jueves, 16 de septiembre de 2010

El asesino Lou Ford y el culo de Jessica Alba

Ante cualquier adaptación cinematográfica de la novela El asesino dentro de mí de Jim Thompson, esa que tanto gustaba a Stanley Kubrick y que el autor de Atraco perfecto nunca se atrevió a llevar a la gran pantalla, uno se puede plantear si dicho proyecto tiene algún sentido salvo para aquellos que no han leído ni piensan leer el libro; porque de cara a aquel que ya conoce el texto de partida -un relato criminal directo, sencillo, lineal y muy visual-, que permite al lector construir su película conforme lo va leyendo, cualquier adaptación más o menos fiel nunca estará a la altura de la versión propia, por así decirlo.



Eso es lo que le ocurrió en 1976 al veterano realizador Burt Kennedy con su versión del texto de Thompson, y es lo que le ha vuelto a ocurrir en 2010 al prolífico y muy versátil Michael Winterbottom y su The Killer Inside Me, un thriller tan elegante como inofensivo que sigue casi al pie de la letra las andanzas del sheriff psicópata Lou Ford creado por Thompson, y que por tanto sabe a poco al espectador iniciado que espera, por lo menos, alguna que otra sorpresa que le haga emocionarse desde su butaca.



Posiblemente, el único aliciente del film en tanto en cuanto supone un elemento novedoso es la extrema violencia visual -que nunca se permitió Burt Kennedy- contra la figura de la mujer, una violencia física que se manifiesta en tan solo dos secuencias de alta intensidad, dos ataques inesperados de Lou Ford (Casey Affleck, el hermano de Ben) primero contra la prostituta Joyce Lakeland (Jessica Alba) y después contra su novia "oficial" Amy Stanton (Kate Hudson), que perduran en el recuerdo del espectador mucho tiempo después de finalizada la proyección.





Particularmente la primera de estas escenas es de una brutalidad inesperada, y da la sensación de que Winterbottom confía en epatar al espectador con dicha secuencia en tan alto grado que luego se limita a desarrollar el relato con el piloto automático puesto. Tanto es así que durante el visionado de la película alguien me dijo medio en serio medio en broma que últimamente solo veo películas oscuras, violentas y/o desagradables, para luego añadir -durante la célebre azotaina que reciben las posaderas de Jessica Alba a manos de un Affleck armado con un cinturón-, también medio en serio medio en broma, que estaba equivocado, que tratándose del culo de la Alba no podía hablarse de algo desagradable sino de algo bello.





En ese apunte radica, a mi parecer, uno de los pocos rasgos de autor por parte de Winterbottom en su versión de la novela fronteriza de Thompson: en destruir un icono sexual del cine contemporáneo a base de golpes, hasta reducir su bello rostro en un inexpresivo, casi irreconocible amasijo de carne y sangre, en poco más que una hamburguesa, utilizando la afortunada definición de uno de los personajes secundarios. Porque, por lo demás y dejando de lado este aspecto, el film parece quedarse en un quién es quién de los actores de reparto (y carácter) norteamericanos, pues por sus fotogramas desfilan también los veteranos Ned Beatty y Tom Bower, el prolífico Elias Koteas (visto en dos de las mejores películas de este año: Shutter Island y Two Lovers), un fugaz Bill Pullman (Carretera perdida) y el mentalista televisivo Simon Baker.





Y en cuanto al cometido de Casey Affleck -verdadera estrella de la función, presente durante todo el metraje como corresponde a una introspección psicológica como esta, y que relega al resto de intérpretes al papel de meros comparsas-... aun siendo un actor espléndido -lo demostró, y de qué manera, en la magistral El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford-, me parece que no corresponde por su porte y pulcritud con el Ford de Thompson. Me quedo antes con el tough guy de Stacy Keach del film de Kennedy, y también con la estética sucia y barata de aquella adaptación frente a los fotogramas luminosos y limpios de este The Killer Inside Me en versión de Michael Winterbottom.



De lo que no cabe duda alguna es de que lo que sí son una verdadera obra maestra son los créditos del film, influidos por la estética pop de los años 60, y que reproducimos completos a continuación para deleite de los cinéfilos que visitan este vuestro blog:











































4 comentarios:

  1. Pues aunque he leído unos cuantos de Jim, este libro tan clásico no. La peli no la he visto (ni esta, ni la versión anterior). Gracias por las imágenes de los créditos. Se nota que son pop años 60, sí.
    Un saludo.

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  2. Anónimo5:06 p. m.

    Yo tenía pensado ver la película ayer, de hecho, comencé a verla, pero visto el trajín que llevo de trabajo escolar, decidí relegarla para el fin de semana. Después de leer esto, ya no se que hacer.

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  3. Vaya para lo que ha quedado Jessy (y sus nalgas claro).
    Mucha razón con los créditos.

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