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domingo, 10 de mayo de 2009

La Semana de la BD (VII): Mil Rayos

Para terminar con esta Semana de la BD nos hacemos eco de una noticia que desde hace unos días recorre la blogosfera especializada: acaba de nacer Mil Rayos, la Asociación Tintinófila de Habla Hispana, que debe su particular nombre a una de las expresiones malsonantes más recurrentes del cascarrabias pero entrañable capitán Haddock.



Más información acerca de la misma, en su página web.

sábado, 9 de mayo de 2009

La Semana de la BD (VI): Las recomendaciones del sábado



Cómic:
EL CASO DEL VELO
René Pétillon
(Norma Editorial, 2006)

En el París actual el Islam es la segunda religión mayoritaria; por ello no resulta tan extraño que la hija adolescente de un matrimonio de clase media formado por un cirujano atolondrado y una dentista dominante desaparezca para formar parte de un culto fundamentalista. Jack Palmer aceptará el trabajo de localizarla... Como ocurre en otros casos de su célebre detective privado, El caso de la top model o el exitoso El archivo corso, Pétillon hace uso del humor para ilustrar un conflicto religioso y satirizar de paso los usos y costumbres de la sociedad francesa contemporánea. Una obra divertidísima.



Ilustración:
VIAJE IMAGINARIO
Hugo Pratt
(Norma Editorial, 2009)

Aunque su obra abarca varias décadas de creación y obras de los géneros más variados, Hugo Pratt ha pasado a la historia del noveno arte como el creador del aventurero Corto Maltés, uno de los iconos más memorables de la historieta del siglo XX. Para su legión de fans está concebida una obra como esta, una delicatessen visual compuesta por las acuarelas realizadas por Pratt desde 1965 a 1995: más de cuatrocientas páginas plagadas de ilustraciones de los más variados entornos y figuras humanas. Un regalo de lujo para mirar y remirar durante horas; un verdadero deleite para la vista.


(De: El Periódico de Villena, n.º 178, 8-V-2009).

viernes, 8 de mayo de 2009

La Semana de la BD (V): Absolute Jodorowsky

Alejandro Jodorowsky es un artista todoterreno: actor, mimo, poeta, dramaturgo, músico, cineasta, guionista de cómics... hasta echador de cartas del tarot o promulgador de la ya célebre y terapéutica psicomagia.

A su figura y a parte de su obra, que pasa por la edición en DVD de sus tres películas más emblemáticas y la reciente publicación de la precuela de El Incal en formato integral, la primera entrega de Después del Incal y el conmovedor Pietrolino dedicado a Marcel Marceau, dedicamos la columna de Abandonad toda esperanza de hoy:

Jodo



[Fotografía: Alejandro Jodorowsky en El Topo (1970).]


(+) Previously on Abandonad toda esperanza, Alejandro Jodorowsky:
- El corazón coronado
- El Incal
- Los Borgia
- Alejandro Jodorowsky en Carta blanca

jueves, 7 de mayo de 2009

La Semana de la BD (IV): Calle de la estación, 120



Después de haber comentado en esta semana tres muestras recientes de la nouvelle BD como Mi pequeño, Pascal Brutal o La Virgen de plástico, hoy nos deberíamos vestir de gala para recibir a uno de los grandes de la historieta gala: el maestro Jacques Tardi, del que Norma Editorial acaba de publicar en tapa dura una de sus obras más completas y sugerentes. Nos referimos, claro está, a Calle de la estación, 120, adaptación de una novela policíaca de Léo Malet.



De la asociación entre los textos de Malet y la obra de Tardi ya habíamos leído Una resaca de cuidado y Niebla en el Puente de Tolbiac, si bien la obra más completa de Tardi hasta la fecha nos parecía sin lugar a dudas El secreto del estrangulador, una versión de un libro de otro novelista noir: Pierre Siniac. Ahora a esta le ha salido, aunque no pierda del todo su liderazgo, una dura competidora en La calle de la estación, 120.



