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miércoles, 7 de marzo de 2007

Vampirella: terror y erotismo pulp

Una de las mayores alegrías que nos ha dado recientemente Made in Hell, la colección de Norma Editorial dedicada al terror, ha sido la edición de los primeros 27 números de la Vampirella de Warren Publishing en tres volúmenes.



Estos tomos, presentados con el subtítulo de Las Crónicas Carmesí (que hace referencia al oscuro grimorio que sirve de guía e instrucciones para los oscuros adoradores de Caos en la trama del cómic), cuentan con el trabajo de varios guionistas y dibujantes, si bien el español José González brilla por encima del resto con luz propia.



El volumen 1 incluye los diez primeros números, y cuenta con guiones de veteranos como Gardner Fox, Archie Goodwin, Dennis O’Neill... y Forrest J. Ackerman, co-creador del personaje y recordado especialmente por ser el impulsor de la mítica publicación sobre cine de terror Famous Monsters of Filmland. En la parte gráfica hay que destacar el trabajo de Ernie Colon y, sobre todo, el siempre espectacular Neal Adams.

En estos números llama la atención cierta dispersión en la narración, tomando la forma de sucesión de historias breves cuyo vínculo en común es la presencia de la propia Vampirella, extraterrestre venida del planeta Drakulon, que trata de sobrevivir en la Tierra gracias a su suero sustitutivo de la sangre y a sus poderes sobrenaturales.



En el segundo volumen, donde nos encontramos con fugaces apariciones como autores totales de Frank Brunner o un joven Richard Corben, esta dispersión empieza a desaparecer, y Vampirella toma el camino de serial decididamente pulp, desarrollando los personajes secundarios (sucesores del profesor Abraham Van Helsing creado por Bram Stoker en las páginas de su Drácula) y dando unidad a la narración, en un trabajo que influiría sin duda alguna en el Tomb of Dracula de Marvel Comics que empieza a publicarse en 1972.

A esta sensación de unidad contribuye el establecimiento como dibujante prácticamente fijo del citado José González, cuyo arte se muestra rabiosamente moderno, sobre todo respecto de sus antecesores, y de una belleza arrebatadora a medio camino entre la claridad narrativa de Berni Wrightson y el experimentalismo con las líneas de Alberto Breccia.



El tercer volumen de estas Crónicas Carmesí, que recopila los números 19 a 27, sigue desarrollando la historia que arrancó en el volumen anterior, y cuenta con un episódico Luis García haciendo gala de su dibujo basado (como el de González, pero aquí de forma más explícita) en el arte fotográfico y el uso de modelos reales.



El lector descubrirá en las más de 400 páginas reunidas aquí un tebeo pulp que se desarrolla como una funcional mezcla de ciencia ficción, con el origen del personaje, y de terror, representado por la idiosincrasia del mismo, así como la presencia de otras criaturas fantasmagóricas y del mismísimo Drácula de Stoker, al que los guionistas de Vampirella dan un origen extraterrestre francamente divertido. Todo ello sin olvidar el encanto de numerosas referencias literarias y cinematográficas, de El horror de Dunwich de Lovecraft a Ray Bradbury, de La isla del Dr. Moreau de Wells a El malvado Zaroff.



Así pues, Vampirella: Las Crónicas Carmesí, que recopila material clásico publicado originalmente entre 1969 y 1973, se convierte sin ningún esfuerzo en una joya imprescindible para los fanáticos del mejor cómic popular, y demuestra por qué Vampirella se convirtió en un icono del erotismo en la cultura popular tan significativo como la Barbarella de Jean Claude Forest o la Emmanuelle encarnada por Sylvia Kristel en la gran pantalla.


Título: Vampirella: Las Crónicas Carmesí (3 vols.)
Autores: Archie Goodwin et alii (guión) / José González et alii (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: 2006
160 páginas c/u (b/n) - 14 € c/u

martes, 6 de marzo de 2007

Presentación de Sonia Pulido

El arte de inmiscuirse en la vida de los otros

Gracias a cuatro películas consecutivas tan maravillosas como Memento, Insomnio, Batman begins y El truco final (El prestigio), el británico Christopher Nolan se ha convertido en una de los valores seguros del cine norteamericano más reciente. Si Wes Anderson, Alexander Payne, Spike Jonze o P. T. Anderson son los nombres clave del nuevo cine de autor, Nolan es, junto a David Fincher y M. Night Shyamalan, la avanzadilla del mejor cine comercial de última hornada.



