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viernes, 24 de noviembre de 2006

Héroes cotidianos

Ya hablamos en su día de United 93, la otra película del año sobre el ataque terrorista del 11-S. Ahora hemos tenido la ocasión de ver World Trade Center, la producción que Oliver Stone ha dirigido sobre el tema. Y aunque ambas películas se compararon en su momento dado el origen histórico que comparten, es obvio que no tienen nada que ver ni en fondo ni en forma.



Y aunque preferimos de lejos la cinta de Paul Greengrass, World Trade Center no merece los virulentos ataques que recibió en el momento de su estreno, debidos sin duda a su carácter de producción mainstream, así como al talante patriótico de la cinta, que muchos consideraron sorprendente viniendo de un director tan contestatario como el autor de Salvador o JFK.

Aunque basada también en hechos reales, la cinta de Stone, frente a la tragedia concreta relatada en United 93, pretende representar a todo un grupo social: los policías, bomberos y demás voluntarios que ayudaron a rescatar a las víctimas del atentado, así como a los miles que allí fallecieron en aquella fatídica jornada. Por supuesto, esto le ha supuesto críticas por ensalzar a organismos públicos y por hacer un (presunto) cine fácil por parte de aquellos que, como señalaría Nanni Moretti, no creen en las personas.



Ni qué decir tiene que Stone lo tiene fácil, dado el tema, y haciendo uso de la música de forma adecuada, a la hora de emocionar al espectador. Pero eso no quita para reconocer el talento narrativo de un cineasta que ha demostrado en sobradas ocasiones que sabe hacer cine.

Así lo demuestra en lo que es, curiosamente, lo mejor de la película: los quince minutos iniciales, la calma que precede a la tormenta, donde se muestra una ciudad, Nueva York, que se despierta poco a poco, como sus personajes, sumida en un estado de placidez que va desapareciendo conforme avanza la jornada, y que desaparece cuando el primer avión se estrella contra una de las torres.



Si a esto sumamos el mérito de conseguir mantener el interés del público durante dos horas en una película cuya mayor parte del metraje consiste en dos hombres atrapados entre los escombros, y la preocupación de sus respectivas familias por si volverán a verlos con vida, resulta obvio que World Trade Center es, ya sólo por eso, una película a tener en cuenta.

Mentirosos de diverso pelaje

Dos de los cineastas favoritos de un servidor son Woody Allen y Martin Scorsese. De sus dos últimas películas, la decepcionante Scoop y la portentosa Infiltrados, hablamos esta semana en la columna de Abandonad toda esperanza.

Podéis leerla pinchando aquí:

Cal y arena

jueves, 23 de noviembre de 2006

Diciembre: Novedades Ponent Mon

Un cómic francés y otro japonés son las dos interesantes novedades de Ponent Mon para el mes de diciembre:



- París Londres
Joann Sfar
104 pp. - 18 €

El "París-Londres" es un barco de vapor revolucionario que realiza la conexión entre París y Londres sin pasar ni por Calais, ni por Dover. Este barco pertenece a un consorcio de industriales bávaros dirigido por el nebuloso doctor Krupp. Estos inversores alemanes vienen a secuestrar al monstruo del Lago Ness para arruinar Escocia y relanzar el turismo en Baviera. Y, como si eso no fuera bastante, el Pachá hipnotizador se escapa, y aparece Malka de los leones, que debe resistir los ataques de las mujeres ninfómanas de Krupp...



- Diario de una desaparición
Hideo Azuma
200 pp. (b/n) - 17 €

Hideo Azuma se adentra en el género autobiográfico y relata en primera persona sus repentinas desapariciones de casa, cuando dejó de ser un mangaka de éxito para convertirse en indigente, gasfitero profesional, alcohólico en rehabilitación... Esta obra merecedora de los tres galardones más importantes que concede el mundo del manga en Japón lanza una mirada cargada de ironía sobre las presiones que soportan los autores en su vida, que normalmente se queda detrás de la página.

