Abandonad toda esperanza

miércoles, 12 de mayo de 2010

Mamotretos

Las novelas concisas, no digamos ya los relatos, no están de moda. Vean si no los siguientes ejemplos... Ya se pueden adquirir en España las últimas novelas de dos autores bien representativos de sus respectivos géneros... Con Sangre vagabunda (Ediciones B), el maestro de la novela negra contemporánea James Ellroy ofrece la tercera y última entrega de su "Trilogía Americana", mientras que con La cúpula (Plaza & Janés) el superventas Stephen King regresa a lo que mejor sabe hacer: urdir tramas corales en pequeños pueblos de la Norteamérica rural azotados por la intromisión de un elemento fantástico. Respectivamente, vienen a ser 776 y 1.136 páginas.



Por su parte, la escritora A. S. Byatt, autora de Ángeles e insectos y Posesión, vuelve a ofrecernos un relato ambientado en la época victoriana que tanto le gusta reflejar en sus novelas. Pero en este caso lo de relato es una manera de hablar: El libro de los niños (Lumen) son 958 páginas del ala.



Por si fuera poco, este mes se publica en España el último título del gran Thomas Pynchon: Contraluz (Tusquets). Su extensión: 1.340 páginas (!). Al parecer, ha sido la dificultad de traducir al español semejante torrente de sintaxis pynchonesca lo que ha provocado el retraso en publicar la versión autóctona de este Against the Day del ya lejano 2006.



Son novelas todas ellas a las que les tengo muchas ganas... pero su extensión obliga a retrasar su lectura a los meses de verano, cuando las vacaciones académicas me dejen el tiempo libre necesario para dar cuenta de ellas. Por esa misma razón, todavía están en la pila de lecturas pendientes títulos del año pasado, como El mapa del tiempo de Félix J. Palma (Algaida) o La soledad de Charles Dickens de Dan Simmons (Rocaeditorial)... respectivamente, 624 y 878 páginas, lo que no es moco de pavo.



Así pues, no duden en que tarde o temprano tendrán noticias de algunos de estos títulos en este vuestro blog... pero será cuando llegue el buen tiempo, en todos los sentidos de la expresión.

[Fotografías: 2.ª- A. S. Byatt; 4.ª- Félix J. Palma.]

5 comentarios:

Álvaro Quintana dijo...

Lo de loas mamotretos de casi/ más de 1000 páginas es una costumbre de los escritores americanos que en Europa nos cuesta entender. Yo diría que el "tocho medio" de novela española anda por las 400-600 páginas, bastante lejos de sus homólogos americanos.
Tal vez tenga que ver con ese mito recurrente de "la Gran Novela Americana". Rodrigo Fresán tiene un buen artículo al respecto:

http://www.letraslibres.com/index.php?art=7625&rev=2

Y eso que sólo hablas de novedades, grandes escritores como Pynchon o Ellroy. Luego tenemos los grandes clásicos que nunca nos atrvemos a abordar por su inabarcable exténsión. Hace tiempo escribí algo sobre el tema, por si te interesa:

http://espitolas.blogspot.com/2009/12/monstruos-de-papel.html

Un saludo!

Wolfville dijo...

Algunos libros largos me encantan (todo esto se remonta al siglo XIX y a los tochos de Melville, Dickens o Trollope) pero en algunos que leo en la actualidad me pregunto muchas veces "¿Realmente hacían falta tantas páginas para contar esto?". Me pasa mucho con Stephen King precisamente, aunque por lo demás es un autor que me gusta.

Y de Pynchon tengo ahí recien comprado "El Arco Iris de la Gravedad" que tampoco es moco de pavo: ¡¡1.148 páginas!!

Saludos.

Riesgo dijo...

Parece que a los escritores les pagasen por palabras.

El caso de Stephen King es demencial. Seguro que no le pagarían una millonada por una novela de 200 páginas.

Con esto no quiero decir que esté en contra de las novelas largas. Al contrario. Cuando una novela la disfrutas no quieres que se acabe, el IT de King o el famoso "Los pilares de la Tierra" de Follett los disfruté como un enano, pero como bien dice Wolfville, que no nos metan relleno, por favor.

Cinemagnificus dijo...

Me encantan ambas cosas: mamotretos y novelitas concisas, pero creo a veces que una novelita concisa o un relato corto es más difícil de hacer que un mamotreto.

padawan dijo...

Bueno, pasa igual que con las películas: hay algunas que duran tres o cuatro horas por que es lo que necesitan, al igual que hay novelas que necesitan cientos de páginas para desarrollarse. El problema es cuando hay que meter páginas y páginas de relleno. Me gustaba el término paginitis, creo que al principio se usaba para esas sagas (siempre son sagas) de fantasía de n (n>=3) volúmenes de 600 páginas o más cada uno, en los que se contaba la misma historia de siempre, pero alargada hasta el absurdo.

Es una discusión que ya he tenido relacionada con los metrajes cada vez más excesivos en la cartelera, que acaba imponiendo una norma no escrita en el que todas las películas tienen que durar al menos dos horas, en lugar de la hora y media habitual, y claro, lo que pasa es que en la mayoría de los casos, acaban teniendo esa media hora de... nada en absoluto.


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