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«UNA MEZCLA PERFECTA ENTRE CÓMICS, GÉNERO NEGRO Y SERIE B. ¡El TWIN PEAKS DE LOS BLOGS!»

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sábado, 20 de febrero de 2010

Las recomendaciones del sábado



Cómic:
LOS ABANDONADOS
Ross Campbell
(Dibbuks, 2010)

Rylie es una adolescente rebelde que vive en Savannah y que espera con ansia la llegada de Naomi, de la que está enamorada; pero lo que no sospecha es que ella y sus amigos tendrán que enfrentarse a una horda de zombis con hambre de carne humana... El autor de Wet Moon cambia de registro, aunque sin variar su muy reconocible estilo, y nos regala una novela gráfica de terror puro y duro no apta para estómagos sensibles. Una lectura de ritmo arrollador que hará las delicias de los fanáticos de George A. Romero.



Libro:
BARRY LYNDON
William M. Thackeray
(Mondadori, 2010)

El principal propósito del joven irlandés Redmond Barry es convertirse en un hombre rico; el primer paso para lograrlo será alistarse en el ejército británico, del que pronto desertará... Mondadori recupera en su colección de Grandes Clásicos -cuyo catálogo es cada vez más deslumbrante- esta obra maestra de la literatura inglesa del siglo XIX firmada por un maestro de la ironía como Thackeray, y que Stanley Kubrick popularizó con su adaptación protagonizada por Ryan O’Neal a mediados de los 70. Un clásico a (re)descubrir en la nueva traducción de Ana Nuño.


(De: El Periódico de Villena, n.º 215, 19-II-2010).

viernes, 19 de febrero de 2010

La Semana del Cómic Autobiográfico: En prensa

Ya habíamos dedicado al cómic autobiográfico dos columnas de prensa: "Exhibicionistas", hablando de Rachel Deville, Fabrice Neaud y Phoebe Gloeckner, y "Sinvergüenzas", haciendo lo propio con Ramón Boldú, David Heatley y Jeffrey Brown.

Ahora, como colofón a esta Semana del Cómic Autobiográfico, dedicamos una tercera columna de Abandonad toda esperanza al tema, comentando las vidas en viñetas de J. M. DeMatteis, Dominique Goblet y David Small. Podéis leerla aquí:



jueves, 18 de febrero de 2010

La Semana del Cómic Autobiográfico: Stitches



Vaya por delante una comparación, de esas que llaman odiosas pero que se me antoja bastante reveladora: Fun Home, de Alison Bechdel, me pareció el mejor cómic de 2008. Y este Stitches de David Small, editada como la anterior en España por Mondadori, me parece el Fun Home de nuestros días, por similitudes temáticas y por los logros conseguidos. Esto es: al final del año, Stitches estará sin duda entre las mejores novelas gráficas de la temporada.



La presente obra, que cuenta con el revelador subtítulo de "Una infancia muda", es la autobiografía parcial de David Small, una novela gráfcia que ha sido finalista de National Book Award del pasado año y ha conquistado el primer puesto en la lista de los libros más vendidos de The New York Times, así como se ha ganado -a mi parecer, muy merecidamente- los elogios de personalidades del mundillo tan variopintas como Jules Pfeiffer, Stan Lee o Robert Crumb. Algo que en principio podría resultar sorprendente pero que deja de serlo una vez leemos la última página y cerramos el libro.



La historia arranca en la ciudad de Detroit, cuando el pequeño David -no es un juego de palabras con su apellido- cuenta con seis años. Se trata de un niño solitario e introvertido marcado por el fuerte carácter de sus padres, un médico y una ama de casa de pocas palabras cuya conducta común y apuesta por la incomunicación no hicieron sino potenciar el cada vez mayor aislamiento de sus hijos, Ted el mayor -aficionado a la batería- y el propio David, que se comunicaba a través de sus dibujos... y de las enfermedades que contraía habitualmente.



De esta manera, David se autorretrata como un niño de constitución débil, aquejado desde recién nacido por problemas respiratorios y digestivos, y siempre en continuo tratamiento médico por parte de un progenitor que le proporciona inyecciones, enemas y radiografías cuando lo consideraba necesario.