Amiga mortal

Amiga mortal fue el título de una joya del cine de serie B que Wes Craven dirigió en la década de los 80, y que protagonizó Kristy Swanson, años más tarde la Buffy cazavampiros de la pantalla grande. Pero nos viene como anillo al dedo para titular estas notas sobre la cinta coreana Dead friend.



Que el cine de terror asiático ha revolucionado el género es un hecho que nadie negará. Pero lo que también empieza a hacerse palpable es que si no consiguen renovar su propia estética van a acabar repitiéndose aún más de lo que ya lo hacen, y el personal acabará cansándose.

Esta es la sensación que muchas veces provoca Dead friend, donde la protagonista, una joven que padece amnesia, ve cómo sus compañeras de clase van muriendo una a una en manos de una extraña presencia.



Demasiado deudora, tanto a nivel narrativo como sobre todo estético, de las películas de Hideo Nakata, la cinta de Tae-kyeong Kim ya no provoca la sorpresa de aquellas: el surgimiento del fantasma del suelo ya no inquieta tanto como la inolvidable aparición de Sadako a través del televisor en El círculo (Ringu), y la presencia constante del agua ya no eriza los sentidos como lo hiciera en Dark water.



Finalmente, las sorpresas del último tramo levantan algo el interés, conforme la protagonista empieza a recordar y se van descubriendo los ases que el director se escondía en la manga. Pero todo ello no consigue hacer de Dead friend una película realmente memorable.

Silent Hill: cuentos de miedo

Hace unos días hablábamos de Muriendo por dentro, el primer volumen dedicado a Silent Hill de los editados por Norma Editorial. Ahora le toca el turno al segundo, Silent Hill: Relatos sangrientos.



Si el volumen previo incluía una historia larga completa, este presenta tres relatos más breves (de ahí el título del volumen). La primera historia, quizá la mejor del cómic, está protagonizada por un veterano de guerra que decide suicidarse, y que acabará en Silent Hill. El guión de Scott Ciencin logra transmitir la locura de la desesperación, y de cómo alguien que ha decidido quitarse la vida por voluntad propia acaba luchando por ella ante la imposición que supone que te mate otro.

"Píntalo de negro" es la segunda historia, ilustrada como la anterior por Shaun Thomas. En sus páginas se contrapone el mundo oscuro del pintor protagonista y los elementos naif de la vida de un grupo de animadoras.



Finalmente, la tercea historia está protagonizada por un policía el día de su retiro. Ilustrada por Nick Stakal, la confusión que criticábamos en el anterior volumen de Silent Hill reaparece aquí, tras los dos números magníficamente ilustrados por Thomas. En el caso de Stakal, resulta en ocasiones muy difícil distinguir unos personajes de otros.

Sin ser nada del otro jueves, el presente volumen nos parece más recomendable que Muriendo por dentro, aunque sólo sea por la mayor claridad a la hora de narrar las historias, así como por el trabajo de Shaun Thomas, claramente influenciado por los diseños de H. R. Giger, el creador del célebre Alien cinematográfico.


Título: Silent Hill: Relatos sangrientos
Autores: Scott Ciencin (guión) / Shaun Thomas – Nick Stakal (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: junio de 2006
152 páginas (color) - 15 €

miércoles, 22 de noviembre de 2006

El largo adiós de Robert Altman

Ayer fallecía en Los Ángeles, a la edad de 81 años, el cineasta norteamericano Robert Altman.



El merecido prestigio de Altman a lo largo de la década de los 70 se debió sobre todo a MASH, Palma de Oro en Cannes, y cinta que generó una famosa serie televisiva protagonizada por Alan Alda; y Nashville, la cinta más importante jamás realizada sobre la cuna de la música country.

Estas dos cintas asentaron su manera de hacer cine, basado en grandes historias de protagonismo coral, para las que contó con algunos de los repartos más espectaculares de la historia del cine.



