jueves, 28 de marzo de 2013

El hombrecito: Chester Brown, en distancias cortas




No sé si en el mercado del cómic pasará lo mismo que en el de la narrativa, donde las "antologías de historias breves" (esto es, los libros de relatos de toda la vida) interesarán menos y por tanto venderán mucho menos todavía que las "historias largas" (las novelas). Imagino que no, o al menos que no con tanta diferencia -en el mercado del libro esta distancia es francamente considerable-, dado que la industria del cómic, a nivel internacional y no digamos ya nacional, es mucho más pequeña per se.




Lo que sí sucede de modo semejante es que, al igual que cuando un escritor ha colocado un par de sus novelas con éxito se encuentra en el momento idóneo para recuperar aquellos relatos que le sirvieron de entrenamiento durante sus primeros años profesionales y que hasta la fecha nadie parecía estar interesado en editar, un autor de cómics que ha alcanzado cierto prestigio con algunas novelas gráficas puede aprovechar el tirón para recuperar sus historietas breves. Este es el caso de Chester Brown, autor de obras tan aplaudidas como Ed el payaso feliz, Nunca me has gustado o El playboy, y que desde que la controvertida Pagando por ello se convirtiera en uno de los cómics más aplaudidos de los últimos años se ha acabado consolidando como un nombre de referencia en el panorama actual de la historieta.




Por tanto, no es de extrañar que su producción breve se recopile ahora en El hombrecito, libro que el autor dedica a sus padres, ya fallecidos, y cuyo explícito subtítulo de "Historias cortas (1980-1995)" nos sitúa ante lo que encontraremos en su interior, ya sea en la edición original o en la española que acaba de publicar La Cúpula. Efectivamente, se trata de un buen puñado de historias (concretamente, 27) de extensión variable (de 34 páginas la más extensa y de solamente una las que menos), realizadas a lo largo de década y media y cuyo criterio antologador explica el propio Brown en su prefacio: después de apostar inicialmente por un volumen que recogiera solo lo mejor de su obra breve, decidió publicarlo (casi) todo para evitar entrar en juicios subjetivos (por más que fueran los del propio artista) y dejar que el lector decidiera lo que realmente valía la pena de su obra primera. Solo cabían dos restricciones: desechar las historietas que realizó siendo un adolescente que todavía vivía al amparo de su progenitor, así como las realizadas en colaboración con otros autores.


Chester Brown


Por supuesto, en una obra de estas características cabe casi de todo y el interés de las distintas historietas recopiladas es variable, aunque la puntuación media es como poco de notable. Me permitiré destacar algunas de las historias incluidas aquí, empezando por las de mayor extensión: "Helder" entra ya en la línea de cómics autobiográficos -como los citados El playboy y Pagando por ello- que han convertido a su autor en una celebridad del cómic indie, retratando parte de su estancia en una casa de huéspedes durante la primavera de 1984. La trama, cuyo núcleo central está referido a la relación del inquilino cuyo nombre da título a la obra con el resto de huéspedes (y muy especialmente el propio Brown), funciona por sí sola a la perfección... pero gana enteros al estar acompañada de "Mostrando 'Helder'", el cómic más extenso del presente volumen, en el que el autor expresa sus dudas acerca de su propio trabajo (concretamente de dicha historieta, pero la situación es extrapolable a su obra en general), que carcomido por las dudas acaba mostrando a otras personas como su amiga Kris (presente en "Helder") o a su colega Seth, autor de La vida es buena si no te rindes y Wimbledon Green, y presencia recurrente en la obra de su amigo como este lo es en la de aquel (véase la primera de las dos obras citadas).




También podrían parecer autobiográficas en un principio "El extraño dibujante canadiense" y el relato que da título al volumen, pero el lector descubrirá muy pronto que la segunda parte de la primera se proyecta hacia el futuro (concretamente, alrededor del año 2050) para contarnos el destino final de Chester Brown, mientras que "El hombrecito" arranca con un episodio que podría pertenecer a la infancia de su autor, concretamente a su período escolar, pero que hacia el final del relato da un giro hacia lo exagerado y lo estrambótico, con tintes surrealistas, no muy lejanos de lo que supuso su magnífica Ed, el payaso feliz.




Precisamente esta última veta es la explorada en muchas de las historias más breves, auténticas crónicas marcianas que sirvieron a Brown para explorar las posibilidades del medio y sus propias aptitudes como autor de tebeos: desde la simplicidad de "Cosas que no deben pisarse" hasta el simbolismo de "El gemelo" o "Knock knock" pasando por la historieta denuncia "Propaganda anticensura" o el ensayo en viñetas "Mi madre era esquizofrénica", todas y cada una de las piezas incluidas aquí tiene su punto de interés... más todavía si se leen las veinte páginas de notas incluidas al final del volumen, y que conforman toda una lección acerca del arte de hacer historietas y, más aún, del arte de sobrevivir como artista en los siempre difíciles comienzos. En definitiva: un libro imprescindible para saber qué se cuece en la mente de uno de los autores más interesantes de la historieta contemporánea... y que incluye dos historietas más: la de la cubierta (reproducida limpia de marcas de edición en las notas finales) y la de la contracubierta... hasta alcanzar la cifra de 29. Ahí es nada.


Título: El hombrecito (Historias cortas 1980-1995)
Autor: Chester Brown (guion y dibujo)
Editorial: La Cúpula
Fecha de edición: marzo de 2013
196 pp. (b/n) - 16 €

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