Abandonad toda esperanza

lunes, 23 de marzo de 2009

Los mil rostros del capitán Nemo



El capitán Nemo, creado por el escritor Jules Verne -a ver si, como ha propuesto en repetidas ocasiones el historiador Carlos Aguilar, erradicamos de una vez por todas aquello de Julio Verne-, y que protagoniza las novelas 20.000 leguas de viaje submarino y La isla misteriosa, es una de los personajes de ficción más memorables de todos los tiempos, rivalizando con otros de la talla del conde Drácula de Bram Stoker o el Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle. Por lo tanto, y al igual que ha ocurrido con estos, muchas han sido las distintas encarnaciones que ha tenido en la historia de la literatura, el cine y el cómic.

Así, grandes actores -como no podía ser de otro modo, dado el carisma del personaje- han interpretado al Nemo de Verne en la gran y la pequeña pantalla: de James Mason a Michael Caine, pasando por José Ferrer, Robert Ryan u Omar Shariff se han puesto el uniforme de gala o el traje de buzo y han liderado a la tripulación del Nautilus en continuo enfrentamiento contra las convenciones sociales de los hombres de la superficie.













El cómic no ha sido una excepción -recuerden como una de sus últimas encarnaciones al Nemo revisitado por Alan Moore y dibujado por Kevin O'Neill en La liga de los caballeros extraordinarios, luego llevada al cine-, y posiblemente un servidor descubrió la existencia de Nemo, el profesor Aronnax o el marinero Ned Land antes en este medio que en la novela original, o incluso que en la célebre película producida por Walt Disney y protagonizada por Kirk Douglas y el mentado James Mason (para un servidor, por cierto, el Nemo cinematográfico definitivo).



Y es que entre las novelas de Verne que adaptaron en los años 70 el guionista José Antonio Vidal Sales y los dibujantes Vicente Torregrosa y Alfonso Cerón no podían faltar 20.000 leguas de viaje submarino y La isla misteriosa (las otras fueron Los hijos del capitán Grant, La vuelta al mundo en ochenta días, Viaje a la Luna y Aventuras de César Cascabel). Aviso para, nunca mejor dicho, navegantes: estas adaptaciones de Joyas Literarias Juveniles, como las que se realizaron de libros de Emilio Salgari, y que acercaron los clásicos de la literatura de aventuras a toda una generación de lectores incipientes, están de nuevo al alcance del público en dos volúmenes editados por Ediciones B, ambos harto recomendables. Avisados quedan.



Pero si hoy recuperamos la figura del capitán Nemo es gracias a su última encarnación en el mundo de las viñetas, de la mano de Brüno, un autor al que descubrimos como dibujante de la estupenda Inner City Blues, y que en Nemo, ya como autor completo, rescata al personaje de Verne y lo convierte en epicentro de una de las novelas gráficas más interesantes de entre lo publicado en los últimos meses.





¿Por qué esto es así?, se preguntarán ustedes, si la historia es archisabida. Pues porque Brüno se revela aquí, liberado de las cortapisas que supone trabajar para otro guionista, como un maestro de la narración secuencial, componiendo unas páginas cuya lectura se sucede a ritmo de vértigo, tanto que el lector tendrá la sensación de estar viendo un film de animación en lugar de estar leyendo un tebeo. Y esto es algo que no está al alcance de todos.






Así, queda lejos la narrativa convencional de las mentadas adaptaciones, que por mucho que nos hicieran soñar en su día -y con eso ya tienen merecida la gloria y el recuerdo eterno-, contaban con unas soluciones narrativas ampliamente superadas hoy, demasiado supeditadas a la novela que adaptaban; en Nemo, Brüno aprovecha todos los recursos de la narración gráfica -hasta el uso continuado de onomatopeyas, así como de símbolos gráficos a modo de diálogos entre los personajes-, para atrapar la atención del lector y no soltarla hasta el final del álbum, que pese a contar con más de doscientas páginas se lee en un suspiro.



Así pues, estamos ante una obra muy recomendable, que podría permitir como aquellas versiones de los años 70 que nuevas generaciones cuyos miembros muestren adversión a la letra impresa y se queden subyugados ante las imágenes frenéticas de los nuevos productos de entretenimiento y los mass media, acercarse a la creación inmortal de Jules Verne y descubrir luego los libros con los que empezó todo. Porque no hace falta ser Will Eisner, Scott McCloud, Antonio Martín, Álvaro Pons o cualquier otro estudioso del cómic para disfrutar de este espléndido Nemo de Brüno.


