Abandonad toda esperanza

martes, 17 de noviembre de 2009

Bodrios que hay que ver: Robot Ninja

Es ya lugar común decir que hasta la aparición de Alejandro Amenábar, John Carpenter era el único director de cine que además componía sus propias bandas sonoras. Pues hete aquí, amable lector de estos "Bodrios que hay que ver", que he descubierto a otro capaz de hacerlo. Bueno, lo de capaz igual es discutible...



Este caballero tan majo no es otro que J. R. Bookwalter, autor de películas de títulos tan prometedores como The Dead Next Door, Zombie Cop, Kingdom of the Vampire, Galaxy of the Dinosaurs, Humanoids from Atlantis, Ozone, The Sandman -esta la vi hace años y la recuerdo penosa penosa- y las partes segunda y tercera de Witchouse. Vamos, un carrerón. Pero si hay un film que destaca en su producción, y que le ha granjeado legiones de fanáticos del cine de serie Z, ese es sin duda el que hoy nos ocupa: Robot Ninja. ¿Verdad que el título ya promete... pesadillas? Pues en efecto, esta producción de 1989 es una de las películas más casposas y lamentables jamás filmadas, y pasa a engrosar desde ya no solo la lista de bodrios protagonizados por héroes, superhéroes o antihéroes de saldo -recuerden a Vampirella, La Mujer Murciélago o el Lightspeed de Stan Lee-, sino que incluso merecería estar en un hipotético "Top 10 de lo Más Peor" que ha pasado por esta simpática sección de los martes.



En realidad, Robot Ninja cuenta con un argumento que sin ser nada del otro jueves podría haber dado mucho más de sí: Leonard Miller es un autor de cómics cuya fama proviene de su más célebre personaje, el justiciero Robot Ninja. Es tal su éxito que una cadena de televisión ha comprado los derechos del personaje y emite una serie sobre sus andanzas emulando el tono naif del Batman de los años 60 -detalle para los más friquis: el mandamás de la cadena está interpretado por Burt Ward, el Robin de dicha serie-, lo cual le da a su creador unos beneficios económicos importantes. Pero el bueno de Leonard no está satisfecho con la adaptación, pues según él malogra el tono serio del cómic y convierte a su personaje en un pelele infantiloide. Por si esto fuera poco, la editorial intenta convencerlo continuamente de que suavice el contenido de sus historietas para acercarlo más a la exitosa serie y poder así ampliar el número de lectores.



Harto de estas intromisiones en su creatividad, y después de ser testigo de cómo un grupo de pandilleros ultrajan y asesinan a una pareja que salía de cenar en un restaurante, convence a un amigo suyo que es inventor -qué apropiado, ¿no?- para que le diseñe un traje similar al de su personaje, a prueba de balas, provisto de cuchillas mortales en las muñecas y con un distorsionador de voz que impresione a los criminales. De esta forma, Leonard se convierte en su propia creación, pretendiendo así ayudar a los inocentes en peligro y, de paso, recordar al mundo que este es un lugar peligroso y que resulta necesario tomarse en serio a personajes como Robot Ninja... Claro, más le valdría haberle puesto un nombre menos ridículo, así como una apariencia que recordara un poco menos a Schredder, el villano de Las Tortugas Ninja. Todavía no entiendo como Eastman y Laird no lo denunciaron por plagio.



Lo más interesante del film es cómo retrata la evolución del personaje de Miller, que pasa de ser un chaval con la mejor de las intenciones a convertirse en un justiciero psicótico ávido de sangre, capaz de eliminar sin piedad a los mencionados pandilleros (liderados por una mujer de raza hispana que intenta impresionar y lo único que consigue es dar risa)... Aunque, como he leído por ahí, a estos Charles Bronson se los habría cepillado en los primeros diez minutos de película sin necesidad de traje, cuchillas o distorsionador de voz. Por lo demás, finalmente, un Leonard cada vez más desquiciado acaba suicidándose, y sus últimas planchas -que muestran lo mismo que sucedió en realidad- revelan que todo formaba parte de un plan urdido con anterioridad.



Entonces, si la idea no es tan mala... ¿Por qué Robot Ninja es tan, tan, tan, tan lamentable? Pues, para empezar, porque el oficio de los actores, del primero al último, es profundamente deficiente, y el hecho de que sus personajes se apelliden como directores, guionistas o actores del cine fantástico de la época -Cameron, De Palma, Hickox, O'Bannon, Spinell, Barbeau- tampoco es el colmo de la originalidad, y se ha hecho antes (El terror llama a su puerta) y después (Destino final). Pero, sobre todo, el desastre es culpa de Bookwalter, cuyo talento como realizador brilla por su ausencia. Por si esto fuera poco, el presupuesto del film se adivina mucho, muchísimo más irrisorio que el bautizo de cualquiera de vuestros sobrinos. Es más: el acabado del film -que, dicho sea de paso, no pasa de los setenta y pocos minutos- recuerda poderosamente al de cualquier realización en vídeo de la boda más chusca a la que jamás hayamos asistido, y cuenta con unos títulos de crédito, unos efectos especiales y una partitura original realizados con un ordenador Amiga (no es broma, véanlo en los créditos finales). Por supuesto, en este desaguisado Bookwalter ejerce de hombre orquesta capaz de dirigir, producir, escribir, montar, componer la banda sonora y hasta interpretar un papel secundario. Así le salió.



En fin: que Robot Ninja -donde, por cierto, participa en labores de producción el simpar David DeCoteau, director de Crepozoides, y donde aparecen presencias de culto como Scott Spiegel y Linnea Quigley- es de lo más lamentable que sus retinas llegarán a contemplar jamás. Avisados están. Y por si tienen curiosidad, en su web oficial J. R. Bookwalter habla de últimas tecnologías y de sí mismo, en ese orden.

1 comentario:

Victor Olid dijo...

Esa foto de Bookwalter, no se de que me suena...


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