domingo, 24 de febrero de 2008

There Will Be Blood: Americana



Algo como There Will Be Blood (Pozos de ambición) se veía venir de lejos. Dos películas anteriores de su director, Paul Thomas Anderson, ya dejaban ver la intención por parte del cineasta de filmar la Gran Película Americana no ya del año, sino (como poco) de la década: Boogie Nights y Magnolia, por su capacidad de abarcar las grandezas y las miserias del ser humano (estadounidense), por su protagonismo coral, por su virtuosismo formal, y por su desmesurado metraje, ya adelantaban lo que finalmente ha venido a ser este film protagonizado por Daniel Day-Lewis, y que reconcilia a la cinefilia con P. T. Anderson después del gran fiasco que fue Punch-Drunk Love (Embriagado de amor).



A partir de la novela de Upton Sinclair Oil! (reeditada en español por Edhasa, con motivo del estreno del film, como Petróleo), y de la que se toma bastantes libertades (entre ellas, el cambiar los nombres de los personajes principales), Anderson convierte al protagonista de Mi pie izquierdo en Daniel Plainview, un pionero en la extracción de petróleo de finales del siglo XIX, un hombre de negocios tan visionario como manipulador, que no duda en emplear a su hijo adoptivo (que perdió a su verdadero padre, trabajador al servicio de Plainview, en un accidente laboral) para minar las defensas emocionales de los dueños de las tierras a comprar.



Plainview encontrará la horma de su zapato en Eli Sunday, un joven predicador que lidera la Iglesia de la Tercera Revelación, y que desconfiará del empresario. Este personaje le ofrece al joven Paul Dano, una de las revelaciones de Pequeña Miss Sunshine y al que vimos también en Fast Food Nation, la gran oportunidad de su (corta) vida profesional, y el actor lo aprovecha a conciencia, estando a la difícil altura de Day-Lewis.



No hemos leído la novela de Sinclair, pero no dudamos en que sus páginas estarán empapadas de la siempre marcada ideología política del autor. Esto es algo que a Anderson no le interesa. Al cineasta californiano le preocupa sobre todo ofrecer un retrato de la ambición (un elemento este que no se les ha pasado por alto a los distribuidores españoles del film: véase el horrible subtítulo patrio) de un hombre, y de cómo este se ve corrompido por aquella, terminando sus días convertido en un individuo adinerado, sí, pero también solo, amargado y enfermo.



Anderson ha demostrado en sus películas anteriores su admiración por los géneros y sobre todo por sus cineastas de cabecera: en su deslumbrante debut, Sidney (Hard Eight en el original), se acercó al género negro en su vertiente más fría y pura, al estilo del polar francés, sin olvidar a los clásicos del noir de serie B tipo Mark Robson, Don Siegel o Joseph H. Lewis; y en la citada Punch-Drunk Love parece citar, subrayado por la presencia de un Adam Sandler a ratos fascinante, a ratos irritante, las comedias extravagantes de Alexander Payne, Spike Jonze o Wes Anderson. Todavía más diáfana resulta su deuda con dos cineastas de importancia radical en la resurrección del mejor cine norteamericano durante la década de los 70: en Boogie Nights, su radiografía de los orígenes del cine X, Anderson tiene la mirada puesta en el cine de Martin Scorsese; y en Magnolia, en cambio, opta por emular con descaro los grandes frescos sociales del malogrado Robert Altman, con un film que demuestra en muchos aspectos que el alumno supera al maestro.



Ahora, con There Will Be Blood, Anderson tiene la mirada puesta en dos maneras de concebir el cine bien distintas pero complementarias. Por un lado, en la mirada clásica de directores como Victor Fleming o George Stevens: algo de la épica de Lo que el viento se llevó o Gigante impregna los oscuros fotogramas del film que nos ocupa. Pero, al mismo tiempo, el realizador bebe de la radical modernidad de Ciudadano Kane de Orson Welles o de la filmografía de Stanley Kubrick en su manera de mostrar la peripecia vital de Daniel Plainview, en uno de los falsos biopics más brillantes jamás rodados. Es precisamente al autor de obras maestras de la talla de Lolita, 2001 o Eyes Wide Shut al que más recuerdan los encuadres de There Will Be Blood, así como su arranque (veinte deslumbrantes minutos, prácticamente mudos), su brutal y anticlimático final (absolutamente kubrickiano) y algunos pasajes de una banda sonora, compuesta por Jonny Greenwood (miembro del grupo Radiohead), que subraya la acción en todo momento, al estilo del cine de Hollywood de tiempos pretéritos.



Todo en There Will Be Blood está concebido para resultar en la Película Más Perfecta Jamás Rodada... Un imposible al que, sin embargo, Anderson se acerca bastante: Daniel Day-Lewis, por más que muchos abominen de su indudable tendencia a la sobreactuación, está memorable como el magnate Plainview, y su trabajo -repleto de matices- lo sitúa merecidamente como favorito para el Oscar de interpretación de este año. Del resto del reparto, además del ya mencionado Paul Dano, cabe citar a dos actores estupendos, Ciarán Hinds y Kevin J. O'Connor, como el hombre de confianza y el hermanastro de Plainview. Finalmente es de justicia señalar como gran revelación del film al jovencísimo Dillon Freasier en la piel del hijo del protagonista.



Ahora, tras There Will Be Blood, se tiene la sensación de que Paul Thomas Anderson, que todavía no ha cumplido los cuarenta años, puede hacer prácticamente cualquier cosa. No es mala carta de presentación esta para la película que nos ocupa.



(+) Sobre Paul Thomas Anderson:
- Punch-Drunk Love (Embriagado de amor)

(++) Otra aproximación a la obra de Upton Sinclair:
- La jungla (adaptación al cómic, por Peter Kuper)

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