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martes, 25 de marzo de 2008

Bodrios que hay que ver: El ojo del tigre

Cuando dedicamos unas líneas a la infecta Carretera al infierno II, de la que Jake Busey era uno de sus protagonistas, nos preguntábamos cuánto tardaría en aparecer por esta sección de "Bodrios que hay que ver" su padre, el ilustre Gary Busey, y sospechábamos que la respuesta era que no demasiado.



Y así es: el peliculón de hoy, El ojo del tigre, cuenta con Gary Busey como estrella indiscutible, y viene a ser un buen ejemplo del más absurdo, deplorable y, por consiguiente, fascinante cine de acción de los años 80.

El argumento de este film de 1986 es bien sencillo: Busey interpreta a Buck Matthews, un veterano de la guerra de Vietnam que acaba de salir de la cárcel. Su plan es reintegrarse en la sociedad, volviendo a su pueblo natal para reunirse con su adorable esposa y su no menos adorable hijita, y a continuación recuperar su trabajo en la construcción.



Pero su propósito no será fácil de cumplir: el pueblo está bajo la hegemonía de una banda de delincuentes motorizados, liderada por Blade (William Smith, nada más y nada menos que el mítico Falconetti de Hombre rico, hombre pobre), y que además tiene comprado al corrupto sheriff de la localidad (Seymour Cassel, el actor fetiche de John Cassavetes, que obviamente vivió tiempos mejores).

Y hete aquí que una noche, mientras Buck trabaja como vigilante nocturno, algunos de los malhechores motorizados intentan violar a una enfermera que vuelve a su casa después de una dura jornada. El protagonista no tarda en impedirlo, pero a partir de entonces la banda se la tendrá jurada, y no tardarán en irrumpir en su casa, malhiriéndolo a él, matando a su esposa y dejando a su hija en estado catatónico.



La venganza, claro está, no se hará esperar: al más puro estilo de Charles Bronson, Busey reclama la ayuda de un compañero de prisión al que salvó la vida, un gángster latino de poca monta que le facilita un todoterreno preparado para el combate (sí, con misiles tierra-aire y todo) y una buena cantidad de armas y explosivos.

La película culmina con el protagonista, ayudado por su mejor amigo J.B. (no es una metáfora sobre el alcoholismo: su mejor amigo es una persona de verdad, interpretada por Yaphet Kotto), atacando el campamento de los malvados motoristas, haciéndolo saltar por los aires, y enfrentándose cuerpo a cuerpo con Blade en un barracón repleto de polvo blanco que los malpensados dirán que es cocaína, aunque yo creo que es levadura para amasar las típicas y deliciosas monas de Semana Santa.



Como imaginarán, El ojo del tigre podría pasar perfectamente por un episodio extendido de El Equipo A, desde la simplicidad argumental hasta el manido tema de la venganza, pasando por una lamentable ausencia de violencia realista. Porque el descabezamiento de uno de los motoristas gracias a un cable tensado augura algo de carnaza que, después, no llegará a materializarse, y todo quedará en inofensivas explosiones que conllevan a malosos saltando por los aires al más puro estilo de Hannibal Smith y compañía.

Hay que señalar que el director del film, Richard C. Sarafian, pasará a la historia como el director de una cult movie de la talla de Vanishing Point (Punto Límite: Cero), aunque el grueso de su filmografía sean capítulos televisivos, telefilmes y otros trabajos discretos. Por cierto: sus cuatro hijos se dedican también al cine, y uno de ellos, Deran Sarafian, es autor de filmes como Libertad para morir, con Jean-Claude Van Damme, la simpática Velocidad terminal, o varios episodios de la franquicia de CSI y de House.



