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viernes, 6 de abril de 2012

La Semana de Grant Morrison: Batman y Robin



En la segunda mitad de la década de los 80, la por aquel entonces directora de DC Comics Jenette Kahn se propuso reclutar a varios de los guionistas británicos que habían llamado la atención de la crítica y de los lectores del Reino Unido en las páginas de la mítica revista 2000 AD o en sus trabajos para la división inglesa de su máxima rival, Marvel Comics. El buque insignia de esta nómina de guionistas fue, por supuesto, Alan Moore, pero gracias a esta iniciativa editorial (que, entre otras cosas, acabaría dando pie a la creación del sello Vertigo en 1993) también empezaron a publicar al otro lado del charco autores como Jamie Delano, Neil Gaiman, Peter Milligan... o el que estaba llamado a redefinir algunos personajes superheroicos tan icónicos como Superman, Batman o los X-Men, y con ello a revolucionar un tanto el adocenado panorama del mainstream: nos referimos, claro, a Grant Morrison.




Después de sorprender a propios y extraños con obras de tanta calidad y tan inclasificables como Animal Man, Los Invisibles o El Asco, a Morrison le tentaron las mieles del éxito... y el suculento cheque que seguro pusieron en sus manos los mandamases de DC Comics: así, el guionista escocés acabó escribiendo la serie JLA durante una buena temporada. Posteriormente, y en lo que sería ya una carrera profesional imparable, se pasaría a la otra gran compañía editora de cómics de superhéroes, Marvel, para redefinir la franquicia mutante junto a su colega el dibujante Frank Quitely en New X-Men.




Pero Morrison no se quedaría para siempre en la compañía rival. De hecho, volvió a ser reclutado por DC para encargarse de actualizar la figura del Hombre Murciélago, una etapa que culminaría con la saga Batman: RIP, y la supuesta muerte del mismísimo Bruce Wayne. Luego descubriríamos, oh sorpresa, que dicha muerte no era tal, y que el álter ego civil de Batman estaba atrapado en otra corriente temporal como resultado de la intervención de Darkseid.




Por su parte, Morrison, además de coordinar el épico suceso 52, no abandonó la franquicia del Caballero Oscuro, y entre otros proyectos acometió el que ahora nos ocupa: Batman y Robin (ECC Ediciones), al menos las primeras 16 entregas guionizadas por él, vienen a ser su particular intento -luego explicaremos lo de particular- de reverdecer viejos y añorados conceptos como el estatus originario de Batman en su relación con Robin, su sidequick más popular y emblemático.




En el nuevo universo del Hombre Murciélago, y en una decisión que habrá agradado al Sheldon de The Big Bang Theory, Dick Grayson, el Robin original, ha heredado el traje, la máscara y la capa (esta última pese a su reticencia inicial) de su mentor, y se ha convertido en el nuevo protector de Gotham City. Junto a él, el hijo de Bruce, Damian Wayne, fruto de su breve unión matrimonial con Thalia, hija de Ra's Al Ghul, es el nuevo Robin.




En los primeros seis números de la nueva colección Batman and Robin, los que recoge la presente edición española en cartoné, ambos personajes se verán envueltos en un doble aprendizaje: por un lado, Grayson luchará contra el peso del legado del Batman original, en un nuevo paso de su carrera contra el crimen donde él mismo y su alto nivel de autoexigencia serán sus principales enemigos. Por su parte, Damian se verá obligado a aprender de su nuevo maestro pese a su carácter contestatario y prepotente...




Morrison siempre ha sido un autor al que le han gustado mucho los contrastes: ya lo comentábamos al hilo de We3, donde lo positivo de su discurso chocaba frontalmente con la crudeza del relato. En Batman y Robin pasa algo parecido: por una parte, el autor pretende retomar el gusto por lo camp a partir de enlazar distintas aventuras y escenas de acción sin pausa con el (supuesto) objetivo de entretener al lector lejos de discursos metalingüísticos tan característicos de su producción... pero, al mismo tiempo, sumerge a sus personajes en un universo oscuro e inquietante, más de lo habitual en la media del género, cercanos al género de terror, más concretamente a subgéneros como el de los freaks o fenómenos de feria y el torture porn a lo Saw o Hostel.




