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lunes, 9 de febrero de 2009

Marzo: Novedades Norma

El próximo 27 de febrero se pondrán a la venta las novedades, como siempre interesantes y muy variadas, de Norma Editorial para el mes que viene. De todas ellas queremos destacar las siguientes:



- Bouncer (Vol. 6: La viuda negra)
Jodorowsky & Boucq
56 pp. (color) - 16 €



- Los monstruos tienen miedo de la luna
Marjane Satrapi
32 pp. (color) - 14,95 €



- Nylon Road (La vida en Irán)
Parsua Bashi
128 pp. (color) - 18 €



- Los hijos de octubre
Nikolai Maslov
120 pp. (color) - 16 €



- ¡Fraude!
Clifford Irving
312 pp. (b/n) - 18 €



- Tomorrow Stories (Vol. 1)
Alan Moore et alii
176 pp. (color) - 16 €



- 30 días de noche (Historias de chupasangres)
Steve Niles & Ben Templesmith et alii
192 pp. (color) - 17 €



- Libros sobre Watchmen (a la venta en 20-II; más información aquí).



Las novedades de marzo incluyen también como destacadas la conclusión de Yo soy legión, nuevas entregas de Percevan, un nuevo volumen de los archivos de Nexus y el regreso de Spirit en formato comic book, esta vez de la mano de Mark Evanier y Sergio Aragonés, los creadores de Groo.

Para más información, consúltese el catálogo de la editorial:

Norma Editorial: Novedades Marzo 2009

domingo, 8 de febrero de 2009

RIP: Van Johnson (1916-2008) / Ricardo Montalbán (1920-2009) / James Whitmore (1921-2009)

En 1949 el cineasta William A. Wellman estrenaba Fuego en la nieve (Battleground), una película que contaba en su reparto con tres actores que, lamentablemente, nos han dejado todos ellos en fechas recientes.



Uno de ellos, que encabezó el reparto de la cinta, fue un estupendo actor que nunca llegó a alcanzar la fama de otros intérpretes coetáneos; el segundo, un latin lover que casi siempre encarnó papeles de foráneo en grandes producciones; y el tercero, un gran actor de carácter de Hollywood, de rostro visto cientos de veces en grandes títulos de la historia del cine, enseguida reconocible y reconocido pero de los que pocos consiguen recordar su nombre.



El primero en fallecer fue Van Johnson, estrella del Hollywood clásico que sin llegar a alcanzar la fama de otros actores coetáneos siempre permaneció en cabeza de cartel de numerosas producciones de serie A y B.

Johnson interpretó al doctor Randall Adams en cuatro títulos dirigidos por Willis Goldbeck y con Lionel Barrymore como intérprete principal: Dr. Gillespie's New Assistant, Dr. Gillespie's Criminal Case, Three Men in White y Between Two Women. Pero su primer papel protagonista llegó en 1944 de manos de Mervy LeRoy en la bélica Treinta segundos sobre Tokio, destacando en un género al que siempre se mantuvo fiel.



El actor siguió trabajando con realizadores como Clarence Brown, Richard Thorpe, Norman Taurog, Frank Capra, Sam Wood, Rudolph Maté y muy especialmente Robert Z. Leonard, hasta que en 1954 Edward Dmytryk lo incluyó en el espectacular reparto de El motín del Caine, donde también participaron Humphrey Bogart, José Ferrer, Fred MacMurray, E. G. Marshall y Lee Marvin. Demostrando su versatilidad, ese mismo año demostró su cambio de registro al protagonizar, junto a Gene Kelly y Cyd Charisse, el musical Brigadoon de la mano de Vincente Minnellli, y el drama La última vez que vi París junto a Elizabeth Taylor y dirigidos por Richard Brooks.



Dos años después filmaría junto con Henry Hathaway Barreras de orgullo y una de sus películas más conocidas, A 23 pasos de Baker Street. Pero fue ya a finales de los 60 y durante la década de los 70, cuando Johnson no desestimó trabajar con realizadores italianos en títulos bélicos y de suspense, la mayoría de serie B; así, se puso a las órdenes de Enzo G. Castellari, Tonino Valerii, Umberto Lenzi o Sergio Martino.



En los años 80 y 90 se dedicó a participar en series televisivas y películas para la pequeña pantalla, aunque en 1985 fue recuperado para el cine de la mano de uno de sus más rendidos fans, Woody Allen, en La rosa púrpura de El Cairo.