El talento de Nolan ya es palpable en su primer largometraje, y única producción inglesa de su filmografía: Following. Rodada en blanco y negro y con apenas 71 minutos de duración, el film está protagonizado por actores desconocidos, y en algunos casos se trata de intérpretes que no han participado en ninguna otra película o que directamente son familiares del realizador.



La cinta arranca como una historia intimista, puro cine experimental sobre un hombre (del que pronto sabremos que es un parado que aspira a convertirse en escritor) que se dedica a seguir a personas de forma aleatoria. Pero una vez aparece el personaje de Cobb (una de sus víctimas, que se gana la vida robando en apartamentos cuando sus propietarios están fuera), la trama da un giro considerable y se convierte en un film negro, minimalista y estilizado, con muy pocos personajes, y construido con fascinante malicia.



No diremos nada más sobre la trama, para no desvanecer las diversas sorpresas que en ella aguardan; solo subrayaremos que es un título que merece ser recuperado, no ya solo por lo que ha significado después la carrera de su responsable (que ahora prepara The Dark Knight, la secuela de su cinta sobre Batman), sino por sus múltiples valores intrínsecos.

Las nuevas aventuras de Esther: el regreso de un mito

Como ya se ha dicho alguna vez, la nostalgia funciona en términos mercantiles: todos o casi todos queremos recuperar sensaciones que no hemos vuelto a tener desde la infancia, y es este deseo el que está detrás de las continuas reposiciones de series míticas de la televisión o de la reedición de los clásicos literarios de Julio Verne.



La nostalgia también funciona en el ámbito del cómic: esto explica el arrollador éxito de Las nuevas aventuras de Esther, el mítico personaje creado por el guionista Philip Douglas y la dibujante Purita Campos en los años 70, que vio la luz primero en el extranjero y luego en nuestro país, y que mantuvo su éxito hasta la segunda mitad de los años 80.



Ahora, al mismo tiempo que se prepara la reedición del material clásico, la editorial Glénat presenta nuevas desventuras de la protagonista, y donde los lápices de Purita Campos, toda una veterana de la ilustración española desde que trabajase en la editorial Bruguera, se ponen al servicio de nuevas historias escritas por el guionista gallego Carlos Portela.

Los responsables de esta nueva serie, compuesta en principio por tres volúmenes de los cuales ha visto la luz solo el primero, han sido lo suficientemente inteligentes como para darse cuenta de que los seguidores y, sobre todo, seguidoras de Esther y su mundo, han crecido considerablemente. Por ello se decidió que el personaje creciera con ellos: Esther es ahora una mujer separada, con una hija, y que trabaja de enfermera.



A nadie sorprenderá que la historia de Las nuevas aventuras de Esther entronque con la tradición de la novela romántica y folletinesca, de Danielle Steel a nuestra Corín Tellado, subrayando las preocupaciones emocionales y sentimentales de su protagonista que, como en las publicaciones juveniles que la hicieron famosa en los años 70 y 80, sigue dirigiéndose en primera persona a su público buscando la complicidad de las lectoras.

Pero esta primera entrega de Las nuevas aventuras de Esther cuenta con un importante aliciente: la historia se desarrolla en dos tiempos, presente y pasado, y el arte del que hace gala se enriquece al diferenciar gráficamente ambos mediante el uso del color (la acuarela de Campos para el presente, el coloreado digital de Alejandra López para el pasado) e incluso de la rotulación, convirtiendo al álbum en un homenaje a ese pasado, editorial y vital, al mismo tiempo que no deja de funcionar como una historia independiente.



Este último hecho, que dota al álbum de cierto encanto metarreferencial que remite a la citada nostalgia, así como el descomunal éxito que tuvo y tiene el personaje, convierten la edición de este primer volumen de Las nuevas aventuras de Esther en un acontecimiento editorial a tener en cuenta.


Título: Las nuevas aventuras de Esther (Tomo 1)
Autores: Carlos Portela (guión) / Purita Campos (dibujo)
Editorial: Glénat
Fecha de edición: diciembre de 2006
56 páginas (color) – 17,95 €


[Fotografía: Purita Campos.]

lunes, 5 de marzo de 2007

Más cuentos de horror de Barker

Ya está a la venta el ansiado tercer volumen de los imprescindibles Libros de sangre de Clive Barker, mítica obra compuesta por relatos del creador de Hellraiser que hicieron tambalear a la narrativa de terror en los años 80, y que ahora está recuperando La Factoría de Ideas.