El presente volumen recoge los dos primeros arcos argumentales, de tres entregas cada uno. El primero, "Batman renacido", cuenta precisamente con Quitely a los lápices, y en esta historia los dos héroes se enfrentarán a una nueva amenaza: la que suponen el temible Profesor Pyg y sus fenómenos del circo ambulante. Posteriormente, Philip Tan recoge el testigo de Quitely, en principio todo un reto, y consigue estar más que a la altura en la historia "¡La venganza de Capucha Roja!", que pese a su título decididamente pulp también contiene altas dosis de violencia y terror: en esta historia, Capucha Roja (o lo que es lo mismo, Jason Todd, otro de los que han sido Robin a lo largo de la historia del Hombre Murciélago, y que murió a manos del Joker para luego resucitar en uno de los pozos de Lázaro de Ra's Al Ghul) y su socia Scarlet, a la sazón una de las supervivientes de la historia previa, querrán sustituir a Batman y Robin como enemigos contra el crimen... pero con métodos mucho más expeditivos que sus ilustres antecesores.




Con Batman y Robin, al menos con los seis primeros números que hemos podido leer aquí, y al igual que con otros títulos de similares características, Grant Morrison demuestra que incluso cuando trabaja con un material tan comercial como la franquicia del Hombre Murciélago el resultado final está muy por encima de la media del género. Por lo tanto, desde aquí manifestamos nuestra más encendida recomendación respecto del presente volumen, uno de los mejores tebeos de Batman que hemos leído en los últimos años, y además con un trabajo gráfico -repetimos, no solo de Quitely sino también de un sorprendente Tan- de primer orden. Imprescindible.


Título: Batman y Robin
Autores: Grant Morrison (guion) / Frank Quitely & Philip Tan (dibujo)
Editorial: ECC Ediciones
Fecha de edición: febrero de 2012
152 pp. (color) - 15,95 €

jueves, 5 de abril de 2012

La Semana de Grant Morrison: We3



En la segunda mitad de la década de los 80, la por aquel entonces directora de DC Comics Jenette Kahn se propuso reclutar a varios de los guionistas británicos que habían llamado la atención de la crítica y de los lectores del Reino Unido en las páginas de la mítica revista 2000 AD o en sus trabajos para la división inglesa de su máxima rival, Marvel Comics. El buque insignia de esta nómina de guionistas fue, por supuesto, Alan Moore, pero gracias a esta iniciativa editorial (que, entre otras cosas, acabaría dando pie a la creación del sello Vertigo en 1993) también empezaron a publicar al otro lado del charco autores como Jamie Delano, Neil Gaiman, Peter Milligan... o el que estaba llamado a redefinir algunos personajes superheroicos tan icónicos como Superman, Batman o los X-Men, y con ello a revolucionar un tanto el adocenado panorama del mainstream: nos referimos, claro, a Grant Morrison.




En la línea de Joe el Bárbaro, We3 (ECC Ediciones) es una de las obras más accesibles de Grant Morrison; pero, a diferencia de aquella, esta que ahora nos ocupa no tiene al público adolescente como el target ideal de su oferta, sino que apunta a un espectro de lectores mucho más amplio... sin por ello tener que renunciar en ningún momento a plasmar su particular mirada y a exponer alguno de los temas que desde siempre le han obsesionado, como es el caso de los derechos de los animales, ya presente (en clave superheroica, frente a la ciencia ficción del presente relato) en su emblemática Animal Man.




Esta miniserie de tres entregas concebida por el guionista para el sello Vertigo de DC Comics se publicó originalmente entre octubre de 2004 y marzo de 2005, y su éxito tanto de público como de crítica fue lo suficientemente relevante como para que desde entonces haya contado con varias ediciones recopilatorias. La que aquí nos ocupa, de la mano de ECC, es una "Edición de lujo" que recoge casi treinta páginas con bocetos de diseños de los personajes y de secuencias concretas, así como de las portadas, el logotipo y las distintas cubiertas definitivas; la oferta se completa con un exhaustivo artículo de David Fernández acerca de la relación profesional que se ha establecido a lo largo de los años entre Morrison y el dibujante Frank Quitely, que ha dado pie a obras como New X-Men o All Star Superman, y de la que este We3 podría considerarse como el punto álgido. Veamos por qué...




