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viernes, 20 de julio de 2007

El trailer del viernes: No country for old men

Aunque se vino de vacío del Festival de Cannes, la nueva película de los hermanos Coen, No country for old men, fue una de las más aplaudidas del certamen.

Basada en la espléndida novela de Cormac McCarthy No es país para viejos, que recomiendo encarecidamente, cuenta con un reparto encabezado por Tommy Lee Jones, Josh Brolin y nuestro Javier Bardem.

Podéis ver el trailer en la web oficial del film:

No country for old men

¿Hacia dónde va el terror en los cómics?

Quizá sea una pregunta un tanto demasiado genérica, incluso hasta sensacionalista, pero que se nos ha despertado tras leer dos recientes novedades de Marvel y DC emparentadas con el género del terror.



Por un lado, el célebre Marvel Zombies de la Casa de las Ideas, donde el aplaudido Robert Kirkman revisita el Universo Marvel en clave de historia de muertos vivientes, esas que le han dado tanto y tan merecido prestigio; en sus páginas Kirkman apuesta por la fusión del terror con los superhéroes y con el humor negro y decididamente paródico.



Pero, ay, no espere el lector encontrar en esta obra, editada aquí por Panini, el genio desbordante que Kirkman derrocha en Los muertos vivientes y en Invencible. Es más: el lector ajeno a la historia de los cómics Marvel apenas encontrará algún interés en la obra, pues este solo radica en que el fan fatal de la compañía ve como el guionista arremete contra iconos casi intocables hasta el momento convirtiéndolos en monstruos hambrientos de carne humana.

En cuanto a la parte gráfica, destacar el espléndido trabajo de Sean Phillips (Sleeper). Ah, y atención a las portadas de Arthur Suydam, que homenajean en clave zombi portadas de momentos clave de la historia de Marvel.



Mucho más interesante es Hellblazer Especial: Mala Sangre, editada por Planeta. En esta miniserie de cuatro números en su edición original, el guionista Jamie Delano (el primero que se encargó de la colección de John Constantine), sin renunciar al característico sentido del humor del personaje y la serie, se lo toma mucho más en serio para construir una historia ambientada en un futuro distópico: en el Londres del 2025, un Constantine de 72 años vive los estertores de la monarquía británica.



Un posible descendiente bastardo de la realeza, una reality tv movie de máxima audiencia y un culto que ha convertido a la fallecida Lady Di en un icono religioso más célebre que la Virgen María son algunos de los elementos que usa el escritor inglés para demostrar que el terror de calidad no tiene límites. Ni en los cómics ni en ningún otro medio.

Échenle un vistazo. Además, el dibujo de Philip Bond y Warren Pleece es estupendo.

La España del pasado en clave de thriller

Poco a poco vamos comentando algunas de las novelas presentadas en la Semana Negra de Gijón. Si ayer le tocó el turno a Nadie me mata de Javier Azpeitia, hoy dedicamos la columna de Abandonad toda esperanza a dos magníficas narraciones: La brújula de Ceilán de Mariano Sánchez Soler y El imán y la brújula de Juan Ramón Biedma.

Podéis leer la columna pinchando aquí:

Libros, churros y brújulas



[Fotografía: Mariano Sánchez Soler (dcha.) en la presentación de su obra en la Semana Negra de Gijón 2007. Le acompaña el escritor mexicano Juan Hernández Luna. (C) C. Carrasco.]

jueves, 19 de julio de 2007

Nadie me mata: Crisis de identidad

La nueva novela del escritor y editor madrileño Javier Azpeitia, Nadie me mata, arranca como el Viajes por el Scriptorium de Paul Auster: un individuo despierta en una habitación que desconoce, para enseguida darse cuenta de que incluso no sabe a ciencia cierta quién es él mismo. Pero esta novela, que acaba de editar Tusquets, cuenta el drama de este personaje en clave de thriller: el individuo tiene consigo un arma y un fajo de billetes.



Pero cuando el protagonista empieza a descubrir aspectos de su personalidad y del mundo y las personas que le rodean... todo cambia, y vuelve a cambiar de identidad: cuando despierta ya no es el delincuente que era, sino la mujer (una bella actriz) con la que al parecer él y su hermano gemelo mantienen una relación.