Después de participar en varias producciones de su país, el mexicano Ricardo Montalbán dio el salto al cine de Hollywood en películas dirigidas por Richard Thorpe, Anthony Mann o John Sturges. Nunca fue una gran estrella, pero sí fue un secundario de lujo que trabajó durante toda su vida.



De su filmografía podemos destacar títulos como Más allá del Missouri (William A. Wellman), El gran combate (John Ford), Sayonara (Joshua Logan), Star Trek II (Nicholas Meyer) o un par de títulos de la saga de El planeta de los simios.



Pero fue la televisión quien le dio la fama gracias a su participación en numerosos telefilmes y series, destacando su presencia en Dinastía y especialmente la secuela de esta, Los Colby.



Por su parte, James Whitmore fue el más beneficiado del reparto de Fuego en la nieve, pues con su debut cinematográfico -después de una aplaudida carrera teatral- logró su primera nominación al Oscar como Mejor Actor de Reparto en un año en el que intervino también en el film policíaco Relato criminal, protagonizado por Glenn Ford y dirigido por Joseph H. Lewis.



Al año siguiente reincidiría en el cine negro participando en una obra maestra del género, La jungla de asfalto de John Huston, en uno de esos papeles secundarios pero de relevancia que caracterizarían una larga filmografía en la que destacan títulos como Todos los hermanos eran valientes (Richard Thorpe), Bésame Kate (George Sydney), La humanidad en peligro (Gordon Douglas), ¡Oklahoma! (Fred Zinnemann), El planeta de los simios (Franklyn J. Schaffner), Brigada homicida (Don Siegel) o Tora, Tora, Tora (Toshio Masuda).



En 1976 obtuvo su segunda nominación al Oscar por su interpretación del presidente Harry S. Truman en Give 'em Hell, Harry!. Después, tras trabajar con el mismísimo Ingmar Bergman en El huevo de la serpiente, Whitmore siguió en la brecha en los años 80 y 90 gracias a Walter Hill (Forajidos de leyenda), Martin Ritt (Loca), Peter Hyams (The Relic) y, muy especialmente, Frank Darabont, que le ofreció papeles de relevancia en Cadena perpetua y The Majestic.



Van Johnson nació en 25 de agosto de 1916 en Newport (Rhode Island), y falleció en 12 de diciembre de 2008 en Nyack (New York); tenía por tanto 92 años. Ricardo Montalbán nació en 25 de noviembre de 1920 en Ciudad de México Distrito Federal (México), y falleció en 14 de enero de 2009 en Los Ángeles (California); tenía por tanto 88 años. James Whitmore nació en 1 de octubre de 1922 en White Plains (New York), y falleció en 7 de febrero de 2009 en Los Ángeles (California); tenía por tanto 87 años. Descansen en paz.

sábado, 7 de febrero de 2009

Las recomendaciones del sábado



Cómic:
THE HIGHWAYMEN
M. Bernardin & A. Freeman & L. Garbett
(Norma Editorial, 2008)

En un futuro más o menos inmediato dos hombres curtidos en años y experiencia se embarcan en una misión suicida: proteger a una joven a la que todos persiguen... Estamos ante un cómic de acción trepidante que como algunas películas de Clint Eastwood -pensemos en Sin perdón y, en clave ligera, Space Cowboys- reivindica el buen hacer de los veteranos frente a las nuevas generaciones. Todo ello mediante un relato de ritmo imparable repleto de referencias cinematográficas: Quentin Tarantino, Guy Ritchie, John Woo... Estupendo para pasar un buen rato.



Libro:
HOMBRES SALMONELA EN EL PLANETA PORNO
Yasutaka Tsutsui
(Atalanta, 2008)

Las historias de un bonsái que provoca sueños eróticos que se confunden con la realidad y un hombre de existencia anodina que se convierte en el centro de atención de todos los medios de comunicación son solo dos de las seis perlas que conforman este libro de relatos, que presenta en sociedad a un autor japonés desconocido aquí pero de comprobado prestigio en su país natal. Como si de un Auster o un De Filippo nipón se tratara, Yasutaka Tsutsui conforma un universo metaliterario altamente sugerente. Una reveladora entrevista con el autor completa la atractiva oferta.


(De: El Periódico de Villena, n.º 166, 6-II-2009).

viernes, 6 de febrero de 2009

Los cómics noir de Trillo y cia.

