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jueves, 16 de noviembre de 2017

Miguel Hernández, poeta en el cómic (3/3): La voz que no cesa


Con motivo de la celebración del IV Congreso Internacional "Miguel Hernández, poeta en el mundo" en Alicante y Orihuela del 15 al 18 de este mes, en este vuestro blog dedicamos tres entradas consecutivas a otros tantos cómics centrados en la figura y la obra del poeta oriolano.




Estos tres títulos son Me llamo barro de Pedro F. Navarro y Miguel Ángel Díez, Miguel Hernández. La fontana eterna de Román López Cabrera, y La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández de Ramón Pereira y Ramón Boldú. Tres obras, todas ellas muy recomendables, que comentaremos en orden cronológico según la fecha de publicación.




Tal y como señalamos ayer al reseñar Miguel Hernández. La fontana eterna, dos fueron los cómics relacionados con el poeta Miguel Hernández (1910-1942) que vieron la luz en 2013; y es que en diciembre de ese año, apenas un par de meses después de que el Ayuntamiento de Orihuela publicara la citada novela gráfica de Román López Cabrera, la extinta EDT (antes Glénat España) editó La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández, una novela gráfica escrita por Ramón Pereira y dibujada por Ramón Boldú... aunque ambos firmaran al alimón los diálogos del álbum.




Tal y como subraya el subtítulo del volumen, la aproximación de Pereira y Boldú a la figura de Miguel Hernández es en principio la más "convencional" de las tres obras mencionadas al principio de esta nota, pues se trata de un intento de relato biográfico más o menos exhaustivo... que se salda con un éxito considerable. Y es que en las más de cien páginas de las que consta la obra (también es, con diferencia, la más extensa de las tres) se contempla todo el recorrido vital de su protagonista, desde su nacimiento en 1910 en Orihuela hasta su muerte en 1942 en el Reformatorio para Adultos de Alicante.


Ramón Pereira y Ramón Boldú


Entre un hecho y otro, Pereira y Boldú recuperan los hechos más significativos de la vida del autor de Viento del pueblo: su infancia, marcada por la figura de un padre autoritario que no comprende el interés de su hijo por los libros y que le obliga a abandonar la escuela para poder ejercer de cabrero; su formación como lector y su desarrollo como escritor; su relación con Josefina Manresa, con quien terminaría casándose años después; sus desplazamientos a Madrid, donde conoce a lo más granado de la intelectualidad del momento -como Federico García Lorca, que le repudiará; o el chileno Pablo Neruda, que se convertirá en un amigo y aliado hasta el final- y donde mantendrá una relación íntima con Maruja Mallo; el estallido de la Guerra Civil, que trae consigo el despertar de su conciencia política; y, por supuesto, su paso por un gran número de instituciones que lo retendrán prisionero y que terminarán matándolo poco a poco al no cuidar como era necesario su tuberculosis, que termina degenerando en tifus.




Para construir este relato, e inspirado por el texto inacabado "El gorrión y el prisionero", Ramón Pereira -también, como Román López Cabrera y el mismo Hernández, poeta: Hachís recoge su poesía completa de 2005 a 2011- opta al igual que hicieron Navarro y Díez en Me llamo barro por contarlo desde una perspectiva posterior a la mayor parte de los hechos; pero en lugar de recurrir a un personaje secundario (como lo fue allí el Nobel de Literatura Vicente Aleixandre), es aquí el propio autor de Perito en lunas quien rememora los momentos más significativos de su existencia encerrado tras los barrotes de una celda.




Por su parte, es de agradecer que la intrusión de la editorial en el proyecto inicial -que pasaba por que una extensa nómina de autores ilustrara los distintos momentos de la vida de Miguel Hernández- acabara provocando que fuese uno de los artistas convocados, Ramón Boldú, quien se encargara de dibujar la novela gráfica al completo. Y es que Boldú, especialista en el relato autobiográfico -como atestiguan los volúmenes Bohemio pero abstemio, El arte de criar malvas y Sexo, amor y pistachos-, le toma aquí el pulso a la figura de Miguel Hernández y lo resucita para el deleite del lector actual recuperando el sentido del humor de su protagonista... sin que ello vaya en detrimento de la fuerza desgarradora de los episodios más dramáticos de su vida. El resultado es, pues, el acercamiento gráfico más completo a la vida de Miguel Hernández y por tanto una lectura, más que recomendable, necesaria.




Título: La voz que no cesa. Vida de Miguel Herdnández
Autores: Ramón Pereira (guion) / Ramón Boldú (dibujo)
Editorial: EDT
Fecha de edición: diciembre de 2013 [descatalogado]
136 pp. (b/n) - 19,95 €


Reedición:
Editorial: Astiberri
Fecha de edición: agosto de 2017
144 pp. (b/n) - 15 €

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Miguel Hernández, poeta en el cómic (2/3): La fontana eterna


Con motivo de la celebración del IV Congreso Internacional "Miguel Hernández, poeta en el mundo" en Alicante y Orihuela del 15 al 18 de este mes, en este vuestro blog dedicamos tres entradas consecutivas a otros tantos cómics centrados en la figura y la obra del poeta oriolano.




