miércoles, 18 de agosto de 2010

It's only rock'n'roll... (or ska)



Sí es cierto que existe una relación que vincula el cómic con la música -para más información al respecto, puede consultarse el título cuya cubierta encabeza estas líneas-, si bien no más que como ocurre con otras artes como la literatura o el cine. Y la mayoría de las veces esta relación ha pasado más por referencias puntuales al otro en cada uno de sus ámbitos, cuando no por el empleo de dibujantes de cómic a la hora de ilustrar portadas de discos, que no por haberse prodigado mucho los autores de historietas en reflejar el mundo de la música en sus obras.



Eso no quita para que en los últimos meses se hayan publicado varios tebeos con la música como uno de los principales ingredientes del relato en cuestión. Por su carácter autobiográfico y su interés intrínseco merece especial atención Jirafas en mi pelo, significativamente subtitulada "Una vida de rock'n'roll". Editada por La Cúpula, se trata de la autobiografía de Bruce Paley puesta en imágenes por su compañera actual, la autora de historieta Carol Swain; una autora que ha sido comparada nada menos que con el que es para muchos el mejor escritor de relatos cortos del siglo XX, Raymond Carver... Imaginamos que principalmente por el mundo que retratan sus viñetas -la América profunda de los bares de carretera, las gasolineras y los sin techo- y por la austeridad de su estilo gráfico.



El relato arranca cuando el protagonista recuerda el momento en el que conoció a su primer amor, Janet, en el célebre "verano del amor" de 1967. Los autores sitúan así la historia en un momento de eclosión de felicidad e idealismo que desembocará en el descreimiento, a un paso del nihilismo, de los años 70: la sombra de Nixon y la guerra del Vietnam planean por encima de buena parte del relato, en el que el propio Paley, llamado a filas, intentará por todos los medios librarse de ser finalmente reclutado. Lo conseguirá, pero por aquel entonces desconoce que lo peor todavía está por llegar...



Como muchos seguidores de la contracultura de los 70 en general, y de la obra de Jack Kerouac en particular -el episodio en el que Paley localiza por fin el único libro del autor de On the Road que le quedaba por leer es uno de los momentos más líricos del relato-, la vida del protagonista se cruzará con el consumo de drogas, desde el cannabis hasta la cocaína y la heroína, habitual en los conciertos de música de entonces y de ahora. Un hábito peligroso que se llevará por delante a Johnny Thunders, líder de The Heartbreakers y figura histórica de importancia capital en la novela gráfica que nos ocupa... Cuyo extraño título, por cierto, está extraído de uno de los temas del disco de T-Rex The Slider, otra de las principales influencias musicales de Paley.



Por su parte, y pese al prestigio que parece atesorar su carrera, Carol Swain se nos antoja una dibujante de estilo bastante discreto, aunque salga más o menos indemne de una serie de homenajes (a Disneyland, los tebeos de terror de EC Comics o el Silver Surfer de Marvel dibujado por Jack Kirby, personaje este también significativo de la cultura del amor libre) o de retratar a personajes reales como el escritor Truman Capote, el actor John Belushi (otra víctima de los estupefacientes), The Ramones o el citado Johnny Thunders. Su trazo apenas puede presumir de la funcionalidad necesaria para plasmar los vaivenes vitales de su compañero, a la postre principal interés de la obra que nos ocupa.



Y es que el mayor valor que atesora Jirafas en mi pelo es su absoluta falta de pretensiones artísticas, más allá de erigirse como un retrato fidedigno de las vivencias reales de su guionista (que no es poco). Lejos de imponer ningún dogma de fe, o de dar lecciones de vida al lector -no hay tremendismo alguno en la obra, ni siquiera cuando se relatan las adicciones de Paley y de los que le rodean-, el protagonista -por mediación de Swain- relata buena parte de su existencia vital tal y como ocurrió... Y si no fuese así, desde luego lo parece.



De esta forma, en Jirafas en mi pelo no se buscan sorpresas ni golpes de efecto; no hay suspense, ni tampoco una progresión dramática que pueda hacer adivinar al lector cómo de cerca está su final. El relato termina cuando sus autores deciden darlo por terminado, e incluso dejan la puerta abierta a una posible continuación: "te lo contaré en la próxima carta", afirma el protagonista acerca de un concierto de Patti Smith dirigiéndose a un destinatario que puede ser tanto un amigo suyo cualquiera como, en realidad, el propio lector. Un lector que después de pasar la última página de este cómic se siente cercano y en ocasiones hasta conmovido por las vivencias de una persona que hasta entonces le resultaba totalmente ajena. Ahí radica el mayor logro de este relato gráfico.