Simplemente, Carlos Trillo es uno de los mejores guionistas de historieta negra. Así lo atestiguan tebeos tan interesantes como La gran patraña o Light & Bold, este último recientemente reeditado.

Sobre su obra, y sobre un clásico del género (nada más y nada menos que el Dick Tracy de Chester Gould), hablamos en la columna de Abandonad toda esperanza de hoy:

Mercenarios

jueves, 5 de febrero de 2009

Delitos a largo plazo: Crime Swinging London



El inicio de cualquier colección dedicada al género negro siempre es una gran satisfacción para los seguidores del mismo, entre los que me cuento, pero cuando una como esta Roja & Negra de Mondadori arranca con títulos de la talla de sus dos primeros lanzamientos, pues miel sobre hojuelas: nada más y nada menos que El poder del perro de Don Winslow -novela monumental definida como la versión narcomexicana de El Padrino de Puzo & Coppola- y la que ahora nos ocupa, Delitos a largo plazo de Jake Arnott.



La novela de Arnott, su primera obra por cierto, es algo menos célebre que su compañera en el mercado de novedades editoriales, pero esto es algo que ha acabado jugando a su favor pues nos hemos encontrado con la grata sorpresa de que, digámoslo ya, es una de las mejores novelas negras editadas en nuestro país en los últimos tiempos. Se entiende perfectamente que en su Inglaterra natal llegara a causar furor y se haya convertido en un fenómeno de culto al estilo del que experimentó en su día Trainspotting de Irvine Welsh y la posterior adaptación de Danny Boyle.



Por cierto: ¿para cuándo una película de Delitos a largo plazo? En su estupendo y rendido prólogo, el escritor (y a la sazón director de la colección) Rodrigo Fresán propone a Stephen Frears, aunque tampoco nos disgustaría un afortunado Neil Jordan o, después de ver Una historia de violencia y Promesas del este, el David Cronenberg de los últimos tiempos; incluso aceptaríamos a Guy Ritchie, aunque el propio Arnott opte por Pedro Almodóvar. Lo que sí se encuentra disponible es una adaptación televisiva en cuatro partes realizada por la BBC en 2004, con dirección de Bille Eltringham y con Mark Strong (Stardust) encabezando el reparto.



No son cuatro sino cinco las partes de Delitos a largo plazo, una novela que a modo de caleidoscopio y haciendo uso de cuatro protagonistas sucesivos va reflejando distintos aspectos de Harry Starks, un gángster homosexual y psicopático que controló muchos de los negocios ilegales que imperaron en el Londres de los años 60, y cuya empresa logró hacerles una dura competencia a los mismísimos gemelos Kray. Precisamente en la figura de Ronnie Kray se basó el autor para crear a este memorable personaje que aquel lector que se aventure en las páginas del libro no olvidará con facilidad.



Arnott construye su novela como una ficción fuertemente enraizada en un lugar y un tiempo reales, el "Swinging London", con múltiples referencias sociales y culturales -el cine de la época, el nacimiento de la música disco que desembocará en el hip hop, la fascinación de Starks por una Judy Garland en lastimosa decadencia- que salpican la narración y que le han valido a su autor la merecida (y, para nosotros, elogiosa) etiqueta de "el James Ellroy británico". Aunque la narración de Arnott es menos compleja que las habituales del autor de El gran desierto, efectivamente nos encontramos con creaciones de ficción cruzándose con personajes históricos, así como una construcción narrativa a modo de puzzle que se va componiendo poco a poco y que también recuerda a otro célebre hacedor de ficciones criminales: el Quentin Tarantino de Reservoir Dogs y Pulp Fiction.



Que la novela presente cinco partes con otros tantos protagonistas es algo que no le resta unidad al libro, si bien cada lector tendrá su pedazo favorito: desde aquí nos quedamos con la segunda parte, protagonizada por Teddy Thursby, un miembro de la Cámara de los Lores que lleva una doble vida escondiendo su condición de gay relegándola a reuniones clandestinas que acaban en orgía, y que entablará una peligrosa relación con Harry Starks que lo llevará, pese a sus reticencias, hasta el mismo corazón de África.