Describir más allá de estas líneas la trama argumental de Nadie me mata es complicado, y además se corre el riesgo de desvelar demasiado de la peripecia argumental. Solamente añadiremos que el cambio de personalidad (casi una especie de fuga transgénica, concepto que a los seguidores del David Lynch de Carretera perdida y Mulholland Drive no les parecerá ajeno) no se queda ahí, y varias serán las identidades que irá tomando el protagonista sin nombre. ¿O es una sola identidad con varias caras?



En el último Mayo Negro celebrado en Alicante, el escritor Fernando Marías destacó esta novela de Azpeitia por su heterodoxia y su posible importancia en el devenir futuro del género negro. Una vez leída, hay que señalar que con semejante premisa, la novela tiene que ser fallida por fuerza, pues no agota (sería imposible que lo hiciera) todas las posibilidades de la misma. Que guste más o menos dependerá del atrevimiento del lector, y de que este entre o no en su particular juego de espejos y resonancias.... Algo que no es precisamente fácil. Avisados quedan.


Nadie me mata
Javier Azpeitia
Barcelona, Tusquets, 2007
264 pp. - 17 €


[Fotografía 2.ª: Javier Azpeitia y Fernando Marías en la Semana Negra de Gijón 2007. (C) C. Carrasco.]

Transformers: El ruido y la furia del verano

Habrá quienes discutan no ya la calidad de las películas de autores como Lars von Trier o Michael Haneke, sino la sinceridad moral y ética de las mismas, lo que sus máximos responsables pretenden conseguir con ellas. Pero ante una película como Transformers cabe preguntarse sobre sus méritos artísticos, pero nunca sobre su propósito: el trabajo de Michael Bay es uno de los más directos y sinceros que puedan verse en una gran pantalla.



Y este propósito no es otro que reventar la taquilla apelando no ya solo a los amantes del cine como gran espectáculo repleto de explosiones y efectos especiales (que los hay, y por arrobas), sino a la nostalgia de aquellos niños que en los años 80 jugaron con los muñecos Transformers de Hasbro y, seguidamente, disfrutaron de la serie de animación para televisión o los cómics con sus aventuras.



Un servidor nunca fue fan fatal de la franquicia, pero sí gozó con la lectura de los tebeos que aquí editó Forum, por lo que nombres como Optimus Prime o Megatron no le suenan a chino. Y después de ver el film de Bay tengo que reconocer que disfruté la experiencia, y que las dos horas y veinte que dura se pasaron en un suspiro... a pesar de lo simple del argumento; quien busque algo más ambicioso y complejo mejor dedique su tiempo a films de directores como los citados al principio.



La película, protagonizada por las estrellas emergentes Shia LaBeouf (futuro hijo de Indiana Jones) y Megan Fox, y que cuenta con Jon Voight y John Turturro en papeles secundarios (este último en una intervención decididamente autoparódica), no engaña a nadie: es la historia de siempre, el Bien contra el Mal, aquí representados por los Autobots y los Decepticons, organismos extraterrestres no biológicos que hacen del planeta Tierra su campo de batalla. Todo ello se ve servido en la gran pantalla con un ritmo adecuado, que va in crescendo, y con unos efectos digitales impactantes (atención al enfrentamiento entre los dos ejércitos de robots durante los veinte últimos minutos).



Por lo demás, es de agradecer el sentido del humor con el que los guionistas, Roberto Orci y Alex Kurtzman (colaboradores habituales, guionistas y productores de la serie Alias), se han tomado su cometido, conscientes de que un film basado en unos juguetes para niños no debe de tomarse demasiado en serio a sí mismo.



En definitiva: un gran entretenimiento, siempre que no se le pidan peras al olmo. Y como dijo alguien al respecto: vayan a verla... pero no se olviden de las palomitas.

miércoles, 18 de julio de 2007

Siete lecturas imprescindibles

Hace unas semanas Juan Salvador López, cabeza visible de la librería Estudio en Escarlata, nos pedía amablemente que le proporcionásemos siete recomendaciones para su sección "La Lista de los Siete". Obviamente, no pudimos negarnos ante tal honor.

Hace unos días, en su blog homónimo, colgaba nuestro texto... el cual reproducimos también aquí, por si es de vuestro interés:



LA LISTA DE LOS SIETE
De Fran J. Ortiz


Siete libros y/o cómics (¿y por qué no catorce? ¿O cien? ¿O mil?, como diría Guillermo Cabrera-Infante) que han marcado a un servidor en su experiencia lectora y, por extensión, en su experiencia vital.