Para terminar, señalar que el film se titula El ojo del tigre no se sabe muy bien por qué, como no sea por utilizar por la cara el gran éxito de los 80 Eye of the Tiger, de Survivor, en los créditos iniciales, y que ya había sido el tema principal de Rocky III cuatro años antes. Como los Scotti Brothers, productores del film, tenían los derechos de la canción, debieron pensar que todavía podían rentabilizarla un poquito más...

lunes, 24 de marzo de 2008

Libros de Sangre (XII): Hijo del celuloide

"He visto el futuro del terror, y su nombre es Clive Barker."
- Stephen King



Hijo del celuloide es el relato cinéfilo de los Libros de Sangre de Clive Barker. Y no ya solo por las múltiples referencias acerca del séptimo arte que jalonan sus páginas, ni porque la mayor parte de la acción se desarrolle en un viejo cine, el Movie Palace, sino porque el propio texto está estructurado como una sesión cinematográfica, con una primera parte a modo de "Avance" o trailer, una segunda titulada "La película", y que ocupa la mayor parte del cuento, y una coda final titulada "Escenas censuradas", a modo de conclusión.



En la primera parte, el protagonismo se centra en Barberio, un criminal que se fuga de prisión después de conseguir una pistola en el mercado negro de la cárcel. Huyendo de la Policía, y herido en una pierna, acabará atrapado entre un viejo solar y la pared del Movie Palace. Allí, mientras el Satiricón de Fellini llega a su fin en una sesión doble dedicada al director italiano, Barberio morirá sin saber que el dolor que le viene molestando los últimos días no es otra cosa sino un cáncer de estómago. Él, un delincuente que esperaba que la muerte le llegara en cualquier momento y de forma violenta, no podía pensar en padecer una enfermedad en estado terminal...



La parte central del relato está protagonizada por Birdy, una joven algo acomplejada y con tendencia a la obesidad que trabaja en el Movie Palace acompañada de Ricky, otro adolescente junto al que se coloca con speed ocasionalmente.

Las jornadas laborales se suceden marcadas por la monotonía más desesperante, hasta que una noche (fechada ocho meses después del fallecimiento de Barberio), en la que en la pantalla se proyectan dos de los spaghetti westerns protagonizados por Clint Eastwood, uno de los clientes del cine entra en los aseos del cine y no vuelve a salir. Ante la preocupación de su novia, que lo espera en el vestíbulo, Ricky acudirá en su búsqueda... para descubrir que en el Movie Palace se ha abierto una grieta entre el mundo real y el imaginario, entre la existencia tangible y la ficción de las películas.



Así, un ser informe y terrorífico, regenerado a partir de las células cancerígenas del criminal difunto, y movido por el milagro del séptimo arte y la fascinación que este ha despertado en miles de espectadores a lo largo del tiempo, cobrará diversas formas para seguir alimentándose: del John Wayne de Río Grande a la Marilyn Monroe de La tentación vive arriba, pasando por la voz gangosa del pusilánime Peter Lorre o la risa, racionada y excepcional, de Greta Garbo. Y como no podía ser de otro modo, Birdy es su próxima víctima...



Con "Hijo del celuloide", Barker vuelve a demostrar que en sus cuentos de terror sigue manejando como nadie tanto la metáfora ("Ojos de lince cayó al suelo como si acabara de recordar una cita con el pavimento"), como la ambigüedad del código escrito, y su retrato del mal más ominoso e indescriptible harían que H. P. Lovecraft se sintiera orgulloso.



"Hijo del celuloide", en Libros de Sangre (vol. 2)
Clive Barker
Madrid, La Factoría de Ideas, 2005, pp. 97-140.

domingo, 23 de marzo de 2008

RIP: Anthony Minghella (1954-2008)

Lamentablemente, a pocos días de las respectivas defunciones del escritor y guionista Arthur C. Clarke y el veterano actor shakespeariano Paul Scofield, ha fallecido también el cineasta británico Anthony Minghella, cuya película más célebre es sin lugar a dudas El paciente inglés.



Minghella falleció debido a una hemorragia fruto de las complicaciones surgidas de una intervención quirúrgica que se le realizó una semana antes, y de la que en principio parecía recuperarse sin problemas.

