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«UNA MEZCLA PERFECTA ENTRE CÓMICS, GÉNERO NEGRO Y SERIE B. ¡El TWIN PEAKS DE LOS BLOGS!»

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viernes, 23 de abril de 2010

La Semana de Alicia: en prensa

Como colofón a esta "La Semana de Alicia" enlazamos a la columna dedicada a la película de Tim Burton en El Periódico de Villena. Una ocasión que aprovechamos para recomendar dos obras que ya hemos comentado en este vuestro blog: la adaptación de Chauvel y Collette y el soberbio trabajo sobre Carroll y Sunderland de Bryan Talbot.

Podéis leer la columna de Abandonad toda esperanza de hoy aquí:



jueves, 22 de abril de 2010

La Semana de Alicia: Night of the Jabberwock



Si hay un escritor dentro de la literatura de género del siglo XX que merece la categoría de autor de culto, ese es sin lugar a dudas Fredric Brown. Y quizá sea así por tres razones: la primera, obviamente, la indudable calidad de buena parte de su obra (frente al resto, a decir de los entendidos mediocre); la segunda, su facilidad no solo para moverse dentro de las coordenadas de géneros narrativos distintos, sino para mezclarlos en un explosivo cóctel -por usar un símil alcohólico que seguro habría sido del gusto del autor- que sus lectores enseguida perciben como algo escrito "a lo Fredric Brown"; y tercera y última, la dificultad de acceder hoy a muchos de sus libros, al menos en España e imagino que en otros países también, pues el desconocimiento de primera mano siempre es un elemento que promueve la mitificación.



Hoy en día, en nuestro país y para los nuevos lectores, es más fácil hablar de Brown como escritor de ciencia ficción que de género negro. Esto es así gracias al buen hacer de la editorial Gigamesh, que de forma encomiable ha publicado en cuatro volúmenes de adquisición indispensable la "Ciencia ficción completa" de su autor, tanto novelas como narraciones breves, incluyendo clásicos como Universo de locos o Ven y enloquece. Además, Bibliópolis recuperó hace unos años, con nueva traducción, su célebre Marcianos, Go Home!. En cambio, la producción policíaca del autor traducida a nuestro idioma está prácticamente descatalogada, y para localizar títulos como La viva imagen o Plenilunio sangriento (publicados en la colección Black dirigida por Javier Coma) o el título que hoy nos ocupa hay que recurrir a las librerías de lance que vendan ejemplares descatalogados o de segunda mano.



Night of the Jabberwock, posiblemente la novela "policíaca" -las comillas son, en este caso, muy relevantes- más popular de Fredric Brown, fue publicada en español con el título de La noche a través del espejo como el número 57 de una de las colecciones canónicas del género: la desaparecida y nunca suficientemente añorada Etiqueta Negra de Júcar. La serie, dirigida por el escritor y director de la Semana Negra de Gijón Paco Ignacio Taibo II, arrancó con un título de Donald E. Westlake y en ella vieron la luz otros clásicos como Dashiell Hammett, Jim Thompson, Chester Himes, Horace McCoy, David Goodis o Lawrence Block. Pero con la aparición del título de Brown, y antes que él de otros firmados por Marc Behm o Isaac Asimov, Etiqueta Negra se revelaba como una línea heterodoxa que no se iba a parar en mientes si esto significaba privar al lector español de miradas originales, personales e intransferibles a los estilemas de la literatura criminal.



Pero centrémonos ya en el libro de Brown, digámoslo ya una joya divertidísima llamada a reelerse varias veces, y que traemos a colación por lo que tiene de texto inspirado en Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll: la acción del libro acontece a lo largo de un solo día, desde el final de la tarde de un jueves cualquiera hasta altas horas de la madrugada del viernes. Carmel City es un pueblo pequeño donde, como suele decirse, nunca pasa nada. Y esto no le pesa a nadie más que a Doc Stoeger, propietario del Carmel City Clarion, único periódico de la localidad, que se las ve y se las desea para completar junto con Pete, su linotipista, las páginas del semanario con contenidos varios.



