Abandonad toda esperanza

jueves, 1 de julio de 2010

Poe y Lovecraft, otra vez en el cine

Hay que reconocerle a sus responsables, con el guionista y director José Luis Alemán a la cabeza, y más allá de otras virtudes y carencias, la gran osadía que supone sacar adelante un proyecto como La herencia Valdemar: estrenar, en un país como el nuestro, una película autóctona de terror clásico, de ambientación gótica, en la que se adivina se ha invertido un presupuesto bastante holgado, es ya de por sí un acto reservado solo a emprendedores valientes; pero si tenemos en cuenta que la película forma parte de un díptico cuya segunda parte se estrenará funcione como funcione la primera (o eso se supone), muchos se atreverían a hablar de insensatez empresarial.



Para complicar todavía más las cosas, el proyecto se anunció como un relato original pero inspirado en el universo de Howard Phillips Lovecraft, un escritor del que siempre se ha destacado su escasa fortuna a la hora de ser trasladado al cine: baste recordar cintas tan deficientes y de épocas tan distintas como Terror en Dunwich, Granja maldita o Necronomicon. Quizá solo se salven la divertida (aunque sobrevalorada) Re-Animator y el cortometraje The Call of Cthulhu, quizá la mejor aproximación fílmica al universo del escritor de Providence.



Una vez vista La herencia Valdemar, hay que señalar que pese a sus defectos es un film que se deja ver, aunque solo sea por la simpatía que despierta. Entre dichos defectos, y más allá de que su formato en dos partes lleva a que este film termine precisamente cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes, se encuentran que el flashback central del film (la historia de los Valdemar, narrada por el personaje de Ana Risueño al de Óscar Jaenada) sea excesivamente largo -otro tipo de montaje quizá habría beneficiado al tempo narrativo-, y sobre todo ese mal ancestral del cine patrio que consiste en poner en boca de los actores algunas frases absolutamente increíbles y que ocasiones momentos inverosímiles. Para muestra un botón: un personaje, después de hablar de la forma más coloquial (y creíble) empleando palabras malsonantes como "coño" o "joder", es capaz de usar la fórmula "eso haría las delicias de...". Y así, varias veces a lo largo de todo el metraje.



En cuanto al reparto, donde también aparecen Silvia Abascal, Rodolfo Sancho y la mencionada Ana Risueño, merecen especial atención Daniele Liotti y Laia Marull como unos muy creíbles Lázaro y Leonor Valdemar, un inquietante Paco Maestre como el gran satanista Aleister Crowley -también aparecen otros personajes reales como Bram Stoker o Lizzie Borden, pero al propio Lovecraft no logré localizarle-, y unos siempre ajustados Óscar Jaenada y Eusebio Poncela a los que, lástima, aquí se les ve poco; espero que en la segunda parte su concurso aumente considerablemente. Y, por supuesto, un recuerdo especial para el malogrado Paul Naschy en su última aparición en la gran pantalla, encarnado aquí al servicial mayordomo de los Valdemar, Gervás.



Para concluir, cabe volver a señalar que hay que tener siempre en cuenta que estamos solo ante la primera parte de un relato más amplio, y que por tanto habrá que esperar al estreno de La sombra prohibida, segunda y última entrega del díptico, para juzgar como se merece esta aproximación libérrima por parte de un admirador incondicional al inmortal autor de En las montañas de la locura.



Peor fortuna ha corrido el maestro de Lovecraft (y de todos los escritores del género), Edgar Allan Poe, en sus más recientes traslaciones a la gran pantalla: empecemos por Ligeia, discreta producción del año pasado estrenada entre nosotros (de forma merecida, añado) directamente en formato digital, y cuyo título original oscila entre el blasfemo Edgar Allan Poe's Ligeia y el más discreto The Tomb.



Dirigida por el debutante Michael Staininger, se trata de una aberración rodada en vídeo digital, sin sentido alguno del ritmo y ningún interés por la intriga. No hablemos ya del desarrollo de los personajes, totalmente inexistente, y donde los actores -sean más o menos competentes- no pueden hacer nada con un guión de semejante calibre. A destacar el protagonismo de Wes Bentley, una de las revelaciones de American Beauty, el descubrimiento de Sofya Skya como el personaje titular, y el concurso de dos actores de (supuesto renombre) demasiado relegados últimamente a apariciones puntuales en producciones de serie B cuando no los rescatan directores como Tarantino (Kill Bill) o Nolan (El caballero oscuro): los hermanísimos Michael Madsen y Eric Roberts.



El resultado es un relato soporífero sobre la pervivencia del alma y la voluntad de existir para siempre, pero que no se decide en ningún momento por poner en escena ni un romanticismo exacerbado, ni una aproximación pseudocientífica al terror sobrenatural, ni una celebración de lo gore. Estamos ante una cinta que se queda en agua de borrajas y no logra satisfacer ni a unos ni a otros. En fin: un digno exponente de aquellos "Bodrios que hay que ver" que dieron forma a tan añorada sección de este vuestro blog.



Todavía peor parece haberle ido al célebre poema "El cuervo", y digo parece porque tras la secuencia pre-créditos, y una vez supe que Edgar Allan Poe's The Raven estaba dirigida por Ulli Lommel -un director más terrible si cabe que Uwe Boll, aunque parezca increíble-, detuve el visionado de inmediato. Pero vistos (y sufridos) los cinco minutos iniciales, sí puedo decir que el film hace gala del montaje fragmentario y sin sentido típico de este realizador, y el resultado se asemeja más a un cortometraje hecho por aficionados que a una película profesional. No creo que valga la pena perder ni un minuto más viéndola o hablando de ello, por más amante del cine abisal que uno pueda ser.



Para finalizar quiero destacar , destaco un juego de resonancias de lo más casual: Ulli Lommel tiene también una supuesta adaptación de Lovecraft titulada, como el film de Staininger, The Tomb (o mejor, H. P. Lovecraft's The Tomb). Por su parte, el guionista de esta Ligeia, John Shirley, fue uno de los autores del libreto de The Crow (esto es, El cuervo) de Alex Proyas, que adaptaba el cómic homónimo de James O'Barr que incluye como uno de sus más obvios referentes el célebre poema de Poe. Curioso, ¿verdad?

2 comentarios:

Fermín dijo...

Hola:
A mí la película me ha parecido un engañabobos, la verdad. Eso de cortar por donde al director le apetece dejando la historia cercenada por la mitad no me parece de recibo.

Anónimo dijo...
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