La música, y también las drogas, son elementos de gran importancia en Raúl ¡El Rude!, serie de Pep Pérez publicada en su día en las páginas de El Víbora y que ahora se ve recopilada al completo en la colección Integral de Glénat. Se trata de una antología de historias breves, de entre una y cuatro páginas, la mayoría en blanco y negro pero con alguna entrega en color, y sin un hilo conductor más allá del protagonismo del mismo personaje principal.



El referente musical es obvio desde el mismo envoltorio del álbum: el subtítulo "Greatest Hits" y la advertencia posterior acerca del contenido explícito del interior -semejante a la de Conejo frustrado de Mike Bonales, comentada anteayer- están extraídos de la iconografía de la edición de discos y CD. Además, los colores blanco y negro utilizados recuerdan al universo mod popularizado por la película Quadrophenia -uno de los referentes del protagonista de la obra-... el mismo universo, por cierto, que inspiró otro cómic bien distinto a este: The Originals de Dave Gibbons (Watchmen). Por si esto fuera poco, el prólogo de esta edición corre a cargo de Pele Vlader Rapp, cantante y compositor de La Thorpe Brass, uno de los grupos que aparece en la historieta a modo de cameo.



Pero aquí terminan las semejanzas entre el relato de Bruce Paley y la creación de Pep Pérez: para empezar, el referente musical principal ya no es el rock, sino el ska, con el padrino del género -Laurel Aitken- a la cabeza y también presente en el relato como special guest star. Pero, además, lejos de la asepsia narrativa de Paley y su pareja, que buscan en todo momento la fidelidad a la realidad en pos de la mayor verosimilitud posible, Pérez apuesta por la diversión iconoclasta, por el gamberrismo más desatado.



Para empezar, el consumo de drogas está tratado con un desenfado tan provocador como regocijante, y es tanta la felicidad que le aporta al protagonista la ingesta de farlopa que tendríamos que hablar de apología de las drogas si no fuese porque el distanciamiento irónico de la obra echa por tierra esta teoría. Se trata más, pues, de provocar al lector más conservador y por tanto más proclive a ofenderse.



Además, lejos del verismo de Jirafas en mi pelo, Raúl apuesta por la fusión de géneros en pos de la diversión a toda costa: el protagonista, lejos de ser un modelo de conducta, se convierte en el (anti)héroe por contraposición a sus némesis, personajes más negativos que él mismo, como los neonazis que siguen la doctrina del führer y que son capaces de desarrollar una droga que despierta el instinto racista en quien la consume (!) o incluso en diseñar un robot gigante para enfrentarse a sus enemigos (!!). Además, en el relato se incluyen giros argumentales inesperados, historias contadas dentro de historias, sueños que pasan por realidad... y hasta primerísimos planos casi imposibles, la mayoría relacionados con encuentros sexuales al más puro estilo del cine pornográfico.



Pero pese al desenfado que destilan todas y cada una de sus páginas, en Raúl ¡El Rude! también se aprecia el mismo desencanto que vivió la generación de norteamericanos que vivió su adolescencia o su primera etapa como adultos en los años 70: la misma evolución que experimenta Bruce Paley a lo largo de Jirafas en mi pelo los lectores españoles podemos apreciarla si comparamos al Raúl de Pérez con un icono anterior, del que algo tiene este de lógica evolución: el Gustavo de Max. Ambos son dos bandarras sin oficio ni beneficio, pero si bien este último todavía tenía una coartada ideológica en el caso de Raúl esta ha desaparecido, quedando sus razones para vivir reducidas a dejarse llevar por el desenfreno más absoluto, por la búsqueda del placer inmediato, de concierto en concierto, de raya en raya, de polvo en polvo. El mismo placer inmediato, por otra parte, que a buen seguro encontrará en sus paginas el lector.