Vayamos con dos libros de género negro: al hablar del mismo, mejor dejar a un lado a sus padres indiscutibles (Hammett y Chandler), porque recomendar su obra es una obviedad. Preferimos abogar por material ligeramente marginal: así lo ha sido siempre Jim Thompson, aunque en los últimos años se le ha reivindicado como uno de los grandes: El asesino dentro de mí fue la primera novela suya que leí, la que más me sigue gustando de todas las que han pasado por mis manos, y uno de los libros que me hizo amar el género. La historia de Lou Ford, el policía psicópata, abrió el noir a otras posibilidades argumentales, y de ella nace buena parte del thriller contemporáneo, tanto literario como cinematográfico. Antes de Hannibal Lecter (El silencio de los corderos) o John Doe (Seven) ya estuvo Lou Ford.

La otra novela negra es tan heterodoxa, tan radical, que no es una sino tres: La ciudad de cristal, Fantasmas y La habitación cerrada son tres novelas cortas con la firma de Paul Auster. En sus páginas, el demiurgo del azar, auténtico maestro contemporáneo de la narrativa hipnotizante, configura una apasionante investigación a partir de una llamada de teléfono equivocada. Hay que leer esta Trilogía de Nueva York interconectada para saber lo que puede hacer una imaginación desbordante (que no desbordada) con las convenciones del género en la era de la postmodernidad.

Y vamos con dos libros de terror, el género fantástico de mis amores, dado que la ciencia ficción o la fantasía heroica nunca han sido, con contadas excepciones, santos de mi devoción. Richard Matheson ha cultivado todos estos géneros, y en una joya como Soy leyenda mezcló terror, ciencia ficción y denuncia político-social con un resultado inolvidable. Pero si su nombre aparece en esta lista es gracias a La casa infernal, obra maestra del subgénero de casas encantadas, y primera novela de terror puro y duro que tuve el placer (y el bendito suplicio) de leer. Si entras en la Casa Belasco, incluso cuando termines de leer la novela y cierres el libro, te darás cuenta de que nunca volverás a salir de allí. Y allí sigo.

Siguiendo con la heterodoxia, el otro libro del género no es uno, sino una serie de volúmenes de relatos terroríficos: los Libros de sangre, seis tomos en su edición original y cuatro en la española, si nos referimos a la imprescindible reedición de La Factoría de Ideas. Stephen King dijo que había visto el futuro del género de terror y que su nombre era Clive Barker; no es de extrañar después de leer maravillas como El tren de la carne de medianoche, En las colinas, las ciudades, Jacqueline Ess, La vida de la muerte o La Madonna. Una capacidad para crear imágenes desasosegante la del escritor de Liverpool, que también cuenta en su currículo con ser el creador de los cenobitas de Hellraiser, estupenda novela e igualmente espléndida adaptación al cine filmada por el propio escritor.



Y, finalmente, tres cómics, todos ellos de género fantástico y/o terrorífico, por así decirlo, pero tratado con gran originalidad: para empezar, From Hell, la obra cumbre (junto con Watchmen) de Alan Moore, el guionista que revolucionó el medio en los años 80. Con esta obra, dibujada por Eddie Campbell, Moore lleva a cabo la obra más documentada sobre la figura de Jack el Destripador; pero, no conformándose con ello, construye una odisea mística sobre los conceptos de la narración, la mentira o la intrahistoria, sin olvidar la magia y las sociedades secretas tan queridas por el autor de Northampton. Una obra maestra indiscutible del noveno arte.

Los Invisibles es la obra más representativa de otro genio inglés, Grant Morrison. El autor de Animal Man explora en esta larga serie la idea de que la evolución de la humanidad responde al continuo enfrentamiento entre dos bandos que permanecen en las sombras: aquellos que luchan porque el status quo se mantenga, y otros que abogan por la rebelión contra la autoridad. Estos últimos son Los Invisibles. Un cómic punk, a medio camino entre William Burroughs y Philip K. Dick, con el que Morrison quiere, como él mismo ha dicho, que los lectores se den cuenta de que ha llegado el momento de insultar al profesor, quemar los pupitres, dejar el colegio y salir corriendo a la calle.