Sus dos primeras películas, las comedias Truly Madly Deeply y Un marido para mi mujer, pasaron sin pena ni gloria por las carteleras, si bien esta última era una interesante mezcla de comedia y drama con un reparto muy atractivo encabezado por Matt Dillon, Annabella Sciorra y William Hurt.



La fama le llegaría con El paciente inglés, adaptación de la novela homónima de Michael Ondaatje producida por Saul Zaentz (responsable de Alguien voló sobre el nido del cuco y Amadeus, los dos filmes oscarizados de Milos Forman). El paciente inglés, protagonizada por Ralph Fiennes, Kristin Scott Thomas, Juliette Binoche y Willem Dafoe, también triunfó en los Oscars de la Academia, consiguiendo nueve estatuillas, entre ellas las de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actriz de Reparto para la francesa Binoche.

Posteriormente, Minghella realizaría El talento de Mr. Ripley, que junto con El paciente inglés es su mejor trabajo. Con un espléndido Matt Damon encabezando un reparto en el que también figuraban Jude Law, Gwyneth Paltrow y Cate Blanchett, el film adaptada la misma novela de Patricia Highsmith a partir de la que René Clément realizó A pleno sol, con Alain Delon en la piel del calculador Tom Ripley que aquí encarna Damon.



Después de estas dos joyas, Minghella realizaría la demasiado académica Cold Mountain y Breaking and Entering, en ambas repitiendo con Jude Law, que a la postre podría considerarse su actor fetiche. En la primera, un film de época, contó también con Nicole Kidman y una oscarizada Renée Zellweger, mientras que en la segunda, ambientada en nuestros días, recuperó a Juliette Binoche y trabajó también con Robin Wright Penn.

Su trabajo póstumo será el ya terminado The Nº 1 Ladies Detective Agency, un telefilm con el que Minghella y Richard Curtis adaptan una novela de Alexander McCall Smith, de su serie protagonizada por la investigadora de Botswana.



Anthony Minghella nació el 6 de enero de 1954 en Ryde (Isla de Wight, Inglaterra) y falleció el pasado 18 de marzo de 2008 en la ciudad de Londres. Tenía por lo tanto 54 años. Descanse en paz.

sábado, 22 de marzo de 2008

El trailer del sábado: The Incredible Hulk

La anterior adaptación del cómic de Marvel Hulk, firmada por Ang Lee y protagonizada por Eric Bana, Jennifer Connelly y Nick Nolte, tuvo una acogida desigual por parte de la crítica, y el público, por lo general e incluyendo a los fans del personaje, le dio la espalda.

Por ello ahora, en lugar de preparar una secuela en sentido estricto, se ha decidido hacer borrón y cuenta nueva, del mismo modo que Batman Begins significó para los filmes anteriores del Hombre Murciélago firmados por Tim Burton y Joel Schumacher. Así, The Incredible Hulk contará con un reparto totalmente nuevo, encabezado por Edward Norton como el doctor Bruce Banner, y al que acompañan Liv Tyler, William Hurt y Tim Roth.

Ya puede verse el trailer del film, que se estrenará en Estados Unidos el próximo 13 de junio:

The Incredible Hulk

jueves, 20 de marzo de 2008

Escucha el encuentro con Vicente Cifuentes en Unicómic 2008

Una semana después del inicio de Unicómic 2008 volvemos a recordar estas jornadas sobre cómic de la Universidad de Alicante gracias a Historietaspodcast.com, la revista sonora sobre cómic en español, que cubrió este evento durante la jornada del viernes 14.



El primer encuentro del día fue con el autor español Vicente Cifuentes, que un servidor tuvo el honor de presentar a la concurrencia en la sala de exposiciones de la CAM. Ahora, gracias al trabajo de Guillermo Velasco podemos escuchar la charla de forma íntegra, incluyendo el turno de preguntas por parte de un público que siguió con atención las palabras del dibujante de Núbilus.