Tras unos años 80 menos lustrosos, volvió a comienzos de los 90 con dos películas magníficas: El juego de Hollywood (The player), uno de los trabajos más cínicos de su autor, ambientado en el mundo de las productoras de cine, y Vidas cruzadas (Short cuts), a partir de relatos del gran Raymond Carver. Después vendría su cinta sobre el mundo de la moda, Pret-a-porter, y la estupenda Kansas City, donde aunó cine negro y música jazz con gran acierto.



Capaz de lo mejor (las cintas comentadas) y lo peor (Conflicto de intereses, El Dr. T y las mujeres), de su filmografía habría que destacar también Un largo adiós, su magnífica adaptación de El largo adiós de Raymond Chandler, con Elliott Gould interpretando a Philip Marlowe.



Su última película es la todavía inédita aquí A Prairie Home Companion, de nuevo con un gran reparto a sus órdenes. Descanse en paz.

[Imágenes: MASH, Vidas cruzadas, Un largo adiós.]

Caída de bici: secretos del corazón

François Truffaut dijo en más de una ocasión que él prefería el cine a la vida. Quizá por eso, y como han conseguido otros cineastas franceses de la talla de Eric Rohmer o Jacques Rivette, imprimía en muchas de sus películas un marcado carácter costumbrista.

Aunque la afirmación de el autor de Los cuatrocientos golpes pueda parecer exagerada, al menos comparto con él la emoción que me embarga cuando un creador consigue transmitirme a través de su obra una poderosísima sensación de realidad. Eso es lo que consigue Étienne Davodeau con Caída de bici.



La obra, segunda de su autor publicada en España tras La mala gente (también de la mano de Ponent Mon), está protagonizada por una familia en apariencia nada disfuncional pero, también como todas las familias, repleta de disfunciones. El núcleo lo componen en un principio una pareja, sus hijos y un sobrino, a los que se suman pronto el hermano de ella, la madre de ambos (aquejada de Alzheimer) y el mejor amigo del grupo.

A lo largo de las páginas que conforman la obra, Davodeau muestra con una sensibilidad pasmosa y una (aparente) facilidad el devenir cotidiano de sus protagonistas durante unos días de vacaciones, mostrando la diferencia entre el mundo de los adultos (marcado por la presencia de la madre enferma) y el de los niños (fascinados por el trabajo cotidiano de unos albañiles y por un falso misterio acerca de una mujer muerta y enterrada), a la vez que los paralelismos existentes entre ambos (el niño pequeño que quiere aprender a montar en bici se proyecta en el accidente de su tío con su bicicleta).



Este paralelismo, poéticamente, se prolonga tanto en el futuro (el mencionado accidente) como hacia el pasado, con la muerte del patriarca de la familia. Es entonces cuando descubrimos que las apariencias engañan, que no todo es tan sencillo como parecía en un principio, y que todos habitamos en un mundo que no es en blanco y negro, sino gris. Un universo en el que, aunque siendo pequeño aprendas a montar en bicicleta, puedes caerte luego de nuevo en cualquier momento. Puedes caerte, o pueden tirarte.



Debería haber llegado el momento de que grandes directores de cine clásicos se fijasen también en el noveno arte a la hora de adaptar material literario a la gran pantalla. Cuando pienso en lo que podría hacer Claude Chabrol, el gran analista de la pequeña burguesía francesa, con esta portentosa obra de Étienne Davodeau, no puedo menos que sentir un placentero estremecimiento.

Caída de bici es, pues, una joya del cómic reciente. No la dejen pasar.


Título: Caída de bici
Autor: Étienne Davodeau (guión y dibujo)
Editorial: Ponent Mon
Fecha de edición: noviembre de 2006
80 páginas (color) – 19,95 €

Vampiros contra hombres lobo... otra vez

Hace varias temporadas, Underworld de Len Wiseman fue una agradable sorpresa: era un producto sin demasiadas pretensiones artísticas, pero que resultaba bastante entretenido de ver y que partía de una idea nada original pero efectiva al cien por cien: el enfrentamiento entre vampiros y hombres lobo a lo largo de muchas generaciones, de espaldas a la humanidad.