Y cierra la lista otro guionista inglés, Neil Gaiman, y su The Sandman, posiblemente el cómic norteamericano más aplaudido y premiado de los años 90: una narración extensísima, protagonizada por Morfeo, el Dios del Sueño, y donde el autor de Los hijos de Anansi crea todo un universo de ficción, mágico y misterioso, cargado de referencias a todas las artes y dotado de una fuerza poética sin parangón. Ninguna de las creaciones posteriores de Gaiman, sean cómics o novelas, ha alcanzado la inconmensurable calidad de las peripecias de Sueño, Muerte y el resto de los Eternos.

Espero que disfruten de alguna de estas obras tanto como yo. O aunque sea la mitad, que ya valdría la pena.



El asesino dentro de mí
Jim Thompson
(Júcar)

From Hell
Alan Moore & Eddie Campbell
(Planeta de Agostini Comics)

La casa infernal
Richard Matheson
(La Factoría de Ideas)

La trilogía de Nueva York
Paul Auster
(Anagrama)

Libros de sangre
Clive Barker
(La Factoría de Ideas)

Los Invisibles
Grant Morrison et alii
(Norma Editorial / Planeta de Agostini Comics)

The Sandman
Neil Gaiman et alii
(Norma Editorial / Planeta de Agostini Comics)

martes, 17 de julio de 2007

Bodrios que hay que ver: Animadoras asesinas

Tras el paréntesis de las vacaciones gijonesas, volvemos con esta sección de los martes, y que ahora dedicamos a una película, Animadoras asesinas, para la que eso de "que hay que ver" se relativiza mucho; porque hay que tenerlos bien puestos para perder ochenta y cinco minutos de tu vida en semejante bazofia fílmica.



El título original de la película, también conocida como Cheerleader Camp (esto es, "Campamento de animadoras") es Bloody pompons, que se traduzca literalmente como "Pompones sangrientos" o coloquialmente como "Malditos pompones" o "Jodidos pompones", sigue teniendo su gracia.



Una gracia que no tiene la cinta en sí, protagonizada por un equipo de animadoras (y sus compañeros músicos) que acuden a un campamento de cheerleaders donde será elegida la Reina de las Animadoras.



El film, dirigido (es un decir) por John Quinn en 1987, y que al parecer tuvo un intento de secuela tres años después que no se llegó a completar (y no me extraña), pretende aúnar los géneros de comedia y terror, imitando tanto a los slasher films tipo Halloween o (sobre todo) Viernes 13 con las películas de adolescentes y humor grueso de sagas como la de los Albóndigas o los Novatos... pero el resultado final es muy triste: no consigue aterrorizar a nadie, y mucho menos hacer reír.



Un guión inexistente, unos actores lamentables, unos diálogos que dan vueltas una vez y otra sobre lo mismo para acabar no diciendo nada... Y las consabidas dosis de sexo gratuito y gore, elementos típicos del género en los 80. Pero créanme: por mucho que intente describírsela, se me escapa por completo. Para entender lo condenadamente mala que es Animadoras asesinas tendrán que verla ustedes mismos. Si se atreven, claro.

99 ejercicios de estilo: La letra con humor entra

El mejor adjetivo para calificar una obra como 99 ejercicios de estilo, que aquí edita Sins Entido con una magnífica presentación, es el de revelador. Aunque también se me ocurren otros muchos: deslumbrante, entretenido, apasionante... y, sobre todo, divertido. Divertidísimo. Mucho.



Lo que Matt Madden se propuso, a partir de la lectura de Ejercicios de estilo de Raymond Queneau, y llevando su propuesta narrativa al ámbito del arte secuencial, fue el contar una breve historia, en realidad una anécdota banal, haciendo uso de todos los estilos posibles, efectuando todas las variantes que se le ocurrieran a partir de ese punto de partida común.



El resultado son estas 99 historietas de una página en las que Madden se convierte en protagonista de su propia obra: un autor de cómics que deja de trabajar por un momento para dirigirse a la nevera; en el transcurso de su breve desplazamiento, su novia (la también autora de cómics Jessica Abel) le pregunta la hora; él le contesta... y cuando llega al frigorífico y lo abre se da cuenta de que ya no recuerda qué estaba buscando.