La historia de We3 arranca con una espectacular secuencia de acción y suspense en la que un misterioso comando elimina a Guerrera, un supuesto dictador de un país latinoamericano. Pronto descubriremos que los tres miembros de dicho grupo de ataque no son sino tres animales domésticos que años atrás se perdieron, y que ahora forman parte de un experimento de Investigación y Desarrollo por parte del gobierno de los Estados Unidos. Este experimento ha convertido al perro Bandido, el gato Garras y el conejo Pirata en tres organismos cibernéticos entrenados para el combate que responderán ciegamente a las órdenes de sus amos...




O eso se presupone: al parecer, las tres criaturas se han quedado obsoletas según las directrices del proyecto, y se ordena su retirada inmediata pese a las reticencias de la doctora Roseanne Berry, supervisora del mismo. Ante este cambio de proceder por parte de los poderes fácticos, los tres animales -que responden al nombre código de "We3"- huirán de la base militar y se convertirán en fugitivos perseguidos sin tregua por el ejército estadounidense...




Como puede verse, en We3 Morrison construye una suerte de fábula del siglo XXI, un relato humanista (pese a estar protagonizado por animales, o quizá precisamente por eso) en clave de ciencia ficción que aboga por defender los derechos del reino animal criticando de paso las injerencias del hombre en un territorio que no es el suyo. No es de extrañar que, desde hace años, ronde por Hollywood la idea de llevar al cine esta obra con un guion que, se supone, ya ha escrito el propio guionista escocés.




Pero si We3 resulta ser un cómic magnífico, que lo es, no se debe, o al menos no tan solo, a la historia que cuenta, sino a cómo la cuenta: el apartado gráfico, como decíamos a cargo de Frank Quitely, es espectacular, y se nota el nivel de compenetración que ambos autores han alcanzado a lo largo de los años, y que este mismo 2012 nos dará una nueva obra: Pax Americana. En We3, y a partir del plan previo diseñado por Morrison, ambos autores consiguen establecer una narración secuencial donde las viñetas parecen flotar en el espacio, rompiendo con la narrativa más convencional del noveno arte y logrando así una suerte de "cómic tridimensional" sin necesidad de recurrir a técnicas digitales de 3D. De esta forma juegan con el tempo del relato, asemejando la relatividad del mismo a la percepción que de él puedan tener los animales protagonistas.




El resultado de este trabajo en común, mucho más ambicioso de lo que podría parecer a simple vista, es una historia emocionante y emotiva, pero que huye en todo momento del sentimentalismo más vacuo, y donde sus buenas intenciones contrastan con la crudeza de su violencia y, sobre todo, la descarnada plasmación de lo peor de la raza humana. En definitiva: We3 está llamado a convertirse en un clásico del cómic mainstream. Tiempo al tiempo.


Título: We3
Autores: Grant Morrison (guion) / Frank Quitely (dibujo)
Editorial: ECC Ediciones
Fecha de edición: enero de 2012
152 pp. (color) - 17,95 €

miércoles, 4 de abril de 2012

La Semana de Grant Morrison: Joe el Bárbaro



En la segunda mitad de la década de los 80, la por aquel entonces directora de DC Comics Jenette Kahn se propuso reclutar a varios de los guionistas británicos que habían llamado la atención de la crítica y de los lectores del Reino Unido en las páginas de la mítica revista 2000 AD o en sus trabajos para la división inglesa de su máxima rival, Marvel Comics. El buque insignia de esta nómina de guionistas fue, por supuesto, Alan Moore, pero gracias a esta iniciativa editorial (que, entre otras cosas, acabaría dando pie a la creación del sello Vertigo en 1993) también empezaron a publicar al otro lado del charco autores como Jamie Delano, Neil Gaiman, Peter Milligan... o el que estaba llamado a redefinir algunos personajes superheroicos tan icónicos como Superman, Batman o los X-Men, y con ello a revolucionar un tanto el adocenado panorama del mainstream: nos referimos, claro, a Grant Morrison.