Este álbum, mucho más extenso que los anteriores -casi alcanza las doscientas páginas-, reúne todos los elementos que han hecho de la novela enigma primero y de la novela negra después uno de los géneros literarios más perdurables, más apreciados y a la postre más modernos de toda la cultura universal. Para empezar, su argumento atrapa la atención del lector desde el principio, generando eso acerca de lo que el cineasta Alfred Hitchcock teorizó repetidas ocasiones, constituyó como el centro de su filmografía y acabó por constituirse un mago en su ejecución: el suspense.



El relato de Calle de la estación, 120 se desarrolla en la Francia de 1941, en plena nación ocupada por el ejército nazi: en un stalag, un campo de concentración, se encuentra Nestor Burma, un investigador privado que por razones obvias no vive uno de sus mejores momentos. La intriga arranca cuando uno de los prisioneros, aparentemente demente, pronuncia una dirección que a Burma no le dice nada: "Calle de la estación, 120".



Todo se complica cuando cuando Burma regresa a París, y en plena estación de tren se encuentra fortuitamente con un antiguo socio suyo al que disparan por la espalda, no sin que antes le dé tiempo de pronunciar la misma dirección. ¿Qué tenían en común el prisionero y el ex compañero de Burma? ¿Quién es la misteriosa mujer que portaba una pistola y que guarda un extraordinario parecido con una estrella de cine? ¿Y qué significa exactamente "Calle de la estación, 120"?.



Malet, vía Tardi, dosifica la información como un verdadero maestro: va sugiriendo pequeños detalles que luego se recuperarán, y a los que el lector prestará mayor o menor atención según su particular astucia -ojo a la cita explícita al maestro Edgar Allan Poe y su relato La carta robada-, hasta llegar a una conclusión en la que buena parte del plantel de secundarios de la historia se reúnen alrededor de Nestor Burma, que, al más puro estilo del Hercule Poirot de Agatha Christie -otra maestra de la literatura criminal-, pone todas las piezas del puzzle en su lugar correspondiente.



Pero lo mejor de Calle de la estación, 120, además de que todo encaje finalmente a la perfección, es que los diálogos de Malet y el espléndido trabajo gráfico de Tardi captan a la perfección eso que hizo grandes a algunas novelas y películas del género negro, y que es mucho más fácil de captar con una cámara de cine que con dibujos en negro sobre blanco: la atmósfera. El lector se pasea en compañía de Burma y sus compañeros por las brumosas calles de París, y le parece oler el aroma del café de los bares y escuchar el ruido de los viandantes. Todo ello dentro de un álbum imprescindible y de tanta riqueza que Jean-François Douvry pudo dedicarle todo un libro teórico al respecto.



Así pues, Calle de la estación, 120 se consolida como una obra indispensable para todo amante de la bande dessinée, así como un relato imprescindible para los fanáticos del género negro. No se lo pierdan.


Título: Calle de la estación, 120
Autor: Jacques Tardi (guión y dibujo, según la novela de Léo Malet)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: mayo de 2009
192 páginas (b/n)- 22 €

miércoles, 6 de mayo de 2009

La Semana de la BD (III): La Virgen de plástico



Continuamos con La Semana de la BD de la mano de Norma Editorial, esta vez con el álbum La Virgen de plástico de Pascal Rabaté y Olivier Prudhomme, que obtuvo el Premio Esencial en el Festival de Angoulême del año pasado. A Rabaté, autor también de Ibicus, lo conocimos el año pasado gracias a una de las obras más completas editadas a lo largo del mismo: Río abajo. Pero si aquella era una obra donde el autor se hacía cargo de toda la realización, incluyendo la parte gráfica, en esta ocasión se ha cedido los lápices a un Prudhomme que se nos antoja competente pero alejado del talento de su compañero.