De la historia primera, llamada "Modelo" (esto es, de la que se parte), el lector asiste embobado a variantes previsibles basadas en el tiempo, el espacio o el punto de vista; pero Madden no se detiene ahí, y lleva a cabo homenajes a autores y personajes imprescindibles del noveno arte como Outcault y su Yellow Kid o Herrimmann y su Krazy Kat, y a estilos tan reconocibles como el comix underground de Robert Crumb o el manga (respetando, como debe ser, el sentido de lectura oriental).



Por si esto fuera poco, no faltan recreaciones de estilos tan reconocibles como el de Jack Kirby, la línea clara de Hergé, los tebeos de terror de EC Comics, las tiras de prensa o el mismísimo tapiz de Bayeux, considerado como un precedente del noveno arte datado en el siglo XI. Y mención aparte merecen las versiones más sorprendentes y arriesgadas del volumen: contar la mencionada anécdota mediante un mapa, un gráfico o un inventario de elementos. Sí, puede hacerse. Al menos Matt Madden puede.



Y aunque es un libro que puede leerse, como el propio autor comenta en el prólogo, a saltos y de forma interrumpida, aconsejo leerlo de una sola sentada, incluso con cierta premura: es la mejor manera de apreciar, de aprehender, el fascinante sentido del humor que recorre toda la obra. En el periodo de reflexión que siga a la lectura, y en una relectura más sosegada, ya iremos descubriendo las posibilidades didácticas de esta obra, tan imprescindible ya como los textos teóricos de Will Eisner o los de Scott McCloud, muy influida por los de este último, y tan reveladora como todos ellos.


Título: 99 ejercicios de estilo
Autor: Matt Madden (guión y dibujo)
Editorial: Sins Entido
Fecha de edición: julio de 2007
226 páginas (b/n y color) - 18 €


[Imágenes 3.ª y 5.ª: Matt Madden en la presentación de la obra en la Semana Negra de Gijón 2007. (C) C. Carrasco.]

lunes, 16 de julio de 2007

Bocetos de la Semana Negra: Víctor Santos

Mañana comenzaremos a reseñar libros y cómics presentados en la Semana Negra de Gijón. Pero de momento os dejamos con un sabroso aperitivo visual: un sketch de Víctor Santos.



En esta ocasión, se trata de la particular (y espectactular) versión de la Nancy Callahan de Sin City de Frank Miller vista por el autor de Pulp Heroes y Al mejor postor. Una gozada, vamos.

De regreso de la Semana Negra

Como prometimos... ya hemos vuelto de la Semana Negra de Gijón, con un buen puñado de libros y cómics de los que iremos dando buena cuenta en este vuestro blog.



Por el momento, adelantar que hemos leído una novela realmente sugerente: El imán y la brújula de Juan Ramón Biedma.

Y os recordamos que desde el pasado viernes hay columna nueva de Abandonad toda esperanza... Esta vez sobre Will Eisner y su magistral Contrato con Dios. Podéis leerla pinchando aquí:

El Gran Cómic Americano

jueves, 5 de julio de 2007

Vacaciones en la Semana Negra... y otras secuelas

Una de las secuelas de ir a la Semana Negra de Gijón es que, irremediablemente, vas a querer repetir. Por ello marchamos hoy primero a Madrid y luego a la ciudad asturiana para asistir, por cuarto año consecutivo, a tan magno evento.



Otra secuela de ello es que, irremediablemente, este blog permanecerá sin actualizar durante unos días. A nuestro regreso les contaremos algo de los libros, cómics y demás que hayamos descubierto durante la Semana Negra.

De momento, y como adelanto para los visitantes de este vuestro blog, os dejamos con la columna que publicará mañana El Periódico de Villena, sobre tres películas muy recomendables, todas ellas secuelas.

Podéis leerla pinchando aquí:

Secuelas



Y lo dicho: nos leemos al regreso de Gijón.

Alias (2001-2006)

Alias llegó por fin a su conclusión. Han sido cinco años, cinco temporadas, 105 episodios de cuarenta y dos minutos aproximadamente cada uno, que nos han enseñado, entre otras cosas, que no podemos fiarnos de nadie.