También como un relato bastante desenfadado se presenta Nietos del rock'n'roll, editado a comienzos de este año por Edicions de Ponent pero que todavía no habíamos tenido la ocasión de comentar en este vuestro blog. La obra en cuestión es el resultado de la unión de dos autores a los que creemos hay que seguir muy de cerca: Santiago Valenzuela al guión y David Ortega a los lápices. Una obra de la que, antes de seguir hablando de ella, queremos destacar que puede saberse más visitando esta web sin desperdicio.



El protagonista de esta novela gráfica es Vicente, un niño resabiado y prepotente que solo piensa en triunfar aplastando a quien se le ponga por delante; pero por delante se le pondrá una adolescente que lo llevará por el mal camino en compañía de sus poco aconsejables amigos... Algo que con el tiempo acabará transformando a Vicente en un icono del rock y el punk más indie y un poco más adelante en un ídolo musical de masas rendido a la comercialidad.



En el camino, claro está, no faltarán las celebridades: ahora, a Johnny Thunders y Laurel Aitken los sustituyen Jimi Hendrix y Frank Sinatra: el primero, como supuesto artista insobornable del rock'n'roll... al menos hasta que un ahogo en su propio vómito se lo llevó por delante; el segundo, como una estrella dispuesta a pagar cualquier precio para seguir brillando eternamente...



Por supuesto, Nietos del rock'n'roll es una diatriba contra el arte de medrar a cualquier precio, urdida con gracia por un tándem creativo perfectamente compenetrado: por una parte, a Valenzuela ya lo conocíamos por sus aventuras del capitán Torrezno o por el espléndido El gabinete del doctor Salgari, dos obras muy personales ambas que reflejan un mundo propio a la vez que heredero de la propia tradición cultural española, con Quevedo, Gómez de la Serna y hasta el surrealismo buñueliano a la cabeza, pero sobre todo heredero del legado de Valle-Inclán.



Y es que mucho hay de esperpéntico en el relato de este arribista, el repelente niño Vicente, una figura creada por el escritor y guionista de cine Rafael Azcona en las páginas de La Codorniz, la mítica publicación "más audaz para el lector más inteligente”, y que aquí reaparece en una nueva encarnación actualizada por Valenzuela y Ortega pero tan desagradable como lo fue su precedente en su día.



En cuanto a David Ortega, se trata de un ilustrador que debuta aquí y ahora en el campo del relato extenso, pero cuyas historietas breves en un fanzine como Jarabe no conocíamos con anterioridad; no obstante, tal es el grado de compenetración entre ambos autores que el dibujante hace gala de un estilo no muy dispar del trazo del propio Valenzuela. El resultado del trabajo conjunto de ambos es un relato divertidísimo, repleto de refencias al medio -de Los 40 Principales al mediático Operación Triunfo- y a la sociedad española del momento -no resulta difícil descubrir entre el plantel de personajes secundarios a trasuntos de José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy o José María Aznar, este último también presente en el Raúl de Pep Pérez-, pero cuya apariencia intrascendente no puede ni quiere ocultar lo seria que es su denuncia en cuanto a los pecados de la cultura del triunfo rápido y fácil. Un concepto este lamentablemente muy unido al mundo de la música, no tanto del cómic... quizá porque quién puede triunfar -o incluso vivir- solo con o del cómic, al menos en nuestro país.


Título: Jirafas en mi pelo (Una vida de rock'n'roll)
Autores: Bruce Paley (guión) / Carol Swain (dibujo)
Editorial: La Cúpula
Fecha de edición: julio de 2010
146 páginas (b/n) - 18 €


Título: Raúl ¡El Rude! (Greatest Hits)
Autor: Pep Pérez (guión y dibujo)
Editorial: Glénat
Fecha de edición: agosto de 2010
104 páginas (b/n y color) - 12 €


Título: Nietos del rock'n'roll
Autores: Santiago Valenzuela (guión) / David Ortega (dibujo)
Editorial: Edicions de Ponent
Fecha de edición: enero de 2010
88 páginas (color) - 19 €



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- Nocturno
- Scott Pilgrim
- Voodoo Child (La leyenda de Jimi Hendrix)

1 comentario:

  1. No he leído los tebeos reseñados, pro sí tengo en mi poder un ejemplar de "Vinilos comic", un libro bastante interesante (teniendo en cuenta que el número de portadas reproducidas siempre será menor al real).

    Por otro lado: le tengo muchas ganas al tebeo de Carlos Gardel, pero no por el personaje retratado, sino por el tándem autoral.

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