Lo que no sospechaba Doc es que ese día, en apariencia tan anodino, se iba a convertir en una velada inolvidable gracias a la conjunción de varios hechos, entre ellos la visita de unos pistoleros al pueblo, un intento de atraco, la fuga de un loco del manicomio y, sobre todo, la aparición de un misterioso individuo, que según su tarjeta de visita atiende al nombre de Yehudi Smith, en el porche de la casa de Doc. Este sujeto, cuyo apelativo remite a la leyenda de "el hombrecillo que nunca estuvo allí", afirma estar interesado en que Doc, del que sabe es un gran admirador del escritor Lewis Carroll, a quien dedicó un par de libros en su juventud, le acompañe a una casa encantada donde se han de reunir los miembros de una sociedad secreta dedicada al culto a Carroll y sus creaciones literarias que responde al lema de Las Hojas Vorpales.



A partir de ahí se desarrolla un relato de suspense con reminiscencias a las historias de Carroll protagonizadas por Alicia, donde varios sucesos aparentemente inexplicables se suceden a un ritmo vertiginoso; todo ello relatado por un Brown en estado de gracia, que maneja con maestría los resortes del humor, convirtiendo el relato en un antecedente de cualquier interpretación posterior y libérrima de las novelas, caso de las películas ¡Jo, qué noche! (After Hours) de Martin Scorsese o la ya comentada Malice in Wonderland.



Muy pocas veces se consigue una fusión tan perfecta entre dos géneros -el fantástico y el negro- como en La noche a través del espejo, cuyo título original debería haberse traducido como La noche del Fablistanón -si atendemos a la traducción más clásica de "Jabberwock"- o, ahora, como La noche del Galimatazo -según la terminología de la versión doblada del film de Tim Burton. Esta fusión perfecta se produce porque Brown sabe diferenciar y separar la historia que se relata, que responde a la estructura del relato de intriga, con la atmósfera empleada para ello, decididamente fantastique. Al final de la novela todos los enigmas se resuelven, pero como pasa con algunas grandes creaciones del género eso ya es lo de menos: lo que convierte a este libro de Brown en una magnífica novela es tanto la atmósfera que envuelve la historia como, muy especialmente, su personaje protagonista, un periodista alcohólico -como el propio Brown- y que entiende su profesión con algo de romanticismo -en muchas ocasiones se queda de su labor, pero pese a haber recibido ofertas de compra se resiste a desprenderse del periódico- y que se desvive por dotar de novedad y emoción a su rutinaria existencia.



Resulta complicado destacar algunos episodios, pues el argumento se desarrolla de forma perfectamente hilvanada y no se dan digresiones innecesarias, pero sí es verdad que resulta difícil olvidar a ese barman prosaico y bonachón llamado Smiley reconvertido en héroe pistolero ajustándole las cuentas a los facinerosos; mientras que un episodio como aquel en el que Doc intenta convencer a un vecino suyo de talante excesivamente conservador de las excelencias del consumo de alcohol -en un discurso donde, más que nunca, el protagonista ejerce de alter ego del autor- al mismo tiempo que le insta a dejar más cancha a su hijo para que no se sienta agobiado por la figura paterna, se convierte en uno de los momentos más conseguidos de un libro ya de por sí memorable en su totalidad.



En definitiva: La noche a través del espejo de Fredric Brown, más allá de las resonancias a Alicia en el País de las Maravillas y muy especialmente a A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, es una estupenda novela de misterio y aún mejor relato de personaje(s). La lástima es que, como decíamos, está descatalogada. No estaría de más que algún editor se animase a recuperar un texto indispensable, en la medida en que es una de las novelas más divertidas, y su protagonista uno de los más carismáticos, que nos haya ofrecido jamás el género. El negro, el fantástico o cualquier otro.