En el período que va de los once a los catorce años de David, algunos de estos tratamientos médicos tendrán consecuencias desastrosas: lo que en un principio parecía un pequeño quiste sebáceo en el cuello, y como tal se le informará a un David de once años de edad, finalmente resultará ser un cáncer cuya operación le costará el tiroides y la mayoría de sus cuerdas vocales... lo que provocará que David apenas pueda hablar mediante murmullos, sumiéndolo en un estado de frustración continua fruto de no poder comunicarse como haría cualquier joven de su edad.



Conforme evoluciona la obra, el lector irá descubriendo la dolorosa realidad que rodea a David, en buena medida debido al estado de nerviosismo constante provocado por los secretos que ocultan sus padres: el de su padre cruelmente relacionado con la salud de su hijo, y el de su madre con su propia condición... en un rasgo que emparenta esta obra, de nuevo, con la citada Fun Home.



Me niego tajantemente a revelar nada más del argumento de Stitches, una de esas narraciones a las que hay que enfrentarse lo más inocentemente posible, intentando asimilar nuestra perspectiva y nuestra experiencia a la del protagonista; un autor que construye aquí una de las autobiografías en viñetas más sinceras y dolorosas que puedan concebirse, elaborada más a partir de lo que se calla que de lo que se dice, y articulada mediante los descubrimientos que de forma progresiva realiza el propio protagonista respecto al universo que le rodea.



Ahora solo espero que una vez David Small se ha desnudado de tal manera ante sus lectores, no sienta que no le queda nada más por contar y se retire del ámbito de la novela gráfica (no así del campo de la ilustración infantil y la animación, donde ya cuenta con una obra considerable y que le ha valido varios galardones), pudiendo ver cualquier día de estos un nuevo cómic de un autor indudablemente dotado para ello.


Título: Stitches (Una infancia muda)
Autor: David Small (guión y dibujo)
Editorial: Reservoir Books (Mondadori)
Fecha de edición: febrero de 2010
336 páginas (b/n) - 19,90 €


(+) DavidSmallBooks.com

miércoles, 17 de febrero de 2010

La Semana del Cómic Autobiográfico: Parecer es mentir



El concepto de "cómic de autor" cobra pleno sentido ante títulos como este: porque Parecer es mentir , recientemente editado por Norma Editorial en su colección "Nómadas", es Dominique Goblet, una autora que con este título autobiográfico obtuvo un merecido Premio Internacional de Cómic de la Ciudad de Ginebra hace tres años.



Y no es así solo porque se trate de una autobiografía, sino porque si atendemos únicamente a su ejecución visual estamos ante una obra de una personalidad indiscutible, de un estilo propio irrebatible por más que se vea influenciado por autores de lo más variopinto, de la Marjane Satrapi de Persépolis al Bill Sienkiewicz de Elektra: Asesina.



Pero vayamos al meollo de la cuestión: Parecer es mentir es una obra de gestación pausada -doce años tardó Dominique Goblet en terminarla- que narra la relación de la propia autora, que no se esconde detrás de ningún alter ego ficcional, con las personas que le rodean: muy particularmente con su padre, una figura autoritaria y vehemente marcada por su alcoholismo, y su nuevo novio, que se nos muestra todavía dependiente de su anterior pareja.



A partir del entramado de relaciones que se establecen entre estos y otros personajes, Dominique Goblet construye un relato en dos tiempos angustiante y casi claustrofóbico, en el que guión y dibujo van de la mano formando un todo indivisible a la hora de retratar, hacia el principio, al padre de la autora como un hombre herido, dolido, incapaz de aceptar la propia responsabilidad de sus actos, y que por tanto acaba proyectando su culpa en los demás. Es en este episodio que surge la figura de Cecilia, nueva compañera del progenitor, y que repite como un terrorífico mantra a la hija de la autora la aseveración de "parecer es mentir" que da título a la obra.