La serie, creada por J. J. Abrams (que después volvería a saborear un éxito todavía más masivo con Perdidos), ofrece, a lo largo de tres primeras temporadas magníficas y dos últimas más decepcionantes, aunque con momentos estupendos, una trama conspiratoria de espionaje, plagada de misiones y contramisiones, dobles identidades, profecías apocalípticas, alta tecnología y misterios del pasado, sin olvidar las consabidas gotas de humor y la subtrama romántica.



Si el personaje principal es Sydney Bristow, agente que descubre al comienzo de la serie que no trabaja para la CIA sino para el enemigo que cree combatir, en el plantel de secundarios nos encontramos algunas creaciones memorables, como Arvin Sloane, el villano de la función, un personaje cargado de aristas, o Jack Bristow e Irina Derevko, los progenitores de la protagonista, situados en bandos opuestos.



El reparto principal de la serie, en principio, lo conformaban Jennifer Garner, Ron Rifkin, Victor Garber, Michael Vartan, Bradley Cooper, Merrin Dungey, Carl Lumbly y Kevin Weisman. A estos (de los que alguno desaparecería) se unirían en temporadas sucesivas Lena Olin, Melissa George, David Anders, Mia Maestro, Rachel Nichols, Élodie Bouchez, Amy Acker y Balthazar Getty. Igualmente, han contado con papeles relevantes para Greg Grunberg (amigo desde siempre de J. J. Abrams, que aquí interpreta a Eric Weiss, agente de la CIA y amigo de Michael Vaughn), Terry O’Quinn, Patricia Wettig, Amy Irving, Gina Torres, Angus Scrimm, Isabella Rossellini, Sonia Braga, Angela Bassett, Angus Macfayden, Djimon Hounsou, Clifton Collins Jr., Joel Grey, Faye Dunaway, John Hannah, Peter Berg, Griffin Dunne, Vivica A. Fox, Patrick Bauchau, Richard Roundtree, Justin Theroux, David Carradine, Michael McKean, Christian Slater, Ethan Hawke, Rutger Hauer y los realizadores Quentin Tarantino y David Cronenberg, por citar solo algunos.



La serie, ni que decir tiene al tratarse de un thriller televisivo de espías, necesita en muchas ocasiones de la suspensión de la incredulidad por parte del telespectador: a cambio, le ofrece muchas horas de espléndido entretenimiento, con un sentido del cliffhanger (el final de cada entrega en el momento de máxima tensión) como no se veía en mucho tiempo... y que lanza, sobre todo en sus primeras temporadas, una visión sobre las incertezas de nuestro tiempo en clave de puro espectáculo. Lo cual no es poco en los tiempos que corren.

Contrato con Dios: Una obra maestra sobre la forja de América

El tan traído y llevado término de novela gráfica, hoy de más actualidad que nunca a partir de las adaptaciones cinematográficas del noveno arte, y muchas veces utilizado como eufemismo para no hablar de cómics, tebeos o historietas (términos tan injustamente denostados), nació en 1978 de la mano de Will Eisner.




Fue en ese año que Eisner concibió Contrato con Dios, y acuñó el término de novela gráfica para que resultara novedoso de cara a los editores. Para ello se inspiró, como señala en el ilustrador prólogo del volumen que ahora nos ocupa, en el trabajo de artistas gráficos experimentales de los años 30, como Otto Nückel, Franz Masareel o Lynd Ward.



El resultado fueron cuatro historias (la que da título al libro más "El cantante callejero", "El Súper" y "Cookalein") ambientadas en la Avenida Dropsie, una calle de ficción situada en El Bronx, una de las áreas más deprimidas de Nueva York, y en las que el creador de The Spirit nos permite ser testigos de la vida cotidiana de algunos de sus habitantes: Frimme Hersh, que regresa al hogar después de haber enterrado a su hija; Eddie, el cantante callejero que apenas saca unos centavos para pagarse su dosis de alcohol; el señor Scuggs, duro administrador del 55 de la Avenida; y otros muchos que aprovechan el verano para irse de vacaciones (o quedarse en casa aprovechando la ausencia de la esposa) e intentar dar algo de alegría, que no de sentido, a sus vidas.