Podéis acceder a dicha charla pinchando en el siguiente enlace:

HP019: Vicente Cifuentes en Unicómic

Y a continuación, una serie de fotografías tomadas durante el encuentro:













En breve estará disponible también el audio del encuentro con el autor argentino Enrique Breccia. Permanezcan atentos a sus monitores.

[Fotografías © C. Carrasco.]

miércoles, 19 de marzo de 2008

RIP: Arthur C. Clarke (1917-2008)

El escritor y divulgador científico británico Arthur C. Clarke, autor del relato que inspiró la película de Stanley Kubrick 2001. Una odisea del espacio, ha fallecido a los 90 años en su domicilio de Colombo, capital de Sri Lanka.



Considerado como uno de los más grandes escritores de ciencia ficción del siglo XX, padecía el síndrome post polio desde hacía muchos años, y estaba relegado en los últimos tiempos a usar una silla de ruedas.



Autor de más de cien libros, entre ficción y ensayos divulgativos, entre ellos destacan clásicos de la ciencia ficción como El fin de la infancia o Cita con Rama, si bien la fama le llegó cuando Kubrick se interesó por llevar al cine su relato "El centinela". El resultado fue 2001. Una odisea del espacio, película que también recogió ideas del citado El fin de la infancia, y de la cual, durante su producción, Clarke llegó a escribir una novela homónima.



La película, considerada como un clásico indiscutible no ya del género sino de la historia del cine, es también uno de los trabajos más interesantes de la filmografía de Kubrick, así como un film del que todavía se siguen discutiendo interpretaciones varias. Téngase en cuenta, acerca del célebre y misterioso monolito de la película, que la lectura de "El centinela" de Clarke es una excelente pista.



Arthur C. Clarke había nacido el 16 de diciembre de 1917 en Minehead (Inglaterra), y falleció en la madrugada de este miércoles (las 22.00 horas del martes según hora española) debido a una parada cardiorespiratoria. Tenía por lo tanto 90 años.

Descanse en paz.

martes, 18 de marzo de 2008

Fun Home: Los problemas y el deseo



"No existe la aventura, ni tampoco el romance. Sólo existen los problemas y el deseo. Y cuando deseas algo mucho, te metes en problemas". Esta máxima, que debemos al cineasta norteamericano Hal Hartley y que defiende con fervor uno de los personajes de su película Simple Men, podría explicar el drama que representan -y subrayamos este término- los protagonistas de Fun Home (Una familia tragicómica), espléndida novela gráfica de Alison Bechdel que publica en España Mondadori en su sello Reservoir Books.



Ahora bien, el elemento del deseo explica tan solo una parte de los dramas respectivos que viven la protagonista y su padre, este último a la postre verdadero eje central de esta joya que, digámoslo ya, no debería faltar en las estanterías de todo buen aficionado. Como prisma fidedigno de las complejidades del alma humana, Fun Home no reduce a sus personajes a creaciones esquemáticas, sino que hace porque el enigma que confiere humanidad a los mismos permanezca no intacto pero sí consistente tras su lectura.



Los que conocieran a Alison Bechdel por las distintas entregas de Unas bollos de cuidado (La Cúpula), ya sabrían de la condición homosexual de la misma, un aspecto que en Fun Home se descubre bien empezado el álbum; lo que posiblemente no supieran, y que aquí la autora narra sin cortapisa alguna con el permiso de su familia, es el oscuro secreto que escondía su padre, y que aun sin saberlo por aquel entonces acabaría por marcar las vidas de todos los que le rodeaban.



