
¿Qué convierte a cualquier creación artística, sea del ámbito que sea, en eso que llamamos "una obra maestra"? Hoy intentaremos responder, aunque sea muy sucintamente, a esta cuestión a partir de una historieta considerada como tal de forma prácticamente unánime:
El eternauta. Una obra que, dicho sea de paso, vuelve a estar de actualidad -¿acaso lo ha dejado de estar alguna vez?- gracias a esta nueva versión de la editorial mexicana con sucursal en Barcelona
RM.

Escrita por Héctor G. Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López,
El eternauta fue publicada por vez primera hace ya más de medio siglo, entre 1957 y 1959, en las páginas del
magazine argentino semanal
Hora Cero, que por aquel entonces dirigía el propio guionista. Muy pronto la revista fue sumando un gran número de seguidores que querían conocer de primera mano la evolución de aquel relato urdido por Oesterheld, que se publicaba de forma serializada, y que acabó por constituirse como la historieta más importante de la historia de Argentina: tanto es así que el 4 de septiembre, día en el que se publicó la primera entrega, está considerado hoy como el
Día de la Historieta en aquel país.

Una historia como la de
El eternauta, a priori, estaba llamada a convertirse en una más en la tradición de las historietas de género publicadas por entregas, primero porque -como veremos después-, no
inventaba nada nuevo en el sentido estricto del término; y después porque padecía todas las servidumbres del grueso de relatos publicados por entregas, comunes también a otros medios como es el caso de los seriales televisivos y radiofónicos: para empezar, cada capítulo tenía una extensión muy breve, y estaba sujeto a la necesidad de terminar provocando en el lector una sensación de intriga (eso que en el mercado anglosajón recibe el nombre de
cliffhanger, esto es, "quedarse colgado" a la espera de cómo se resolverá el conflicto que se ha creado); y además, era una historia sin extensión premeditada, y que Oesterheld iba, por así decirlo,
improvisando sobre la marcha. Así pues, el relato duraría más o menos según la aceptación del público y el propio interés creativo de los autores.

Como ya hemos sugerido, este interés, tanto por parte de los responsables de la obra como de su público, fue más que considerable. Y lo fue porque pese a las características comentadas en el párrafo anterior, o precisamente gracias al soberbio uso de las mismas,
El eternauta supo interesar a sus lectores como muy pocas obras lo han conseguido a lo largo de la historia de la cultura occidental; además, trascendió como antes y después harían otros clásicos del género la lectura de ciencia-ficción pura y dura con connotaciones políticas y sociales innegables. No en vano poco después Oesterheld pasaría a formar parte, lamentablemente, de la lista de
desaparecidos durante la dictadura argentina.
Héctor G. OesterheldPero recordemos ahora qué cuenta
El eternauta: la obra arranca haciendo uso de una versión de un recurso recurrente de la literatura mundial, presente desde siempre en clásicos de la talla de, sin ir más lejos, el
Quijote de Cervantes, como es el del "manuscrito encontrado": aquí no es un texto escrito que se ha hallado, sino la narración oral que un personaje -el
eternauta del título- transmite a otro (de oficio guionista de historietas, y al que podemos considerar sin ningún esfuerzo como un álter ego primero del propio Oesterheld, y luego del lector), lo que articula toda la obra. Este personaje, que ejercerá de narrador, se presenta como Juan Salvo, y le cuenta a su interlocutor lo que según su propio recuerdo le ocurrió a la ciudad de Buenos Aires, en realidad a todo el planeta Tierra (como se descubrirá después): primero una nevada mortal, pues el contacto directo de la piel con los copos de nieve suponía la muerte inmediata; y después una invasión extraterrestre, de cuyo ataque dicha nevada resultará ser solo el primer síntoma.
Fake poster de una supuesta adaptación al cine de la obraDicha invasión encontrará a Juan Salvo en su hogar, en compañía de su esposa Elena, su hija Martita y sus mejores amigos Favalli, Lucas y Polsky, con los que comparte una gran afición por la electrónica y los juegos de cartas como divertimento. A partir de ahí Oesterheld, con la complicidad de un Solano López espléndido (que compensa el estatismo en la composición de las páginas, característico de la época, con un dibujo naturalista repleto de dinamismo y verosimilitud), construye un relato que, como decíamos, no inventa nada nuevo, pero que recurre a historias conocidas por cualquier lector habitual y que han funcionado desde siempre: principalmente del clásico de comienzos del siglo XVIII
Robinson Crusoe de Daniel Defoe, pero también de la inmortal novela fantástica de Richard Matheson
Soy leyenda, publicada por vez primera apenas tres años antes que el arranque de
El eternauta. A estas referencias pronto se sumará otra más, la de la novela de Jack Tierney
La invasión de los ladrones de cuerpos, popularizada por la adaptación cinematográfica dirigida por Don Siegel y estrenada, no por casualidad, un año antes, en 1956.
Francisco Solano LópezSi
El eternauta funcionó entonces y sigue funcionando hoy, es sobre todo porque con estos mimbres de sobra conocidos construye un artilugio que se percibe como novedoso y, lo que es más importante, con personalidad propia. Para empezar, Oesterheld se sirvió de su relato para poner de manifiesto su mirada del mundo: él no creía en el individualismo sino como manifestación de una lucha colectiva -la cita "El único héroe válido es el héroe 'en grupo', nunca el héroe individual, el héroe solo", sirve para encabezar el presente volumen-, y por tanto
El eternauta acaba por constituirse en una suerte de relato de protagonismo coral donde destacan personajes como Franco, el joven Pablo, el periodista e historiador Mosca y sobre todo el citado Favalli, hombre de recursos pragmático hasta la médula que complementa a la perfección al más pasional Juan, y que se convierte prácticamente en el co-protagonista de la historia.