En realidad, hay muchos Grant Morrison: el renovador del género superheroico de Animal Man y Doom Patrol, el que revisita y reactualiza mitos como Superman, Batman o los X-Men, el filósofo revulsivo y punk de Los Invisibles y El Asco... y también un Grant Morrison, quién lo diría, apto para todos los públicos.




Ese es el Morrison que el lector encontrará en las páginas de Joe el Bárbaro (Planeta de Agostini Comics), una de sus obras más accesibles, si no la que más, y donde el británico más se ha acercado al universo de su compatriota Neil Gaiman, pues si el autor de The Sandman hubiese firmado esta miniserie de ocho entregas publicada entre marzo de 2010 y mayo de 2011 nadie habría sospechado al respecto.




El protagonista de la obra, Joe, es un adolescente con problemas. Como todos, podría decirse. Pero quizá ha tenido poca suerte y las adversidades se le acumulan últimamente: padece diabetes tipo I; su padre, militar, falleció hace no mucho en una misión en el extranjero; y su carácter parece no casar demasiado con el de sus compañeros del instituto, un lugar donde no acaba de encontrarse a gusto y en el que no puede, o no quiere pues apenas lo intenta, relacionarse con sus semejantes. Por si esto fuera poco, el casero amenaza con quitarles la casa a su madre y a él y dejarlos en la calle...




Lo que prometía ser una tarde cualquiera después de haber visitado la tumba de su padre se convertirá en el inicio de una aventura sin igual para Joe: en el cementerio, un pequeño grupo de matones le molestan y le arrebatan la chocolatina destinada a prevenir un ataque hipoglucémico; por ello, y una vez ya en casa, Joe sufrirá dicho ataque, y durante el proceso acabará visitando un mundo de fantasía alternativo que parece estar ubicado en su propio hogar y donde sus juguetes, entre los que es fácil reconocer a muñecos de las series Masters del Universo, Transfomers o G.I. Joe y de personajes DC como Superman, Batman y Robin, Lobo o John Constantine, han cobrado vida. También Jack, el hámster de Joe, se ha transformado en Chakk, un animal antropomorfo, el menor de siete hermanos, con apariencia de guerrero y corazón, según él, cobarde.




A partir de esta idea, Morrison, con la inestimable ayuda de un brillante Sean Murphy (Hellblazer: Ciudad de demonios) a los lápices, construye un relato binario, que se mueve entre la realidad y la fantasía, y donde la primera se ha convertido, como el propio Joe explica, en la mitología de la segunda: así, Joe es recibido como una suerte de héroe profético al que apodan "el Moribundo", y que más tarde será llamado Joe "el Bárbaro" cuando lidere las huestes de la reina Bree (álter ego de su propia madre) contra el ejército del Rey Muerte.




El tema que subyace en Joe el Bárbaro, más allá de uno tan querido por Morrison como poner en tela de juicio las fronteras que separan lo real de lo que no lo es, es la adolescencia y el paso a la madurez: los problemas que amenazan a su reducida familia hacen mella en un Joe al que pronto dejará de funcionarle esconderse en su propio mundo, por no hablar de su obsesión por la muerte -de ahí los nombres de "Rey Muerte" o "el Moribundo"-, siempre presente por culpa de una enfermedad que no pidió sufrir.




Obra menor si se quiere de Grant Morrison, pero solo si se la compara con sus títulos más aplaudidos (que estarán en la mente de todos), Joe el Bárbaro puede leerse también como un homenaje al poder redentor de la imaginación y la fantasía, y desde luego no es un cómic desdeñable, pues proporciona un rato de lectura agradable que gana con revisiones posteriores. Vale la pena darle una oportunidad.