La noche a través del espejo
(Night of the Jabberwock)
Fredric Brown
Madrid, Júcar, 1987
196 pp. - [Descatalogado]

miércoles, 21 de abril de 2010

La Semana de Alicia: Alicia en Sunderland



La Alicia de Tim Burton puede verse como un intento de equilibrio entre la fidelidad al texto canónico de Lewis Carroll y la exploración de nuevos caminos narrativos a partir de su relato, si bien el realizador de Big Fish ha dado más preponderancia a lo primero sobre lo segundo. Ambas posibilidades se plantean también en el terreno de la novela gráfica, y si la Alicia en el País de las Maravillas de David Chauvel y Xavier Collette apuesta por plasmar en viñetas, con sumo respeto al original literario, la primera de las dos obras protagonizadas por la simpar viajera, Alicia en Sunderland de Bryan Talbot toma el camino diametralmente opuesto.



De esta manera, esta obra editada en 2006 por Dark Horse y que cuatro años después nos llega aquí de la mano de Mondadori en su línea Reservoir Books, toma las historias de Carroll como excusa para hablar de otras cosas, algunas directamente relacionadas con Alicia y su mundo y otras no tanto, sino que vienen a ser cuestiones que preocupan, al margen de la figura de Carroll, al autor de títulos como Las aventuras de Luther Arkwright, Historia de una rata mala o El corazón del imperio (El legado de Luther Arkwright), y a la sazón figura clave de la historieta underground británica.



El relato toma como excusa a un individuo que, confundido o desorientado, acaba por entrar en un teatro sin saber muy bien por qué. Allí se convertirá en único espectador de un show que tiene por protagonistas a Charles Dodgson, alias Lewis Carroll, a la pequeña Alice Liddell y, muy especialmente, a la ciudad de Sunderland, donde solía veranear el profesor y escritor y que se erige sin dificultades en el personaje principal de la obra. Por supuesto, el mencionado individuo del principio hace las funciones de alter ego del lector, mientras que el al parecer único actor del espectáculo no es otro que el propio Bryan Talbot, autonombrado maestro de ceremonias de esta obra totalizadora, bajo uno de sus múltiples disfraces.



Y es que Alicia en Sunderland pretende contarlo todo respecto a la génesis de los libros de Carroll, la vida de su autor, la existencia de Alice Liddell, su familia y sus descendientes, la huella que ha dejado Alicia en el País de las Maravillas en la historia cultural de todos los tiempos... y un poquito más todavía: lecciones de historia, leyendas locales, mitos urbanos y la teoría cuántica acerca del tiempo se encuentran en una obra que tampoco se limita a ser ambiciosa en lo que cuenta, sino también en cómo lo cuenta: esta novela gráfica cuya experimentación formal salta a primera vista, mezcla ilustraciones en color con otras en blanco y negro, juegos tipográficos, collages fotográficos, imitaciones a modo de homenajes -estupendas la páginas que evocan a la línea clara del Tintín de Hergé-, referencias -unas históricas, otras probablemente inventadas- e historias dentro de historias a modo de muñecas rusas cuya superposición deja sin respiro al lector.



La influencia de una obra como From Hell de Alan Moore y Eddie Campbell -que, si no recuerdo mal, se cita en algún momento de la obra, como a otros autores de cómic tan diversos como Hunt Emerson o Grant Morrison- es decisiva: sobre todo el apéndice final de aquella obra, "Dance of the Gull Catchers" ("El baile de los cazadores de gaviotas"), breve historia en la que guionista y dibujante repasaban mediante los recursos del noveno arte las múltiples teorías acerca de la identidad del asesino bautizado como Jack el Destripador y su encarnación en la historia de las Letras universales.



Una figura como el Destripador tampoco falta en este compendio de la identidad británica en general y de la cultura victoriana en particular; quizá sería más funcional citar los elementos que no aparecen en ella antes que los que sí, y en sus páginas se dan cita todas las Alicias que en el mundo han sido: de Carroll y John Tenniel a la revista MAD, pasando por Fredric Brown y su divertidísima novela Night of the Jabberwock -que comentaremos mañana-, Jan Svankmajer, Woody Allen, Wally Wood, Marilyn Manson o Los Simpson. Tal es el cúmulo de información, relatos, anécdotas y demás que incluye Talbot en su obra... además de un marcado matiz autobiográfico, pues el propio autor, su esposa y su hogar aparecen en la obra, en cuya parte final se cuenta el nacimiento de su primera nieta, Tabitha, a quien está dedicada.