En cuanto a su nueva pareja, una serie de llamadas anónimas en las que la persona que llama cuelga antes de decir nada pondrán en aviso al lector antes que a una ingenua Dominique, que no obstante no tardará en desarrollar unos celos terribles en relación al joven del que ahora se siente enamorada. Particular atención merece la manera en la que la autora relata esta relación, con el concurso de presencias intangibles a modo de fantasmas surgidos de sus propias obsesiones y dudas.



La comunión final entre ambos personajes, narrada mediante una conversación telefónica en off sobre un horizonte pintado, apenas abre un resquicio de esperanza a partir de una hipotética reconciliación, y por tanto no mitiga ni un ápice una obra tan dolorosa y sincera como esta, un relato que no será del gusto de todos pero que merece atención no ya solo como un cómic autobiográfico, sino como un cómic a secas digno de ser considerado.


Título: Parecer es mentir
Autor: Dominique Goblet (guión y dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: febrero de 2010
152 páginas (color) - 18 €

martes, 16 de febrero de 2010

La Semana del Cómic Autobiográfico: Brooklyn Dreams



Los lectores españoles hemos tenido que esperar más de tres lustros para conocer de verdad a J. M. DeMatteis. El guionista norteamericano que junto con Keith Giffen y el dibujante Kevin Maguire nos hizo reír durante la década de los 80 gracias a la Liga de la Justicia de América de DC Comics, y que después ha desarrollado una carrera siempre sujeta a los cánones del género superheroico, se descolgó en 1994 para Paradox Press (sello perteneciente también para la editorial de Superman y Batman) con una autobiografía en cuatro partes titulada Brooklyn Dreams, que no ha sido publicada en España hasta el pasado enero de la mano de Norma Editorial.



Como confiesa el propio DeMatteis en el revelador epílogo de la obra, él ya intentó un acercamiento al género autobiográfico con su Moonshadow publicado por Marvel dentro de la línea Epic (curiosamente reeditado luego por la distinguida competencia bajo el sello Vertigo), pero en aquella ocasión el autorretrato dibujado por Jon J. Muth venía con un envoltorio genérico de ciencia ficción. En cambio, con Brooklyn Dreams, el escritor neoyorquino se destapa sin tapujos a través de un álter ego literario a la vieja usanza: el del joven Carl Vincent (o Vincent Carl, según a quién se pregunte) Santini. Pero el uso de un otro yo de ficción no esconde que DeMatteis habla en todo momento de sí mismo: así se presenta como maestro de ceremonias en la primera página, dirigiéndose directamente al lector y rompiendo con la cuarta pared que los separa en un diálogo que se mantendrá a lo largo de toda la obra.



"Esta es la historia de lo que me sucedió durante mi último año en el instituto. Mira, todo lo que estoy a punto de contarte es real, lo juro. Pero el problema es... que no creo que haya nada parecido a 'una historia real'. La percepción es limitada. La memoria es traicionera. Creo que en el momento en que las palabras salen de la boca, creamos algo totalmente distinto a la verdad que intentamos comunicar. Un espectáculo de sombras de la realidad. Un soñar despierto, si lo prefieres". Así presenta el autor su obra desde un primer momento, resumiendo en apenas unas palabras, de Platón al cine documental de nuestros días pasando por Calderón, toda la problemática de la ficción como trasunto fiel o no de la realidad.



La ficción da saltos en el tiempo, digresiones de las que el narrador se disculpa continuamente, si bien el verano de 1970, cuando el joven y desgarbado Carl Vincent cuenta con 16 años, viene a ser el centro neurálgico de un relato en cuatro partes: "Canícula", "Conducta criminal", "El blues de la dualidad" y "Las puertas de la percepción", que se corresponden con las cuatro entregas de la primera edición serializada de la obra. El título de la cuarta y última parte coincide con uno de los libros más populares de Aldous Huxley, una de las obras clave para los consumidores de drogas psicodélicas, y que pasará a la historia entre otras cosas por haber dado nombre a The Doors, el grupo de Jim Morrison. Huxley es, claro, una de las lecturas favoritas de un joven Carl que coquetea con las drogas en aquel momento, y sus libros pasan por sus manos junto con los de William Shakespeare, William Blake, el Siddartha de Herman Hesse y, muy especialmente, Dostoievsky. El escritor ruso es, todavía hoy, uno de los favoritos de DeMatteis, y su novela Los hermanos Karamazov -aunque en su juventud le influyó más, por motivos de identificación con Raskolnikov, Crimen y castigo- una de las cumbres de la literatura universal en opinión del guionista.