Este tercer tomo, de un total de cuatro, incluye siete relatos a cual mejor, si bien podemos destacar que en sus páginas nos hallamos con joyas como La política del cuerpo, el inquietante La Madonna (tan atmosférico como el mejor cine de terror italiano de Dario Argento o Michele Soavi) o Lo prohibido, en el que se basó Bernard Rose para filmar su reivindicable Candyman (El dominio de la mente).



Un libro, pues, imprescindible para los amantes de la mejor narrativa de terror, sobre todo para aquellos que no se quedaron anclados en los logros (por otro lado, indiscutibles) de autores como Poe, Lovecraft, Stoker o Le Fanu.

Tensión racial en las calles

Pánico en la calle 110 es un thriller de principios de los 70 que merece ser reivindicado con creces, no ya solo por el talento de sus responsables (con el director Barry Shear a la cabeza), sino por la carga político-social de la que hace gala, y que suponemos ya estaba en la novela original de Wally Ferris Across 110th Street.



El film arranca con el robo de una importante suma de dinero a la Mafia por parte de tres delincuentes negros, disfrazados de policías, que se salda con el asesinato de los contables y de algunos policías auténticos. Este hecho desembocará en la búsqueda de los culpables, tanto por parte de la policía como por la Familia que ha visto cómo robaban su recaudación.

Los primeros están representados por el capitán Frank Mattelli (encarnado por el mítico Anthony Quinn), veterano agente de la ley, racista y brutal; y por el teniente Pope (interpretado por Yaphet Kotto, visto en Alien o como villano de la serie Bond en Vive y deja morir), hombre de color que representa la llegada de nueva savia a la institución de la Policía. La Mafia está personificada en el personaje de De Salvio (al que da vida un estupendo Anthony Franciosa), un hombre despiadado y con un punto de sadismo.



A partir de ahí, desde los dinámicos créditos con música de Bobby Womack al desolador y cortante final, Barry Shear construye una odisea de huida y venganza donde se muestra los sectores más deprimidos de la población neoyorquina del momento, y en la que establece un claro paralelismo entre los criminales y los agentes de la ley más brutales, materializados en la pantalla por un excepcional Anthony Quinn en la piel de un policía de 55 años tan preocupado por su decadencia (física y profesional) como el delincuente epiléptico de 42 años, expresidiario que no ve una salida vital que no sea robar una cantidad ingente de dinero y darse a la fuga.



Así pues, el film es una joya de ese subgénero que podría denominarse "Cine policiaco de los 70", porque nunca la coyuntura de la época marcó tanto la manera de hacer y de ver un género como el thriller, y que aúna el espíritu social revisionista de Serpico y otras películas de Sidney Lumet con la presencia del conflicto racial visto en Shaft y otras cintas de la blaxpoitation. No se la pierdan.

La voluptuosidad: Instintos primarios

Hasta el momento, Blutch era prácticamente inédito en nuestro país como autor completo; este hecho confiere un carácter excepcional a la publicación que de La voluptuosidad ha puesto en la calle, en una edición espléndida, Ponent Mon.



Pero es que, además, la obra merece por sí misma toda la atención que se le pueda dar. Y vaya por delante que no estamos ante un cómic para todos los paladares, pues aquellos que busquen una obra de consumo fácil saldrán escaldados de la experiencia.

Y es que Blutch ha construido con La voluptuosidad una obra cargada de metáforas y señales, de profunda carga freudiana, a medio camino entre la materia y el sueño, y que demuestra las posibilidades del arte secuencial, tan propicio como la literatura o el cine, para esta suerte de narrativa experimental: ¿Han leído El almuerzo desnudo de William Burroughs? ¿Han visto la reciente Inland Empire de David Lynch? Ya se hacen cargo, supongo...



La voluptuosidad, que arranca con la búsqueda de un animal fugado por parte de varios personajes, es una obra coral, protagonizada por el secretario del Presidente, al que le gastan una broma y lo dejan en mitad de ninguna parte sin cobertura en el móvil; dos cazadores, más preocupados por la infidelidad de uno de ellos que por la bestia a la que están buscando; la amante de este último, estudiante de Bellas Artes que trabaja de niñera; la madre que contrata a dicha estudiante, a su vez amante del secretario; una pareja en crisis y los padres de la chica; otra joven, que cuida a las dos hijas de un hombre adinerado; y el propio animal, una especie de mono al que todos persiguen. Y aunque son todos los que están aquí, no están todos los que son...