Título: Nemo
Autor: Brüno (guión y dibujo)
Editorial: Dibbuks
Fecha de edición: octubre de 2008
228 páginas (b/n) - 18 €

domingo, 22 de marzo de 2009

El vampirismo según Chan-wook

Gracias a la película Crepúsculo y a la serie televisiva True Blood, que adaptan respectivamente novelas de Stephenie Meyer y Charlaine Harris, los vampiros vuelven a estar de moda. No hay momento mejor pues para que Park Chan-wook se descuelgue con Thirst, su particular versión sobre el mito, y que protagoniza uno de sus actores fetiche, Song Kan-ho, visto también en las espléndidas Memories of Murder y The Host de Bong Joon-ho.



Y no es que el director de Oldboy o Soy un cyborg se apunte a una moda posiblemente pasajera; ya durante su visita al festival de Sitges en 2007 anunció que su nueva película iba a ser un film sobre vampiros que le gustaría presentar en el festival catalán especializado en cine fantástico y de terror. Nosotros, que adoramos su obra, ya estamos deseosos de verlo...



[Fotografía: el autor de este vuestro blog junto a Park Chan-wook. © C. Carrasco.]

sábado, 21 de marzo de 2009

Las recomendaciones del sábado



Cómic:
NIEBLA EN EL PUENTE DE TOLBIAC
Léo Malet & Jacques Tardi
(Norma, 2009)

Néstor Burma recibe una carta de un amigo al que lleva años sin ver, pero cuando quiere ponerse en contacto con él descubrirá que ya ha muerto... Tardi es uno de los grandes nombres de la historieta francesa, y su trabajo a partir de escritores como Manchette, Siniac o Daeninckx ha resultado en obras maestras como El secreto del estrangulador. Pero su personaje más célebre es este Néstor Burma creado por Léo Malet, al que ha dado vida en seis álbumes a cual mejor. Indispensable para los amantes del género negro e imprescindible para los fanáticos del cómic galo.



Libro:
LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE
Haruki Murakami
(Anagrama, 2009)

Un publicista y una modelo y prostituta ocasional parten en busca de un espacio mítico y un carnero que no debería existir con una fotografía como única pista... Una novela convencional como Tokio Blues y la maravillosa e inclasificable Kafka en la orilla son las posibles culpables de haber transformado a su autor de figura de culto a escritor tan admirado como Auster o Ishiguro. Precisamente Anagrama, la casa de estos últimos, aprovecha la coyuntura y recupera el título de Murakami del que dispone en su catálogo, un evocador relato homérico tan irritante por momentos como fascinante en otros. Puro Murakami.


(De: El Periódico de Villena, n.º 172, 20-III-2009).

(+) Sobre los autores:
- Balada de la costa oeste y Una resaca de cuidado, de Jacques Tardi.
- Tokio Blues y Kafka en la orilla, de Haruki Murakami.

viernes, 20 de marzo de 2009

Los sueños de Auladell y los mutantes de Claremont

El próximo jueves 26 de marzo arranca la edición undécima de Unicómic, cuyo programa pueden consultar aquí, y que de nuevo intentará dignificar la historieta como un medio artístico más, acercándolo al lector universitario a través de charlas teóricas, encuentros con autores y otras actividades paralelas.

A este evento y a sus invitados, particularmente a una pareja tan variopinta y heterodoxa como la formada por Chris Claremont y Pablo Auladell, dedicamos la columna de Abandonad toda esperanza de hoy. ¿Padeces el Síndrome de Kitty Pryde? Descúbrelo aquí:

El Síndrome de Kitty Pryde

jueves, 19 de marzo de 2009

Cineclub: La doble educación sentimental de los Gilmour


Cineclub, de David Gilmour, es el segundo libro de dos que en apenas unos meses ha publicado Mondadori y que reflejan la relación entre un padre y su hijo a través de un texto que oscila entre la narrativa y el testimonio. El primero, recordarán ustedes, fue el muy recomendable Equivocado sobre Japón, donde el escritor Peter Carey (La verdadera historia de la banda de Kelly) relataba su viaje al País del Sol Naciente en compañía de su hijo aficionado a los mangas y al cine de Hayao Miyazaki, y que acababa convirtiéndose en un acercamiento entre el autor y su primogénito.