Estos tres títulos son Me llamo barro de Pedro F. Navarro y Miguel Ángel Díez, Miguel Hernández. La fontana eterna de Román López Cabrera, y La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández de Ramón Pereira y Ramón Boldú. Tres obras, todas ellas muy recomendables, que comentaremos en orden cronológico según la fecha de publicación.




En 2013, tres años después de que se celebrara el centenario del nacimiento de Miguel Hernández (1910-1942), quiso la fortuna que en el margen de muy pocos meses se publicaran dos novelas gráficas centradas en la figura del poeta oriolano, y que se sumaban de esta forma al anterior Me llamo barro de Pedro F. Navarro y Miguel Ángel Díez en el corpus de la historieta vinculada al autor de Viento del pueblo. Y aunque La voz que no cesa de Ramón Pereira y Ramón Boldú tuvo una mayor repercusión mediática al venir de la mano de una de las editoriales especializadas más importantes del país (la hoy desaparecida EDT, antes Glénat España), quien se adelantó en la recuperación de las palabras de Hernández fue el autor de cómics murciano Román López Cabrera con su obra Miguel Hernández. La fontana eterna.




La aproximación a Hernández que propone en esta obra su autor, responsable igualmente del recomendable Secret Family, es quizá la más novedosa por inusual de las llevadas a cabo en el ámbito de la historieta naciional: lejos de ofrecernos una biografía al uso, o ni siquiera un perfil basado en los recuerdos de un personaje interpuesto (como el Vicente Aleixandre de la citada Me llamo barro), el a la sazón también poeta López Cabrera (en 2008 publicó el poemario La vida de las cerillas) opta por ofrecernos una serie de historias entrecruzadas (ocho, que se desarrollan en nueve capítulos) protagonizadas por una serie de personajes cuyo vínculo entre sí es precisamente su relación con la obra del autor de Perito en lunas.


Román López Cabrera


Así, por las páginas de La fontana eterna desfilan una niña que descubre por vez primera a Miguel Hernández en una visita escolar a la que fue su segunda casa, hoy convertida en un museo en su recuerdo; un muchacho no precisamente ducho en el mundo de la lírica que pretende conquistar a una lectora irredenta del escritor alicantino; un joven sacerdote enemistado con su padre; un individuo que engaña a su novia con otra mujer; un hombre que se ve inmerso en el enfrentamiento entre unos manifestantes en contra de los recortes en sanidad y educación por parte del gobierno y las fuerzas policiales que tratan de reprimirlos; los miembros de una banda de rock que participan en un homenaje musical en memoria de Hernández; el corresponsal de un periódico español destinado en Colombia; y un autor de cómics que se debate entre su integridad artística y la necesidad de subsistir económicamente mediante su trabajo... y en el cual muchos querrán ver, sin duda, a un álter ego del propio autor.




A partir de las historias personales de todos estos personajes, López Cabrera rememora distintos episodios, en estricto orden cronológico, del devenir biográfico de Miguel Hernández: su infancia difícil, marcada por un padre autoritario que le obliga a abandonar el colegio y una incipiente carrera académica más que prometedora para que le ayude en sus labores de pastoreo; sus primeros galanteos con Josefina Manresa, que tiempo después se convertiría en su esposa y madre de sus hijos; su enfrentamiento con su amigo Pepe Marín, alias Ramón Sijé, debido a sus discrepancias en materia religiosa; la infidelidad de Miguel Hernández con Maruja Mallo durante su estancia en Madrid; su participación activa en la Guerra Civil; o su penosa permanencia en prisión y su posterior fallecimiento, enfermo de tuberculosis y tifus, entre los muros de la enfermería del Reformatorio para Adultos de Alicante.




A la hora de relacionar pasado y presente (esto es, la vida de Miguel Hernández y el devenir cotidiano de los distintos personajes contemporáneos), López Cabrera entrelaza ambas líneas cronológicas con una composición de página de corte clásico y lectura diáfana y un estilo visual accesible y agradecido de leer, al tiempo que recupera textualmente un gran número de poemas y versos de Miguel Hernández (a lo que responde la extensa bibliografía que se incluye al final del volumen). El resultado es un cómic estupendo que proporciona un rato de agradable lectura y, lo que todavía es más importante, que puede ser de gran utilidad para difundir la obra de Miguel Hernández entre aquellos que todavía no la conocen, muy especialmente entre los más jóvenes. Que de eso se trataba... además de difundir el propio medio entre los amantes de la poesía del oriolano, que también.