Todas estas referencias culturales salpican sin ningún atisbo de pedantería un relato cercano y cautivador: el de un joven nacido en el barrio de Brooklyn, lleno de italoamericanos e irlandeses, de policías y mafiosos, en el seno de una familia típicamente disfuncional -en afortunada definión del propio autor- encabezada por un católico paranoico y temperamental y una judía nerviosa que pese a los continuos enfrentamientos se querían lo suficiente como para permanecer juntos. Pero no fueron solamente sus padres y su hermana mayor quienes educaron a Carl (esto es, a DeMatteis); también cobraron vital importancia los profesores, tanto aquellos que potenciaron su valía como los que le menospreciaron por sus carencias académicas; su primera novia formal, Annie, cuyo abandono fue un golpe fatal; y, sobre todo, su mejor amigo y vecino, apodado Shane en homenaje al personaje de Alan Ladd en el western Raíces profundas, y junto con el que se vio embarcado en una aventura que los llevó directos a la comisaría.



Podría seguir desgranando las aventuras y anécdotas que cuenta Brooklyn Dreams, una obra tan inteligente de un DeMatteis tan brillante que justo cuando empieza a decaer en cierta filosofía new age cargante el primero en reconocerlo y criticarlo es el propio autor desarmando así al lector; pero prefiero dejar a este último la oportunidad de descubrir casi todas ellas como yo, desde el desconocimiento de la vida de un guionista que considero una parte pequeña pero indispensable de la historia reciente del cómic norteamericano mainstream. Resulta curioso recordar y contemplar ahora todo lo que hemos leído de DeMatteis, sobre todo obras tan ligeras -por más que en cierta forma sean espléndidas- como la citada JLA, a la luz que arroja esta autobiografía que nos acerca a un creador que ha dado lo mejor de sí mismo contando sus experiencias más íntimas.



Con todo, el gran descubrimiento de la obra es su ilustrador, Glenn Barr: muy pocas veces se da una comunión tan perfecta entre guionista y dibujante, más aún si tenemos en cuenta que se trata de una obra autobiográfica del primero; tanto es así que Brooklyn Dreams parece la creación de un solo hombre. Y es que no sé en qué medida las distintas soluciones visuales de la obra pertenecen a DeMatteis o a Barr, pero dudo mucho en que pequeños apuntes a la postre tan sugerentes y encantadores -el retrato de Richard Nixon sobre la cama, las cenefas de calaveras en la toalla de baño- estuviesen ya señalados en el guión. Para DeMatteis, Barr ha creado un universo propio, indiscutiblemente influenciado por los cómics autobiográficos de Will Eisner, pero que se nos antoja como si las calles de Contrato con Dios se vieran pobladas de repente por los cartoons de Kyle Baker o el alocado Gregory de Marc Hempel. Así es el Glenn Barr que descubrimos en Brooklyn Dreams: un autor que parece tan influido por el autor de The Spirit como por Bill Sienkiewicz o Sergio Aragonés.



En definitiva: Brooklyn Dreams es una de esas obras de las que, más allá del reconocimiento que le quieran dar los popes de la crítica especializada, nos apetece decir que es una obra maestra... aunque probablemente no lo sea, ni aporte nada nuevo al medio, ni hubiese supuesto una pérdida para el mismo de no haber sido publicada jamás. Pero si el decirlo implica que ese lector hipotético que llega a este vuestro blog va a darle una oportunidad, creo que es por su bien (el del lector hipotético, digo) que vamos a decirlo: Brooklyn Dreams es una obra maestra.


