domingo, 4 de mayo de 2008

Iron Man: Episodio Uno



Ya se han hecho las suficientes adaptaciones al cine de cómics de superhéroes como para poder afirmar a ciencia cierta que lo que distingue las más conseguidas de las más mediocres no es, desde luego, su mayor o menor fidelidad al cómic en que se basan -algo que, claro está, solo afectará a aquellos que conozcan el material del que se parte-, así como tampoco las partes del film que muestran al superhéroe en acción: a fin de cuentas, estas secuencias suelen limitarse a exhibir el presupuesto gastado y el talento del departamento de efectos especiales.



De esta forma, si atendemos a las recientes adaptaciones de cómics de Marvel, y poniendo en un lado de la balanza las películas que en términos generales (y generalizadores) han gustado a los fanáticos de los tebeos de superhéroes (la trilogía de X-Men, las películas de Spider-Man, sobre todo las dos primeras), y en el otro lado las que no (Daredevil, Elektra, Ghost Rider, Los 4 Fantásticos y su secuela), comprobaremos que lo que distingue a unas de otras es la verosimilitud e interés del por llamarlo de alguna manera apartado humano de la historia.



Atendiendo a estas razones, la reciente Iron Man acaba por ubicarse sin esfuerzo en el primer grupo: dirigida sin ínfulas de autoría -aquellas que en manos de Ang Lee, según muchos, echaron por tierra los posibles logros de Hulk, aunque a un servidor siempre le ha parecido una película harto interesante- pero con altas dosis de oficio por el también actor Jon Favreau, y protagonizada por un espléndido Robert Downey J. al que secundan Terrence Howard, Gwyneth Paltrow y Jeff Bridges, el film resulta en un divertimento excelente y una de las más fieles adaptaciones de un personaje de la Marvel.



Y esto es así porque, a fin de cuentas, lo que más importa del film es Tony Stark, no el Hombre de Hierro, de igual modo que en Spider-Man interesa más la cotidianeidad de Peter Parker que su faceta como trepamuros, o en X-Men la huida de Logan y Pícara o la incomprensión social y la intolerancia que padecen los pupilos de Charles Xavier que no sus enfrentamientos con la Hermandad de los Mutantes Diabólicos.



Favreau, al que los seguidores de las películas de Marvel recordarán como el Foggy Nelson de Daredevil, y que aquí interpreta a Happy Hogan, el chófer y guardaespaldas de confianza de Tony Stark, ha trasladado la acción de los cómics originales de New York a la Costa Oeste, emparentando la figura de Stark con un magnate aficionado a la velocidad con inequívocas resonancias de Howard Hughes. Y para ello ha contado con un Robert Downey Jr. que vuelve a demostrar -como ya hizo recientemente en Zodiac- qué es uno de los mejores actores de su generación, componiendo un Stark divertidamente irreflexivo, que vive la vida día a día, preocupándose por su placer y su bolsillo sin pararse a pensar en las consecuencias de su negocio: la alta tecnología aplicada a la industria armamentística.



Aunque algunos detractores opinen que el cambio moral de Tony Stark se produce "de la noche a la mañana", resulta convincente que una experiencia que lo sitúa al borde de la muerte haga que el magnate y playboy se replantee ciertas cuestiones, y encuentre otra manera de encauzar su talento. Precisamente, el guión de Mark Fergus, Hawk Ostby, Art Marcum y Matt Holloway, puesto en imágenes por Favreau, se toma el tiempo necesario para plantear los orígenes del personaje, conocidos por los lectores del cómic pero no por una gran parte del público potencial del film. Esto se convierte tanto en la gran baza a favor del film como su mayor defecto, algo por otra parte muy habitual en las distintas adaptaciones de cómics al cine: no es fácil encontrar el balance preciso entre lo que hay que contar y lo que se da por supuesto, entre relatar el origen secreto del personaje justificando así sus actos posteriores o pasar directamente a la acción, y en las recientes adaptaciones de cómics solo el Christopher Nolan de Batman Begins pareció encontrar el equilibro justo.