En los años que muestra Fun Home, los padres de la autora se ganaban la vida como profesores de lengua inglesa, al mismo tiempo que gestionaban una funeraria (la "Casa de la alegría" del título) heredada de sus antepasados. Pero ambas profesiones eran solo una manera de gozar de seguridad económica: las verdaderas vocaciones de ambos, más artísticas, pasaban en el caso de su madre por la interpretación, y en lo que respecta al padre por la lectura de clásicos y contemporáneos, de Tolstoi a Günter Grass, así como por el coleccionismo y la restauración de antigüedades. La primera desarrolló una carrera como actriz en grupos de teatro locales e independientes, representando obras de William Shakespeare o Edward Albee; el segundo, rendido admirador de la obra de Francis Scott Fitzgerald en general y de El gran Gatsby en particular, hizo de la restauración del hogar familiar, una mansión victoriana, más que un hobby con en el que pasar los ratos de ocio una razón vital de su existencia, hasta que falleciera prematuramente, posiblemente por voluntad propia, a la edad de treinta y siete años.



De forma más sutil a como Art Spiegelman acometiera el pasado de su padre durante el exterminio nazi para engendrar Maus, Bechdel retrata a su padre desde el presente, rememorando aquellos días en los que ella era apenas una niña, y reflexionando acerca de cómo aquellos tiempos marcaron su devenir posterior. Conforme pasa el tiempo, y Alison va creciendo y descubriendo cosas de sí misma y de su entorno, intentará dar una explicación a todo lo que le rodea a través de sus pensamientos y de su arte.



De esta forma, la vida de una pareja infeliz cuyos miembros solo se veían unidos por un cierto afecto, la existencia de tres hijos en común y unas inquietudes culturales afines, se ve marcada por la proyección de sus anhelos en referentes de ficción, como la relación del padre con la obra del autor de A este lado del paraíso, la encendida admiración por el Ulises de James Joyce, o la llegada a la madurez que supone percatarse de que no leerá al completo la saga de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. Todo ello, frente a la vinculación de su madre al teatro: como si de un invitado a las fiestas de Scott Fitzgerald y su esposa Zelda se tratase, la mirada del padre choca con el drama de la madre, reflejada por la autora como una heroína dramática escapada de Retrato de una dama de Henry James, dando forma a un juego compartido de representación, haciendo de la mansión donde viven un escenario donde representar una vida familiar feliz y compacta.



Pero al mismo tiempo la autora no olvida subrayar en su obra la incapacidad parcial, no ya de toda obra de ficción, sino de cualquier reflexión, por captar en toda su esencia la Verdad de la realidad. Así, nos recuerda que en su diario pasó por subrayar la palabra "creo" para relativizar todo lo que le ocurría y, por extensión, todo lo que narraba por escrito, en sus textos. Unos diarios estos que acaban por formar parte de esta obra total, Fun Home, en la que un padre y una hija, ambos con una condición sexual semejante, viven distantes proyectando sus deseos en el otro (la hija anhela una masculinidad que su padre no posee, y este busca la belleza de lo femenino que él no puede tener y de la que su hija reniega)... para acabar por comprenderse el uno al otro de forma ficticia, tiempo después de la muerte del primero, a través de las ilustraciones y los textos de la hija.



Como señalábamos, Fun Home es una obra plagada de referencias culturales, pero que no están ahí para darle a la obra un prurito de (vacua) intelectualidad, sino que funcionan como significantes ocultos, que generan (auto)resonancias que enriquecen la obra, tanto en el fondo como en la forma. Es el caso de la enorme serpiente negra, un marcado recuerdo de la infancia de la autora, presencia casi mística con la que esta especula en torno a la muerte de su padre, y que enlaza con el mito de la serpiente Uróboros, que se muerde la cola en un círculo interminable representando la unidad de todas las cosas, las materiales y las espirituales, en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación, y que saluda al lector de Fun Home desde la cubierta del célebre libro de E. R. Eddison.



Antes de concluir estas notas hay que señalar que Fun Home ha recibido todos los parabienes posibles por parte de la crítica en Estados Unidos: nominación al premio National Book Critics Circle, número uno en ventas en Time Magazine, mejor novela gráfica en Entertainment Weekly, libro preferido por LA Times y Time Out New York, además de figurar entre los cien mejores libros del año -sin distinguir entre novela y narración gráfica- por el New York Times, el Times, el The Guardian y el Publishers Weekly.