Blutch construye con este bestiario humano (nunca mejor dicho) una compleja a la par que divertidísima historia, a medio camino entre el humor surrealista y el drama más cruel, donde parece establecer un paralelismo entre la bestialidad del mono y los instintos más primarios de los humanos: el sexo es un elemento primordial en La voluptuosidad (como ya se subraya desde el mismo título de la obra), y conduce a los personajes hacia su destrucción: desde la muerte del obsceno a la obsesión sin salida del infiel, son estos los destinos fatales de unos personajes a través de los que Blutch muestra los deseos más ocultos (e incomprensibles para aquellos que no los comparten) de cualquier persona.

En cuanto al apartado gráfico, el artista hace gala de un estilo sucio, basado en bocetos (aparentemente) descuidados, que a poco que nos fijemos revelan el cuidado con el que han sido elaborados, sobre todo en lo referente al color, y que consigue diferenciar a los múltiples personajes y conferirles personalidad propia a todos ellos a pesar de lo primitivo del trazo.



Así pues, La voluptuosidad es una obra que pide más de una lectura, dadas las posibilidades que su historia y su ejecución sugieren, y que nos lleva a esperar con ansias la edición de otras obras de su autor.


Título: La voluptuosidad
Autor: Blutch (guión y dibujo)
Editorial: Ponent Mon
Fecha de edición: febrero de 2007
112 páginas (color) - 20 €

domingo, 4 de marzo de 2007

Cartas desde Iwo Jima: Crónica de un fracaso anunciado

Vaya por delante que, por encima de cualquier valoración crítica de esta película de Clint Eastwood, lo que el veterano cineasta norteamericano ha llevado a cabo con ella y su trabajo precedente, Banderas de nuestros padres, no tiene parangón en la historia del cine.



No contento con adaptar en su anterior film el libro de James Bradley y Ron Powers, Eastwood encarga a Paul Haggis e Iris Yamashita el guión basado en una obra del general Tadamichi Kuribayashi sobre la batalla de Iwo Jima; esto es, la mirada del otro, aquí el ejército japonés. El resultado es estas Cartas desde Iwo Jima.



El film, protagonizado por el pujante Ken Watanabe (El último samurái, Batman begins) en la piel de Kuribayashi, y por el joven y desconocido Kazunari Ninomiya, arranca con la llegada del general que interpreta el primero a Iwo Jima, donde se encargará de dirigir a una pequeña parte del ejército japonés en la defensa de la isla. Desde el principio, sus métodos (más sosegados que el de sus antecesores, y más preocupados por la estrategia militar que por la pura disciplina) se encontrarán con la incomprensión de muchos de sus semejantes.



Cartas desde Iwo Jima es un film mucho más reflexivo que Banderas de nuestros padres, de ritmo narrativo más moroso y con un mayor cuidado del detalle: Eastwood es un cineasta con experiencia a sus espaldas, y es indudable que ha tomado buena nota de algunos maestros del cine nipón (con Akira Kurosawa y Yasujiro Ozu a la cabeza) para conferir a su última película de una aureola de fascinación, subrayada por el hecho de que está rodada en japonés, algo bastante inaudito en un mercado norteamericano que solo perdona estos excesos a Mel Gibson y su fascinación por las lenguas extinguidas.



Si Banderas de nuestros padres se articulaba a partir de saltos en el tiempo, mostrando los preparativos de la batalla de Iwo Jima, el enfrentamiento mismo, y las consecuencias de este y de la célebre foto de Joe Rosenthal ya en suelo norteamericano, Cartas desde Iwo Jima se presenta como una historia mucho más lineal, y solo se permite unos contados flashbacks para explicar la psicología de algunos de sus principales protagonistas.



El film, de factura técnica impecable, y donde destaca su fotografía quemada y monocroma frente a la más brillante y lustrosa de Banderas de nuestros padres, tiene una calidad cinematográfica indiscutible, y cuenta con la carga dramática de saberse la crónica del fracaso anunciado de un ejército kamikaze.