De esta forma, puede decirse que lo peor de Iron Man es también lo mejor: el film de Favreau es, obviamente, un "Episodio Uno", como lo fueron en mayor o menor medida las primeras entregas de Spider-Man y X-Men, o la todavía sin continuación Daredevil (dejando a un lado Elektra, un spin off con todas las de la ley). Solo la muy heterodoxa Hulk se salva de esta percepción, y muy lógicamente, por ello y por el escaso interés que ha despertado entre la legión de seguidores, la inminente The Incredible Hulk protagonizada por Edward Norton ha optado por hacer tabula rasa y partir de cero con un nuevo reparto.



Esto supone que, por un lado, la evolución del personaje se explica convenientemente, despertando el interés de la platea y consiguiendo que el espectador no se aburra ni por un momento durante las dos horas y cuarto que dura el film. Pero, al mismo tiempo, causa la sensación de que, verdaderamente, no cuenta gran cosa... dejando muchos elementos en el tintero de cara a futuras entregas. Y así lo ha confesado el realizador, que planea hacer una trilogía sobre el personaje, dejando previstas para la segunda película mayores dosis de acción y una mirada más oscura (¿y adulta?) del personaje. Esto es: seguir las directrices establecidas por Sam Raimi y Bryan Singer con Spider-Man y X-Men respectivamente, y como al parecer va a ocurrir con las adaptaciones de DC: el propio Singer ha dicho que su secuela de Superman Returns será menos reflexiva y más física que la anterior, y Nolan promete mayores dosis de oscuridad e inquietud -que ya es decir, añadimos nosotros- para la esperadísima El caballero oscuro, su nueva película sobre el Hombre Murciélago de Gotham City.



Así pues, el mayor defecto de Iron Man es que la historia que cuenta es, claro está, "la de siempre", y que lo hace con los suficientes remilgos (violencia descafeinada, aspectos polémicos como el alcoholismo del protagonista convenientemente explorados a medias) como para convertirla en un film para todos los públicos. Pero su mayor virtud es la verosimilitud que dota al personaje de Tony Stark y su cruzada, antes y después del cambio, y al que Downey Jr. interpreta con altas y sanas dosis de cinismo y diversión.



Ahora solo queda esperar que el interés del personaje, que en el ámbito de los cómics vive una nueva juventud tras los acontecimientos de Civil War que lo han convertido en uno de los personajes más interesantes (y odiados) del Universo Marvel, no decaiga; y que cuando llegue el año 2010 y se estrene la secuela del film, comprobemos que la presencia de Nick Furia (en versión ultimate, por obra y gracia de Samuel L. Jackson), SHIELD (traducido como ESCUDO en la versión doblada), La Iniciativa y otros elementos del Universo Marvel tengan mayor preponderancia y no se queden relegados a escenas situadas tras los largos títulos de crédito.

3 comentarios:

  1. Anónimo7:33 p. m.

    Me ha gustado bastante la pelicula.
    A mi si me parece que ha quedado equlibrada en cuanto exposicion del origen y diversion.
    La encontré mas violenta de lo que se podia esperar (en la escena en que se despacha a los malos con rehenes cual Robocop) no es sangrienta ni se recrea en ello pero no disimula que mata e incinera.
    Lo de ESCUDO me trajo nostalgia-Vertice y los indicios que apuntan hacia el Mandarín no son machacones.

    P.D.: Sigo sin compartir las pegas que le ponen a el Hulk de Ang Lee.

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  2. Anónimo7:41 p. m.

    Otra cosa, el alcoholismo es bueno que no aparezca, con el problema cardiaco ya tiene bastante para empezar, a fin de cuentas el asunto del alcoholismo lo sacaron cuando ya le habian arreglado el corazon para que siguiera teniendo alguna debilidad humana, luego vendrian la paralisis, la muerte, la infancia (un pupas, vamos) y ahora a ser casi el mayor supervillano del univeros Marvel a la espera de que el exito de la peli les obligue a redimirlo un poco.

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  3. Pues a mí me sigue pareciendo una castaña como un piano de cola.

    Si, podemos decir que está mejor "de lo que esperábamos". Pero ello no quita para decir de ella que es una peli predecible y prescindible.

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