Tantos elogios, a priori, solo conseguían, además de avivar el interés por leerla, despertar el temor de sentirse finalmente defraudado. No ha sido así: muy al contrario, Fun Home de Alison Bechdel nos parece una obra (autobiográfica) tan maravillosa como la citada Maus, y tan elegante y (auto)exigente como la novela de Michael Cunningham Las horas. Por tanto, nos extraña que haya conseguido la unanimidad de una crítica siempre dispersa, aunque bienvenida sea la comunión para que la obra alcance la difusión que merece.


Título: Fun Home (Una familia tragicómica)
Autor: Alison Bechdel (guión y dibujo)
Editorial: Mondadori
Fecha de edición: febrero de 2008
240 páginas (bitono) - 18,90 €



(+) Otros cómics autobiográficos de autoría femenina:
- Bordados
- Fresa y chocolate
- Mi madre era una mujer hermosa
- Nacida en cualquier parte
- Persépolis
- Por nuestra cuenta
- Quiéreme bien

Bodrios que hay que ver: La ley de Murphy

La "Ley de Murphy" es aquella que dice que cuando algo puede salir mal, inevitablemente acabará saliendo mal. Por esa regla de tres, la tostada siempre cae al suelo por el lado de la mantequilla, y por la misma razón cuando nos disponemos a ver una película del Charles Bronson de los años 80 acabamos viendo un auténtico pestiño. Pero como a veces esta ley no se cumple -recuerden que siempre pueden atar la tostada de mantequilla al lomo de un gato, que siempre caen de pie-, precisamente La ley de Murphy, estrenada en 1986, es un trabajo no del todo desestimable del gran Bronson.



Se preguntarán entonces el porqué de su aparición en esta sección de los martes, y la razón no es otra que más allá de hacer gala de algunos aciertos puntuales y un par de rasgos que le dan relevancia, en otros aspectos es bastante representativa del peor thriller comercial de los infaustos 80, una suerte de perversión de la estructura de las buddy movies o "películas de colegas" al estilo de Arma letal.

Aquí, la pareja protagonista está formada por un policía en horas bajas, Jack Murphy (Bronson), y una ladrona de baja estofa, Arabella McGee (Kathleen Wilhoite). El primero está viviendo una mala época después de que su esposa le haya abandonado, pues ha acabado encontrando refugio en el fondo de la botella de whiskey. Las cosas se complicarán cuando su ex mujer y el nuevo amante de esta, a la sazón su jefe en un club de striptease, sean asesinados con el revólver de Murphy y un testigo vea a su coche abandonar la escena del crimen.



Pese a la sencillez de la película, y a su concisa duración (poco más de los noventa minutos de rigor), el guión de Gail Morgan Hickman parece querer contarlo todo, e introduce mil y un elementos de forma que a un profesor de guión de instituto cinematográfico se le pondrían los pelos como escarpias. Recapitulemos: la acción arranca con el robo del coche de Murphy por parte de Arabella, su captura, y la posterior huida de esta tras propinarle al policía una patada en sus santas partes. Acto seguido del encuentro entre ambos, el hallazgo del cadáver de una prostituta hará que Murphy comience a investigar el caso, sospechando del proxeneta de la difunta. Pero dado que este se encuentra en paradero desconocido, Murphy opta por presionar a su hermano, Frank Vincenzo (Richard Romanus), un conocido gángster que controla el tráfico de cocaína en la ciudad.

