
Hace ya tiempo que Enrique Vila-Matas dejó de ser un escritor para convertirse en un género literario. Desde hace varias entregas, posiblemente desde
Bartleby y compañía, o incluso desde antes, los libreros y los dependientes de las secciones de libros de grandes superficies se las ven y desean, o deberían si se toman su trabajo exageradamente en serio, para colocar el nuevo libro del escritor catalán en el
stand correspondiente. Así pues, ¿para cuándo un cartel que rece "Vila-Matas" al lado de "Novela", "Poesía", "Autoayuda" o "Libros de bolsillo"? De momento y en nuestra biblioteca, lo colocaremos en la estantería al lado de sus últimos libros, sean novelas o relatos, para localizarla con facilidad y por seguir con la estética de la colección Narrativa Hispánica de la editorial.

Esta incesante búsqueda de nuevos territorios para la literatura llega a un punto álgido con
Dietario voluble, su nuevo y puntual libro editado como los anteriores por
Anagrama. Decimos
puntual porque desde hace unos años, cada dos o tres y pasado el verano, el inicio de la temporada de novedades editoriales viene marcado por la publicación -de mano de la editorial, como Vila-Matas, oriunda de Barcelona- de las nuevas obras de Paul Auster y del autor de
Historia abreviada de la literatura portátil; y no se nos ocurre mejor manera de empezar un nuevo curso.

Con este diario, Vila-Matas da un paso más en su autodeconstrucción como escritor y su posterior metamorfosis en género; si de algunos escritores puede decirse que tienen un universo literario propio, de Vila-Matas podría argumentarse acerca de si no estamos ante un autor que
es un universo literario propio en sí mismo, poblado a su vez por escritores con mundos particulares.

Y es que, como ya imaginarán los muchos seguidores de su prosa, en sus páginas se encontrarán con esos autores que, necesitándolo o no, se han visto reivindicados por Vila-Matas: de Franz Kafka a Hermann Melville, pasando por Fernando Pessoa (y su cuadrilla de heterónimos), Italo Calvino, Raymond Queneau o Robert Walser, así como escritores contemporáneos como Claudio Magris, el desaparecido W. G. Sebald o el comando de literatos de América Latina que se han convertido a su vez en maestros y aprendices del propio Vila-Matas: el argentino Rodrigo Fresán, el mexicano Juan Villoro, el chileno y malogrado Roberto Bolaño.

Todos estos nombres son los pobladores del mundo de
Dietario voluble, cuyas páginas recogen las anotaciones personales de Vila-Matas desde diciembre de 2005 a abril de este mismo año. De esta manera, el autor demuestra que ha hecho de su propia vida cotidiana la materia de la que está construido su arte: vivencias personales, reales o apócrifas (recordemos que Vila-Matas es un maestro en eso de
dar gato por liebre, y no nos referimos ni mucho menos a la calidad literaria, sino a la veracidad de los hechos narrados y las citas de prohombres recurrentes), se suceden mientras vamos descubriendo algunas filias -literarias en su mayoría, aunque no todas- del autor, muchas de ellas publicadas en la edición dominical de
El País de Cataluña. Así, un servidor ha descubierto la existencia de
La ciudad en invierno de Elvira Navarro y de
Casa de Enrique Prochazka, libros que hará por no tardar demasiado en leer, viniendo su recomendación de mano de quien viene (con
La piel fría, el fenómeno de culto de Albert Sánchez Piñol, la jugada nos funcionó).

Pero no solo de libros vive el autor, y Vila-Matas, que fue crítico de
Fotogramas en sus años de juventud, es para sus lectores habituales como ese amigo del que te puedes fiar cuando te recomienda películas como
Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick,
La leyenda del tiempo de Isaki Lacuesta o algún trabajo del antaño encumbrado y hoy algo vilipendiado Michelangelo Antonioni o de su
discípulo Wim Wenders. Y como suele suceder con el autor de
Suicidios ejemplares, hasta en obras más narrativas como esa trilogía de novelas tan particular formada por
Bartleby y compañía,
El mal de Montano y
Doctor Pasavento, son tantas las referencias que al final de
Dietario voluble se echa de menos un índice onomástico y de obras, y que suponemos no aparece solamente para subrayar todavía más su condición de libro
antigenérico que no debería pasar, o no quieren que pase, por un ensayo o una recopilación de artículos.

Llegado este momento, y como hacía Fresán en
un artículo publicado el año pasado en Letras Libres, cabe preguntarse si Enrique Vila-Matas puede cambiar, y si de este
Dietario voluble -una obra que encantará a los seguidores de la faceta menos
narrativa de su autor, y que defraudará a los amantes del relato más convencional- hay una posible vuelta atrás (o un salto hacia adelante), o en cambio se ha abocado a un
cul-de-sac del que ya no se puede salir.

Y por si quedaba alguna duda en el aire: el libro nos ha entusiasmado. Pero eso no quita que tengamos mucha curiosidad, y muchas ganas también, ante el hipotético regreso del Vila-Matas de la maravillosa y recuperable
Una casa para siempre, a la postre una novela
antinovela, un libro de relatos
antirrelatos.
Dietario voluble
Enrique Vila-Matas
Barcelona, Anagrama, 2008
280 pp. - 18 €
(+) Previously on Abandonad toda esperanza:
- Exploradores del abismo[Imágenes: 3.ª- Paul Auster y Enrique Vila-Matas; 4.ª- Fernando Pessoa; 5.ª- Roberto Bolaño. 7.ª- Nicole Kidman en un fotograma de Eyes Wide Shut
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