martes, 6 de octubre de 2009

Bodrios que hay que ver: Proyecto Dos

Fuga de cerebros y Mentiras y gordas no son, aunque puedan parecerlo, las únicas películas españolas de los últimos años plagadas de estrellas (por así decir) de la televisión que buscan llevar a los cines (o sea, a pasar por taquilla) a los millones de seguidores de las series patrias que tanto triunfan en la pequeña pantalla (que, recordemos, es gratis). Pero si bien las cintas citadas, por su temática de comedia o de film denuncia de la problemática adolescente (permítanme que me ría), han sido duramente -e imagino que justamente- castigadas por la crítica, otras parecen haberse ido de rositas.



Pero aquí está la sección de "Bodrios que hay que ver" para hacer justicia, no sé si poética, divina o qué, pero justicia al fin y al cabo... porque una película como Proyecto Dos es uno de los filmes más inanes e insulsos que nuestras retinas han tenido a bien soportar en estos últimos días. El film está protagonizado, en plan estelar, por Adrià Collado, un actor que por más que hiciera y haga largometrajes para cine creo intuir que va a tener que bregar por muchos lustros con el sambenito de ser el amante gay de Luis Merlo (que queda mucho más creíble de gay, dicho sea de paso y no sé por qué, o sí) en esa serie que hace tanta gracia a casi todo el mundo menos a mí: Aquí no hay quien viva, y de la que solo puedo salvar a un par de actores siempre espléndidos, como Malena Alterio o el veterano Santiago Ramos.



Junto a Collado contamos con Lucía Jiménez, esta sí todavía reticente a hacerse con un papel estelar en televisión, pero tiempo al tiempo. Y secundándoles, otros rostros habituales de la pequeña pantalla como Alfonso Lara o Núria Gago, así como veteranos de la talla de María Luisa Merlo -también presente en Aquí no hay quien viva, una serie que a este paso al único que le queda por fichar es a Michael Madsen- o el gran Manolo Zarzo.



¿Qué cuenta Proyecto Dos? Pues poca cosa, aunque intenta por todos los medios parecer que sí, que tiene algo que contar: Collado interpreta a un científico que investiga sobre la herencia genética y que vive fascinado y atormentado a un tiempo por unos dejà vu que no lo dejan ni a sol ni a sombra. A poco que uno tenga un poco de perspicacia, sospechará que estos falsos recuerdos no se deben, como la explicación científica con la que se abre el film predica, a un error de la mente, sino a algo mucho más oscuro e inquietante... A lo que no deja de contribuir su esposa Susan, una española de padre inglés que vivió varios años en Londres y que aunque va de chica maja y comprensiva parece esconder algo...



Cuando alguien absolutamente idéntico al protagonista es casi secuestrado por una pareja de matones con acento de algún país del este (por lo visto para ser matón tienes que ser ruso, rumano o serbocroata; si eres neozelandés, nigeriano o noruego mejor búscate otra profesión como cazador de safaris, corredor de elite o pescador de atunes), para poco después ser atropellado por un camión, el bueno de Collado -que no tiene un pelo de tonto- empieza a sospechar algo. E interrogando a sus padres y a su esposa descubrirá un oscuro secreto de su pasado que todo el mundo parece conspirar para mantenerlo oculto...



Vamos, vamos y vamos... que Proyecto Dos es la enésima variación de una cinta como Abre los ojos de Alejandro Amenábar (que tampoco era una obra maestra del séptimo arte, pero que comparada con esta lo parece bastante), un quiero y no puedo de género acerca de la clonación humana y los falsos recuerdos que pretende mantener un suspense acerca de un relato que no interesa a nadie, en el que una organización presuntamente inquietante pero más bien tirando a ridícula, que dirige un caballero británico impoluto que luego descubrimos es el padre de Susan, parece mover los hilos de todo el tinglado.



Así, Proyecto Dos es un, valga la redundancia, proyecto que no se sostiene por ninguna parte, y que comete errores garrafales, como la fugaz aparición de un descomunal -en todos los sentidos- Josep Maria Pou. Vamos, que si uno cuenta con un actor de la talla -en todos los sentidos también- de Pou hay que alargar su papel con cualquier excusa, porque la película interesa simplemente por tenerlo a él en escena, más allá de la lógica interna del relato.



En fin, un film absolutamente mediocre obra de un realizador, Guillermo Groizard, fogueado en televisión, y que cuenta en su currículo con algunas de esas series a las que hacíamos referencia al comienzo de estas líneas: Médico de familia, Menudo es mi padre, Compañeros, Policías, Mis adorables vecinos, SMS (Sin miedo a soñar), Cuenta atrás o Águila roja.



En fin, que no pierdan la hora y media que dura, la pillen aquí o por el extranjero, por donde parece que va rondando y demostrando que en España hacen cine otros realizadores aparte de Almodóvar y Amenábar... Algo que, en este caso, no sé si es bueno.

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