Título: Joe el Bárbaro
Autores: Grant Morrison (guion) / Sean Murphy (dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Comics
Fecha de edición: octubre de 2011
208 pp. (color) - 16,95 €

martes, 3 de abril de 2012

La Semana de Grant Morrison: El Asco



En la segunda mitad de la década de los 80, la por aquel entonces directora de DC Comics Jenette Kahn se propuso reclutar a varios de los guionistas británicos que habían llamado la atención de la crítica y de los lectores del Reino Unido en las páginas de la mítica revista 2000 AD o en sus trabajos para la división inglesa de su máxima rival, Marvel Comics. El buque insignia de esta nómina de guionistas fue, por supuesto, Alan Moore, pero gracias a esta iniciativa editorial (que, entre otras cosas, acabaría dando pie a la creación del sello Vertigo en 1993) también empezaron a publicar al otro lado del charco autores como Jamie Delano, Neil Gaiman, Peter Milligan... o el que estaba llamado a redefinir algunos personajes superheroicos tan icónicos como Superman, Batman o los X-Men, y con ello a revolucionar un tanto el adocenado panorama del mainstream: nos referimos, claro, a Grant Morrison.




El tratamiento del género superheroico llevado a cabo por Grant Morrison tanto en Animal Man como en Doom Patrol había dejado muy claro, tanto a DC Comics como a sus lectores, que su campo de acción lleno de restricciones se le quedaba corto al guionista británico para construir el discurso que más le interesaba, y que no era precisamente el ecologista que había primado en la colección protagonizada por Buddy Baker, el hombre con poderes animales.


Los Invisibles según Chris Weston,
el dibujante de El Asco


Así, y ya ubicada de lleno en el recién nacido (en 1993) sello Vertigo, frente a la conversión de los dos títulos citados en el párrafo anterior, nació la que muchos -entre ellos un servidor- consideran la obra maestra de su autor junto con Animal Man: nos referimos, claro, a Los Invisibles... una verdadera novela (gráfica)-río en tres volúmenes (divididos a su vez en 25, 22 y 12 entregas respectivamente sumando un total de 59 comic books) donde planteó una lucha sin cuartel entre las fuerzas del statu quo y una suerte de equipo terrorista que apostaba por los cambios sociales y cuyo nombre da título a la obra.




Teniendo en cuenta esto, no es difícil considerar a El Asco (Planeta de Agostini Comics), una maxiserie de trece números publicada entre agosto de 2002 y octubre de 2003, como una secuela conceptual de Los Invisibles en la que Morrison lleva hasta las últimas consecuencias dicho enfrentamiento entre el orden y el caos, y con él su discurso acerca de la naturaleza de la realidad... todo ello vinculado con una lectura metanarrativa del relato, al estilo de la ejecutada en el grueso de su estapa en Animal Man: esto es, el "cómic dentro del cómic" en versión Grant Morrison.




La acción de El Asco arranca el 23 de noviembre de 2001 siguiendo los pasos de Greg Feely, un individuo solitario, solterón por imposiciones de la vida, que trabaja en una oficina y que por las noches pasa el tiempo indolentemente sentado en el sofá frente al televisor consumiendo cine porno. El único vínculo emocional de su vida es el cariño que siente por su gato Tony, al que mima y que le sirve de interlocutor en lo que de otra manera no sería sino hablar solo continuamente.




Esta rutina da un giro de ciento ochenta grados cuando en su apartamento (y en su ducha) se cuela una atractiva mujer negra que le revela un hecho que él no está dispueso a aceptar de buenas a primeras: aunque parece no recordarlo, su nombre real es Ned Slade, y es un agente de La Mano, la subdivisión principal (de hecho, controla al resto) de El Asco, una organización secreta que opera desde un plano de realidad alternativo y que vela por el bienestar de la humanidad y la pervivencia del statu quo. Así, "Greg Feely" no sería sino una tapadera (una parapersonalidad, en la jerga de los agentes de La Mano) tras la que se oculta Slade después de haber abandonado el servicio activo.




A partir de ese punto, Morrison desarrolla una suerte de odisea de ciencia ficción paranoica en la línea de Philip K. Dick y, por extensión, la saga cinematográfica Matrix, en la que el autor de Mata a tu novio vuelve a plantear una duda (¿razonable?) acerca de aquello que consideramos "la realidad". Este rasgo, como comentábamos, emparenta El Asco con la anterior Los Invisibles, si bien (al menos en su plantamiento) aquí se giran las tornas: si en la serie protagonizada por el equipo de King Mob el statu quo representaba todo lo negativo de las posturas más inmovilistas y conservadoras, y los Invisibles se erigían en los héroes de un relato con claras reminiscencias del movimiento punk y, por qué no, las vanguardias europeas de los años 20, en El Asco las (escasas, por otra parte) simpatías del lector están en un principio con los agentes de La Mano, o al menos con el propio Ned Slade / Greg Feely, mientras que Spartacus Hughes, al que Slade y su comando deben detener y que representa las fuerzas del caos, y los que son como él se revelan como los villanos de la función.