Lo mismo sucede en Cineclub, un libro excepcional, en cierto sentido superior al muy recomendable libro de Carey, y que como sucede con este parece idóneo recomendar su lectura en un día como hoy, el Día del Padre. Porque el relato protagonizado por David y Jesse Gilmour, a la postre mucho más un testimonio sobre las relaciones humanas que un libro sobre cine, reflexiona acerca de la condición de ser padre, de las responsabilidades adquiridas, de las decisiones que hay que tomar y del miedo a equivocarse.



El canadiense David Gilmour era hasta el momento el autor de seis novelas que, si no me equivoco, permanecen inéditas en nuestro país (y esperemos que esta situación cambie pronto). Pero con este Cineclub se aparta del territorio de la ficción para contarnos la curiosa experiencia que durante unos meses le unió más que nunca a su hijo Jesse, hoy independizado pero por aquel entonces un adolescente que vivía bajo su mismo techo... En realidad, bajo el de la casa de su ex mujer y madre del muchacho, aunque esa situación tuvo que cambiar muy pronto.



Al parecer, el expediente académico de Jesse Gilmour era cada vez peor, y el muchacho se veía abocado sin remedio a un fracaso escolar del que su padre temía no iba a poder escapar jamás. Y dado el desinterés de aquel por los estudios, a su progenitor se le ocurrió una estrategia a todas luces sorprendente: permitiría a su hijo que abandonase el instituto y que siguiera viviendo con él, sin trabajar ni pagar alquiler ni manutención. Solo habría dos condiciones: la primera, mantenerse alejado de las drogas; la segunda, y cuyo desarrollo articula el texto que nos ocupa, estaría obligado a ver junto con su padre tres películas a la semana, que este elegiría basándose en sus conocimientos de la historia del cine: durante un tiempo fue crítico cinematográfico en un programa televisivo, aunque ahora aquello se había acabado y en el transcurso del libro se nos cuenta que la situación económica de la familia es cada vez más delicada.



Así, y contando con la nueva mujer de Gilmour, la escritora, productora y directora de vídeo Tina Gladstone, como testigo de excepción, y con las novias de su hijo -la sexy y manipuladora Rebecca Ng, la más convencional Chloë Stanton-McCabe- como personajes secundarios pero muy relevantes, David Gilmour y su hijo se disponen a ver una larga retahíla de títulos cinematográficos, más o menos importantes, más o menos laureados, del cine norteamericano al extranjero, del comercial al independiente, del cine de autor al cine de género.



Así, ante las pupilas de ambos (y, por extensión, de los lectores de Cineclub), van pasando títulos clásicos como Los cuatrocientos golpes (primera película que David y Jesse ven en su salón, un film autobiográfico de François Truffaut sobre la infancia y la educación), La dolce vita de Federico Fellini, Gigante de George Stevens, ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra o Desayuno con diamantes de Blake Edwards. También hay hueco para directores en activo, como Woody Allen -espléndido gusto el de los Gilmour: ven Annie Hall, que acaba entusiasmando a Jesse, así como Manhattan, Hannah y sus hermanas y Delitos y faltas-, Quentin Tarantino -del que disfrutan sus tres primeros y mejores trabajos: Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Jackie Brown-, o Adrian Lyne, del que se dice que su Lolita es una obra maestra. Sí, han leído bien, su Lolita y no la de Stanley Kubrick.



Y es que en el recorrido fílmico de los Gilmour no hay lugar para los prejuicios: se ve igualmente ese monumento del neorrealismo italiano titulado Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica, que el mastodóntico fracaso de Isthar, con Warren Beatty y Dustin Hoffman. No se desprecia el cine fantástico, pues se llega a decir que El resplandor es la mejor película de Kubrick -algo que no nos parece descabellado del todo- y que Robocop supone el mejor trabajo de Paul Verhoeven -algo con lo que no estamos de acuerdo, pero que nos parece saludablemente personal. Y al hablar de Verhoeven, David Gilmour confiesa sus placeres culpables: le confiesa a David Cronenberg, otra presencia capital del libro, que le entusiasma Pretty Woman -"de la que es muy difícil apartarse una vez que te tiene bajo su estúpido hechizo"-, y le propone a su hijo ver Showgirls, la peor película del realizador holandés, muy por encima a su parecer de la tan cacareada Plan 9 from Outer Space de Ed Wood.