También la preocupación por el propio trabajo aparece en Alicia en Sunderland; tanto es así que Talbot reflexiona de continuo sobre las posibilidades del medio: de ahí la aparición, bastante divertida y un punto satírica, de Scott McCloud, autor de Entender el cómic y el más importante teórico del noveno arte desde Will Eisner.



No resulta difícil comprender, una vez terminada su lectura, que la realización de esta obra le llevara a Bryan Talbot dos años de su vida: solo en un período de tiempo considerable se puede reunir tan ingente cantidad de datos y desarrollar un trabajo gráfico de tanta contundencia. Por supuesto, se le podrán poner peros -algunos críticos han destacado lo que tiene de apabullante para el lector como un rasgo negativo-, pero un servidor ha disfrutado con su lectura como muy pocas veces leyendo cómics en lo que va de año. Y si su publicación en español hay que agradecérsela al tirón de la película de Tim Burton, desde aquí hago público mi agradecimiento al realizador norteamericano.



Finalmente, hay que señalar el espléndido trabajo de edición de Mondadori, así como la traducción de Raúl Sastre, un profesional acostumbrado a lidiar con trabajos de los guionistas más ambiciosos, y especialista en verter al español la obra de, precisamente, Alan Moore. Todos estos elementos dan como resultado una obra, esta Alicia en Sunderland, que se me antoja uno de los hitos de la novela gráfica contemporánea, y por lo tanto uno de esos tres o cuatro cómics que, cada año, hay que leer si se quiere estar al tanto de por dónde va el cómic en los tiempos que corren.


Título: Alicia en Sunderland
Autor: Bryan Talbot (guión y dibujo)
Editorial: Mondadori
Fecha de edición: marzo de 2010
336 páginas (color) - 24,90 €


martes, 20 de abril de 2010

La Semana de Alicia: Malice in Wonderland



Malice in Wonderland es una discretísima producción británica de 2009 de la que ya nadie parecía acordarse pero que, con ojo empresarial y al más puro estilo exploit, una distribuidora norteamericana ha adquirido para estrenarla en Estados Unidos el viernes 16 de abril, poco después que la Alicia de Tim Burton y casualmente el mismo día en el que esta llegaba a los cines españoles.



El argumento del film es fácil de resumir: la película empieza in medias res, con la protagonista huyendo de un par de matones por los pasillos del metro de Londres; en su huida es atropellada por un taxista del que luego descubriremos tiene que hacer una entrega para un mafioso local de poca monta que regenta un night club. Fruto del atropello la chica -de la que luego descubriremos que es hija de un multimillonario- pierde la memoria, y mientras intenta recordar quién es y de qué huía se verá inmersa en una serie de peripecias en los bajos fondos de la capital inglesa, junto a personajes a cuál más pintoresco.



Los espectadores reconocerán a la protagonista absoluta, Maggie Grace, principalmente como la Shannon de Perdidos, si bien también pueden haberla visto en el remake de La niebla de John Carpenter o como hija secuestrada de Liam Neeson en Venganza. Junto a ella completan el reparto una larga nómina de intérpretes ingleses, vinculados al cine patrio y/o de temática decididamente británica: Danny Dyer (Severance), Matt King (RocknRolla), Nathaniel Parker (Stardust), Bronagh Gallagher (Sherlock Holmes) y el veterano Anthony Higgins (El secreto de la pirámide).