La película, a partir del romance entre una vampira y un híbrido de las dos razas, suponía también una revisión en clave fantástica y por tanto muy libérrima del Romeo y Julieta de Shakespeare, a la hora de mostrar un amor que sobrevive por encima de los impedimentos familiares y sociales.

La película fue un gran éxito, y la secuela no se hizo esperar. Pero el problema de Underworld: Evolution es que ya no queda nada que contar, y su única razón de ser es, ahora sí, puramente pecuniaria. De nuevo dirigida por Wiseman y protagonizada por Kate Beckinsale (ambos, por cierto, pareja en la vida real), la cinta está repleta (demasiado) de efectos especiales infográficos, convirtiéndola en un producto tecnológico y sin alma.



Por si esto fuera poco, la cinta adopta la estructura narrativa de un videojuego (pensamos en películas como Resident evil o Doom, no en la estupenda Silent Hill de Christophe Gans), y finalmente concluye sin haber conseguido despertar el interés de un espectador adormilado y sumido en el tedio. Una lástima.

martes, 21 de noviembre de 2006

Kraken también editará cómics infantiles

Como muchos aficionados ya sabrán, de la mano de la recién nacida Ediciones Kraken se publicarán en breve los esperadísimos Juez Dredd de John Wagner, Carlos Ezquerra y Brian Bolland y D.R. & Mr. Quinch de Alan Moore, Alan Davis y Jamie Delano. Sin duda, un plantel de autores insuperable para lanzarse al ruedo de la edición.



Pero esta división de Ediciones Jaguar dedicada a la edición de cómics también tiene un hueco para la historieta destinada a un público infantil. Los dos primeros lanzamientos al respecto serán:

- El pequeño Spirou nº 1: ¡Di buenos días a la señora!
Tome & Janry
48 pp. (color) - 12 €

- Pedro el Coatí
Michel Larcenet & Manu Larcenet
48 pp. (color) - 12 €

El calvario del amor no correspondido

Calvaire parte de un arranque tópico como el que más en el género del terror: un hombre ve cómo su coche sufre una avería, lo que le obliga a pasar la noche en una vieja pensión. Pero a partir de ahí su autor, Fabrice du Weltz, nos regala una acertadísima reflexión acerca de la soledad humana y de la necesidad de querer y de sentirse querido.



El protagonista, Marc Stevens, es un cantante de poca monta que acaba de ofrecer un espectáculo en una residencia de ancianos. Después de sentirse acosado por una de las residentes y por la mujer que le contrató, se marcha con destino a un nuevo lugar donde actuar. Pero el mencionado accidente lo obliga a quedarse en la antigua pensión de Bartel, un ex payaso que ahora vive solo, tras el abandono de su esposa y el cierre del negocio.



No nos extenderemos más en el argumento del film, para no desvelar las sorpresas que incluye, pero sí destacaremos que lo que en un principio prometía ser la enésima variación de Viernes 13 pronto se convierte en una afortunada mezcla de horror gótico y estudio antropológico, con ecos tanto de La matanza de Texas o Las colinas tienen ojos como de un clásico contemporáneo ajeno al género: Defensa (Deliverance), de John Boorman.



Supongo que ya sabrán por dónde van los tiros en esta angustiosa producción que no es plato para todos los gustos. Eso sí, los que sepan disfrutar de tan particular manjar quedarán saciados con creces.

JLA: III Guerra Mundial: El big bang de Morrison

Los españoles fanáticos del Universo DC esperaban la edición en nuestro país de III Guerra Mundial, último arco argumental de la JLA de Grant Morrison, guionista que revitalizó la cabecera tras unos años de bache creativo y comercial.



De todas formas, los que conozcan su particular obra, con títulos como Los Invisibles o El asco, no deberían esperar otra muestra de su particular estilo. En este caso, la premisa es la de siempre: una amenaza global contra el planeta Tierra al que deben enfrentarse la plana mayor de superhéroes de la compañía; una amenaza que parece invencible pero que a la postre, como todos sabemos, no lo es tanto.