Y así, a lo largo de varios meses y varias proyecciones privadas, algunas de estas películas sirven a David Gilmour para dar lecciones de cine, siempre directas y accesibles: La ley del silencio de Elia Kazan y su lectura como una apología de la delación de su director durante la caza de brujas anticomunista, lo atractivo que resultó en su día para el gran público el debut en la gran pantalla de James Bond (encarnado por Sean Connery) con Agente 007 contra el Dr. No, o la importancia del trabajo del actor, caso de Gary Cooper en Solo ante el peligro o Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma. Otras veces, la importancia histórica de la película es menor, y aparecen como proyección de las vidas particulares de los protagonistas (ahí está Chungking Express de Wong Kar-wai como recordatorio de la exótica Rebecca) o solo (¿solo?) sirve como excusa para que un padre y su hijo hablen de lo divino y lo humano.



Porque eso es lo que hace grande a un libro como este Cineclub, una suerte de educación sentimental doble: por un lado, el visionado de estas películas es la única educación que recibe un adolescente durante un tiempo; por otro, su padre se educa a sí mismo como responsable de su hijo, y aprende a tomar decisiones y a apechugar con las consecuencias. Además, Gilmour no elude la preocupación ante la incertidumbre de si actúa bien o mal permitiendo a su hijo que abandone la escuela, una incertidumbre que no acaba de resolverse dejando al lector que saque sus propias conclusiones.



Decía Fernando Trueba en su Diccionario del cine -como este, un libro sobre cine extremadamente personal e intransferible, y pese a ello libro de cabecera del que esto firma desde que lo leyó hace bastantes años- que adoraba visitar al malogrado Guillermo Cabrera-Infante (escritor, y crítico de cine con el seudónimo de G. Cain) y a su mujer Myriam Gómez porque siempre se salía de su casa con una nueva película que desconocía y que acababa de ver allí o que haría por ver lo antes posible. Así funciona Cineclub: si no se ha visto alguna de las películas citadas, se hace todo lo posible por remediarlo (un servidor no había visto todavía El gato conoce al asesino de Robert Benton hace tres días, y ayer ya solventó esta carencia después de leer las palabras de Gilmour), y si ya se han visto -como sucederá con la mayoría- se le contagian las ganas de volverlas a ver.



Cineclub es, en definitiva, un libro excepcional: un manual para padres e hijos, y un amigo virtual para los cinéfilos que gustan de hablar de cine (es decir, todos). Un regalo estupendo para este Día del Padre, y para cualquier otro día. No lo dejen pasar.


Cineclub
David Gilmour
Barcelona, Random House Mondadori, 2009
256 pp. - 16,90 €

[Fotografías: Reservoir Dogs, Vacaciones en Roma, Pretty Woman, El resplandor, La dolce vita, Lolita, Showgirls, Chungking Express, La ley del silencio, Los cuatrocientos golpes.]

miércoles, 18 de marzo de 2009

Unicómic trae a Chris Claremont y Doug Braithwaite

Un año más los cómics llegan a la costa mediterránea de la mano de Unicómic, las Jornadas del Cómic de la Universidad de Alicante, que alcanzan este año su undécima edición.



Unicómic XI, que cuenta este año con una estupenda y evocadora ilustración del artista alicantino Joaquín Aldeguer como protagonista del cartel, tiene como principal aliciente el encuentro con autores de cómic, y entre ellos destaca la ansiada visita de dos nombres internacionales: Doug Braithwaite y Chris Claremont.



Doug Braithwaite es un dibujante inglés que cuenta en su currículo con diversos trabajos tanto para DC -compañía para la que ha ilustrado títulos como Doom Patrol o Shadowpact, así como aventuras protagonizadas por los célebres Superman y Batman- como sobre todo para Marvel: series como Tierra X, Universo X, The Punisher o el macroevento Invasión secreta que actualmente publica Panini Comics en España llevan su firma.