Tampoco se queda atrás la última parte, posiblemente la más arriesgada por parte de Arnott, que a la hora de narrar el tiempo que Starks pasó en la cárcel recibiendo clases de Derecho así como su posterior fuga se permite el uso de un registro académico, casi técnico, que acerca la novela a las peligrosas fronteras del territorio del ensayo pero sin aburrir jamás al lector; más bien al contrario, este advierte cómo el libro que tiene entre las manos se enriquece y va aprehendiendo un sentido de la realidad y un empaque del que muy pocos, libros y autores, pueden presumir.



Como decíamos al principio, Delitos a largo plazo fue un gran éxito en el Reino Unido, convirtiéndose en un fenómeno del que celebridades como el cantante y actor David Bowie pronto se manifestaron como rendidos fanáticos. Enseguida llegaron dos nuevas entregas -que verán la luz en Roja & Negra con los títulos de Canciones de sangre y Crímenes de película- que acabaron por dar forma a lo que se ha venido a llamar "La Trilogía de Harry Starks" (otro paralelismo con Ellroy: ¿recuerdan el "Cuarteto de Los Ángeles"?). Son estos los tres libros que han convertido a Jake Arnott en una de las cien personalidades gays más influyentes del Imperio... y son los mismos que acabarán por inscribir el nombre de su autor en la Historia de la novela policíaca del cambio de siglo.


Delitos a largo plazo
Jake Arnott
Barcelona, Mondadori, 2009
432 pp. - 17,90 €

miércoles, 4 de febrero de 2009

Midnighter: Amor y sangre



Ya lo dijimos en su día: Midnighter es el personaje más carismático (o eso intentan al menos sus artífices) del supergrupo de WildStorm The Authority, y como tal no podía tardar mucho en tener una serie propia. Así sucedió con otros personajes que vienen a ser claros antecedentes de este personaje desarrollado por Warren Ellis y Bryan Hitch en el primer arco argumental de The Authority: en el seno de Marvel, el Lobezno de The Uncanny X-Men y el Castigador surgido como un ambiguo antihéroe en The Amazing Spider-Man tuvieron pronto serie (o series) propia(s), mientras que en DC ocurriría lo mismo con Lobo -que debutó en las páginas de Omega Men # 3- o el mismísimo John Constantine, que antes de protagonizar Hellblazer se paseó por Swamp Thing de la mano de su creador, el gran Alan Moore.



Cuando comentamos el primer número de la edición española por parte de Norma Editorial, ya señalamos que después de disfrutar de los relatos protagonizados por Kev Hawkins, Garth Ennis venía a parecernos el guionista ideal para tomar las riendas de esta colección... aunque su trabajo se viera finalmente reducido a las primeras entregas, y en el segundo tomo solo podamos leer de su mano "Flores para el sol", un relato a dos tiempos que permite a Glenn Fabry lucirse con sus viñetas ambientadas en un Japón feudal repleto de samuráis y ninjas.



El volumen lo completan otras tres historias autoconclusivas:"Fait accompli" está escrito por Brian K. Vaughan y Darick Robertson, y es un relato contado al revés, al estilo de la película Memento, donde el guionista de Mística o Y, el último hombre demuestra el dominio de su oficio; "Gente corriente", de la mano de Jack Hawksmoor, permite al guionista Christos Gage y al dibujante John Paul Leon explorar la faceta más humana y sensible del brutal superhéroe; y finalmente "El virus Hércules", escrito por el tándem Justin Gray / Jimmy Palmiotti y dibujado por Brian Stelfreeze, pone un colofón digno pero inferior con reminiscencias de películas fantásticas como Alien o Resident Evil.



Después de este cajón de sastre, los volúmenes 3 y 4 (que incluyen los comic books 10 a 20 de la edición original), bastante más interesantes- presentan una narración unitaria de la mano de un guionista veterano, Keith Giffen, aquí en plena forma: el continuo salto de un dibujante a otro (el inicial Chris Sprouse, Chriscross, Rafael Sandoval, Jon Landry un Lee Garbett que se mantiene bastante más que el resto) no consigue romper la unidad de un relato que lleva a Midnighter al pueblo de Harmony, una ciudad que como el Tranquility de Gail Simone parece pasar por la representación prototípica del espíritu americano de Norman Rockwell pero que esconde oscuros secretos a poco que se ahonda en su superficie.



Allí, uno de los superhéroes gays más conocidos del cómic norteamericano (otro es su pareja estable, Apollo, también de The Authority) investigará acerca de su propio pasado, descubriendo cosas que no recordaba después de que su ex jefe, Henry Bendix, le borrase la memoria para convertirlo en una máquina de matar imparable.