Por otra parte, y a pesar de la citada necesidad de ir alargando la historia ante el éxito de la serie, así como a crear intriga al final de cada entrega -que muchas veces se resuelve, claro, de forma inane-, Oesterheld supo dotar de interés casi a cada página de su obra, gracias a unos diálogos verosímiles y sobre todo a un relato que evolucionaba explicando, sin dogmatizar, la naturaleza humana: las actitudes de los personajes cambian según sus necesidades, y funcionan igual de bien los episodios más intimistas como las grandes escenas de acción con muchos personajes, a veces toda una lección de estrategia militar.

Todos estos elementos hacen de
El eternauta una obra inmortal, por la que no pasan los años, y que se ha ganado el beneplácito de los artistas -sean escritores de narrativa o de cómic, incluso de directores de cine-, sobre todo los argentinos -lógicamente orgullosos de una de las obras mayores de su legado cultural-, a lo largo de los años: así, si
la edición que publicó Norma Editorial a finales de 2007 con motivo del 50 Aniversario de la obra contaba con un prólogo del guionista
Carlos Trillo, ahora es el también escritor de novelas Juan Sasturain (
Manual de perdedores) el encargado de presentar el relato al lector. Igualmente, recordemos el acariciado proyecto de la cineasta Lucrecia Martel de llevar a la gran pantalla la obra de Oesterheld y Solano López, y que finalmente, lástima, quedó en agua de borrajas por las habituales discrepancias con los productores.
Fotograma del teaser del film no concluido de Lucrecia MartelEn resumidas cuentas: leí
El eternauta de forma íntegra por vez primera cuando Norma publicó su versión -frente a la cual esta de RM respeta la edición original, con sus encabezamientos de cada capítulo y sus "Continuará" de rigor, además de contar con una cubierta espléndida-, y ahora que he vuelto a leerla la he disfrutado y valorado todavía más. Si a esto añadimos el hecho de que, aun habiéndola leído en este mes de enero, sé a ciencia cierta que estará entre las diez mejores obras de este 2011 cuando dentro de doce meses toque sacar cuentas de lo leído, podemos decir con total seguridad que
El eternauta es una de esas obras maestras que dignifican las artes que en el mundo serán, son y han sido. Una adquisición absolutamente indispensable.
Título: El eternauta
Autores: Héctor G. Oesterheld (guión) / Francisco Solano López (dibujo)
Editorial: RM
Fecha de edición: enero de 2011
366 páginas (b/n) - 21 €