Y qué decir de Chris Claremont, uno de los más veteranos guionistas del cómic mainstream norteamericano, cuyo nombre -codo a codo con una nómina de dibujantes que va de Dave Cockrum a Jim Lee, pasando por John Byrne, Paul Smith o Alan Silvestri- redefinió para siempre a los X Men creados por Stan Lee y Jack Kirby, y de paso a toda la franquicia mutante, incluyendo cabeceras como Lobezno o Excalibur. Recientemente, Dolmen ha publicado en España su primera novela -si no contamos la novelización de la tercera película de los mutantes de Marvel-: Primer vuelo.



También nos visitarán una escritora e ilustradora tan interesante como la argentina Diana Raznovich, de la cual algunos trabajos están en la línea de las tiras de la popular Maitena -para algún especialista, Raznovich es en muchos aspectos superior-; J. M. Ken Niimura, cuyos trabajos -de lo más variado- son siempre recomendables; y el alicantino Pablo Auladell, que ya sea en solitario o en colaboración con guionistas como Felipe Hernández Cava -con el que acaba de publicar Soy mi sueño- va consolidando poco a poco una carrera coherente y un universo propio.



Finalmente, también estarán con nosotros una serie de autores valencianos que trabajan en el popular semanario humorístico El Jueves: Manuel Bartual, Kubala, Rubén Fernández y Pallarés. Todos ellos protagonizarán una mesa redonda a buen seguro inolvidable.

A continuación, el programa íntegro de esta edición, que se completa con charlas teóricas a cargo de especialistas de la talla del editor e historiador Antonio Martín y el crítico Álvaro Pons, así como diversas proyecciones de películas relacionadas con el mundo del tebeo:

Jueves 26

- Reflexiones en torno al cómic (I):
10:00 h. "Mitología y cómic", por José Rovira Collado.
10:30 h. "Ciudad y cómic", por Joan Miquel Rovira Collado.
11:20 h. "Videojuegos y cómic", por Ramón Orts y Antonio Díez 'Vuarnet'.
11:50 h. "Cuando los mundos chocan: cómic y publicidad", por Jaume Ros.
12:20 h. "Buenos Aires en El Eternauta", por Armando Sogorb Rogel.
13:00 h. Mesa redonda.

(Aula Joan Lluís Vives, Facultad de Económicas de UA).

- Encuentro con autores (I):
17:00 h. Diana Raznovich (escritora, guionista y dibujante argentina, autora de El santuario estresado, Actos desafiantes...).
19:00 h. J. M. Ken Niimura (autor hispano-japonés, autor de Clockworld, Underworld Love, En el camino de la madeja, Historietas...).

(Sede Universitaria Rafael Altamira de Alicante)



Viernes 27

- Reflexiones en torno al cómic (II):
10:00 h. "Cómic en las nuevas tecnologías", por Álvaro Pons.
10:40 h. "Historia y cómic", por Antonio Martín.
11:40 h. "Pedagogía y cómic", por Pilar Pomares Puig.
12:20 h. "Literatura infantil, intercultura y cómic", por Noelia Ibarra Rius.
13:00 h. Mesa redonda.

(Aula Joan Lluís Vives, Facultad de Económicas de UA).

- Encuentro con autores (II):
17:00 h. Pablo Auladell (autor de Soy mi sueño, El camino del titiritero, La torre blanca...).
18:00 h. Chris Claremont (guionista de X-Men, Lobezno, Excalibur, Star Trek, Los 4 Fantásticos...).

(Aula de Cultura de la CAM).



Sábado 28
10:00 h. Proyecciones:
- La muerte de Superman
- Hulk vs. Thor
- Renaissance
- Batman: Gotham Knight
Presentación a cargo de Javier García-Conde.

(Sede Universitaria de Alicante).

- Encuentro con autores (III):
17:00 h. Autores valencianos de El Jueves: Bartual, Kubala, Fernández y Pallarés.
19:00 h. Doug Braithwaite (Dibujante de Batman, Superman, The Punisher, 2000AD, Invasión secreta, JLA: Justice, Tierra X, Universo X...).

(Sede Universitaria de Alicante)



Por supuesto, el evento contará con otras actividades paralelas, como el concurso "Soy el que más sabe de cómics de Alicante" (que se celebrará como siempre en Fnac), así como un par de fiestas nocturnas en distintos locales de la noche alicantina, donde los asistentes podrán alternar con la organización y los autores invitados a las jornadas.