Pero no hay que olvidar nunca que Cartas desde Iwo Jima se crece considerablemente con el visionado de la cinta previa (de la que parece retomar algunos planos del enfrentamiento bélico), pues ambas se definen por contraposición con la otra. Cabe preguntarse cuál habría sido el resultado si Eastwood hubiese optado por hacer una épica producción de más de cuatro horas que aunase ambas perspectivas en lugar de este díptico; un programa doble que por más carencias que se le quiera encontrar, pasará a la historia del séptimo arte ya solo por su mera razón de ser.

sábado, 3 de marzo de 2007

Elizabeth Bathory: la orgía perpetua

El personaje histórico de Erzsébet Bathory, alias Elizabeth Bathory, lleva despertando la fascinación de sucesivas generaciones desde sus coetáneos en la Hungría de principios del siglo XVII hasta hoy mismo, de igual forma que lo vienen haciendo otras vampiresas de ficción.



Si hasta hace bien poco la última manifestación artística de su legado era la fascinante novela de Javier García Sánchez Ella, Drácula, ahora la editorial Berenice publica la Elizabeth Bathory de Raúlo Cáceres, interesantísimo cómic a medio camino entre el terror y el género pornográfico, y que vuelve a poner de actualidad el mito de la Condesa Sangrienta.

A dicho mito un servidor dedicó el ensayo "La última lamia", publicado en Gigamesh n.º 43 (mayo de 2006); y dado el interés que en mí despierta el personaje de la Condesa Bathory la lectura de la obra de Raúlo Cáceres era poco menos que obligada. Sirva el título del ensayo de Mario Vargas Llosa sobre la Madame Bovary de Flaubert para titular estas diserciones sobre la obra de Cáceres, cuya lectura, una vez concluida, se confirma como una obligación absolutamente placentera.



Y es que lo que en un principio podría haber sido un simple biopic cargado de tópicos y lugares comunes (en caso de que su autor hubiese sido un mojigato) o bien una obra en la que no hubiera más que sexo explícito (si el responsable se hubiera revelado como un mercachifle conformista y poco ambicioso), finalmente se descubre como una narración realmente entretenida, en la que el sexo, la sangre y la violencia, aun estando presentes y siendo los elementos más llamativos a priori, están al servicio de una historia al más puro estilo pulp (el subtítulo de "El viaje del ataúd maldito" es bastante significativo al respecto), plagada de personajes secundarios perfectamente caracterizados y cuya lectura es difícil dejar de lado antes de dar por concluido el volumen.



Dicho tomo, que recopila íntegramente la obra que vio la luz de forma serializada en Wetcomix en 1998, y que fue publicada después por Fantagraphics en Estados Unidos, consta de 20 capítulos y un epílogo, protagonizados por una Bathory ninfómana, resucitada como vampiro tras su muerte por emparedamiento e inanición, y que aquí se ve rodeada de demonios lascivos, vampiros libidinosos y hombres lobo muy bien dotados, dando forma a una historia salpicada de un humor muy de agradecer y donde su autor revela haberse documentado profusamente no ya solo sobre la historia de la Condesa sangrienta, sino también sobre la España mágica de tiempos pretéritos, plagada de tradiciones y supercherías.



El arte de Cáceres, resultón desde el primer momento, mejora con creces conforme avanza la narración, y los últimos capítulos son un deleite para los gourmets del delirio explícito: la composición de las páginas se vuelve adecuadamente barroca, y en algunas ocasiones resulta hasta complicado discernir el orden de lectura de algunos bocadillos, lo cual, en lugar de ir en detrimento de la calidad de la obra, subraya su carácter desatado y enloquecido.



Así pues, Elizabeth Bathory satisfará a los amantes del cómic erótico para adultos, y es directamente imprescindible para los seguidores del lado más oscuro y siniestro de la historia de la humanidad; y su lectura resulta verdaderamente placentera, en todos los sentidos, si bien no es apta para espíritus sensibles.


Título: Elizabeth Bathory (El viaje del ataúd maldito)
Autor: Raúlo Cáceres (guión y dibujo)
Editorial: Berenice
Fecha de edición: enero de 2007
192 páginas (b/n + 8 color) - 24 €

viernes, 2 de marzo de 2007

El trailer del viernes: Hannibal rising

Cinematográficamente hablando, el doctor Hannibal Lecter debutó en los años 80 con el rostro de Brian Cox en Manhunter de Michael Mann. Pero fueron Anthony Hopkins y El silencio de los corderos quienes lo convirtieron en uno de los psicópatas más memorables de la historia del cine.