El otro día, al hilo del estupendo Superman: Legado de Mark Waid, también publicada por Planeta de Agostini, elogiábamos la concepción clásica del tebeo superheroico de sus autores: tanto el guionista como el ilustrador, Leinil Francis Yu, concebían la historia como un todo. Bien es cierto que se trataba de una miniserie, frente a una serie de larga duración como esta JLA, pero eso no quita para que la etapa de Morrison al frente de este grupo DC, como cuando tomó las riendas de los X-Men de la Marvel, sea confusa y presente ideas agolpadas.



En este caso, el trabajo como ilustrador de Howard Porter, aunque espectacular en algunas splash pages, no favorece la lectura, y estamos de nuevo ante un ejemplo de un mal demasiado extendido actualmente en el género: la espectacularidad en la composición de páginas supera con creces la claridad expositiva, y la lectura es en algunos momentos realmente confusa.

Los fanáticos del universo DC y de sus personajes más conocidos probablemente disfrutarán con este volumen, sobre todo por tener un bagaje previo considerable. El resto, mejor abstenerse.


Título: JLA: III Guerra Mundial
Autores: Grant Morrison – J.M. DeMatteis (guión) / Howard Porter - Mark Pajarillo (dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Comics
Fecha de edición: septiembre de 2006
208 páginas (color) - 12,95 €

lunes, 20 de noviembre de 2006

Holmes según Gaiman

Mientras seguimos leyendo a otros autores, de Haruki Murakami a Clive Barker, con textos de más extensión, hemos empezado a dar buena cuenta de Sombras sobre Baker Street, el volumen editado por La Factoría de Ideas que supone el encuentro del mítico detective Sherlock Holmes con los horrores primigenios de Lovecraft y sus acólitos.



Estudio en esmeralda, de Neil Gaiman, es el relato con el que se abre el volumen. En él, el autor de The Sandman da su particular visión del mito, homenajeando la mítica novela de Conan Doyle Estudio en escarlata, que supuso el encuentro entre el detecive de la pipa y el que sería su mejor amigo y fiel ayudante, el doctor Watson.



Gaiman crea en sus páginas un universo que parece susbrayar su condición ficticia, donde las presencias de personajes victorianos como el doctor Jekyll, Victor Frankenstein o Vlad Tepes salpican la historia.

Seguiremos informando de los relatos que siguen, conforme los vayamos disfrutando o padeciendo (según el caso).

La muerte no es el final

Dentro del terror, el subgénero protagonizado por zombies o muertos en vida puede tratarse, como cualquier otro, desde distintos puntos de vista. En el ámbito del cómic, no es lo mismo la seriedad con la que Robert Kirkman aborda el tema en la exitosa Los muertos vivientes que el desenfado exploit por el que opta Steve Niles a la hora de escribir Remains.



Igualmente, en el séptimo arte no puede compararse el clásico fundacional de George Romero La noche de los muertos vivientes con el jocoso Braindead de Peter Jackson; o la reciente Amanecer de los muertos de Zack Snyder con el homenaje a Douglas Sirk de la inédita Edmond o los muertos vivientes fanáticos del breakdance en el Thriller de Michael Jackson dirigido por John Landis.



Buena muestra de ello son dos películas que hemos visto recientemente: la primera es Undead (Los no muertos), cinta australiana dirigida por los hermanos Spierig, que opta por una visión humorística del tema, al más puro estilo de la mencionada Braindead (probablemente uno de los más grandes éxitos del cine de las antípodas).

Pero lo que hacía gracia en la cinta del hoy poderosísimo Peter Jackson ya no lo hace tanto en el film de los Spierig, que acaba siendo una amalgama de sinsentidos, sucesión de escenas sin pies ni cabeza, repleta de tópicos, interpretaciones ridículas y salidas de tono. Ni los fans más acérrimos del gore desatado encontrarán alicientes para disfrutar de ella.



En cambio, Robin Campillo toma un camino bien diferente: en Les revenants construye una fábula antropológica que parte de una premisa que de tan sencilla, es extraño que a nadie se le hubiera ocurrido antes: ¿qué pasaría si, simplemente, un día los que han muerto recientemente volvieran a la vida?

