miércoles, 2 de septiembre de 2015

Un poco de madera y acero: Esculpir el tiempo




Iniciamos las lecturas de cómics del nuevo curso académico con uno de esos títulos cuyo análisis puede ayudar a todo aquel que guste de reflexionar a propósito del medio y también al que, llevándole la contraria a Thierry Groensteen, todavía se empeñe en demostrar que la de la historieta no es una "definición imposible". Nos referimos a Un poco de madera y acero, la obra de Christophe Chabouté que tres años atrás Vents d'Ouest publicaba en Francia y que hace tan solo unos meses nos llegaba traducida al español de la mano de Planeta Cómic.




Hablando de traducciones: este retraso considerable, desde luego, no puede achacarse a lo supuestamente complicado del proceso de traducción... porque Un poco de madera y acero carece de diálogos, y no presenta más textos que los que aparecen integrados en las propias ilustraciones (un titular de un periódico, la leyenda de un libro impresa en la cubierta, etc.); textos que, dicho sea de paso, aparecen cuidadosamente trasladados al castellano en la edición autóctona. Así pues, los tres años que ha tardado en traspasar los Pirineos solo pueden deberse al desinterés o a la miopía de varios de nuestros editores. Pero como suele decirse, nunca es tarde si la dicha es buena, y en este caso la dicha es mucha... Agradezcamos pues que, en este caso en Planeta, todavía quede alguien con dos dedos de frente como para apreciar el interés de una propuesta como la que nos plantea Chabouté aquí.




Por este vuestro blog ya han pasado otras muchas novelas gráficas de esas a las que, posiblemente con muy poco acierto, algunos llaman "mudas": algunos ejemplos a destacar pueden ser Hellville de Thomas Ott, No Comment de Ivan Brun, Space Dog de Hendrik Dorgathen, El hijo de Hitler de Pieter de Poortere o Los ojos del gato de los maestros Jodorowsky y Moebius. Pero es a otro título, por cierto nacional, y cuyos muchos méritos destacábamos en el momento de su disfrute a finales del año pasado, al que nos recuerda en ocasiones la obra que nos ocupa: nos referimos al espléndido Kiosco, aunque el estilo gráfico de Juan Berrio sea muy distinto del acabado del artista galo.




De este autor ya habíamos disfrutado su adaptación al cómic del cuento de Jack London Encender una hoguera -recordemos que es también responsable de otra adaptación literaria, posterior a la obra que nos ocupa: Moby Dick, según la novela de Melville-; y en aquellas páginas, aunque no carecían de texto, ya hallábamos algunos pasajes en los que, a partir de la soledad de su protagonista, el autor francés exploraba las posibilidades de la narración secuencial para representar el movimiento de los cuerpos y el paso simultáneo del tiempo, rasgo este en común con el mencionado título de Berrio.




Por otro lado, más allá del contenido emocional (que lo tiene, y mucho: véanse si no sus últimas y muy emotivas páginas), esta representación de tiempo y movimiento es el objetivo primordial de una obra como Un poco de madera y acero: de ahí que hayamos recurrido al título del fundamental libro del cineasta Andrei Tarkovsky Esculpir el tiempo a la hora de titular esta nota. Para alcanzarlo, el autor de Purgatorio se vale de una plantilla no fija pero sí poco variable (la mayoría de veces, nos encontramos con páginas de tres o cuatro viñetas horizontales) y de una figura inerte, un viejo banco de un parque -fabricado con ese poco de madera y acero del título-, al que convierte en protagonista absoluto de una novela gráfica de más de trescientas páginas en las que los seres humanos deambulan a su alrededor componiendo una "comedia humana" de tipos diferentes, con gran variedad de edad, género, clase social, etc.




Así, la obra arranca con una pareja de niños, chico y chica, de los que el primero graba en el respaldo del banco con una navaja una declaración de amor que nos permite saber que las iniciales de sus respectivos nombres son "T" e "I"; pero un corte fortuito con la hoja de la navaja interrumpe el proceso. Acto seguido, un hombre de mediana edad, con gafas, vestido de negro y con un maletín en la mano cruza ante nuestros ojos: es la primera de las muchas veces que lo veremos, de un lado a otro, y que nos hará sospechar que se dirige a su lugar de trabajo para, una vez terminada la jornada laboral, regresar a su casa.




Una pareja de ancianos que gustan de compartir un pastel, un vagabundo que intenta dormir en el banco y el guardia que se empeña en impedírselo, un empleado público encargado de pintar el banco, un músico callejero y hasta un perro que siempre hace sus necesidades en los bajos de dicho banco son solo otros de de los muchos personajes recurrentes de la obra, en la que Chabouté, insistimos que sin necesidad de recurrir a diálogos ni a otro tipo de explicaciones superfluas, logra transmitir un amplio abanico de emociones a partir de la reconstrucción que de las distintas historias contenidas en sus páginas ha de efectuar el lector conforme avanza en su lectura.




Pero, insistimos también, es en la manera con la que el autor logra expresar el movimiento y, sobre todo, el paso del tiempo -hasta una página en blanco intercalada en un momento determinado tiene una finalidad expresiva- donde Un poco de madera y acero encuentra su principal razón de ser... y el motivo primordial por el que, al final de año, estará sin duda entre los mejores títulos de este 2015 que ahora encara su tramo final.


Título: Un poco de madera y acero
Autor: Chabouté (guion y dibujo)

Editorial: Planeta Cómic
Fecha de edición: marzo de 2015
336 pp. (b/n) - 22 €

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