Pero en El Asco todo es relativo, y conforme se avanza en la lectura de las trece entregas de la serie, el punto de vista parece cambiar, y el lector nunca sabrá con total seguridad a qué carta jugar, creando así Morrison un estado de paranoia constante muy de su gusto. Esto, y la sobreabundancia de ideas -el escocés se permite apenas citar alguna en un diálogo, desdeñándola, cuando en manos de otros autores podría haber dado pie a una obra autónoma por sí sola-, incrementa la dificultad que supone su lectura (un rasgo más que la vincula a otro relato de lenta digestión como Los Invisibles) y que hace de El Asco una obra no apta para todos los paladares.




Mención especial merece el apartado gráfico de la obra, con un Chris Weston cuya atención por el detalle puede recordar al trabajo de Brian Bolland -precisamente, el portadista de Animal Man-, y que aquí se ve apoyado por el espléndido entintado de Gary Erskine. Para terminar de dar forma al producto, no podemos dejar de citar los diseños de Carlos Segura para las trece cubiertas de la colección, una serie de ilustraciones conceptuales sin parangón en el cómic mainstream de entonces... y de ahora.




Así pues, y más allá de las dificultades que plantea y de que lo ambicioso de la propuesta pueda frustrar a más de un lector, El Asco se revela como uno de los pilares de la obra de Grant Morrison por lo que tiene de relato que pone en tela de juicio el tejido de la realidad (o así), las convenciones sociales y los límites entre el orden y el caos. Puro Morrison, vaya.


Título: El Asco
Autores: Grant Morrison (guion) / Chris Weston (dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Comics
Fecha de edición: junio de 2011
320 pp. (color) - 30 €

lunes, 2 de abril de 2012

La Semana de Grant Morrison: Animal Man



En la segunda mitad de la década de los 80, la por aquel entonces directora de DC Comics Jenette Kahn se propuso reclutar a varios de los guionistas británicos que habían llamado la atención de la crítica y de los lectores del Reino Unido en las páginas de la mítica revista 2000 AD o en sus trabajos para la división inglesa de su máxima rival, Marvel Comics. El buque insignia de esta nómina de guionistas fue, por supuesto, Alan Moore, pero gracias a esta iniciativa editorial (que, entre otras cosas, acabaría dando pie a la creación del sello Vertigo en 1993) también empezaron a publicar al otro lado del charco autores como Jamie Delano, Neil Gaiman, Peter Milligan... o el que estaba llamado a redefinir algunos personajes superheroicos tan icónicos como Superman, Batman o los X-Men, y con ello a revolucionar un tanto el adocenado panorama del mainstream: nos referimos, claro, a Grant Morrison.




El primer trabajo de Grant Morrison para DC Comics fue Animal Man (Planeta de Agostini Comics): la compañía le dio a este guionista nacido en 1960 carta blanca para recuperar a un personaje secundario de su universo superheroico, y lo que en un principio pudo haberse quedado en una miniserie de cuatro entregas acabó siendo la primera etapa, compuesta por 26 números guionizados todos ellos por Morrison, de una serie que llegaría a alcanzar las 89 entregas entre septiembre de 1988 y noviembre de 1995. Una etapa, dicho sea de paso, cuya calidad no sería alcanzada ni de lejos por las posteriores (pese a contar con escritores tan interesantes como los citados Milligan y Delano, el primero de estancia más breve en la cabecera), y que con el tiempo ha adquirido la pátina de obra maestra y de culto.




