domingo, 25 de noviembre de 2007

Promesas del este: Atrapados



Desde al menos un par de años atrás directores tan señeros como Steven Spielberg, Martin Scorsese, David Fincher o Woody Allen han realizado algunas películas que, sumadas a títulos provenientes del ámbito independiente, han conformado una pequeña corriente de sólidos trabajos que hacen pensar en una nueva etapa de madurez del cine comercial contemporáneo. Piénsese en títulos como Munich, Infiltrados, Zodiac, Match Point o Cassandra's Dream, que remiten al cine pretérito de Sydney Lumet, Michael Cimino, Francis Ford Coppola o el propio Scorsese, y que hizo del cine norteamericano de los años 70 un oasis de fuerza y creatividad.



Uno de los principales causantes de esta nueva etapa de madurez es el canadiense David Cronenberg: después de convertirse en uno de los realizadores del género fantástico más personales de los años 70 y 80, apóstol de la Nueva Carne gracias a títulos como Vinieron de dentro de..., Rabia, Scanners, Cromosoma-3 o, sobre todo, Videodrome, y después de probar las mieles del éxito con su remake de La Mosca, se convirtió a partir del estreno de películas como Inseparables, M. Butterfly, El almuerzo desnudo o Crash en un cineasta capaz de sorprender continuamente a la platea y hacer cualquier cosa que le viniese en gana.



Y esa cualquier cosa, para indignación de sus fans más cerrados y regocijo de los que saben ver más allá de la superficie, fue apartarse del fantastique para reinventar el cine negro clásico gracias a dos trabajos sucesivos y ambos impecables: Una historia de violencia y su último film hasta el momento, Promesas del este.



Este último film, que parte de un guión original (mientras que el anterior era una adaptación de una novela gráfica de recomendable lectura: Una historia violenta), es algo más convencional que la cinta previa, sin por ello resultar un trabajo domesticado, algo impensable -al menos hasta la fecha- tratándose de David Cronenberg.



En manos de otro realizador, la cinta se habría convertido en un film de acción e intriga a partir de la muerte de una joven prostituta y drogadicta, un whodunit sin gracia alguna en el que averiguar la identidad de los culpables habría sido el único interés de la trama. Pero a Cronenberg (y a su guionista, Steven Knight) no les interesa el acontecimiento, sino el contexto.



Los protagonistas de la historia son al menos tres: Nikolai, un hombre frío y distante que ejerce de chófer y de asesino ocasional para una organización mafiosa del este que opera en Londres; Kirill, irresponsable y vehemente hijo del capo de la organización, y jefe directo del anterior; y Anna, una matrona que trabaja en el hospital de Londres y que se verá inmersa en el submundo criminal a partir de la lectura del diario de la joven fallecida. Pero a Cronenberg, lo que le interesa realmente es sobre todo el primero, al que da vida un magnífico Viggo Mortensen en su segunda colaboración con el autor de La zona muerta, y cuyo conflicto de intereses y de identidad entronca a la perfección con la filmografía anterior del canadiense, que por más que se empeñen algunos no solo se ha concentrado en la corrupción del cuerpo físico, sino también en los conflictos de la mente: recuerden particularmente Spider, pero también cintas ya citadas como Inseparables -posiblemente, su obra maestra- o sus adaptaciones de los textos en principio infilmables de William S. Burroughs o J. G. Ballard.



De esta forma, las peripecias de Nikolai a partir de conocer a Anna y lo que este encuentro desatará concentran la atención de la narración, salpicada de brotes de violencia muy puntuales pero inolvidables, hasta una parte final donde "la sorpresa" de la trama -que no desvelaremos aquí-, pese a convertirla en cierta medida en una historia criminal más convencional, también acaba por dar forma a esta desgarradora tragedia de un hombre atrapado.



Para terminar, es de justicia señalar, además del espléndido trabajo en la puesta en escena de Cronenberg, las ajustadísimas interpretaciones de todo el reparto, completado por Naomi Watts, un perfecto Vincent Cassel y, sobre todo, un inconmensurable Armin Mueller-Stahl en la piel del propietario del restaurante donde se desarrolla buena parte de la historia y cabeza visible de la organización mafiosa.


(+) Sobre la nueva etapa de madurez del cine comercial actual:
- Abandonad toda esperanza, salmo 105º: "Madurando"

3 comentarios:

  1. La escena de los asesinos es de una valentía encomiable. Y el último fotograma, impagable.

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  2. Anónimo12:17 p. m.

    Pedazo de película. Lo mejor del año, hasta ahora.

    Patón.

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  3. Getchell: totalmente de acuerdo en lo del último fotograma. Grandísimo.

    Patón: Como imaginará, creo que es una gran película. Pero me gustó más UNA HISTORIA DE VIOLENCIA, y creo que este año ha dado películas superiores a la de Cronenberg: EL TRUCO FINAL, ZODIAC, EL ASESINATO DE JESSE JAMES POR EL COBARDE ROBERT FORD, EL BUEN PASTOR...

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