El trabajo de Eisner en Contrato con Dios es modélico: por una parte, ofrece un fresco coral entrelazado a la perfección, en el que el lector no se pierde jamás, y cuyo interés se mantiene de principio a fin; y, en lo que al apartado gráfico se refiere, es de una modernidad aplastante para un cómic que ya tiene casi treinta años: Eisner no cae nunca en el detallismo barroco, pero tampoco deja los escenarios desangelados, ni mucho menos; consigue crear una sensación espacial con su trazo y temporal con la sucesión de viñetas como solo los grandes maestros saben hacerlo. Véase, por ejemplo, el arranque de la historia "Contrato con Dios", con el protagonista en la oscuridad y bajo la lluvia fundiéndose con el entorno, subrayando así su desesperada situación.



El volumen, lujosamente editado por Norma Editorial, incluye también las otras dos novelas gráficas ambientadas en la Avenida Dropsie, y que poseen las citadas características de "Contrato con Dios": por un lado, "Ansia de vivir", larga narración en capítulos no independientes marcada por la crisis bursátil del 29, y que demuestra que la especulación inmobiliaria no es cosa del siglo XXI, mediante una historia cargada de ética y de visión antropológica e incluso mística y filosófica de lo que significa ser una persona.



Finalmente, "La Avenida Dropsie" concede su protagonismo a la propia calle, y a partir de sucesivas generaciones cuenta su historia al completo, desde 1870 hasta la época de su autor, más de cien años forjados con incendios, accidentales y (la mayoría) provocados, chanchullos inmobiliarios, enfrentamientos raciales y religiosos y una constante lucha por la supervivencia.



Si entendemos esta trilogía de La vida en la Avenida Dropsie como una obra unitaria, y no hay que hacer demasiados esfuerzos ni cábalas para lograrlo, no resultará complicado darse cuenta de inmediato de que estamos ante La Gran Historieta Americana, frente al concepto (este sí muy aceptado) de La Gran Novela Americana. Tal es su calidad narrativa, así como su importancia como representación de un extenso y relevante pedazo de la historia reciente de un país, la nación más poderosa del planeta.


Título: Contrato con Dios (La vida en la Avenida Dropsie)
Autor: Will Eisner (guión y dibujo)
Editorial: Norma Editorial
Fecha de edición: abril de 2007
502 páginas (bitono) - 30 €


[Fotografía 2.ª: Will Eisner.]

miércoles, 4 de julio de 2007

Ocean's 13: La ética de los canallas

Toda secuela cinematográfica tiene algo de liturgia, una predisposición a encontrarse más de lo mismo, pero con la suficiente novedad como para mantener el interés. Eso lo consigue a la perfección Steven Soderbergh en su trilogía de Danny Ocean, que finaliza con esta Ocean’s Thirteen.



Si a los once ladrones de la película original se sumó Julia Roberts en la primera secuela, son ahora Eddie Izzard (presente ya en esta última) y Andy Garcia (la némesis del grupo en las películas anteriores) quienes se unen a la banda de George Clooney, Brad Pitt y compañía, formando esos 13 de Ocean, para asaltar uno de los hoteles y casinos más importantes de Las Vegas.



El director de esta empresa es la gran novedad del film: un inconmensurable Al Pacino que, junto a su mano derecha Ellen Barkin, se convierte en el objetivo a abatir. El origen del enfrentamiento se encuentra en que Willie Bank, el personaje de Pacino, ha engañado (y provocado indirectamente un ataque al corazón) a uno de los ladrones más veteranos del equipo, el empresario encarnado por Elliot Gould.



Por lo tanto, este Ocean’s Thirteen se convierte en una defensa de la amistad, la camaradería y el compañerismo, ambientada en escenarios muy similares a los de Ocean’s Eleven, y obviando el periplo europeo de la más floja aunque no despreciable Ocean’s Twelve.



A nadie se le escapa que con esta trilogía, Soderbergh ha pretendido, por un lado, pasárselo bien y hacérselo pasar bien a su equipo, como ya hicieran Frank Sinatra, Dean Martin y demás en La cuadrilla de los once, film del que Ocean’s Eleven era un confeso remake. Y, por otro lado, el director de El buen alemán aspira a financiar proyectos más personales: en su obra, tras el impactante debut de Sexo, mentiras y cintas de vídeo y otras películas tempranas, siempre ha aunado el cine comercial (Un romance muy peligroso, Erin Brockovich, Traffic, la trilogía que nos ocupa) con el independiente (Schizopolis, Full Frontal, Bubble, su episodio de Eros), usando el éxito del primero para financiar el segundo, de una forma similar a como lo hizo John Cassavetes con su doble faceta de actor en películas taquilleras y director de films absolutamente personales.