En esta película, más cercana a Ray Bradbury que a Stephen King, el espectador no encontrará carnaza de ningún tipo: los resucitados del título vuelven a la circulación sin muestras de degeneración física; regresan tal y como los recuerdan sus seres queridos.



Pero al final de la cinta, que más que pertenecer al género de terror parece ciencia ficción de ideas, y tras haber asistido a la convivencia de regresados y normales, Campillo demuestra la imposibilidad de luchar contra la naturaleza. La condición humana es tal como es, con sus ventajas y sus inconvenientes, incluyendo el gran inconveniente final: hagas lo que hagas, morirás.

A la revolución en gerundio: viñetas contestatarias

La publicación de una obra como esta A la revolución en gerundio es muy de agradecer más allá de sus logros artísticos, que los tiene. Con su puesta en la calle, Edicions de Ponent se confirma no sólo como una de las editoriales de cómics más interesantes y arriesgadas del panorama editorial español desde un punto de vista artístico, sino también como una editorial con una fuerte apuesta detrás por la historieta de ideas.



Buen ejemplo de ello es King de Ho Che Anderson, de la que ya hablamos en su día. Ahora, con esta obra de Emili Pardiñas y Carlos Azagra, la editorial alicantina recupera una parte muy importante de la historia reciente española.

Lo mismo sucede en el cine español de estreno, donde las historias de la Guerra Civil, tan presentes hasta hace nada, dejan paso a acontecimientos más recientes, como los vistos en El Lobo, GAL o Salvador (Puig Antich). Precisamente Puig Antich, mártir de la causa antifranquista, fue compañero de Emili Pardiñas, guionista de A la revolución en gerundio y protagonista de sus páginas, como obra autobiográfica que es. El personaje central, P. (que alude tanto al apellido 'Pardiñas' como a 'Pedrals', su nombre de guerra), uno de los fundadores del MIL, nos relata once años de lucha contra el régimen franquista, desde 1967 a 1978, en un flashback mental mientras se dirige en coche a Cadaqués.



Su lucha es una huida que pasa por los Estados Unidos del movimiento hippie y la generación beatnik, la Francia de Jean-Paul Sartre y la Cuba revolucionaria. En sus páginas, Pardiñas, a través de las ilustraciones del colaborador de El Jueves Carlos Azagra, construye un retrato de toda una generación que se opuso a la dictadura del pensamiento único.

Otro de los valores de la obra es su carácter metalingüístico: el propio Pedrals parece ser consciente de haberse convertido en un personaje de historieta, e increpa al dibujante Azagra en varias ocasiones, salpicando con sus comentarios lo que muestran las ilustraciones e interrumpiendo la construcción de la obra.



Más allá de su lectura político-social, A la revolución en gerundio debería promover otra productiva discusión: ¿estamos ante un cómic propiamente dicho? Aun siendo una obra que aúna texto e ilustración, y contando con elementos característicos del lenguaje del noveno arte (como los bocadillos a la hora de expresar diálogos y pensamientos de los personajes), ¿es A la revolución en gerundio un tebeo? La duda radica en que la obra carece de una narrativa secuencial propiamente dicha, y se decanta más bien por el uso de texto narrativo junto con muestras de humor gráfico.

Sea como sea, A la revolución en gerundio es una obra de indudable interés, sobre todo para aquellos que hayan compartido con su narrador una época y una manera de ver el mundo, basada sobre todo en la voluntad de cambiarlo.


Título: A la revolución en gerundio
Autores: Emili Pardiñas (guión) / Carlos Azagra (dibujo)
Editorial: Edicions de Ponent
Fecha de edición: octubre de 2006
96 páginas (color) - 19 €

domingo, 19 de noviembre de 2006

En el campo

Si la anterior película (por cierto, al contrario que ésta, decididamente coral) de Cesc Gay se tituló En la ciudad, esta Ficción que ahora se estrena podría llamarse perfectamente "En el campo".



