Abandonad toda esperanza

miércoles, 6 de enero de 2010

Mechas



La Wikipedia lo explica bastante bien: "Un mecha (abreviación del japonés Meka, por la palabra inglesa mechanical) es un robot (humanoide, animal, medio de transporte, o armas móviles, etc.) de proporciones variables, diseñado tanto para protección de una ciudad como para uso militar u otros usos. Los mechas son un subgénero tanto en la rama de la ciencia ficción, como en la animación japonesa (anime), como en el ámbito de las historietas de Japón (manga) de donde provienen".



Ejemplos conocidísimos de este subgénero de la ciencia ficción tan popular en el continente asiático y luego extendido al resto del mundo son Mazinger Z, Robotech, Neon Genesis Evangelion o, ya en el ámbito occidental y con la variante de no ser pilotados por humanos sino tratarse de seres extraterrestres, los populares Transformers. Pero el género no acaba ahí, y sus influencia se extiende hasta nuestros días, como veremos, más allá de las películas de Michael Bay.



La primera obra que hoy comentamos está protagonizada por un mecha en toda regla y por un ser artificial. Lo primero que llama la atención de este Big Guy y Rusty el chico robot, que a mediados del año pasado editó Norma Editorial, es su formato: el tirón comercial de un autor se puede apreciar por lo general en la calidad física de las ediciones de sus obras. Buen ejemplo de ello es la obra que nos ocupa; téngase en cuenta que estamos ante una miniserie de dos entregas recogidas en un tomo de gran tamaño, tapa dura y sobrecubierta. Ahí es nada para la segunda colaboración entre el autor todoterreno Frank Miller y el ilustrador Geof Darrow después del celebrado Hard Boiled.



Los autores insisten en el género de la ciencia ficción, pero en esta ocasión lo hacen desde una perspectiva más cercana a la cultura popular, en concreto a la oriental: es obvio que los referentes de este título son personajes como el citado Mazinger Z y todo el subgénero de los mechas, así como el célebre Astroboy de Osamu Tezuka o los monstruos de dimensiones gigantescas como Godzilla, Mothra y demás.



La historia arranca, claro, con un experimento genético del gobierno que sale mal, y que vuelve a poner en tela de juicio la capacidad del hombre para jugar a ser Dios, igual que hizo en su día Mary Shelley en su popular novela Frankenstein o el moderno Prometeo. Dicho experimento da como resultado una criatura de un mal primario con forma de dinosaurio que no solo devastará la ciudad, sino que convertirá a sus ciudadanos mutándolos en criaturas parecidas a ella.



Obra de voluntad claramente paródica, permite a sus autores mostrar cómo el arma secreta del gobierno japonés -un niño artificial de energía nuclear que remite a la más popular creación de Tezuka- se muestra incapaz de resistir el ataque del monstruo en cuestión, obligando así al gobierno del país a pedir ayuda al enemigo imperialista. Y es que solo los Estados Unidos de América cuentan con alguien que pueda detener la amenaza: el colosal Big Guy.



Así, una página tras otra, Miller se permite reírse junto a sus lectores de los tópicos no ya solo del género, sino de los propios tebeos más ingenuos e inverosímiles, esos protagonizados por héroes capaces de bromear en el peor de los momentos (¿alguien ha dicho Spiderman?). Además, dicha voluntad paródica se ve reforzada sobre todo por la voz en off que relata la historia a la antigua usanza, en un discurso repleto de lugares comunes y tópicos por doquier. Ahí radica el mayor interés de la obra, si bien a algún lector puede parecerle que este se agota pronto y la narración pierde fuelle.



