miércoles, 22 de septiembre de 2010

Carlos Trillo: ayer, hoy y siempre



Creo haberlo dicho en más de una ocasión, y no temo volver a repetirlo: Carlos Trillo me parece uno de los mejores guionistas de cómic de la historia. Sin añadidos como en activo, de habla hispana o cualquier otra restricción de ese tipo. Uno de los mejores guionistas de cómic de la historia, sin más.

Y a la hora de clasificarlo, de cometer esa habitual tropelía que supone etiquetar todo trabajo artístico, me pasa con Trillo como con Stanley Kubrick y su filmografía: a este a veces se le incluye en la lista de directores contemporáneos, porque aunque ya haya fallecido películas suyas como El resplandor o La chaqueta metálica, no digamos ya Eyes Wide Shut, se nos antojan muy recientes; en cambio, cuando recordamos que ha dirigido títulos como Atraco perfecto, Senderos de gloria o la popular Espartaco nos hace reconsiderar y calificarlo como uno de los pesos pesados del Hollywood clásico.



Con el escritor argentino pasa lo mismo: su producción es ya muy considerable, y abarca desde títulos realizados hace la friolera de más de cuatro décadas a obras publicadas por vez primera ya en el siglo XXI. De igual forma, su obra se asocia igualmente a colaboradores habituales tan ilustres como el gran Alberto Breccia (Mort Cinder) o a dibujantes de tanta actualidad como Eduardo Risso (100 balas). Así pues, esta doble ración de Trillo que hoy nos ocupa la empezamos con un título ya mítico de su bibliografía, y que lo asocia con uno de sus compañeros más habituales: el también argentino Horacio Altuna. Es más, Tragaperras es el cuarto volumen de la colección dedicada a Altuna que Planeta de Agostini Comics viene editando desde hace unos meses, y hasta el momento los cuatro títulos disponibles (y el próximo que se anuncia: El último recreo) vienen todos escritos por Trillo. Cualquier día de estos volveremos a comprobar cómo se le dieron al ilustrador las colaboraciones con otros escritores o la autoría completa...



Como bien nos recuerda Altuna en un evocador prólogo cargado de referencias a la cultura, la popular y a la otra -de Julio Cortázar a Bruce Springsteen, de Terminator a Pesadilla en Elm Street-, Tragaperras se publicó por vez primera en 1984 en la revista homónima, cuya cabecera era, por supuesto, un homenaje a la emblemática novela distópica de George Orwell. Algo hay de distopía -el reflejo de una sociedad futura desde un prisma diametralmente opuesto al de cualquier utopía digna de anhelo- en las siete historias que conforman esta obra, y en las que el hilo conductor es una máquina -la tragaperras del título- que ofrece al cliente narraciones evocadoras a modo de fábulas con moraleja (o así); historias de ficción que no siempre ofrecen soluciones a problemas a veces ya irresolubles y que conforman una comedia humana coral que muy bien podría haberse titulado como aquella película de Basilio Martín Patino: Del amor y otras soledades.



De esta forma, podría decirse que Tragaperras nos cuenta catorce relatos en lugar de siete, empezando por el tan simpático como a la postre triste "Gente sola", en la que un hombre que pasea su soledad por las zonas más deprimentes de una gran ciudad descubre la historia de un joven que se peleará a muerte con un desconocido por los favores sexuales de una bella dama... que resulta no ser lo que parece ser; y terminando con "Fantasmas", historia sobre la que volveremos después. Siete historias dobles que permiten a sus autores volver sobre el leit motiv de la huida de la realidad (que todavía les dio mejores resultados en la magistral Las puertitas del señor López) y reflejar universos tan variopintos como la space opera, los mundos de la fantasía heroica o la América de la Gran Depresión (la misma que tan bien retrataron ambos en Charlie Moon).



Por supuesto, y esto es algo habitual en Trillo y sobre todo en Altuna, el sexo es un elemento de presencia continua en este relato y en los que siguen, donde el lector es testigo del rodaje de una película pornográfica, de una sesión de sadomasoquismo o de las peripecias de un tipo cuya novia es una ninfómana que solo se excita manteniendo relaciones sexuales en los lugares (públicos) más concurridos y por tanto comprometidos. Estos elementos permiten al dibujante hacer gala de su maestría a la hora de retratar la anatomía femenina, un talento que le ha hecho ganar tantos adeptos como a Manara (El clic), Crepax (Valentina) o Serpieri (Druuna).