No conviene revelar más de una trama que sin ser nada del otro jueves atrapa sin aparente esfuerzo la atención del lector, cerrando la colección y dejando un sabor bastante agradable a un cierto clasicismo, debiéndose este a una sabia dosificación de la información para conseguir la agradecible sensación de suspense... más allá de la cruda violencia que no puede faltar en unas historias protagonizadas por este Midnighter. Un personaje que a buen seguro, al más puro estilo T-800, volverá.


Título: Midnighter n.º 2
Autores: Garth Ennis et alii (guión) / Glenn Fabry et alii (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: abril de 2008
96 páginas (color) - 11 €

Título: Midnighter n.º 3
Autores: Keith Giffen (guión) / Chris Sprouse et alii (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: julio de 2008
144 páginas (color) - 15 €

Título: Midnighter n.º 4
Autores: Keith Giffen (guión) / Lee Garbett (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: septiembre de 2008
120 páginas (color) - 13 €

martes, 3 de febrero de 2009

Bodrios que hay que ver: El templo del oro

Mucho antes de que se estrenara Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal y nos fastidiara las cuentas, la saga de Steven Spielberg y George Lucas era una trilogía con todas las de la ley; y, por añadidura, una trilogía que en los años 80 hizo mucho daño a la historia de la cultura occidental. Y no es que las películas protagonizadas por el doctor Jones fueran malas, todo lo contrario; pero tuvieron tanto éxito que las imitadoras empezaron a brotar como setas, y la mayoría de ellas lo hicieron para escarnio del personal.



La película que ahora nos ocupa, El templo del oro, fue una de ellas. Y la hemos elegido por encima de otras de su calaña -las de Michael Douglas y Kathleen Turner, las de Richard Chamberlain y Sharon Stone, la de Tom Selleck de la que nadie se acuerda ya-, aparte de por la nada irrelevante razón de que la hemos comprado hace nada en el Alcampo por tres míseros euros, por la gran estrella que la protagoniza. Y esta no es otro que Chuck Norris, el auteur que está detrás de maravillas como Fuerza 7 o Invasión USA , y que no es la primera vez que nos visita: El héroe y el terror, otra de sus más grandes obras maestras, ya fue comentada en esta vuestra simpática sección favorita.



La película que nos ocupa, de título original Firewalker (esto es, "El que camina por el fuego"; no me digan que el español El templo del oro no mola muchísimo más), fue dirigida en 1986 por el ya fallecido J. Lee Thompson, que en ese mismo año filmaba otro título que ya hemos comentado aquí: La ley de Murphy, a mayor gloria de Charles Bronson. Desde luego, el director tuvo un año de lo más provechoso: efectivamente, pocos pueden presumir de trabajar en una misma temporada con dos estrellas de la talla de Norris y Bronson como este veterano realizador, autor de películas importantes como Los cañones de Navarone, El cabo del terror o El oro de Mackenna, todas con Gregory Peck, o la muy recuperable La reencarnación de Peter Proud, esta ya sin Gregory Peck porque Gregory Peck estaría liado con otra cosa.



Pero hete aquí que Thompson, en los últimos años de su carrera y por un motivo tan prosaico como que de algo hay que vivir, se especializó en subproductos para la Cannon Films de Menahem Golan y Yoram Globus -productora de infausto recuerdo a los que hay que agradecer la existencia de grandes películas de la historia del cine de la talla de Masters del Universo, Cobra o Yo, el halcón-, despidiéndose de la realización con otro film de su amigo Bronson: la curiosa Kinjite.



Pues bien... Para la ocasión, la Cannon arropó al bueno de Chuck Norris con otras dos estrellas de la década hoy bastante olvidadas: Lou Gossett Jr. y Melody Anderson. El primero vivió su época de esplendor al ganar el Oscar como Mejor Actor de Reparto por Oficial y caballero, pero gracias a la saga Águila de acero y demás mediocridades fue sepultando poco a poco sus posibilidades de ir más allá. Por su parte, Melody Anderson fue nada más y nada menos que Dale Arden, la heroína del Flash Gordon aquel que dirigió Mike Hodges con Max von Sydow como el avieso emperador Ming y canciones pegadizas (en el sentido de que te pegaban una buena bofetada cuando las oías) de Queen.