A partir de ahí, la acción olvida al hermano chulo (chulo de profesión, no de actitud, pues no llegaremos a verle el pelo nunca) y se centra en el hermano mafioso, que podría ser el villano de la función de no ser porque no hay uno, sino dos: tras el asesinato de su ex esposa y su nueva pareja, Murphy sospechará que todo es un ajuste de cuentas por parte de Vincenzo, pero no es el caso... La verdadera asesina es Joan Freeman (Carrie Snodgress), una mujer que fue dada por loca y encarcelada años atrás por Murphy, y que ahora está en libertad y planea matar a todos aquellos que la metieron entre rejas.



Murphy, como no podía ser de otra forma, es arrestado por el asesinato de su esposa, y en la comisaría coincide con Arabella. Pero las rejas no los retendrán demasiado tiempo: el policía y la delincuente, esposados juntos, acaban fugándose e intentando demostrar su inocencia, en una huida que incluye el robo de un helicóptero... que acaba por quedarse sin combustible para caer en una plantación ilegal de marihuana (!) donde unos moteros cultivan la droga (!!). Allí, estos tratarán de violar a Arabella (!!!), pero Murphy los sacará con éxito de allí después de volarlo todo por los aires, motos incluidas (!!!!).

Murphy acaba por visitar a Vincenzo, con la complicidad de Arabella, haciéndose pasar por guardia de seguridad y vendedora de Telepizza respectivamente, para descubrir que el mafioso no está detrás del reguero de muertes que salpican a Murphy. Solo entonces caerá en la cuenta de que Joan Freeman podría estar detrás de los asesinatos...



La función acaba en el edificio donde empezó todo, con Murphy intentando rescatar a Arabella y enfrentándose a dos bandas contra la demente Joan por un lado, y contra los hombres de un Vincenzo ahora sí en busca de venganza por otro.

Les juro que todo esto no es la narración de toda la filmografía de Charles Bronson. Por increíble que parezca, todo esto ocurre en los 95 minutos que dura La ley de Murphy, enésima colaboración de la estrella más lacónica del cine de acción de los 80, con permiso de Schwarzenegger, Stallone o el primer Van Damme, con el veterano realizador J. Lee Thompson. Ambos trabajaron en nueve largometrajes, y entre ellos se cuentan joyas como Alrededor de la medianoche (1983), Mensajero de la muerte (1988) o Kinjite: Prohibido en occidente (1989).



Lo mejor del film, además del envidiable ritmo de la acción, es el trabajo de Carrie Snodgress (vista por aquel entonces en El jinete pálido de Clint Eastwood, y memorable como la madre del protagonista de Ed Gein) como la loca de Joan Freeman, uno de los villanos más memorables de las action movies ochenteras. Lo peor, claro está, las deficiencias de un guión increíble en ocasiones, así como la también increíble relación entre Murphy y Arabella, que pasa del odio al amor y viceversa según les conviene a los responsables de esta, por otra parte, reivindicable peliculilla.

(+) Charles Bronson Double Feature

lunes, 17 de marzo de 2008

Abril: Novedades Norma

Abril, como es habitual siendo el mes del Salón del Cómic de Barcelona, viene cargado de novedades de la mano de Norma Editorial. De las mismas, que se pondrán a la venta el próximo 28 de marzo, nos gustaría destacar algunas:



- Nemi (vol. 1)
Lise Myhre
160 pp. (b/n) - 11 €

- Los Centinelas (vol. 1): Las cosechas de acero
Xavier Dorison & Enrique Breccia
64 pp. (color) - 16 €

- El cuaderno rojo
Teddy Kristiansen
72 pp. (color) - 18,50 €

- Las pequeñas proezas de Clara Pilpoile (vol. 1): Por el honor de un piloto
Anne Simon
48 pp. (color) - 11 €

- El gran fraude (vol. 1): Dantés, la caída de un trader
Boisserie & Guillaume & Juszezack
48 pp. (color) - 13 €

- Dragonlace Chronicles (vol. 1): El retorno de los dragones
Andrew Dabb & Steve Kurth
96 pp. (color) - 9,75 €

- Body Count
Kevin Eastman & Simon Bisley
112 pp. (color) - 12 €

- Fell (vol. 1): Ciudad salvaje
Warren Ellis & Ben Templesmith
168 pp. (color) - 15 €



Como puede verse, un gran número de novedades para el mes del Salón, que incluye obras como la primera unión del creador de Planetary y The Authority y el dibujante de 30 días de noche, nuevas obras de los siempre recomendables Teddy Kristiansen y Enrique Breccia, o la versión de Simon Bisley de Las Tortugas Ninja de Eastman y Laird.