La Virgen de plástico es una comedia humana en toda regla, una obra de protagonismo coral ambientada en una provincia cualquiera del interior de la Francia de ahora mismo, en el seno de una familia, los Garnier, tan funcional o disfuncional como cualquiera, y donde los principales conflictos parten del antagonismo entre los suegros del pater familias: un matrimonio de ancianos donde él es un comunista convencido que reniega de todo sentimiento religioso y ella una devota incondicional de la Virgen de Lourdes.



El conflicto principal alrededor del cual se construye el relato da comienzo con el regreso de la mujer de un viaje de peregrinación a Lourdes en compañía del párroco y otros feligreses de la tercera edad. A su vuelta, la señora se trae consigo como souvenir una figura de plástico de la Virgen, que colocada enseguida sobre el televisor pasa a decorar el salón para enfado de su esposo. Pero lo que en un principio no iba a pasar de ser un altercado familiar se complica mucho más cuando la figura parece empezar a llorar sangre...



La religión no es un tema que preocupe, no al menos más que el resto, a los autores, y en buena parte no deja de ser una excusa para reflejar y estudiar los comportamientos dentro del seno de una familia arquetípica de la clase media-baja contemporánea; un grupo humano integrado por varias individualidades, cada una con sus propias preocupaciones: el matrimonio que tiene que bregar con los padres de ella, el cuñado y su interés por el fútbol, o los citados intereses, absolutamente dispares, del matrimonio de ancianos, sirven como motor de arranque de varios conflictos con los que el lector se identifica en todo momento.



Lejos de la desbordante sensibilidad de Río abajo, La Virgen de plástico se asemeja más a una comedieta de enredo, aunque bajo esta apariencia superficial se esconda una competente radiografía de la condición humana. Una radiografía sobre la incomunicación y la convivencia que se enriquece considerablemente en apenas una viñeta, la que casi cierra el álbum, y que muestra a otro icono visual de la cultura occidental de los siglos XX y XXI llorando sangre. Con este final abierto -¿apostamos por un fraude al estilo de las caras de Bélmez para atraer incautos y por tanto posibles futuros clientes, o bien el milagro es real y viene a sugerir la santificación de un personaje tan mundano como Ronald McDonald?-, La Virgen de plástico gana enteros, y asciende posiciones en la lista de lo que podría ser el mejor cómic leído este mes.


Título: La Virgen de plástico
Autores: Pascal Rabaté (guión) / Olivier Prudhomme (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: abril de 2009
120 páginas (color) - 20 €

martes, 5 de mayo de 2009

La Semana de la BD (II): Pascal Brutal



Seguimos con La Semana de la BD y de la mano de Norma Editorial con Pascal Brutal, de Riad Sattouf, una obra que conocíamos ya en español gracias a la revista de Dibbuks El Manglar. En esta ocasión, la publicación incluye todas las tiras de la serie en una edición impecable, dentro de la línea de cómic de humor galo siguiendo a los álbumes de René Pétillon o la serie Las rubias de Gaby y Dzack publicados previamente, y con los que comparte características de edición.



Para hacer honor a la verdad, y siempre según nuestro gusto particular e intransferible, Pascal Brutal supera de lejos a los chistes sobre rubias, e incluso nos ha gustado más que los casos del investigador privado Jack Palmer, El archivo corso incluido, pues nos parece que hace gala de un humor mucho más cuidado y sofisticado... algo paradójico, dadas las características intrínsecas del personaje que lo protagoniza.



La acción del álbum, formada por 23 historias cortas de cuatro páginas -con la salvedad de una, de apenas dos-, está ambientada en la Francia del futuro: han pasado unos 30 años, y Eminem y 50 Cent llevan bastante tiempos muertos y se han convertido en mitos del rap y el hip hop (!)... Pero las cosas no han cambiado tanto, y los arquetipos tampoco: Pascal Brutal es, aparentemente, un producto típico del extrarradio parisino, un macho alfa caracterizado por su pelo corto y su perilla, una camiseta blanca, unas zapatillas deportivas Adidas de 1992 y un brazalete de plata con su nombre grabado. Es un individuo algo pendenciero, machista y de ideas retrógradas, y que probablemente sería homófobo convencido de no ser por su bisexualidad no asumida del todo, pero que tampoco parece generarle grandes conflictos...



