domingo, 23 de septiembre de 2007

¿Quién mató a la televisión de calidad?

Los visitantes habituales de este vuestro blog se habrán dado cuenta de que los domingos solemos publicar una crítica de alguna película disponible en la cartelera, pero dado que las inclemencias del tiempo nos han obligado a una reclusión de fin de semana no del todo insatisfactoria, creemos que no hay ocasión mejor para terminar de revisar una de las series de televisión más míticas de todos los tiempos y dedicarle aquí unas merecidas líneas.



Twin Peaks, serie de la BBC estrenada en 1990 y que apenas perduraría hasta el año siguiente, constó de 29 episodios divididos en dos temporadas, y popularizó la figura de Laura Palmer, presunta adolescente modelo con muchos secretos por ocultar que saldrían a la luz tras su asesinato, así como la pregunta que sus creadores, David Lynch y Mark Frost, pusieron en boca de todo el mundo: ¿Quién mató a Laura Palmer?



La serie, contra todo pronóstico, fue un éxito sin precedentes: bien es sabido que David Lynch es uno de los cineastas más originales y sorprendentes del cine contemporáneo, y como ha declarado en más de una ocasión, su intención era no desvelar jamás (aunque él y Frost conocían muy bien su obra y no habían dejado ningún cabo suelto) la identidad del asesino, y emplear la intriga alrededor de la figura de Laura Palmer para escarbar sobre el lado oscuro de las comunidades idílicas que pueblan los Estados Unidos.

Para ello, emplearían la figura de Dale Cooper, un agente especial del FBI, de idiosincrasia muy particular, que llegaba a Twin Peaks para investigar el crimen. Allí, fascinado por los abetos Douglas y el café y la tarta de cerezas del restaurante Doble R, acabaría integrándose en la comunidad de mano de su principal colaborador, el sheriff Harry S. Truman.



Lynch y Frost dieron el protagonismo de la serie a Kyle MacLachlan, que ya había trabajado con el cineasta de Missoula en Dune y Terciopelo azul, y que después solo volvería a colaborar con él en Twin Peaks: Fire Walk With Me, la precuela cinematográfica estrenada en 1992, en la que Lynch le ofreció a una espectacular Sheryl Lee la oportunidad de encarnar a Laura Palmer en un trabajo memorable. En cuanto a MacLachlan, su figura se ha visto desde entonces irremediablemente atada a Twin Peaks, ya que compone un personaje realmente memorable, imposible de olvidar.

Junto a él, el más desconocido Michael Ontkean, como el sheriff Truman, construye un personaje más propio de la América profunda, cargado de más honestidad y nobleza que de inteligencia o profesionalidad: si Cooper es el cerebro, Harry es el corazón.



El multitudinario reparto aunó veteranos del Hollywood clásico, como Richard Beymer (Benjamin Horne), Russ Tamblyn (doctor Jacoby), Piper Laurie (Catherine Martell) o los fugaces Jane Greer (Vivian Niles) y Royal Dano (el juez Sternwood), con nuevas promesas... que en muchas ocasiones se quedaron en eso: a James Marshall (James Hurley) lo vimos muy pocas veces; a Dana Ashbrook (Bobby Briggs), aún menos; y si nos referimos a las célebres "chicas Twin Peaks", la más afortunada fue la fugaz Heather Graham (Annie Blackburn), que solo aparece al final de la serie; en cambio, Lara Flynn Boyle (Donna Hayward) no ha triunfado en la gran pantalla, y ha destacado sobre todo en series como El abogado o Las Vegas; aún menos fortuna tuvieron Mädchen Amick (Shelly Johnson) y Sherilyn Fenn (Audrey Horne), quedado relegadas a tediosos telefims la primera y subproductos de serie B la segunda.



También pasaron por la serie actores con carreras más destacadas, antes o después, como es el caso de Ray Wise (Leland Palmer), Joan Chen (Josie Packard), Billy Zane (John Justice Wheeler), el veterano David Warner (Thomas Eckhart) o David Duchovny (el travestido agente Denis 'Denise' Bryson), hoy popular por encarnar a Fox Mulder en Expediente X. Igualmente, intervinieron secundarios habituales como Miguel Ferrer (el forense Albert Rosenfield) o Kenneth Welsh (el villano Windom Earle), así como intérpretes habituales en la obra de Lynch: Everett McGill (Ed Hurley), Grace Zabriskie (Sarah Palmer) o el sempiterno Jack Nance (Pete Martell), hasta que su intervención como víctima en un robo a mano armada acabó con su vida tras filmar Carretera perdida. Ni siquiera faltó el propio Lynch, en la piel del supervisor del FBI Gordon Cole, cuya sordera es motivo de algunos de los gags más celebrados del serial.



Y es que, una vez revisada en su totalidad, se aprecia el gran sentido del humor de la obra, oculto tras el envoltorio de thriller de suspense. Todo ello debido a que, como señalábamos antes, el principal propósito de sus autores era mostrar el lado oculto de los pequeños pueblos de Estados Unidos, a la vez que parodiar las tramas enrevesadas y estructuras claramente reconocibles de soap operas tan populares como Dallas, Dinastía o Falcon Crest.



Pero hay muchos Twin Peaks: el thriller policial, alrededor de la investigación del asesinato de Laura Palmer; la comedia surrealista, gracias a la intervención de los personajes encarnados por Harry Goaz (el ayudante del sheriff Andy Brennan), Kimmy Robertson (la secretaria Lucy Moran), Ian Buchanan (Dick Tremayne), David Patrick Kelly (Jerry Horne), John Boylan (el anciano alcalde Dwayne Milford) o aspectos de la personalidad de los citados Copper, Rosenfield o Cole, por citar algunos. Y, claro está, el Twin Peaks onírico y esotérico, ese pequeño pueblo cuyos bosques están poblados por espíritus primigenios (el maquiavélico Bob, el arrepentido Mike -que toma el cuerpo del Hombre Manco-, el misterioso Gigante, o el emblemático Enano) a los que parecen tener acceso algunos habitantes en particular, como la Dama del Leño o el viejo camarero senil del Hotel Gran Norte.



La serie, claro está, no es perfecta: después de la primera temporada, que terminaba con el intento de asesinato del agente Cooper y la mitad del pueblo convaleciente en el hospital, arrancó una deslumbrante segunda etapa gracias a personajes nuevos (como Harold Smith, amigo y confidente de Laura) y a la evolución de los veteranos (atención al gran trabajo de Ray Wise en estos episodios). Pero después, una vez Lynch y Frost se vieron obligados a resolver el enigma central de la serie, la calidad de la misma disminuyó, pese al interés de tramas como la del vengativo Windom Earle o al esclarecimiento de qué era la Logia Negra (representada como una misteriosa habitación roja en mitad de ninguna parte) y su relación con las investigaciones de la CIA y el FBI sobre vida extraterrestre, donde participaran Cooper, Earle y un habitante de Twin Peaks, el mayor Garland Briggs (Don S. Davis).



Con todo, la serie ha envejecido muy bien y se ve con gran agrado, y demuestra que hubo un tiempo, anterior a la actual eclosión de ficción dramática para TV, en que era posible una televisión de calidad. Después de Twin Peaks se produciría un largo desierto, con puntuales oasis como Doctor en Alaska o la citada Expediente X, y donde las sitcoms ("comedias de situación") del estilo de Friends o Seinfeld reinaron sin competencia alguna. Y es que el tiempo de series como CSI, 24, Alias, Los Soprano, A dos metros bajo tierra o The Shield todavía quedaba muy lejos en un futuro que ya es nuestro presente.

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