Pero, por supuesto, para los amantes de la acción visual el genio de la función es Geof Darrow, que como siempre elabora unas viñetas de un detallismo extremo y una espectacularidad sin parangón, dando un resultado más cercano a la escuela europea y a autores como Moebius, Enki Bilal o Juan Giménez que al cómic USA. Los fanáticos de Darrow se sentirán recompensados por el material extra de la (repito, lujosa) edición española, que incluye todas las portadas alternativas de la obra (hasta un total de trece) y dos pin ups, en los que el enorme Big Guy se ve acompañado por los en comparación empequeñecidos Spawn de Todd McFarlane y Ash de Joe Quesada y Jimmy Palmiotti.



Por su parte, y ya en territorio nacional, con Zorgo 2 regresa el villano megalomaníaco creado por Luis Bustos y cuyas primeras aventuras pudimos leer en el volumen anterior. Los robots gigantes no son propiamente los personajes centrales de estos relatos, pero sí el método principal que usa el malvado protagonista para conseguir su propósito principal, que no es otro, claro está, que el de conquistar el mundo y ponerlo bajo su yugo.



Como recordarán, Zorgo es un personaje creado por Bustos para las páginas del desaparecido Mister K... Ya saben, el magazine dirigido a un público infantil y juvenil creado por las cabezas pensantes de El Jueves, que lamentablemente no tuvo ni de lejos el éxito de su hermana mayor, una publicación que resiste a cualquier crisis que se le ponga por delante. Hay que reconocer que ahora las peripecias de este villano brillan en todo su esplendor gracias a la estupenda edición de Dibbuks, con sobrecubierta y extras como algunas portadas de Bustos para el citado Mister K, algunos bocetos... y, ojo al dato, un poster tridimensional (aunque no se incluyen las gafas 3D, lástima) con el protagonista desnudo (sic) al más puro estilo Playboy.



Por lo demás, el tomo continúa con el estilo de su predecesor: una divertida parodia -aunque ya se haya perdido el siempre agradable efecto sorpresa- de los cómics de superhéroes, las películas y los tebeos de superagentes secretos y mad doctors y similares, muy en la línea de la escuela Bruguera en general y del genial Superlópez de Jan en particular.



El lector, claro, puede entretenerse descubriendo los distintos homenajes que incluyen las viñetas, algunos muy explícitos y otros más velados: de la isla del Hombre Enmascarado de Lee Falk al Darth Vader de Star Wars, pasando por la Criatura de la Laguna Negra y el Vito Corleone de Marlon Brando cinematográficos o los eventos dedicados al cómic. Mientras tanto, unas historias (siempre de una página) le harán más gracia, y otras menos. Se trata de una obra, como suele pasar con series de estas características, con continuos altibajos, que no puede calificarse de genial pero tampoco merece ser ignorada.


Título: Big Guy y Rusty el chico robot
Autores: Frank Miller (guión) / Geof Darrow (dibujo)
Editorial: Norma
Fecha de edición: junio de 2009
80 páginas (color) - 17,50 €

Título: Zorgo 2
Autor: Luis Bustos (guión y dibujo)
Editorial: Dibbuks
Fecha de edición: noviembre de 2009
48 páginas (color) - 12 €


(+) Sputnik vs. Skylab (El blog de Luis Bustos)

1 comentario:

Arphönse dijo...

Un gran post sobre los mechas, enhorabuena.

Bajo mi punto de vista, Neon Genesis Evangelion y Mazinger Z son los claros referentes nipones de este genero. Pero encontramos muchos otros como Astroboy, que como muy bien comenta ud. de Osamu Tezuka esta considerado el primer "mecha" de la historia del manga si mal no recuerdo.

Tenemos otros también como Gunbuster, La visión de Escaflowne, Gundam Seed, Dai-Guard, Goldorak... y otro genero que yo creo que esta muy relacionado por su parte "mecanica", serían algunos seinen con los que me he topado como Chobits o Alitta Angel of Combat. Series cuyo objetivo es atraer a una audiencia masculina mayor de edad, cuyo trama argumental rodea a una chica robótica o bionica.

En fin, podemos continuar cerveza en mano si le apetece :)


Un abrazo a los 3!


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