El álbum arranca con una historia en la que el autor dialoga directamente con su personaje, y por tanto este a su vez lo hace con el lector, rompiendo así con la cuarta pared y estableciendo un diálogo que se mantendrá en algunos de los relatos que incluye el volumen. A partir de ahí, seremos testigos de las distintas peripecias que vive Pascal: paseos en motos veloces, salidas de marcha, conciertos al aire libre, encuentros amorosos puntuales tanto con mujeres como con hombres, y hasta un viaje al pasado en busca de sus ancestros.



Sattouf usa el truco de viajar al futuro para hablar de nuestro presente, e ironiza así sobre la sociedad occidental de ahora mismo siguiendo las peripecias de Pascal y los que le rodean: amigos (y enemigos), amantes (mujeres y hombres), y todo aquel que le rodea, que por supuesto se arriesga a recibir un buen puñetazo del fornido Pascal en cualquier momento. Pero lo que hace de Pascal Brutal una estupenda obra de humor es su ocasional imprevisibilidad: Pascal es capaz de hacer las mayores tonterías, pero tampoco es un tipo sin cerebro; es capaz de desatar la violencia más descarnada, pero también es un sentimentaloide que llora al ver la foto de un pequeño gatito dormido. Y no piense el lector que esto es prueba de que estemos ante un personaje desdibujado o mal matizado; cuando concluye la lectura del álbum, el protagonista se nos antoja un personaje verdaderamente memorable y creíble, y nos quedamos con ganas de más desventuras del mismo. Esperemos ver un día de estos un Volumen 2.


Título: Pascal Brutal
Autor: Riad Sattouf (guión y dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: abril de 2009
96 páginas (color)- 15 €

lunes, 4 de mayo de 2009

La Semana de la BD (I): Mi pequeño



Han querido el azar, o bien la acción premeditada de unos editores con buen gusto, que de la mano de Norma Editorial hayan coincidido con apenas unas semanas de diferencia varias novedades en nuetras librerías con al menos un elemento en común: su pertenencia a la llamada bande dessinée o BD, esto es, la historieta concebida como creación, publicación y principal explotación comercial dentro de las fronteras del mercado editorial francófono -especialmente, Francia y Bélgica-. A estos títulos dedicaremos toda una semana en este vuestro blog, incluyendo la inminente columna del viernes -con Jodorowsky de protagonista absoluto- y las próximas recomendaciones del sábado, de Hugo Pratt a René Pétillon.



Y empezamos hoy con la obra que de todas ellas está llamada a generar más debate, en tanto que provocará adhesiones incondicionales y rechazos furibundos. Nos referimos a Mi pequeño, debut en largas distancias -esto es, se trata de su primera novela gráfica de cierta considerable extensión- del belga Oliver Schrauwen; una obra que desde que fuera seleccionada en el Festival de Angoulème de 2007 ha venido sumando admiradores incondicionales a la particular mirada de su autor.

Si el noveno arte viene a ser la suma de texto e imagen gráficos, y alcanza su cénit cuando esta unión de elementos se lleva a cabo de tal manera que el resultado es una simbiosis perfecta entre ambos, esto es más verdad que nunca en una obra como Mi pequeño, donde los elementos que la conforman son mucho menos que la suma de sus partes. No obstante, en el relato de Mi pequeño prima la acción sobre el diálogo, como herencia patente y lógica de la previa dedicación de su autor al campo de la animación.



