una sola noche- y aprovechando los éxitos de otros para sumarse al carro al más puro estilo exploit que luego popularizaría la industria europea, especialmente Italia, Alemania y España.



Realizador por otra parte de gusto exquisito -distribuyó en Estados Unidos películas como Gritos y susurros de Bergman-, las películas que más fama le han dado como realizador probablemente sean las que forman el ciclo de títulos inspirados en textos de Edgar Allan Poe, la mayoría escritos por Richard Matheson y protagonizados por Vincent Price. Recuérdense títulos capitales de la historia del cine fantástico como La caída de la casa Usher, El péndulo de la muerte, La máscara de la muerte roja, El cuervo o La obsesión.



Con todo, en su heterogénea filmografía como realizador también destacan títulos como La pequeña tienda de los horrores, Not of This Earth, Un cubo de sangre, El hombre con rayos X en los ojos, El barón rojo, Los ángeles del infierno, La matanza del Día de San Valentín, Mamá sangrienta o La resurrección de Frankenstein, su último trabajo hasta la fecha. Y como productor ha firmado casi cuatrocientos títulos, apadrinando a realizadores como Francis Ford Coppola (Dementia 13), Monte Hellman (El tiroteo), Martin Scorsese (Boxcar Bertha), Jonathan Demme (Caged Heat), Joe Dante (Piraña) o Peter Bogdanovich (Saint Jack) o desarrollando proyectos basados en cómics, como la primera (y nunca estrenada) película de The Fantastic Four o la mediocre Vampirella.



Roger Corman recibirá su estatuilla en compañía de los otros homenajeados este año -la actriz Lauren Bacall y el director de fotografía Gordon Willis- en una ceremonia a celebrarse el próximo 14 de noviembre, casi cuatro meses antes de la entrega de Oscars oficial. Felicidades, maestro.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Almas de metal



Estamos ante dos obras protagonizadas por almas de metal, parafraseando el título español de Westworld, el largometraje dirigido por el malogrado escritor de ciencia ficción Michael Crichton. Ambos títulos tienen también en común el hecho de ser obras completas, recopilatorios de material publicado previamente por entregas, así como de ser el fruto de sendos autores que toman las riendas de ambas series encargándose tanto del guión como del dibujo. Y poco más, pues sus pretensiones son muy distintas.



Empecemos con el producto autóctono: Huesos y tornillos, de Man, se publicó de forma serializada en Kiss Comix, y ahora la editorial responsable de este magazine, La Cúpula, publica como suele ser su costumbre el tomo recopilatorio.

Leer las dieciséis entregas de Huesos y tornillos de una tacada permite apreciar diáfanamente que estamos ante una obra que, aunque en su arranque parecía tener voluntad de constituirse como una antología de relatos independientes entre sí cuyo único nexo en común era estar ambientadas en el mismo universo de dos mil años en el futuro, con el paso del tiempo empezó a adquirir un carácter serializado, formando un único relato constituido por capítulos con un orden preestablecido y concreto.



Por supuesto -estamos hablando de Man y de Kiss Comix-, Huesos y tornillos es un cómic erótico, donde el sexo es absolutamente explícito, y la provocación es el principal interés. Esto no quita que, como algunos auteurs del cine pornográfico, para que Man no se conforme con excitar al respetable y quiera darle algo más: en esta ocasión, un relato de ciencia ficción bastante plausible más allá de los lógicos excesos en el que se nos presenta un mundo deshumanizado que ha dado un giro de ciento ochenta grados, y donde las máquinas creadas por el hombre para su uso y disfrute controlan el planeta y son capaces de cultivar artificialmente vida humana para el consumo (sexual) de los seres artificiales más pudentes.



Durante el desarrollo del relato, Man se encarga de salpicar el mismo con su característico sentido del humor, y no faltan ni siquiera apuntes metanarrativos en los que podemos ver al propio autor preocupado por los plazos de entrega del material a la editorial. Y conforme avanza el relato, la aventura -bastante desquiciada, el propio Man dixit- adquiere poco a poco un ritmo enloquecido donde no faltan una plaga mortal -el "síndrome sexual"-, vampiros libidinosos y hasta sexo en el convento que haría las delicias de Walerian Borowczyk.

En fin... que aunque del mismo Man nos gustó bastante más Universitarias, esta Huesos y tornillos bien merece un vistazo... o dos.



Bien distinta de la obra de Man es Metal Men, la miniserie de ocho números de DC Comics que ha llamado recientemente la atención sobre su autor: Duncan Rouleau. Publicada este verano por Planeta en un solo volumen, esta obra parte -al parecer- de ideas planteadas por Grant Morrison y de títulos como 52 o Superman/Batman, donde el grupo de criaturas metálicas -Oro, Mercurio, Platino, Estaño, Hierro, Plomo y Cobre- había reaparecido con fuerza en los últimos tiempos.



Esto no resulta nada extraño si tenemos en cuenta la relevancia que el guionista escocés ha adquirido en estos últimos años dentro de DC Comics: el otrora revolucionario guionista en títulos del Universo DC como Animal Man o Doom Patrol, después de encargarse de la JLA, puso patas arriba dicho universo con unas nuevas "crisis en tierras infinitas". Además, dada su fama no resulta extraño que se use su nombre a modo de reclamo.



Tengo que confesar que no sabía nada de este Duncan Rouleau, e investigando descubro que su carrera profesional empezó dirigida a la interpretación (aparece brevemente en dos películas, la estupenda Un paso en falso de Carl Franklin y la muy discreta Sandman que nada tiene que ver con la obra de Gaiman) para luego encaminar sus pasos a la animación, siendo uno de los máximos responsables de la exitosa serie Ben 10.



Con esta Metal Men, Rouleau debuta como autor completo recuperando a la pandilla de seres artificiales creada por el profesor Will Magnus, uno de los personajes secundarios clásicos del Universo DC. Precisamente al centrar su atención en la figura del creador, Metal Men se lee con bastante agrado. Y esto es así porque, también tengo que confesarlo, los Hombres de Metal de DC nunca fueron precisamente santos de mi devoción, y el humor que salpicaba sus diálogos siempre me pareció bastante burdo e infantil.



No ocurre así con la figura de Will Magnus, que más allá de ser partícipe de varios tópicos -es el científico apocado capaz de crear artefactos asombrosos pero no de mantener una relación sentimental o de pedirle la mano a su entregada novia Helen-, consigue ganarse las simpatías del lector.



Solo por eso -¡y por volver a ver a L-Ron! ¿Recuerdan la JLA de Giffen, DeMatteis y Maguire?- ya merece la pena leerse esta Metal Men: un relato clásico con sus villanos de una pieza surgidos del pasado -el mentor Tom O. Morrow o David Magnus, hermano del propio Will-, que se consume con agrado más allá de, repito, el cansino humor de sus protagonistas artificiales o incluso de cierta confusión narrativa... a medias culpa del inexperto Rouleau y a medias de este lector que anda un poco perdido dentro de los límites del nuevo Universo DC de, sí, uno de sus guionistas favoritos cuando se encarga de asuntos más personales: Grant Morrison.


Título: Huesos y tornillos
Autor: Man
(guión y dibujo)
Editorial: La Cúpula
Fecha de edición: septiembre de 2009
108 pp. (b/n) - 12 €


Título: Metal Men
Autor: Duncan Rouleau (guión y dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Cómics
Fecha de edición: julio de 2009
200 pp. (color) - 15,95 €



(+) Metal Men: prólogo de Dr. Christopher Webster (Web Planeta de Agostini Cómics)