La etapa de Grant Morrison comienza con una historia en cuatro partes que para su posterior reedición en tomos recopilatorios recibió el título unitario de “La naturaleza de la Bestia”. En este relato, el escritor escocés proponía un panfleto a favor de la causa ecologista y los derechos de los animales disfrazado de relato superheroico, en el que Buddy Baker retomaba su uniforme de Animal Man y gracias a su poder extraordinario (apropiarse de las cualidades de cualquier animal que se encuentre cerca de él) acababa enfrentándose a Bwana Bestia, este otro personaje semiolvidado del Universo DC que ejerce de personificación de la consciencia del reino animal, un poco al estilo de lo que un Elemental como La Cosa del Pantano viene a ser para la flora del planeta.




"A 17 kilómetros a las afueras de la ciudad, los gritos comienzan en serio... Al principio se oyen bajitos, como un jaleo que se oye en otra habitación, pero se hacen más fuertes a cada paso... Gritos. Los monos gritan... hacen sonar los barrotes, golpean la tela metálica, tocan sus jaulas como si fuesen instrumentos musicales sin afinar... Y el olor... ¡Dios! Cómo apesta la ciudad... enorme y enferma... Vomita sus tripas y vacía sus intestinos en los ríos, en los mares... El olor de la gente apretujada, como uvas en una prensa... El aroma amargo del sudor... de todas las vidas diminutas en las que nadie repara en el vientre del monstruo. Se le había olvidado lo horrible que podía llegar a ser... La bestia aprieta los dientes contra el dolor que le golpea las paredes del cráneo y se limpia la sangre de la nariz. Ojalá parase el ruido... ese ruido tan terrible... Una orquesta de jaulas... Una cabeza llena de monos gritando... ¿Por qué tuvimos que bajar? ¿Por qué tuvimos que bajar de los árboles?". Con este monólogo interior arranca Animal Man para acto seguido mostrarnos en la segunda página a Buddy subido a un árbol intentando rescatar al gatito de su vecina. A partir de varios encadenados como este, que pueden recordar a los engarces visuales ejecutados por Alan Moore y Brian Bolland (a la sazón autor de las espectaculares portadas de Animal Man) en Batman: La broma asesina, Morrison presenta al protagonista de su historia, a su familia (su esposa Ellen, sus hijos Clifford y Maxine) y a la primera aventura en la que se verá envuelto este superhéroe, una figura cuya identidad civil y conflictos morales le preocupan a Morrison mucho más que su faceta como justiciero enmascarado.




Una vez escrita y entregada esta saga al equipo de ilustradores, el guionista se queda aparentemente sin ideas, pero consigue salir del bloqueo creativo gracias a "El Evangelio del Coyote", todavía hoy una breve historia de culto aplaudida por los lectores y que acabaría siendo el quinto número de la serie: en esta ocasión, por vez primera en la colección y con la complicidad del dibujante Chas Truog y el portadista Brian Bolland, Morrison revela el carácter ficcional del relato, ejecutando así una pirueta metalingüística que dará mucho más de sí en entregas posteriores. Llegado este punto merece llamar la atención sobre el trabajo gráfico de Truog, muy (merecidamente) criticado en su día e incluso hoy por su poco atractivo acabado, fruto de sus nulos conocimientos de anatomía y perspectiva, que dan como resultado un aspecto plano e insulso. Ahora bien, se trata de un dibujante que cumple como narrador, y que nos parece particularmente adecuado, aunque solo sea por ser distinto al estilo reinante (la escuela de Neal Adams, Joe Kubert o, posterioremente, John Byrne y Alan Davis), para unos libretos tan personales como los de Morrison. De hecho, Truog brilló particularmente en este episodio, con homenaje incluido a los cinéticos cartoons de la Warner.




Tras un par de números que pueden leerse como una suerte de fill ins aunque de calidad muy superior a la media de este tipo de propuestas (un crossover con la macrosaga DC del momento, Invasión, protagonizada por un kamikaze thanagariano, y un precioso homenaje a Watchmen con un villano de tercera categoría, Máscara Roja, como presencia estelar), en el comic book octavo de Animal Man Morrison empieza a sembrar unas semillas que acabarán floreciendo del todo en el número 26 y último de su etapa. Así, el lector podrá disfrutar de un relato de largo recorrido durante diecinueve entregas mensuales, en las que el guionista redefinirá no solo el personaje de Animal Man dentro del Universo DC, sino la figura del superhéroe en general como icono cultural de nuestro tiempo.