Mi pequeño narra la historia de un aristócrata y su hijo pequeño, desde el nacimiento de este y hasta un punto en el que el álbum termina... pese a que podría seguir indefinidamente, si bien Schrauwen da por finalizada la obra en un momento en el que el padre protagonista es consciente del terror que supondría perder a su hijo pequeño como tal en el mismo momento en que este creciera.

El álbum incluye cinco historias sin solución de continuidad, salvo la decisión lógica de arrancar con "El nacimiento de mi pequeño", cuatro páginas en trama de grises que sin necesidad de texto relatan la absurda llegada al mundo del pequeño protagonista, un bebé feo y contrahecho que costó la vida de la madre en el parto, y convirtió de inmediato a su progenitor en un viudo acaudalado que dedica su tiempo libre a pasear con su hijo y a disfrutar de la compañía de sus amigos en un club social seguramente exclusivo.



Salvo la historia "En el zoo de Amberes", de veinticinco páginas -esto es, casi la mitad del álbum-, el resto de relatos apenas alcanzan las ocho planchas. Esta es una herencia más de los primeros autores de cómic norteamericanos del siglo XX, cuando el noveno arte era todavía una disciplina incipiente que empezaba a forjarse en las páginas de los diarios y suplementos dominicales. Pero donde más se aprecia esta influencia es en el acabado formal: el trazo de Schrauwen, definido por el uso de colores planos y la escasa atención que se presta al fondo (en muchos casos prácticamente inexistente), así como el tratamiento envejecedor del color, recuerda a autores como Richard F. Outcault (The Yellow Kid), George McManus (Bringing Up Father) o, claro, Winsor McCay (Little Nemo)... todos aquellos nombres propios que empezaban a crear obras artísticas mucho antes de que Will Eisner y su The Spirit modernizaran los recursos narrativos y estilísticos del lenguaje del cómic.

A modo de engarce entre las distintas historias, Schrauwen realiza unas estampas a toda página herederas directas de las pinturas de Edward Hooper, que muestran a padre e hijo en diversos escenarios, y en algunas de las cuales la presencia de estos personajes es apenas perceptible, siendo reducida casi a un punto de colores a lejana distancia. En estas pinturas, como en las propias historias, Schrauwen sigue apostando por los colores planos y el aspecto avejentado.



"Los colores apagados y angustiosos de Schrauwen nos remiten a las reliquias perdidas de los dominicales de los periódicos norteamericanos, y a las revistas y libros infantiles europeos de hace más de un siglo, pero con un delicioso e inquietante giro a lo David Lynch. ¡Más, por favor!". Estas son palabras de Paul Gravett, que aluden a una unión de dos elementos al parecer antitéticos -los cómics primitivos de la prensa de principios del siglo XX y el cine postmoderno del realizador de Carretera perdida-, si bien el citado Hooper podría ser un nexo de unión entre Schrauwen y Lynch, este último rendido admirador del pintor norteamericano. No obstante, críticas posteriores han reincidido en vincular Mi pequeño al cine de Lynch en general y a su debut en el largo Cabeza borradora en particular... aunque las concomitancias entre estos dos relatos sobre la paternidad sean más bien superficiales, y dentro de su onirismo el film de Lynch sea más fácilmente comprensible, siempre como una metáfora del miedo a la responsabilidad paterna de tener descendencia.



Así pues, estamos ante una obra tan inclasificable como fascinante, cuyo atractivo apela antes al subconsciente del lector que a cualquier lectura e interpretación lógicas que se le quieran dar. Un servidor, de momento, se confiesa admirador del trabajo de Olivier Schrauwen, prestará atención a futuros trabajos suyos... y volverá a sumergirse en las páginas de esta breve, plácida y aparentemente inofensiva pesadilla angustiosa titulada Mi pequeño.


Título: Mi pequeño
Autor: Olivier Schrauwen (guión y dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: mayo de 2009
56 páginas (color) - 15 €


[Fotografía: Cabeza borradora (1977), de David Lynch.]