Título: Brooklyn Dreams
Autores: J. M. DeMatteis (guión) / Glenn Barr (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: enero de 2010
392 páginas (b/n) - 25 €


(+) Previously on Abandonad toda esperanza, J. M. DeMatteis:
- JLA: III Guerra Mundial

lunes, 15 de febrero de 2010

La Semana del Cómic Autobiográfico: Inside Moebius



Para los amantes de la historieta en general, y sobre todo para los seguidores del cómic europeo, Jean Giraud, más conocido por su sobrenombre artístico de Moebius, es simplemente Dios: un autor capaz de conciliar los gustos más heterogéneos y de generar las más largas colas de las sesiones de firmas en eventos especializados; un artista capaz de concebir, realizar y publicar cualquier cosa -algo sobre lo que volveremos después-. Esto resulta comprensible si tenemos en cuenta que estamos antes el creador junto con Charlier del teniente Blueberry, que además ha plasmado en imágenes los guiones más célebres del poeta, dramaturgo, director de cine y psicomago Alejandro Jodorowsky... por no mencionar la larga lista de títulos que lo tienen por autor completo. Su estatus dentro del gremio es solo comparable a los de Milo Manara y Guido Crepax... pero, además, con un prestigio crítico del que no han gozado siempre ambos maestros de la ilustración erótica.



Llegado este punto de su carrera, también resulta lógico que Moebius dé pie a un relato autobiográfico en el que su figura se sitúa como un Dios para sus personajes de ficción, pero que lejos de ser un deux ex machina que lo puede todo, se constituye como un sujeto que es al mismo tiempo agente y paciente cuando sus creaciones se le van de las manos. Hablamos, claro está, de Inside Moebius, sin lugar a dudas la creación más personal de este veterano autor de cómics francés, cuyo nombre está inevitablemente unido a la historia de la bande déssinee y a publicaciones periódicas tan míticas como Métal Hurlant o Pilote.



Inside Moebius, cuyo primer volumen publicado aquí por Norma Editorial recoge los dos primeros tomos de la edición original gala, es una obra que parte como un ejercicio de autoexorcismo que a muchos les parecerá excesivamente autocomplaciente, y que como decía al principio puede ver la luz porque su autor tiene a sus pies a cualquier editorial que quiera para publicarle cualquier cosa que lleve su firma. Una obra como esta de manos de un artista desconocido es poco menos que impensable.



Y es que con esta obra Moebius ejecuta una mezcla particular de 8 1/2 y Amarcord a la manera del cineasta Federico Fellini, un director que tampoco habría podido estrenar películas tan personales de no contar con el bagaje que tenía llegado el momento. Como el cineasta de Rimini, Jean Giraud parece hacer aquí un punto y aparte en su producción, elaborando no una autobiografía al uso que repase los momentos más significativos de su vida, sino una mirada introspectiva -subrayada en la segunda página, un primer plano del ojo del autor- hacia sí mismo y al proceso vital y creativo que arranca cuando decide dejar el consumo de marihuana, no exenta de mucho humor y una nada despreciable capacidad autocrítica (véase si no cuando se revela a la serie de Blueberry como una fuente inagotable de dividendos, pero no una obra verdaderamente personal).



Con este fin, Moebius construye una narración iniciática que se nos antoja bastante influida por el citado Jodorowsky y que arranca con la figura del hombre que cae, tan cara al autor chileno y al propio Jean Giraud (como comentamos hace unas semanas al hilo de la edición de El empalmado loco), y que con toda lógica enlaza al final del primer volumen (el francés, no el español) con una ascensión por parte de un Moebius que nunca ha estado más cerca de un estado chamánico.



A lo largo de Inside Moebius el lector verá pasearse por sus páginas a los más populares personajes del autor: no falta a la cita, por supuesto, un malhumorado y vehemente Blueberry, así como el Mayor Fatal y Malvina (de El garaje hermético), el maestro Bug (de El mundo de Edena) y el mismísimo Arzak... por no hablar de un personaje real y de triste importancia histórica como Osama Bin Laden. Pero es el encuentro de Jean Giraud y su propio yo en versión hippie varias décadas más joven, quien nos trae los momentos más conseguidos de la obra, en los que la Historia en mayúsculas (la fatídica jornada del 11-S y el ataque terrorista contra el World Trade Center) y la intrahistoria del propio Moebius (el fallecimiento de Charlier, que tanto sorprende y entristece al Jean Giraud pretérito) van de la mano inevitablemente unidas.