Después de volver a verlo encarnado por Hopkins en Hannibal y El dragón rojo (esta, una nueva versión de la novela que dio pie a la cinta de Mann), ahora es el turno de conocer los orígenes del personaje en Hannibal rising, que se estrenará este mismo mes de marzo en España como Hannibal: El origen del mal, y donde el francés Gaspard Ulliel interpreta a un joven Lecter.

Podéis ver el trailer del film, que también cuenta con en su reparto con Rhys Ifans (Human nature) y la musa de Zhang Yimou Gong Li, en la web oficial:

Hannibal rising

La sangre de los asesinos: los estertores de la muerte

El protagonista de La sangre de los asesinos es Lois, un asesino a sueldo que vive los que parecen van a ser los últimos días de su existencia. Después de ajusticiar a una de sus víctimas, la sangre brota de su boca: una tuberculosis en estado terminal o un cáncer despiadado están acabando con su vida.



Esto lo lleva a ser hospitalizado, pero consciente de que tiene asuntos pendientes que resolver antes de morir, abandona la residencia, y decide ir en busca de las mujeres de su vida: su antigua amante, que lo introdujo en el crimen, así como su mujer y su hija, a las que hace años que no ve...

No desvelaremos más del argumento de este estupendo cómic francés, publicado el verano pasado por Casterman y que ahora llega a España de las manos de Sins Entido, pues su historia es sencilla y corremos el peligro de, al resumirla, reducir las posibles sorpresas de su trama a poco menos que nada. Para disfrutar de este genuino polar como merece, lo mejor es dejarse llevar por el guión urdido por el periodista y novelista Philippe Paringaux, que como en muchos clásicos del cine del género articula la historia mediante una voz en off explicativa que puntúa la acción.



No obstante, el principal atractivo de La sangre de los asesinos es el espléndido arte de Jacques Loustal, al que la encomiable edición de Sins Entido hace justicia, con un tamaño considerable que permite disfrutar de sus planchas repletas de viñetas enormes y cuidadas hasta en el más mínimo detalle.



La sangre de los asesinos es una historia despiadada, tan aparentemente fría como Le Samouräi de Jean-Pierre Melville, tan austera como el cine de Aki Kaurismäki, que avanza de forma implacable hasta un descorazonador final. Un cómic negro sin concesiones que no deberían dejar escapar los amantes del género.


Título: La sangre de los asesinos
Autores: Philippe Paringaux (guión) / Jacques Loustal (dibujo)
Editorial: Sins Entido
Fecha de edición: febrero de 2007
72 páginas (color) - 14 €

La ley de Lynch

A propósito del cineasta norteamericano David Lynch, el reciente estreno de su Inland Empire... y el concepto de película isla, trata la columna de hoy de Abandonad toda esperanza.

Podéis leer el texto aquí:

Archipiélago Lynch

jueves, 1 de marzo de 2007

Marzo: Novedades Ponent Mon

Como suele ser habitual, cómic europeo y japonés es lo que nos trae Ponent Mon a finales de este mes que comienza hoy:



- La isla de Borbón, 1730
Appollo & Lewis Trondheim
288 pp. (b/n) - 20 €

Sinopsis: Todos los capitanes piratas depusieron las armas excepto El Halcón, hoy encarcelado. ¿Lo salvarán los antiguos bandidos, ahora convertidos en colonos? ¿Su tesoro permanecerá para siempre en paradero desconocido? En este mundo entre dos épocas, en una isla que ya no es el paraíso original de los descubridores, la agitación llega a su máximo apogeo... y dos extraños ornitólogos abrigan la esperanza de capturar al último dodo.



Homunculus n.º 6
Hideo Yamamoto
224 pp. (b/n) - 10 €

Sinopsis: Después de pasar la noche con Nakoshi, la chica de arena se desmorona y toma una decisión que cambiará sus vidas para siempre. Los indigentes ven el parque invadido por un mundo lleno de rascacielos, dinero y moda en el que cada persona tiene un precio exacto; y el pasado empieza a aflorar y trae consigo crudas revelaciones.

Fascinación samurái

Ocho años después de su realización, Gohatto es todavía hoy la última película del veterano realizador japonés Nagisa Oshima, que conmocionó las plateas en los años 70 con El imperio de los sentidos, cinta que lucha con El último tango en París de Bertolucci, La naranja mecánica de Kubrick, Saló de Pasolini o La última tentación de Cristo de Scorsese por el galardón a film más escandaloso de todos los tiempos (aunque los motivos que llevarían a cada una a resultar vencedora sean bien distintos entre sí).