La presunta originalidad del film radica en tratarse de una versión muy libre de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll: la protagonista se llama Alice Dodgson (el apellido real del autor), y su padre tiene por nombre de pila Lewis. El resto de personajes, claro, son trasuntos de las creaciones de Carroll, si bien algunos son claramente identificables por su papel en el relato, como el taxista Whitey, que remite al Conejo Blanco (White Rabbit), o el gángster que se enfrenta a Alice (versión simplificada del Rey y la Reina de Corazones); mientras que el resto solo lo son por su apariencia física, como los porteros sosias de Tweedledum y Tweedledee, o por elementos que complementan su descripción visual, como el tipo colocado que hace las veces de Oruga, el macarra que sustituye al pájaro Dodo o el DJ que ejerce de Gato de Cheshire. Los que sientan curiosidad acerca de estas y otras correspondencias, aquí encontrarán el revelador trailer del film.



Por lo demás, y una vez superada la curiosidad de emparentar la trama con la Alicia original, la historia que cuenta la película carece de todo interés: los personajes están totalmente desdibujados -algo particularmente llamativo y criticable en lo que respecta a la protagonista- y, qué quieren que les diga, la presunta gracia de retratar los bajos fondos londinenses hace tiempo que ya desapareció por obra y gracia de Guy Ritchie. Si Quentin Tarantino fue la figura más influyente -y lo que le queda- en los años 90, en lo que llevamos de siglo es el autor de Lock & Stock y Snatch (Cerdos y diamantes) el que parece llevar la batuta. Eso que hemos perdido con el cambio.



En definitiva: una película absolutamente olvidable, dirigida por Simon Fellows -que viene de dirigir nada menos que a Jean-Claude Van Damme en dos filmes inéditos aquí- y escrita por Jayson Rothwell, guionista con una carrera muy breve y bastante sujeta a la obra del propio Fellows... y de la que no estaríamos hablando de ninguna de las maneras no ser por la excusa de la obra de Carroll y el film de Burton que la han puesto de nuevo, muy convenientemente para sus responsables, en circulación internacional.

lunes, 19 de abril de 2010

La Semana de Alicia: Alicia en el País de las Maravillas



Era indudable que el estreno de la nueva película de Tim Burton, adaptación de los dos libros de Lewis Carroll protagonizados por la pequeña Alicia -Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo-, iban a volver a despertar el interés por esta obra revolucionaria dentro de las coordenadas de la literatura infantil y juvenil. De ahí que hayan empezado a proliferar adaptaciones y versiones que, con mayor o menor fidelidad, siguiendo el texto original a pies juntillas o bien tomándolo como inspiración puntual o mero punto de partida, recrean el universo alucinado y surrealista de este matemático reconvertido en escritor de ficción llamado realmente Charles Dodgson.



Sin lugar a dudas, Glénat se apunta un tanto -artístico y comercial- editando en España esta Alicia en el País de las Maravillas editada en Francia por la división gala de la misma compañía y que, como sugiere ya el título homónimo, sigue fielmente la ficción original de Carroll. Esto es algo que no extraña si atendemos a lo único que se conocía aquí de David Chauvel, la serie La Cosa Nostra dibujada por Erwin Le Saëc. Chauvel no es un auteur que pretenda construir y desarrollar un universo propio, sino un artesano que se limita -si bien no es poco- a hacer los deberes: si en su retrato de los orígenes de la Mafia dejaba entrever días y días de investigación y documentación, consiguiendo una obra de carácter se podría decir que didáctico -como ya señalé en mi crítica de la obra para el primer número de la nueva revista Prótesis- aquí revela haber leído con atención la inmortal obra concebida para entretener a Alice Liddell y a sus dos hermanas durante una calurosa tarde de verano.



Así, no faltan en esta novela gráfica casi ninguno de los más populares personajes de la obra: el Conejo Blanco, el Pájaro Dodo, la Oruga Azul, el Gato de Cheshire, el Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo, el Lirón y, por supuesto, la Reina de Corazones, antagonista de Alicia y principal personaje negativo de la obra, que representa la opresión totalitaria contra la que lucha la inocencia de Alicia.