La película nos presenta desde su mismo arranque a Álex, un director de cine que sufre una crisis de identidad: no sabe bien si en lo que se ha convertido es lo que quería ser, y tiene dudas tanto en lo referente a su vida sentimental (que comparte desde hace años con su mujer, con la que tiene dos hijos) como en su devenir profesional (le preocupa el éxito de sus futuros proyectos).

En su afán por terminar el guión de lo que será su nuevo trabajo, pero también con la intención de encontrarse un poco a sí mismo, Álex se retira al campo, para reencontrarse allí con Santi, su mejor amigo desde la adolescencia.



Gay construye a partir de esta premisa una pequeña pieza de cámara, cuya mayor parte del metraje protagonizan apenas cuatro personajes, en un entorno bucólico en el que, como decía Gene Hackman en La noche se mueve acerca del cine de Eric Rohmer, se ve crecer la hierba.



No obstante, Rohmer no es la principal influencia de Cesc Gay: en su carácter casi metalingüístico (indudablemente, Álex es en buena medida un alter ego del cineasta catalán; el personaje llega a afirmar que su nueva película, frente al protagonismo múltiple de la anterior, será de un solo personaje), Ficción recuerda en algunos momentos al cine del también francés Jacques Rivette, autor de La bella mentirosa o Vete a saber.



Al respecto, tampoco nos olvidemos ni por un momento de un título tan revelador y premeditado como el que tiene esta película, protagonizada por Eduard Fernández, que desde Los lobos de Washington y con trabajos tan espectaculares como Fausto 5.0 o Smoking room, se confirma como el mejor actor de nuestra cinematografía actual. Ni más ni menos.

Una vez concluida, Ficción se convierte en la historia de un romance no consumado, en un relato de oportunidades perdidas y de las decisiones, acertadas o no, que las personas se ven obligadas a tomar a lo largo de su existencia. Por ello recuerda también a Nelly y el señor Arnaud, última película de Claude Sautet.



Como se ve, el cine galo es todo un referente para Cesc Gay, cineasta que con En la ciudad y sobre todo con esta Ficción se confirma como un autor a contracorriente: un trabajo como el presente es arriesgado hasta decir basta, y sería una pena que el público le diera la espalda por su austeridad narrativa, su falta de espectáculo y, para qué vamos a engañarnos, el escaso apoyo publicitario que suele tener la mayor parte del cine español, Alatriste aparte.

Wally Wood, dibujante pornográfico

Muchos conocerán a Wally Wood por su trabajo para los cómics de EC, editados aquí por Planeta de Agostini en sus indispensables colecciones Clásicos del terror, Clásicos del suspense, Clásicos de la ciencia ficción, Clásicos bélicos y EC Presenta.



Lo que muchos no sabrán es que Wood, que se quitó la vida con un arma de fuego el 2 de noviembre de 1981, tras arrastrar su alcoholismo y varias depresiones por no seguir trabajando como en sus brillantes inicios, se vio obligado a dibujar cómics pornográficos en los últimos años de su carrera.



No podemos menos que calificar de magnífico el rescate que el excepcional blog El Rincón de Taula ha efectuado de esta parte de la obra del veterano ilustrador, que incluye parodias cargadas de sexo explícito de clásicos como Terry y los piratas de Milton Caniff (que el propio Wood ilustró en más de una ocasión) o Li’l Abner de Al Capp, sin olvidar versiones sui generis de cuentos tradicionales como Blancanieves y los siete enanitos.

A todos aquellos que les interese tan fascinante tema, no deberían dejar de pinchar en:

Los cómics pornográficos de Wally Wood



[Imagen: Li'l Abner de W. Wood.]

sábado, 18 de noviembre de 2006

Se retrasa el último Eastwood

Se retrasa el estreno de Banderas de nuestros padres, previsto para ayer, hasta el próximo 5 de enero de 2007. Suponemos que la razón es aprovechar de forma más cercana el tirón de las nominaciones a los Oscars, donde seguro que el último trabajo de Clint Eastwood se lleva unas cuantas.