Contar con todo lujo de detalles esta última historia, que podríamos titular "Deus ex machina" (en realidad, el título del último capítulo), sería hacerle un flaco favor tanto a Morrison como al futuro lector: baste decir que Morrison someterá al personaje a un proceso materializado ya en las (espléndidas) cubiertas de Bolland: lo ninguneará (frente a su hijo, frente a los lectores) a favor de J’onn J’onzz, el Detective Marciano (¡y un par de obreros de la construcción!), multiplicará, deconstruirá y hará desaparecer; lo llevará a través del tiempo y el espacio, lo someterá a la pérdida más trágica de todas y lo hará reencontrarse con su creador, que no es Dios sino el propio Grant Morrison. Todo ello en un relato poblado por referencias a Albert Einstein y Alicia en el País de las Maravillas, la Edad de Oro de los tebeos de superhéroes, las drogas alucinógenas y la cultura chamánica y, claro está, el discurso ecologista de un Morrison que por aquel entonces se convertía al veganismo más radical y combativo.




Como se ve, estamos ante una obra de ambición desmedida que, pese a ello, cumple con lo prometido: entre otras cosas, Grant Morrison se propuso para el número 19 dos objetivos tan ambiciosos como contar unas segundas Crisis en Tierras Infinitas (ni más ni menos, el megacrossover que redefinió todo el Universo DC unificando sus diversos planos narrativos) y, de paso, descubrir el secreto del universo. Y lo más increíble es que, a su manera, lo logró, entre otros métodos rompiendo la cuarta pared heredada del arte teatral. Ahí es nada.




Leída hoy de una sentada, se entiende que Animal Man de Grant Morrison haya adquirido el estatus de obra de culto, incluso de pieza maestra del cómic de superhéroes norteamericano, y que sea considerada como uno de los pilares, una de las cuatro patas (las otras tres serían el Swamp Thing de Alan Moore, el Hellblazer de Jamie Delano y el Sandman de Neil Gaiman) sobre las que se asienta el tan traído y llevado Vertigo, el sello adulto de DC Comics, que desde luego ha vivido épocas mejores que la presente, pese a contar con cabeceras de calidad como Fábulas, Scalped o The Unwritten.




Pero lo más sorprendente del asunto es que lo que Morrison consiguió con esta y con su etapa en The Doom Patrol, dinamitar el cómic de superhéroes poniendo en entredicho tanto su lado más naif, repleto de ingenuidades y lugares comunes, como sus aspectos más oscuros, lo hizo desde dentro del mismo género, en un par de series de entregas mensuales en formato comic book, veinticuatro páginas grapadas con cubiertas que daban forma a un producto que se vendía junto al resto de cabeceras mensuales de DC protagonizadas por los superhéroes de la compañía; artículos culturales y de consumo aparentemente inocentes y vacuos, pero que escondían en su interior un explosivo con temporizador... que acabaría explotando en las páginas de Los Invisibles. Pero, como suele decirse, esa ya es otra historia...


Título: Animal Man
Autores: Grant Morrison (guion) / Chas Truog & Tom Grummett (dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Comics
Fecha de edición: mayo de 2011
680 pp. (color) - 42 €

domingo, 1 de abril de 2012

Comic Top 5: Marzo 2012

Un nuevo mes empieza hoy, y es por tanto el momento de pasar lista y confeccionar el habitual Comic Top 5 con las mejores lecturas de los últimos treinta y un días. Así pues y sin más dilación, aquí tenéis en estricto orden alfabético los cinco mejores tebeos leídos en marzo:




1.- Downtown
Noël Lang & Rodrigo García (Dibbuks)




2.- El Eternauta (Segunda parte)
H. G. Oesterheld & F. Solano López (Norma)




3.- Escenas de un matrimonio inminente
Adrian Tomine (Sins Entido)




4.- Gacela
Surco Valbuena Makino (Sugoi)




5.- The League of Extraordinary Gentlemen. Century: 1969
Alan Moore & Kevin O'Neill (Planeta de Agostini)