Finalmente, cabe añadir:
- La asistencia a las jornadas y sus actividades es gratuita y abierta a todos los públicos.
- Concedidos 2 créditos de Libre Configuración por la Comisión del CLEC. Información y matrícula en el Punto de Información de la Universidad de Alicante, bajos del Paraninfo. (Tlf. 965 30 37 25 / Mail: oficultura@ua.es). Para conseguir los 2 créditos es necesaria la matrícula.



Para encontrar más información acerca del evento, podéis visitar la web oficial: Unicómic 2009.

martes, 17 de marzo de 2009

Bodrios que hay que ver: Piñata: Survival Island

Antes de pasar a hablar de la película que nos ocupa, me veo en la obligación de justificarme so pena de que me acaben ustedes por dilapidarme... Pónganse en situación: era sábado, tocaba pizza para cenar y había que completar un programa tiple al más puro estilo grindhouse que empezaba con Reservoir Dogs de Quentin Tarantino -una película que, por cierto, no envejece por muchas veces que se vea- para seguir con Zombi, el clásico setentero de George A. Romero -esta sí envejece, pero bastante bien y sigue resultando muy potable-. Por supuesto, necesitaba una película de terror; además, tenía que ser una película de terror cuya edición en DVD no dispusiera de subtítulos en español, lo que nos obligaría a verla doblada (y es que comer una pizza barbacoa y leer subtítulos al mismo tiempo es muy complicado); y, por supuesto, había de tratarse de una película que no supusiera un desembolso considerable, dado que muy probablemente acabaría por ser mala, muy mala o malísima. Y encontramos esta Piñata: Survival Island por 1,50 euros. ¿Quién podría resistirse?



Una vez visto el film, hay que decir que 1,50 euros es un precio bastante caro. Es más, aunque costase veinte céntimos habría sido un auténtico abuso, una verdadera estafa. Porque Piñata: Survival Island, estrenada en 2002 y también conocida como Demon Island (así como otros apelativos menos cariñosos, pero no oficiales) es una de las mayores basuras jamás rodadas, un engendro que produce vergüenza ajena como debería de provocarla propia a todos los implicados en ella: empezando, claro, por los realizadores, los hermanos David y Scott Hillenbrand, más peligrosos que los hermanos Dalton o los hermanos Kray, y cuya retahíla de películas que desconozco lleva por títulos cosas tan sospechosas como Hostile Takeover, King Cobra o Transilmania.



Y qué decir de los actores protagonistas: ¿qué lleva a Jaime Pressly y Nicholas Brendon a leer un guión como este y decirse así mismos: "Vale, me apetece hacer esta m... esta estupenda película"? Por si no lo saben, Jaime Pressly es esa chica buenorra (sobre todo para llamarse Jaime) que fue una de las chicas buenorras de DOA (Dear or Alive) -otro bodrio que hay que verlo para creerlo-, la villana de la reivindicable No es otra estúpida película americana... y la estupenda ex mujer del protagonista de la serie Me llamo Earl, en donde demostraba su increíble vis cómica y que este género, el de la comedia, es su fuerte. Porque el de terror, desde luego, no. En cuanto a Nicholas Brendon, ustedes lo recordarán como eterno amigo pagafantas de Buffy, la cazavampiros televisiva encarnada por Sarah Michelle Gellar.



Pero vamos a lo que vamos: Piñata va de un grupete de adolescentes de 35 años -al parecer, en Norteamérica la adolescencia es más larga que un día sin pan- que deciden participar en una competición de un campamento de verano que consiste en encontrar cuantas más prendas íntimas que han sido escondidas previamente mejor (eso es saber divertirse). En dicho grupo -donde no falta el negro salido, la negra reticente, la rubia cachonda y el colgado- se cuentan también un chico y una chica (Jaime y Nicholas) que han sido pareja, que ahora están enfadados el uno con el otro, pero que en el fondo se quieren y se desean y no pueden pasar ni un minuto más sin volver a estar juntos.



Como ven, el colmo de la originalidad. Pero es que cuando la película se vuelve original, más vale que se hubiera quedado como estaba: dos de los participantes encuentran una antigua piñata hecha de barro semi enterrada en un pantano. El prólogo del film nos explica que aquella piñata fue creada por un hechicero indio para encerrar dentro a todos los males del mundo. Esto es algo que, después, uno de los personajes volverá a explicarnos luego, porque sin duda los responsables del film piensan que el espectador es tan tonto como los protagonistas. Y a lo mejor no les falta razón, porque para tragarse esto...



