lunes, 7 de octubre de 2013

El mono de Hartlepool: Un alegato contra la intolerancia




La novela gráfica que comentamos hoy, El mono de Hartlepool, es uno de esos (pocos) títulos que se editan cada año y que poco a poco, sin causar demasiado ruido ni contar con grandes campañas publicitarias que los respalden ni adaptaciones cinematográficas que despierten el interés por leer la obra original, acaban convirtiéndose en pequeños fenómenos de culto gracias a las recomendaciones de los medios especializados y de los lectores que, conquistados por el interés intrínseco de los cómics, acaban recomendándolos a todo aquel que se cruce en su camino.




En efecto, cualquiera que lea este relato escrito por Wilfrid Lupano y dibujado por Jérémie Moreau, y que hace unos meses publicaba Dibbuks con el cuidado que le caracteriza, reconocerá enseguida el marchamo de clásico contemporáneo del que hace gala la obra. Recordemos primero su argumento a grandes rasgos: la acción se desarrolla en el año 1814, en un pequeño pueblo costero de Inglaterra llamado Hartlepool. Frente a sus costas y durante una tormenta inclemente, un barco de la flota napoleónica es alcanzado por un rayo que casi parece un castigo divino ante algunos actos de barbarie que lleva a cabo el capitán de la nave. En principio, el que parece ser el único superviviente de la tripulación es Nelson, un pequeño chimpancé que viste un uniforme del ejército francés hecho a medida y que sirve de mascota y entretenimiento para los soldados de a bordo.




La llegada del mono a la población de Hartlepool ocasionará una sucesión de acontecimientos a cuál más absurdo, provocados por la ignorancia de unos habitantes que nunca han salido de su pequeña localidad y que son capaces de creer que aquel pequeño simio que viste los colores del ejército enemigo puede ser un ser humano, para más señas un ciudadano francés miembro de su armada, y por lo tanto un rival a batir.




La razón y la lógica, representados por algunos personajes de entre los que destaca un médico recién llegado de la gran ciudad con su hijo pequeño, no podrán luchar contra la incultura y la sinrazón que impera en la mente de los ciudadanos de Hartlepool, que convertirán al indefenso Nelson en el chivo expiatorio de sus más bajos instintos.


Los autores de la obra, nominada en el festival de Angoulème


El premiado guion de Lupano es preciso e inteligente, y hacia el final incluye una sorpresa acerca de la identidad de uno de los personajes secundarios de la obra que, por más lógica que resulte, cogerá desprevenido hasta al lector más avispado. Por su parte, el dibujo del debutante Moreau resulta tan atractivo como expresivo, y transmite a la perfección los sentimientos y las emociones de todos los personajes, sean estos humanos o no. Pero más allá de la perfecta conjunción del talento de ambos, está el hecho de que nos encontremos ante una de esas obras que son capaces de educar en valores morales sin caer en el discurso fácil y cargado de molestas dosis de moralina.




Por lo tanto, y después de disfrutar de su lectura, se nos antoja que El mono de Hartlepool debería ser desde ya de lectura obligada en colegios y bibliotecas. Para evitar que algún día pueda pasar algo como lo que cuenta la vieja y triste leyenda del norte de Inglaterra en la que se basa el presente cómic, llamado a ser uno de los mejores -y desde luego y lamentablemente, uno de los más necesarios- del presente año.


Título: El mono de Hartlepool
Autores: Wilfrid Lupano (guion) / Jérémie Moreau (dibujo)
Editorial: Dibbuks
Fecha de edición: mayo de 2013
96 pp. (color) - 18 €

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