No obstante, sus seguidores españoles no hemos sentido frustrados después de los prometedores trailers y artículos en prensa especializada.

Así pues, ¿qué película veremos hoy en lugar de Banderas de nuestros padres? ¿Quizá El ilusionista? ¿Pequeña Miss Sunshine? ¿Ficción? ¿La Reina?

Silent Hill: cuadros de horror abstracto

El reciente estreno de la magnífica película de Christophe Gans Silent Hill ha supuesto una inmejorable ocasión para que Norma Editorial se haya decidido a editar los cómics de IDW elaborados a partir del célebre videojuego de la factoría Konami.



El primer volumen, Silent Hill: Muriendo por dentro, cuenta con guiones de Scott Ciencin, si bien el reclamo es su parte gráfica, debida a Ben Templesmith y Aadi Saldam. Concretamente, Templesmith se ha convertido, gracias a sus colaboraciones con el guionista Steve Niles (30 días de noche, Criminal macabre), en una cierta garantía de éxito.

No obstante, muchos lectores critican su trabajo, por considerarlo excesivamente confuso. Razón no les falta a estos detractores. A pesar de ello, un servidor sí disfruta de su estilo gráfico, si bien hay que reconocer que no es el más idóneo a la hora de contar una historia con claridad.



Este volumen cuenta cómo Troy Abernathy viaja a Silent Hill acompañado de su nueva paciente, que sufrió allí un trauma desconocido, con el fin de hacerla reaccionar. Allí se encontrará con Christabella, una niña aparentemente inocente pero que anida en su interior el mal más absoluto...

Silent Hill: Muriendo por dentro es un buen ejemplo de los defectos de su ilustrador estrella: el terror brilla por su ausencia, más allá de que puedan provocar algunos rasgos del género (la niña inquietante, los monstruos del averno, ...); resulta difícil distinguir entre los distintos personajes, etc. Pero queda la posibilidad de disfrutar de las ilustraciones de Templesmith y Saldam, independientemente de que la historia interese más o menos: algunas viñetas son realmente espectaculares, y sin llegar a la suela de los zapatos a Bill Sienkiewicz (el primero que llevó la línea sucia, y los aparentes bocetos, al acabado final de un cómic), pueden recordar a algunos de sus logros en determinados momentos.



Título: Silent Hill: Muriendo por dentro
Autores: Scott Ciencin (guión) / Ben Templesmith – Aadi Saldam (dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición:junio de 2006
136 páginas (color) - 15 €

El cazador cazado

Aunque William Friedkin es conocido sobre todo por ser el autor de la mítica El exorcista, ha demostrado en repetidas ocasiones su valía dentro de los límites del thriller gracias a haber filmado títulos tan interesantes como French Connection, A la caza, Vivir y morir en L.A. o la reivindicable Rampage (Desbocado).



Uno de sus últimos trabajos, The hunted (La presa), puede considerarse uno de sus mejores trabajos dentro del género: en ella asistimos al enfrentamiento entre un entrenador veterano y uno de sus más aventajados alumnos, un desquiciado militar convertido en una auténtica máquina de matar del estado que, como le ocurría al personaje de John Malkovich en En la línea de fuego, se les ha ido de las manos a sus responsables.



Friedkin demuestra su inteligencia y su experiencia tras la cámaras negándose a alargar innecesariamente la historia, por lo que The hunted es, como el mejor cine de serie B de décadas pretéritas, un thriller conciso y directo, donde en apenas noventa minutos se nos cuenta una historia yendo directamente al grano desde el mismo comienzo.

Cabe destacar el trabajo de sus protagonistas, Benicio del Toro y, muy especialmente, un Tommy Lee Jones contenido en su papel del mentor del anterior, un hombre que nunca ha tenido la necesidad de matar a otro pero que, como él mismo reconoce, sabe muy bien cómo hacerlo.



En definitiva, The hunted es un film que, sin ser nada del otro mundo, merece recuperarse, aunque sólo sea por el enfrentamiento actoral, los escenarios naturales, y lo ameno de su visionado.