Un magnífico divertimento, pues, al que no hay que pedirle más que lo que es: un puro entretenimiento que nos mantiene atentos a la pantalla en todo momento durante las dos horas que dura. Eso sí: lo paradójico del asunto, tratándose de un film sobre la amistad, es que esta enésima colaboración entre Soderbergh y Clooney podría ser la última, pues ya se da por cerrada su asociación en Section Eight, la productora de ambos hasta la fecha. Corren malos tiempos para la lírica.

Seton: La llamada de la naturaleza

La publicación de cualquier obra de Jiro Taniguchi es siempre motivo de alegría: incluso cuando, como en este caso, el autor de Barrio lejano se limita a dibujarla, corriendo el guión a cargo de Yoshiharu Imaizumi. Y lo es porque el trabajo de este último se acerca a la propia concepción ética y artística de Taniguchi, a su amor por la naturaleza y a su defensa de los valores éticos y morales más férreos; y también porque, sencillamente, lo firme quien lo firme, este Seton es un maravilloso cómic.



El protagonista de la obra, cuyo nombre le da título, es Ernest Thompson Seton, naturalista inglés nacido en 1860 y fallecido en 1946. Interesado en primera instancia por el arte, utilizó la pintura para expresar su respeto por la naturaleza en cuadros como Lobo durmiendo o La victoria de los lobos. Después descubrió que el arte no era suficiente, y tras pasar épocas en Nueva York, Ontario, Londres y París, y solo después de aprender a vivir en la naturaleza a partir de las enseñanzas de los indios pieles rojas, emprendió una carrera como naturalista y viajero que lo llevó a Nuevo México.



Allí se desarrolla casi toda la acción de este primer volumen, y allí descubrimos a la otra gran protagonista de Seton: nos referimos, claro está, a la naturaleza. Elemento muy presente en la obra de Taniguchi, incluso en obras tan urbanas como la portentosa El rastreador (publicada como esta y otras muchas obras del japonés por Ponent Mon), en esta serie escala posiciones y se pone al mismo nivel que el personaje principal, o incluso más: su presencia es la que da sentido a la obra, y que la acerca a la producción literaria de autores como Rudyard Kipling (este, amigo personal de Seton) o, sobre todo, el Jack London de Colmillo Blanco y La llamada de la selva.



Este primer número narra el enfrentamiento entre Seton y 'Lobo', llamado 'el Rey' por los mexicanos, un espécimen de lobo muy especial: de fuerza considerable e inteligencia pavorosa, es el depredador más temido por los cuidadores de ganado y rebaños. Su astucia lo lleva a evitar la carne que no caza su manada personalmente (así se libra de los cebos envenenados) y a descubrir bajo la tierra, enterrados, los cepos colocados por los cazadores.



A partir del encuentro entre ambos, Seton y 'Lobo', surge una rivalidad caracterizada tanto por el odio como por la admiración mutua; un enfrentamiento marcado por la evolución obsesiva del primero, que convertirá la caza del animal en la razón primordial de su vida, y que solo se saldará con el fracaso y la muerte de uno de los dos.



Ejemplar, por tanto, el guión de Imaizumi, que nos regala un western ecológico y naturalista que puede recordar tanto a Las aventuras de Jeremiah Johnson de Sydney Pollack como a Dersu Uzala de Akira Kurosawa. En cuanto a Taniguchi, si hablamos de su trabajo a los lápices, hay que destacar su magistral captación de la grandeza de la naturaleza, ya desde las vistas panorámicas de las primeras páginas: deja con la boca abierta su capacidad para hacernos creer que las nubes se desplazan, el agua de los arroyos cae estrepitosamente, las vacas caminan despacio en el prado, y el río fluye hacia su desembocadura.



Ahora solo nos queda esperar con avidez el segundo volumen de la serie (que verá la luz en agosto), y que seguro la confirmará como uno de los mejores mangas que se están publicando en la actualidad.


Seton (Vol. 1: "Lobo", el Rey)
Autores: Yoshiharu Imaizumi (guión) / Jiro Taniguchi (dibujo)
Editorial: Ponent Mon
Fecha de edición: junio de 2007
288 páginas (283 b/n + 5 color) - 18 €