En fin, sigamos: a los sujetos que encuentran la piñata no se les ocurre mejor actividad que intentar romperla, y así liberan a los demonios de su interior. Pero lo que más mola es que la piñata cobra vida gracias a unos de los efectos especiales infográficos más abominables jamás vistos en la gran pantalla, y se dedica a matar a los jóvenes y a los monitores (que tienen un año o año y medio más que los anteriores) uno a uno a golpe de maza, mientras va mutando de apariencia sin ninguna explicación.



Esto permite a los realizadores mostrar algo de gore excesivo pero a la postre ridículo por cutre, mientras los y las protagonistas lucen palmito. Pero el film es tan tonto, la trama tan absurda y los diálogos tan risibles, que no satisfará ni a los amantes de las vísceras ni a los que se conforman con disfrutar del físico de estos adolescentes que rondan los cuarenta.



Como se imaginarán, y pese a su escasa duración -apenas hora y veinte-, ver Piñata: Survival Island es una experiencia soporífera, sobre todo a partir del minuto veinte de metraje, que coincide con el momento en que has terminado de cenarte la pizza. A partir de entonces, todo es cuesta abajo, y solo quieres que la película termine para poder dedicarte a cualquier otra actividad más productiva, ya sea leer un rato, dormir o vaciar el lavavajillas. Así están las cosas, y así se las hemos contado.

lunes, 16 de marzo de 2009

Los lunes de Bokko: Volumen 11



Con un retraso considerable reseñamos en este vuestro blog la lectura de un nuevo volumen de Bokko, el espléndido manga de Hideki Mori que ha publicado en nuestro país Ponent Mon. Este retraso se debe a que este undécimo volumen es también el último, y como nos pasó con la conclusión de Strangers in Paradise de Terry Moore -una obra muy diferente de esta, pero igualmente maravillosa-, no hemos podido resistirnos a retrasar un tanto la lectura de la misma para no privarnos del placer de degustar tan estupenda narración.



En el caso de Bokko, y como ya hemos señalado al hablar de las entregas anteriores, nos encontramos ante un manga histórico repleto de acción e intriga, que nos retrotrae a aquellas estupendas películas de Akira Kurosawa o Kenji Mizoguchi que abrieron la cultura oriental al mundo, incitando la curiosidad del espectador occidental: ¿quién no recuerda títulos memorables del séptimo arte como Los siete samuráis, Yojimbo, La fortaleza escondida o, esta ya de Mizoguchi, El intendente Sansho?



Este volumen once, titulado "Al este", sigue como los anteriores haciendo gala de una construcción narrativa perfecta por parte del autor, que aúna el retrato coral de una ciudad y sus habitantes, a modo de fresco histórico, con el dibujo de la intrahistoria olvidada con el paso del tiempo, un cúmulo de vidas anónimas de las que muy pocas están destinadas a sobrevivir al paso de las eras.



Así, en sus páginas seguiremos descubriendo técnicas de combate aparentemente inusuales pero exitosas, que pasan por el empleo bélico de elementos tan peregrinos como el ruido, los insectos o hasta fármacos afrodisíacos. Al mismo tiempo, la narración sigue profundizando en el personaje de Ge Li -desde ya, uno de los más memorables del tebeo contemporáneo, y no nos referimos solo al manga- y sus compañeros, que en las últimas páginas de la obra emprenderán su último viaje en busca de un mundo mejor, un Japón mejor.



En resumidas cuentas: aunque Hideki Mori no cuente con el prestigio de autores que tienen asegurados el beneplácito de la crítica y ventas considerables de sus obras -pienso en Katsuhiro Otomo o en Jiro Taniguchi, incluso en el aparentemente más minoritario Suehiro Maruo-, su Bokko es justificación suficiente como para inscribir su nombre en el panteón de los autores a recordar. Tiempo al tiempo, pues este, como en las páginas finales de Bokko, pone a cada uno en su lugar.


Título: Bokko (Vol. 11)
Autor: Hideki Mori (guión y dibujo)
Editorial: Ponent Mon
Fecha de edición: noviembre de 2008
232 páginas (b/n) - 11 €

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