miércoles, 5 de septiembre de 2007

Cosechando bostezos

Después de ver una película como La cosecha (en inglés, The Reaping; no confundir con el interesante thriller de serie B de David Marconi protagonizado por Miguel Ferrer en 1993), uno se pregunta qué impulsa a algunos profesionales del cine, sean guionistas, directores o productores, a embarcarse en un proyecto de tan nulo interés.



La película, un film de terror que puede encuadrarse dentro del subgénero del terror religioso, vertiente profecías y plagas divinas, está protagonizado por una profesora universitaria especialista en infecciones que es reclamada por los habitantes de un pequeño pueblo donde el agua de un río se ha convertido, al parecer, en sangre. Los habitantes de la localidad culpan del milagro a una niña cuya familia ha vivido una tragedia recientemente...



Conforme avanza (por así decirlo) la trama (por así decirlo también), el interés del espectador cae en picado, según va descubriendo que no hay mucho que contar más allá de la premisa inicial; además, pronto asiste incrédulo al descubrimiento de presuntas sorpresas que adivinó al poco de arrancar el film o a sorprendentes confirmaciones (en efecto... ¡el agua se convirtió en sangre!) cuando faltan apenas unos minutos para que termine la cinta.



Por si fuera poco, el film cuenta con la osadía de ofrecer un papel de puro relleno, para tratar infructuosamente de dotar de prestigio a la cinta, a un actor de la calidad de Stephen Rea, aquí en un burdo cometido como sacerdote temeroso de Dios en un par de escenas que se debieron rodar en una mañana.



En cuanto a la sensación de inquietud que pueda provocar la cinta, esta es prácticamente inexistente, y cuando se logra algo parecido se debe al uso gratuito de trucos a cuál más efectista, jugando con efectos de sonido y sombras que surgen de la nada.



Visto lo visto, cabe preguntarse: ¿por qué Hilary Swank, después de ganar su segundo Oscar con Million Dollar Baby, se dejó arrastrar por semejante despropósito? No tenemos respuesta; pero sí la tenemos para la siguiente cuestión: ¿por qué no reservar este título para la sección "Bodrios que hay que ver"?



La respuesta a esta cuestión es sencilla: las películas recogidas en esta sección de los martes son cutres, sí; malas, en muchas ocasiones; pero siempre tienen algún interés, ya sea por su temática (divertida de tan absurda), por su género (curioso de tan marciano) o por su técnica (fascinante de tan torpe). Pero no hay nada más hiriente que no verle por ningún lado el interés a un film que, dados los medios de los que disponía, podría haberlo tenido.

1 comentario:

  1. Anónimo5:04 p. m.

    Pues si, mala mala. Da coraje cuando tiran a la basura algo que podía haber sido pasable.

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