Pero vamos a lo que vamos... La película empieza con Norris y Gossett allí donde sus detractores más acérrimos siempre quisieron verlos: atados a unas estacas clavadas en mitad del desierto y a los pies de un chino muy malo. Estos dos actorazos interpretan a Max Donigan y Leo Porter, una pareja de aventureros que malviven de las pocas reliquias arqueológicas que consiguen en sus múltiples peripecias, y que aunque no tienen demasiado éxito en su oficio viven la mar de contentos porque lo que les gusta de verdad es la emoción de la aventura (sí, son así de simplotes). Lo que no saben ambos es que van a vivir la mayor aventura de todas de la mano de una atractiva joven (la citada Melody; no confundir con la cantante adolescente del gorila que bailaba), la cual los va a embarcar en un periplo por las selvas amazónicas en busca de un fabuloso templo maya o azteca o así repleto de oro.



En su odisea, los dos granujas y la joven intrépida las pasarán canutas, y hasta se tendrán que disfrazar de curas y monja al más puro estilo de comedia de Howard Hawks. Precisamente del sentido de la aventura del firmante de Sólo los ángeles tienen alas quiere tener bastante esta producción: para empezar, es todo un canto al amor fraternal entre hombres por encima del amor romántico junto a la mujer, aunque de esto y de la consabida batalla de sexos también hay un poco. Pero claro, El templo del oro se queda a medio gas.



El argumento de la película carece por sí mismo de todo interés, pero el film se deja ver por el humor blanco que destila -vamos, que es un film ideal para Sesión Matinal o Sesión de Tarde de cualquier sábado-, así como por la patente torpeza de sus guionistas a la hora de dar entidad a unos personajes tópicos a más no poder, unas situaciones archisabidas y unos chistes predecibles. Pero eso de que el personaje de Norris no sea capaz de acertarle disparando con un revólver a un transatlántico pero sea un hacha con el cuchillo (qué raro suena esto) tiene su aquel.



Antes de terminar hay que señalar que El templo del oro cuenta, a modo de secundarios, con dos actores indios: Will Samspon (el de Alguien voló sobre el nido del cuco) y Sonny Landham (el olfateador de Depredador), este último como villano de la historia; así como con John Rhys-Davies, un actor que de esto del cine de aventuras sabe bastante: salió en la primera aventura de Indiana Jones, luego colaboró con el propio Lee Thompson en Las minas del Rey Salomón -otro bodrio como la copa de un pino-, y que finalmente fue el enano Gimli en la trilogía de El Señor de los Anillos. Lo que no sé es cómo lo hicieron más bajo, si con efectos especiales infográficos o cortándole de cuajo por las rodillas. Por cierto, aquí Rhys-Davies interpreta a un ex compañero de aventuras de Donigan / Norris que ha acabado convertido en un líder mesiánico al estilo del coronel Kurtz de El corazón de las tinieblas (o Apocalypse Now, claro).



En fin: eso es El templo del oro y poco más. Estamos ante una película decididamente mediocre, pero que gustará a los que disfruten pasando una sesión matinal entretenida en plan encefalograma plano, y que interesará a los jovenzuelos que quieran comprobar cómo la estrella de Walker Texas Ranger no es flor de un solo día; algo así necesariamente tiene un bagaje detrás.



Ah, y al final sale otra vez el chino malo del principio, para hacer su gracia y tal, como Dios manda...

lunes, 2 de febrero de 2009

La Comicoteca: Los archivos de The Spirit (Vol. 1)



Introducción


Ya señaló Álvaro Pons el mayor peligro que suponía una película como The Spirit de Frank Miller dado el alcance que tiene hoy el espectáculo cinematográfico: que miles y miles de espectadores que desconozcan la obra original de Will Eisner piensen que su más famosa creación sea eso que han visto en la gran pantalla.

Poniendo nuestro pequeño granito de arena para paliar en la medida de lo posible tamaña aberración, empezaremos a reseñar sin prisa pero sin pausa las historietas originales del que ha sido considerado como "el padre" del arte secuencial contemporáneo.

* * *


Los archivos de The Spirit (Vol. 1)
Guión y dibujo: Will Eisner*
Color: Digital Chamaleon
Barcelona, Norma Editorial, octubre de 2008 [3.ª ed.]
ISBN: 978-84-8431-466-0
244 pp. (color) - 35 €

Este Volumen 1 incluye:
- Prefacio: "The Spirit: Cómo surgió", de Will Eisner.
- Prólogo: "The Spirit, el pionero", de Alan Moore.
- Introducción "El cómic perfecto", de R. C. Harvey.
- "The Spirit", de Will Eisner: 31 historias cortas, publicadas originalmente entre el 2 de junio y el 29 de diciembre de 1940.