Título: Miguel Hernández. La fontana eterna
Autor: Román López Cabrera (guion y dibujo)
Editorial: Ayuntamiento de Orihuela
Fecha de edición: octubre de 2013
78 pp. (color) - 10 €

martes, 14 de noviembre de 2017

Miguel Hernández, poeta en el cómic (1/3): Me llamo barro


Con motivo de la celebración del IV Congreso Internacional "Miguel Hernández, poeta en el mundo" en Alicante y Orihuela del 15 al 18 de este mes, en este vuestro blog dedicamos tres entradas consecutivas a otros tantos cómics centrados en la figura y la obra del poeta oriolano.




Estos tres títulos son Me llamo barro de Pedro F. Navarro y Miguel Ángel Díez, Miguel Hernández. La fontana eterna de Román López Cabrera, y La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández de Ramón Pereira y Ramón Boldú. Tres obras, todas ellas muy recomendables, que comentaremos en orden cronológico según la fecha de publicación.




En el año 2010 se cumplía el centenario del nacimiento del poeta oriolano Miguel Hernández (1910-1942), y para conmemorar esta efeméride se llevaron a cabo diversas actividades, varias de ellas vinculadas al noveno arte. En este ámbito, la más significativa fue la publicación de Me llamo barro, un trabajo de encargo que el malogrado editor Paco Camarasa confió a una pareja de autores, Pedro F. Navarro y Miguel Ángel Díez, que lo hicieron suyo y acabaron dando forma a una obra personal y auténtica, lejos de las convenciones comerciales y otras pleitesías seudoartísticas.




La aproximación que Navarro y Díez ofrecen en las páginas de Me llamo barro es la de un relato biográfico, no exhaustivo pero sí bastante completo: se recoge del nacimiento a la muerte del poeta, haciendo hincapié en los hitos más significativos de su recorrido vital... Su infancia difícil, su formación y consolidación como poeta, sus viajes a Madrid y las consiguientes relaciones con el microcosmos artístico e intelectual de la época, el estallido de la Guerra Civil y su penosa etapa encerrado entre los muros de diversas prisiones.


Pedro F. Navarro y Miguel Ángel Díez


No obstante, lejos de recurrir a la figura de un narrador impersonal y omnisciente, los autores recuperan la figura del escritor sevillano y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre, el que fuera amigo personal de Miguel Hernández durante buena parte de su vida, y que aquí rememora desde su senectud la presencia de su colega fallecido realizando una serie de calas en su devenir biográfico. Por supuesto, y al margen de que el triste final del protagonista sea de dominio público, el hecho de construir la historia desde un presente (que para el lector ya es también pasado, aunque menos remoto) en el que Hernández ya no está, confiere a la obra un poderoso hálito de melancolía y un sentimiento de tristeza ante una conclusión dramática pero inevitable.




Al margen del relato per se, lo que más llama la atención es el diseño conceptual (y por extensión editorial) de la obra: renunciando a la habitual amalgama de viñetas por plancha, cada página incluye una única ilustración y una cartela superior con los recuerdos de Aleixandre hechos texto, al estilo de las aleluyas en las que muchos teóricos han querido ver uno de los antepasados más obvios del cómic... y posiblemente no muy distintas de las propias "historietas" que alguna vez realizó Miguel Hernández y que recitaba, a modo de romances de ciego, en las calles de Madrid para tratar de difundir sus versos. Solo en algunas ocasiones Navarro recurre a otro de los rasgos distintivos del medio, el bocadillo o globo, para introducir en la narración algún diálogo puntual del protagonista o de otros personajes secundarios del relato.




Esta osada decisión por parte de los autores, junto con el -por otra parte, excelente- estilo gráfico de Miguel Ángel Díez (que recurre aquí a un dibujo en color pero siempre de tonos apagados y donde imperan, además del blanco y negro, el gris y el marrón tierra), fue quizá la que acabó provocando, a decir del propio guionista, que la recepción de la obra no fuese todo lo satisfactoria que debiera haber sido, sobre todo teniendo en cuenta las indiscutibles excelencias de las que hace gala y que se sumaron a la celebración del centenario del autor de El rayo que no cesa: en su momento, Me llamo barro fue percibido por buena parte del que habría sido su público potencial como un álbum ilustrado para adultos, aunque la concepción narrativa del relato y el ya indicado empleo de bocadillos para los diálogos lo acreditan como un cómic con todas las de la ley. Un cómic, sobra decirlo, que merecía más suerte de la que tuvo (comercial, que no crítica, pues esta fue más que positiva), y que por tanto merece recuperarse ahora sin necesidad de celebraciones que lo justifiquen.




Título: Me llamo barro
Autores: Pedro F. Navarro (guion) / Miguel Ángel Díez (dibujo)
Editorial: Edicions de Ponent
Fecha de edición: noviembre de 2010 [descatalogado]
80 pp. (color) - 20 €