Posiblemente sea en la última historia del volumen, la ya mencionada "Fantasmas", la única donde el sexo está ausente; se trata de un relato de tintes metafóricos que recuerda tanto a algunas ficciones de Jorge Luis Borges como a la tradición novelística alrededor de la figura del dictador que inauguró Valle-Inclán con Tirano Banderas y que continuaron desde América Latina autores y obras como García Márquez y El otoño del patriarca, Roa Bastos y Yo, el Supremo y Carpentier y El recurso del método. Un relato muy conseguido que, por su situación postrera en el álbum y por la temática que trata, deja maliciosamente un regusto amargo en el lector, a pesar de tratarse de una obra donde el humor reaparece una y otra vez aunque sea como herramienta para reflejar las miserias cotidianas de los seres humanos.



Son precisamente la figura del dictador político, así como algunos de los aspectos más miserables de la condición humana, los elementos que Carlos Trillo retoma en una de sus últimas creaciones: La herencia del coronel. Con dibujos de otro argentino, Lucas Varela, se trata de una obra conocida en su tierra natal como El síndrome Guastavino, pues así se editó primero serializada en la revista Fierro antes de salir en libro, pero que en España ha sido editada por Dibbuks traduciendo el título de la versión en francés.



El protagonista del relato, Elvio Guastavino, responde al arquetipo del funcionario gris sumido en un sistema burocrático que funciona como una gran maquinaria en la que él no es sino una pieza más del engranaje que permite que todo siga funcionando. Pero Guastavino tiene un pasado: es hijo del temible capitán -ascendido póstumamente y con todos los honores a coronel- Aarón Guastavino, uno de los más crueles torturadores durante el período de la dictadura militar argentina, que sometía a los desaparecidos -y, más particularmente, a las desaparecidas- a vejaciones físicas y psicológicas inconcebibles, y de las cuales muchas veces su hijo era testigo directo.



De esta forma, la educación que Elvio recibe de su progenitor -esa "herencia del coronel" a la que alude, en buena parte, un título de doble sentido- lo ha convertido en un ser de conductas desviadas, con una filia muy marcada por las muñecas antiguas, y en particular por un ejemplar verdaderamente caro, de porcelana fina de Praga fabricada en el siglo XVIII, y que se convertirá en el objeto de sus deseos más calenturientos. Y es que el pobre empieza a confundir la realidad y la ficción de una forma cada vez más pronunciada...



Alrededor de Elvio Guastavino el guionista da vida a una fauna de lo más variopinta, conformando una comedia humana que tiene mucho de esperpéntica: de nuevo se hace patente la herencia de Valle-Inclán, y no solo de su citada novela Tirano Banderas sino del drama Luces de bohemia, la madre de todos los esperpentos. Desde el jefe del protagonista a la niña que se hace con la muñeca, pasando por la madre de esta, todos y cada uno de los personajes secundarios del relato no tienen desperdicio.



Merece la pena destacarse el soberbio trabajo gráfico de Lucas Varela -aquí, su blog Estupefacto-, cuyo estilo, más propio de las caricaturas humorísticas, subraya por contraposición la dureza de un relato como el que ha urdido Trillo, y que a la postre se revela, pese a lo divertido de su ejecución, una crítica feroz y sin concesiones a las conductas inhumanas de los próceres de la dictadura. Una obra muy a tener en cuenta... como todo lo que escribe Trillo, por otra parte.


Título: Tragaperras
Autores: Carlos Trillo (guión) / Horacio Altuna (dibujo)
Editorial: Planeta de Agostini Comics
Fecha de edición: mayo de 2010
72 páginas (color) - 11,95 €


Título: La herencia del coronel
Autores: Carlos Trillo (guión) / Lucas Varela (dibujo)
Editorial: Dibbuks
Fecha de edición: julio de 2010
104 páginas (color) - 16 €



(+) Previously on Abandonad toda esperanza, Carlos Trillo:
- Alvar Mayor
- Buscavidas
- Charlie Moon
- Chicanos
- La gran patraña
- La leyenda de las cuatro sombras
- Las puertitas del señor López
- Light & Bold

3 comentarios:

  1. "Carlos Trillo me parece uno de los mejores guionistas de cómic de la historia."
    Estoy de acuerdo.

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  2. Anónimo11:21 a. m.

    y oesterheld ? no se olviden!

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  3. ¿Cómo olvidar a Oesterheld? Además, si eso pudiese ocurrir -que no es el caso-, ya nos lo recuerdan de vez en cuando. Esta misma semana, en La Cárcel de Papel:

    http://www.lacarceldepapel.com/2010/09/25/oesterheld/

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