Este último film de Oshima arranca con la selección de candidatos a ser entrenados para convertirse en samuráis, que se regirán por el férreo código del Bushido. Solo dos de ellos consiguen pasar dicha prueba de iniciación, y entre ellos, una vez vivan bajo el mismo techo junto a otros compañeros, nacerá una relación de deseo.



El tema de la homosexualidad está contemplado por Oshima con naturalidad, sin buscar el escándalo gratuito, y ni siquiera parece ser el tema principal de esta historia ambientada en el año 1865, en plena dinastía Shogun. Al parecer, Oshima prefiere rodear a su samurái gay de una aureola de misterio, la cual contribuye -como en Teorema, del citado Pasolini- a subrayar la fascinación que despierta el nuevo entre muchos de sus compañeros.



Cabe destacar aquí el protagonismo de Takeshi Kitano, que aquí firma (como suele hacer cuando interpreta un papel en lugar de dirigir) como Beat Takeshi, y que en su última escena, al partir un cerezo con su katana, parece simbolizar en un momento cargado de fuerza lírica la llegada de una nueva generación de directores y una nueva manera de ver el cine. Un cine donde Nagisa Oshima, quizá por la desconfianza de sus productores ante su elevada edad, parece tener cada vez menos espacio.

Concrete 3: Grandezas y miserias de la ficción

Después de disfrutar con los volúmenes uno y dos de la imprescindible reedición del Concrete de Paul Chadwick que está publicando Norma Editorial, el tercer volumen de la serie, de título Una criatura frágil, confirma las excelencias que la han convertido en un clásico contemporáneo del noveno arte.



La historia principal de este tomo, y que le da título, muestra a un Concrete inmerso de lleno en la industria del cine de Hollywood, encargado aquí de parte de los efectos especiales de Los reyes del Omniverso (trasunto de ficción de Masters del Universo, producción de los años 80 concebida tras el éxito de la exitosa serie de muñecos de Mattel), con el fin de abaratar costes para la productora.

Chadwick demuestra en esta historia conocer muy bien los entresijos de Hollywood, de acuerdo con su propia experiencia en dicho ámbito: por ejemplo, el director del film es un sosías de Steve De Jarnatt, realizador de 70 minutos para huir y amigo personal de Chadwick, que en estas páginas demuestra que Hollywood y sus películas son criaturas tan frágiles como el propio Concrete.



Siete historias breves complementan el volumen, y en ellas Chadwick demuestra que ha creado un microuniverso propio, donde los personajes secundarios y las subtramas desaparecen momentáneamente para volver a aparecer páginas después, dando un sentido de realidad muy de agradecer.

De estas historias cabría destacar "Brillar con intensidad", cuyo título surge de una cita de Oscar Wilde sobre la creación artística, y cuya protagonista es la artista Melissa Strangehands, fan de Concrete que hace del gigante de piedra el principal motivo estético de su obra, como hizo Warhol con Marilyn. El arte es también protagonista de "El impulso artístico", la historia que cierra el volumen.



Cabe señalar también el relato "El secreto de Byrland", donde Concrete visita la obra de un escritor de ciencia ficción trasunto del célebre Harlan Ellison, uno de los defensores más acérrimos de la obra de Chadwick.

Y particularmente emotivos resultan "La siguiente será mejor", donde el autor refleja la soledad de su protagonista y su amistad con su perro Trípode, así como la conclusión de la tensa "Disparos en el crepúsculo", protagonizada por Maureen Vonnegut y Larry Munro, los amigos de Concrete.



En cuanto al arte gráfico, la labor de Chadwick, salvo en ocasiones muy contadas, es meramente funcional: no se encontrará el lector en las páginas de Concrete con un trabajo epatante que distribuya las viñetas de forma original, sino con un dibujo claro y preciso al servicio de buenas historias. Y dado la calidad de estas, somos incapaces de ponerle ningún pero al respecto.


Título: Concrete n.º 3: Una criatura frágil
Autor: Paul Chadwick (guión y dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: febrero de 2007
208 páginas (b/n) - 14 €


[Enlace recomendado: Columna de Abandonad toda esperanza: Corazón de piedra.]