Las historias incluidas en este volumen son las siguientes:

- "El origen de Spirit".
- "El regreso del Dr. Cobra".
- "La reina negra".
- "Vudú en Manhattan".
- "Johnny Marston".
- "El ejército de la reina negra".
- "Mr. Midnight".
- "Eldas Thayer".
- "Palyachi, el payaso asesino".
- "Los muñecos de la muerte".
- "El rapto de Daisy Day".
- "Los chicos Morger".
- "Los huérfanos".
- "Orang, el hombre mono".
- "¡El regreso de Orang, el hombre mono!".
- "Los ojos rayos X de Ebony".
- "Guerra de bandas".
- "Agentes orientales".
- "El Cerebro pasa al ataque".
- "¡Spirit! ¿Quién es?"
- "Goran, el ogro".
- "¡Alistado en el ejército!".
- "El viril arte de la defensa personal".
- "El beso de la muerte".
- "Dr. Prince von Kalm".
- "El rapto de Ebony".
- "El baile del fin de curso".
- "La casa encantada".
- "Slim Pickens".
- "La Navidad de Spirit de 1940: Black Henry y Simple Simon".
- "El líder".



La crítica ha dicho


"The Spirit chisporrotea aún con la energía de un artista devorado por una cascada constante de nuevas ideas. Inspirándose en el cine negro de Hollywood de la época, Eisner aportó algo nuevo al mundo, no 'películas de papel' sino una narración gráfica que cobra vida en la cabeza."
- Art Spiegelman

"Will Eisner es el alma y el cerebro del cómic americano."
- Scott McCloud

"No hay otro como Will Eisner. No lo hubo antes, y en mis momentos más pesimistas dudo que vuelva a haberlo jamás."
- Alan Moore



Una breve reflexión


Como todo principio, el arte de Will Eisner en estas primeras historias de Spirit se muestra todavía balbuceante, y está lejos de las excelencias que se plasmarán en relatos posteriores y que veremos en los siguientes volúmenes de lujo editados en España por Norma Editorial. No obstante, ya se aprecian destellos ocasionales de su genio rompedor, caso de algunas viñetas en las que las figuras salen literalmente de ellas. Por lo demás, cierto conservadurismo lógico de la época (véase la dickensiana "La Navidad de Spirit de 1940: Black Henry y Simple Simon"), así como un humor hoy bastante naif, no impiden que la portentosa narrativa de Eisner, mediante un ritmo endiablado, atrape la atención del lector contemporáneo.


* Durante la publicación de The Spirit, Will Eisner fue ayudado por muchos otros artistas, entre ellos: John Belfi, Phillip (Tex) Blaisdell, Chris Christiansen, Jack Cole, Martin DeMuth, Jim Dixon, Jules Feiffer, Dick French, Lou Fine, Jerry Grandenetti, Abe Kaenegson, Jack Keller, Robin King, Alex Kotzky, Joe Kubert, Andre LeBlanc, Marilyn Mercer, Klaus Nordling, Ben Oda, Bob Palmer, Don Perlin, Bob Powell, Sam Rosen, Aldo Rubano, Sam Schwartz, John Spranger, Manny Stallman, Manley Wade Wellman, Al Wenzel, Wallace Wood y Bill Woolfolk.

domingo, 1 de febrero de 2009

Comic Top 5: Enero 2009

Ya tenemos aquí el primer Comic Top 5 del año, con los cinco mejores tebeos leídos a lo largo del mes que terminó ayer. Aunque en realidad hacemos trampa y son seis, ya que el siempre interesante Jeffrey Brown hace doblete.

Ahí van los galardonados en esta ocasión, como siempre en orden alfabético y no de preferencia:



1.- El almanaque de mi padre
Jiro Taniguchi (Planeta de Agostini)



2.- Elegía roja
Seiichi Hayashi (Ponent Mon)



3.- Gato saliendo de una bolsa / Pequeñas cosas
Jeffrey Brown (La Cúpula)



4.- No te olvides de recordar
Peter Kuper (Astiberri)



5.- Tres sombras
Cyril Pedrosa (Norma Editorial)