Abandonad toda esperanza

miércoles, 4 de abril de 2012

La Semana de Grant Morrison: Joe el Bárbaro



En la segunda mitad de la década de los 80, la por aquel entonces directora de DC Comics Jenette Kahn se propuso reclutar a varios de los guionistas británicos que habían llamado la atención de la crítica y de los lectores del Reino Unido en las páginas de la mítica revista 2000 AD o en sus trabajos para la división inglesa de su máxima rival, Marvel Comics. El buque insignia de esta nómina de guionistas fue, por supuesto, Alan Moore, pero gracias a esta iniciativa editorial (que, entre otras cosas, acabaría dando pie a la creación del sello Vertigo en 1993) también empezaron a publicar al otro lado del charco autores como Jamie Delano, Neil Gaiman, Peter Milligan... o el que estaba llamado a redefinir algunos personajes superheroicos tan icónicos como Superman, Batman o los X-Men, y con ello a revolucionar un tanto el adocenado panorama del mainstream: nos referimos, claro, a Grant Morrison.




En realidad, hay muchos Grant Morrison: el renovador del género superheroico de Animal Man y Doom Patrol, el que revisita y reactualiza mitos como Superman, Batman o los X-Men, el filósofo revulsivo y punk de Los Invisibles y El Asco... y también un Grant Morrison, quién lo diría, apto para todos los públicos.




Ese es el Morrison que el lector encontrará en las páginas de Joe el Bárbaro (Planeta de Agostini Comics), una de sus obras más accesibles, si no la que más, y donde el británico más se ha acercado al universo de su compatriota Neil Gaiman, pues si el autor de The Sandman hubiese firmado esta miniserie de ocho entregas publicada entre marzo de 2010 y mayo de 2011 nadie habría sospechado al respecto.




El protagonista de la obra, Joe, es un adolescente con problemas. Como todos, podría decirse. Pero quizá ha tenido poca suerte y las adversidades se le acumulan últimamente: padece diabetes tipo I; su padre, militar, falleció hace no mucho en una misión en el extranjero; y su carácter parece no casar demasiado con el de sus compañeros del instituto, un lugar donde no acaba de encontrarse a gusto y en el que no puede, o no quiere pues apenas lo intenta, relacionarse con sus semejantes. Por si esto fuera poco, el casero amenaza con quitarles la casa a su madre y a él y dejarlos en la calle...




Lo que prometía ser una tarde cualquiera después de haber visitado la tumba de su padre se convertirá en el inicio de una aventura sin igual para Joe: en el cementerio, un pequeño grupo de matones le molestan y le arrebatan la chocolatina destinada a prevenir un ataque hipoglucémico; por ello, y una vez ya en casa, Joe sufrirá dicho ataque, y durante el proceso acabará visitando un mundo de fantasía alternativo que parece estar ubicado en su propio hogar y donde sus juguetes, entre los que es fácil reconocer a muñecos de las series Masters del Universo, Transfomers o G.I. Joe y de personajes DC como Superman, Batman y Robin, Lobo o John Constantine, han cobrado vida. También Jack, el hámster de Joe, se ha transformado en Chakk, un animal antropomorfo, el menor de siete hermanos, con apariencia de guerrero y corazón, según él, cobarde.




A partir de esta idea, Morrison, con la inestimable ayuda de un brillante Sean Murphy (Hellblazer: Ciudad de demonios) a los lápices, construye un relato binario, que se mueve entre la realidad y la fantasía, y donde la primera se ha convertido, como el propio Joe explica, en la mitología de la segunda: así, Joe es recibido como una suerte de héroe profético al que apodan "el Moribundo", y que más tarde será llamado Joe "el Bárbaro" cuando lidere las huestes de la reina Bree (álter ego de su propia madre) contra el ejército del Rey Muerte.




El tema que subyace en Joe el Bárbaro, más allá de uno tan querido por Morrison como poner en tela de juicio las fronteras que separan lo real de lo que no lo es, es la adolescencia y el paso a la madurez: los problemas que amenazan a su reducida familia hacen mella en un Joe al que pronto dejará de funcionarle esconderse en su propio mundo, por no hablar de su obsesión por la muerte -de ahí los nombres de "Rey Muerte" o "el Moribundo"-, siempre presente por culpa de una enfermedad que no pidió sufrir.




Obra menor si se quiere de Grant Morrison, pero solo si se la compara con sus títulos más aplaudidos (que estarán en la mente de todos), Joe el Bárbaro puede leerse también como un homenaje al poder redentor de la imaginación y la fantasía, y desde luego no es un cómic desdeñable, pues proporciona un rato de lectura agradable que gana con revisiones posteriores. Vale la pena darle una oportunidad.


Título: Joe el Bárbaro
Autores: Grant Morrison (guion) / Sean Murphy (dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Comics
Fecha de edición: octubre de 2011
208 pp. (color) - 16,95 €

1 comentario:

Raúl Peribáñez dijo...

Lo tenía en la pila de lecturas pendientes desde hacía tiempo, pero ayer lo leí al fin y me gustó mucho. Supongo que por ser una historia más convencional no entra entre las obras fundamentales de Grant Morrison, pero aun así tiene un guion bastante superior al que pueden firmar muchos escritorzuelos.


Estadísticas