Considerando la extrema fidelidad del guión de Chauvel, la editorial tiene conocimiento de que el mayor interés de esta adaptación reside, claro está, en el trabajo gráfico -digámoslo ya: espectacular- de Xavier Collette. De ahí que, muy adecuadamente, apueste por un formato de gran tamaño que permita disfrutar como se merece del acabado, todo -dibujo y y color- obra del mismo ilustrador. Su Alicia es una Alicia renovada, adaptada a los nuevos tiempos, cuyo color de cabello y peinado están lejos de la pizpireta niña rubia que protagonizase la versión animada de la factoría de Walt Disney -y a la que homenajea fugazmente Burton al final de su film-. Y es también una Alicia expresiva, verosímil, que cobra vida ante los ojos del lector gracias al talento de Collette.



Cabe preguntarse entonces, dado el interés del trabajo de Collette, si los autores y la editorial nos permitirán un día de estos poder disfrutar de la versión del dibujante del mundo de A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, segunda parte del libro original y donde aparecen personajes tan recordados por tantas generaciones de lectores y admiradores de la obra de Lewis Carroll como la Reina Blanca, Humpty Dumpty -este ausente en la última versión cinematográfica- o la pareja de hermanos Tweedledum y Tweedledee.



Así pues, quien busque una versión novedosa de una historia mil veces contada ya no la encontrará, a nivel narrativo, en este volumen. Para ello, mejor recuperar la fascinante Alice de Jan Svankmajer, el realizador checo maestro de la animación artesanal, o visionar películas como Dentro del laberinto de Jim Henson, Alice de Woody Allen o la reciente Malice in Wonderland (título que comentaremos mañana en este vuestro blog). O, sin salir del ámbito de la novela gráfica, disfrutar de la monumental Alicia en Sunderland de Bryan Talbot, que trataremos en un par de días. Pero quien se interese por las adaptaciones al cómic de textos literarios, preocupándose por las soluciones narrativas y formales de los responsables de las mismas, o simplemente aquellos que disfruten de un trabajo de ilustración soberbio, Alicia en el País de las Maravillas de David Chauvel y Xavier Collette es su cómic. Por lo menos, el cómic del mes de Alicia, por obra y gracia de Tim Burton y, de nuevo, la productora Disney.


Título: Alicia en el País de las Maravillas
Autores: David Chauvel (guión) / Xavier Collette (dibujo)
Editorial: Glénat
Fecha de edición: marzo de 2010
72 páginas (color) - 15 €

domingo, 18 de abril de 2010

La Semana de Alicia: Intro

A partir de mañana, y con motivo del estreno de la última película de Tim Burton, dedicaremos una semana -concretamente cinco días, de lunes a viernes- al escritor Lewis Carroll y a Alicia, su creación más popular, a partir de varias encarnaciones, unas recientes y otras no tanto, del personaje en la literatura, el cómic y el cine.

Como introducción a La Semana de Alicia, publicamos hoy una galería del personaje (empezando por la Alice Liddell real fotografiada por Carroll)... y las múltiples formas que ha adquirido a lo largo del tiempo y que lo consolidan sin ningún género de duda como un mito inolvidable de la cultura popular. Como suele decirse, no están todas las que son, pero sí son todas las que están. ¿Las reconoces a todas?





















































































Post Scriptum.- Aprovechando el tirón comercial de la película de Tim Burton, y como era de esperar, otras versiones del mito llegan a la pequeña pantalla. La primera, la televisiva de Nick Willing (Fotografiando hadas), titulada simplemente Alicia y que por supuesto aparece en la galería superior. Podéis verla en Telecinco, hoy domingo 17 de abril, a 16.00 horas.

Post Scriptum (y 2).- Resulta que Nick Willing ha realizado dos producciones televisivas sobre la obra de Carroll, y al parecer la que emite ahora Telecinco no es la de 1999 -que como dije sí aparece en la galería anterior-, sino la del pasado 2009. A ella corresponde el siguiente fotograma, que sirve a modo de actualización de este repaso a tantas y tantas Alicias...