A todo esto cabe añadir el número 1 del The Spirit de Darwyn Cooke, tras el número 0 que lo enfrentó a Batman, una nueva entrega de las desventuras de Kev de la mano de Garth Ennis y Carlos Ezquerra, el tercer volumen del Grimjack de Ostrander y Truman, la segunda parte de El cementerio de Richard Moore o la edición en catalán de 300 de Frank Miller, sin olvidar el arranque de tres nuevas series manga: Wild Life, Blood+ y Lovenista.



Para conocer mejor todas las novedades del mes, incluyendo las de Aleta Ediciones, recomendamos consultar el documento de la editorial: Norma Editorial: Novedades Abril 2008

Libros de Sangre (XI): Los nuevos crímenes de la calle Morgue

"He visto el futuro del terror, y su nombre es Clive Barker."
- Stephen King



Con Los nuevos crímenes de la calle Morgue, Clive Barker ofrece su particular homenaje a Edgar Allan Poe y a uno de sus más célebres relatos, "Los crímenes de la calle Morgue", considerado por la crítica como el texto que da el pistoletazo de salida a la literatura policiaca, que consolidarán después las novelas de Agatha Christie, y, por extensión, al posterior nacimiento y desarrollo de la novela negra de la mano de Dashiell Hammett y Raymond Chandler.



En este caso, Barker construye lo que vendría a ser casi un pastiche literario, convirtiendo al protagonista del relato, Lewis Fox, en un descendiente de C. Auguste Dupin, el emblemático investigador creado por Poe y que protagonizó dos de sus relatos, "El misterio de Marie Roget" y, claro está, "Los crímenes de la calle Morgue". Concretamente, Dupin sería el tío abuelo de Lewis y quien, en una taberna de Richmond, le contó a un borracho llamado Eddie, a la postre conocido como el autor de "El Cuervo", el horrible asesinato de dos mujeres a manos de un misterioso criminal... que resultó ser un simio amaestrado.



El protagonista del relato es ya un anciano de más de setenta años cuando viaja a París para encontrarse con Catherine, una amiga de confianza, cuyo hermano y también amigo del primero, Philippe, está acusado del asesinato de su joven amante. Lewis, seguro de la inocencia de su amigo, comienza a investigar el caso pese a la reticencia del acusado por aclarar algunos aspectos turbios de su estancia en la Ciudad de la Luz...



Como no podía ser de otra forma, Barker le da un giro al original de Poe y convierte su versión de la célebre historia, llevada al cine en varias ocasiones, en un perverso triángulo de ambiciones y deseos impregnado de un cierto tinte homosexual y hasta de apuntes zoofílicos, convirtiendo a su simio en una criatura que pretende pasar por humano, amaestrado por un hombre de tendencia amanerada, y cuya parafernalia -un abrigo que casi le cubre el rostro, una navaja de afeitar- recuerda a los serial killers de los giallos de Dario Argento y demás cineastas del subgénero.



"Los nuevos crímenes de la calle Morgue", posiblemente, no se cuente entre los mejores relatos de su autor, pero su lectura mejora ostensiblemente con el tiempo, y le da sopas con onda a la mayoría de revisiones de textos clásicos, retomados por nuevos escritores sin la gracia ni el estilo de los originales.



"Los nuevos crímenes de la calle Morgue", en Libros de Sangre (vol. 2)
Clive Barker
Madrid, La Factoría de Ideas, 2005, pp. 61-96.