Inside Moebius puede parecer una obra fácil a simple vista, pero una lectura más atenta y detallada de estas páginas de gran belleza plástica revela que estamos ante una creación más pensada de lo que pudiera parecer al principio. Con todo, si no fuera así, estaríamos ante una historia que revelaría la maestría que le es propia solo a un genio del noveno arte como Moebius: parece que el relato se lee al mismo tiempo que se realiza, con una naturalidad solo equiparable a la misma libertad de un autor que, como decíamos al principio, puede hacer y del que esperamos cualquier cosa. Así pues, quedamos a la espera de que Norma publique este mismo año los volúmenes 3 y 4 de la serie -¡en cuya séptima entrega ya trabaja el autor!- reunidos se supone como en esta ocasión en un solo tomo.


Título: Inside Moebius (Vol. 1)
Autor: Jean Giraud 'Moebius' (guión y dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: noviembre de 2009
220 páginas (color) - 29 €


(+) Previously on Abandonad toda esperanza, Moebius:
- Blueberry
- El corazón coronado
- El Incal
- El empalmado loco / Pesadilla blanca y otras historias cortas
- ¿Es bueno el hombre?

domingo, 14 de febrero de 2010

La Semana del Cómic Autobiográfico

A partir de mañana lunes 15 de febrero dedicaremos cinco días sucesivos al actual auge del cómic autobiográfico... o autobiocomic, si se nos permite el neologismo. Comentaremos títulos recientes firmados por Moebius, J. M. DeMatteis, Dominique Goblet y David Small, destacando esta (¿nueva?) corriente que parece imperar dentro del ámbito de la historieta de autor.

De momento, y como aperitivo, os recordamos algunos títulos de corte autobiográfico ya comentados previamente en este vuestro blog. Son 33 obras todas ellas, en mayor o menor medida, muy recomendables. Ahí van los enlaces:

Autobiographix (AA.VV.)

Bohemio pero abstemio / El arte de criar malvas (Ramón Boldú)

Bordados (Marjane Satrapi)

Conejo de viaje (Liniers)

Diario (Fabrice Neaud)

Diario de una desaparición (Hideo Azuma)

Ejemplo perfecto (John Porcellino)

El derrotista (Harvey Pekar & Dean Haspiel)

El playboy (Chester Brown)

Fresa y chocolate (Aurélia Aurita)

Fun Home (Alison Bechdel)

Las dos vidas de Andrés Rabadán (Andrés Rabadán)

La vida en viñetas (Will Eisner)

La vida es buena si no te rindes (Seth)

Lobas (Rachel Deville)

Los años del elefante (Willy Linthout)

Mi madre era una mujer hermosa (Karin de Villiers)

My Brain Is Hanging Upside Down (David Heatley)

Nacida en cualquier parte (Johanna)

Paracuellos (Carlos Giménez)

Pequeñas cosas (Jeffrey Brown)

Persépolis (Marjane Satrapi)

Piero (Edmond Baudoin)

Piltrafilla (Jeffrey Brown)

Pobre cabrón (Joe Matt)

Por nuestra cuenta (Miriam Katin)

Por qué he matado a Pierre (Olivier Ka & Alfred)

Quiéreme bien (Rosalind B. Penfold)

S. (Gipi)

Santo Cristo (Tyto Alba & Mario Torrecillas & Pablo H.)

Save Our Souls (Felipe Almendros)

Un zoo en invierno (Jiro Taniguchi)

Vida de una niña (Phoebe Gloeckner)



Otros títulos de temática autobiográfica que pese a no haber sido reseñados en este vuestro blog merecen atención son: Apuntes de un derrotista (Joe Sacco), Autobiografía no autorizada (Nacho Casanova), Epiléptico / La ascensión del Gran Mal (David B.), Inolvidable (Alex Robinson), María y yo (María & Miguel Gallardo), Mi vida mal dibujada (Gipi), Mistigri (Stygryt & Nacho Casanova), No te olvides de recordar (Peter Kuper) y Una vida errante (Yoshihiro Tatsumi). A partir de mañana, más.