miércoles, 14 de agosto de 2013

52: El año perdido (4 de 4)




Tras publicar Crisis infinita, la editorial ECC se embarca en la edición de lujo en cuatro tomos bimestrales de 52, la serie limitada que hizo historia no ya solo en el Universo DC, sino en el mundo editorial del cómic superheroico estadounidense. Durante un año, y a razón de una entrega por semana, los cuatro guionistas estrella de la casa urdieron una historia río que iba a recuperar el "año perdido" entre el final de la citada Crisis y el arranque de la línea One Year Later ("Un año después") que en ese mismo momento definía a las colecciones regulares de la compañía. Esta es la historia de una colección como no ha existido otra...




Con la publicación de este cuarto tomo llega a su fin la edición española en formato de lujo de uno de los proyectos más curiosos e interesantes de la historia reciente del cómic superheroico. Recordemos por última vez que 52 fue una serie de periodicidad semanal concebida a la manera de los seriales televisivos -esto es, destinada a leerse en 52 raciones semanales de 24 páginas cada una-, y cuya acción se desarrollaba en tiempo real: cada número relataba una serie de hechos que abarcaban siete días, de forma paralela a la semana en que el cómic se distribuía en las tiendas, hasta alcanzar a cubrir así el año perdido del Universo DC tras la citada Crisis infinita. El proyecto estuvo coordinado por Stephen Wacker primero y Michael Siglain después, y contó con cuatro guionistas estrella de la casa -Geoff Johns, Grant Morrison, Greg Rucka y Mark Waid-, encargados de relatar ese año perdido y dejarlo todo preparado de cara al Nuevo Universo DC. El veterano Keith Giffen se encargó de todos los bocetos de la serie, y varios dibujantes le dieron el acabado final. En este tomo, los artistas convocados son Eddy Barrows, Chris Batista, Joe Bennett, Giuseppe Camuncoli, Jamal Igle, Dan Jurgens, Justiniano, Mike McKone, Patrick Oliffe y Darick Robertson.




Pero centrémonos en el argumento de los números 40 a 52 que incluye el presente volumen (es decir, el cuarto final de la colección): aquí, el equipo formado por Johns, Morrison, Rucka y Waid se vieron en la tesitura de tener que cerrar adecuadamente las líneas argumentales que quedaban por concluir (y que eran la gran mayoría por no decir todas); una labor verdaderamente titánica que contra todo pronóstico, dado lo ambicioso del proyecto, consiguieron superar con nota. Esta necesidad lleva a que, en la mayoría del material incluido aquí, se pierda un tanto la gozosa interactuación de los números anteriores, y en algunas ocasiones el lector se encontrará con un comic book que abarca todo él una sola historia, dos a lo sumo, frente a la gran pluralidad de los anteriores...sin que se pierda, eso sí, ese ritmo tan característico de la serie condicionado por el suspense, la emoción y la inquietud constantes, Pero vayamos poco a poco y en orden...




Lo expuesto en el párrafo anterior se aprecia ya en la entrega 40, que salvo un brevísimo epílogo en Kahndaq con Black Adam y compañía se centra en cerrar la historia ambientada en Metrópolis y protagonizada por John Henry Irons, alias Acero, y su enfrentamiento con Lex Luthor en relación con su Proyecto Hombre Común. Dicho enfrentamiento, que contará con la presencia de la sobrina del primero y de los Jóvenes Titanes como apoyo fundamental, focaliza con mucho la mayor parte de las páginas del capítulo. En cambio, mucha más interactuación hay en la entrega siguiente, que alterna las aventuras de Adam Strange y Starfire en el espacio con las experiencias vividas por Reneé Montoya en Manda Parbat, que la llevarán a aceptar su destino final: sustituir al fallecido Vic Sage como la nueva Question. Este relato se prolongará durante buena parte del resto de la colección, hasta que tenga que regresar a Gotham y luchar junto a Nightwing para salvar a la nueva Batwoman.




A partir de este momento, se empiezan a suceder diversos acontecimientos que revelan varios de los enigmas planteados con anterioridad y provocando en algunas ocasiones la sorpresa e incluso el estupor entre los lectores. Datos que por supuesto nos reservaremos mucho de revelar aquí, pero que podemos destacar se refieren al maestro de marionetas que mueve los hilos detrás de la tragedia de Ralph Dibny (y cuya identidad conocerán ya quienes hayan leído la actual Liga de la Justicia Oscura) o al destino final de los miembros de la familia de Black Adam, donde jugará un papel fundamental e inesperado Sobek, el cocodrilo parlante.




Es precisamente Black Adam, así como la Sociedad de la Justicia de América, quienes protagonizan la mayor parte de las páginas que siguen, y que desembocan en uno de esos episodios espectaculares -lo que podríamos llamar la "III Guerra Mundial"- que tan bien combinan en la presente colección con los momentos más intimistas y emotivos. No obstante, tampoco hay que olvidar la presencia fundamental de personajes como Lobo o un Animal Man resucitado y redefinido (suponemos que por Grant Morrison). Todo ello hasta alcanzar el último capítulo, cuyo protagonismo asumen Booster Gold y Rip Hunter en un viaje por el espacio y el tiempo para salvar al universo. Gracias a este último episodio, que culmina mucho de lo acontecido antes, así como a las primeras entregas de la obra, un personaje como Booster Gold acaba erigiéndose como, quizá, el gran protagonista de la misma.




Pero por supuesto, y pese a este magnífico rol que juega Booster Gold, cada lector tendrá sus favoritos: qué duda cabe de que Ralph Dibny juega un papel fundamental en el devenir de la trama y sobre todo que gracias al dramatismo de su historia esta se mantiene muy viva en la memoria del lector. También la evolución del personaje de Question es fundamental, gracias al cambio de identidad civil y al buen hacer de un guionista como Greg Rucka. Por otra parte, los que hemos seguido las peripecias de Buddy Baker desde los tiempos de Grant Morrison y sin olvidar la aportación de Jamie Delano, sentiremos una especial querencia por Animal Man y sus correrías intergalácticas junto a Adam Strange y Starfire, y sobre todo por su regreso a casa con una familia que lo daba por muerto. En resumidas cuentas: hay tanto donde elegir, que cada lector encontrará a buen seguro su porción favorita de 52.




Para concluir con el comentario de esta colección, y al igual que ocurría con las tres entregas anteriores, hay que destacar que estamos ante una espléndida edición de lujo en cartoné, que incluye galería de cubiertas, biografías de los autores (en esta ocasión, la de Mark Waid) y, muy especialmente al ser el material más interesante, comentarios muy ilustrativos por parte de los autores y los editores, acompañados de bocetos y textos que ilustran el proceso creativo. En definitiva: este 52 en cuatro volúmenes se me antoja, incluso para los no fanáticos del Universo DC como un servidor, una adquisición absolutamente imprescindible.


Título: 52 (Volumen 4)
Autores: G. Johns & G. Morrison & G. Rucka & M. Waid (guion) / Keith Giffen et alii (dibujo)
Editorial: ECC
Fecha de edición: mayo de 2013
328 pp. (color) - 25,50 €

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