martes, 29 de septiembre de 2009

Bodrios que hay que ver: Dolly Dearest

Soberana tontería la de hoy, aunque a los amantes irredentos del cine de terror videoclubero de los años 80 puede aportarles ochenta minutos de sana nostalgia. Imagino que recordarán a Chucky, el inefable muñeco diabólico de la digna película de Tom Holland cuyo recuerdo fue después mancillado por varias secuelas más que mediocres... y no salvo ni siquiera a las aplaudidas revisiones irónicas filmadas por Ronny Yu. Pues no, no vamos a hablar de Chucky, sino de Dolly Dearest, que podría haberse convertido en su novia de no haberse metido de por medio la meticona de Jennifer Tilly.



Este film en cuestión, estrenado directamente en vídeo entre nosotros con el título original y el subtítulo de "Jugando a matar", se filmó en 1991 de la mano de Maria Lease, hasta aquel momento una actriz de carrera discreta y totalmente circunscrita al cine de serie B -debutó en un film del inimitable Ray Dennis Steckler y luego trabajó con Al Adamson en Dracula Vs. Frankenstein, además de intervenir en alguna que otra producción erótica de nulo presupuesto- y que había hecho sus pinitos montando un par de títulos como Schoolgirls in Chains y Planets of Dinosaurs, o sea, "Colegialas encadenadas" y "El planeta de los dinosaurios" (ahí es na). Por supuesto, si creía que dirigir Dolly Dearest iba a suponer su redención y su posterior salto al cine de serie A se equivocaba: nunca más se volvió a poner detrás de una cámara. Al menos, de una cámara encendida que estuviese filmando algo.



Por supuesto, Dolly Dearest supuso un intento (infructuoso, claro está) de aprovecharse del éxito de la citada Muñeco diabólico, y sus artífices se limitaron a cambiar el sexo del amenazante muñeco sin vida como única excusa para que no pudiesen acusarles de plagio. Eso es tener rostro y lo demás son tonterías.



La película en cuestión arranca con una excavación que despierta, claro, a los espíritus de una civilización olvidada. Estos, como no podía ser de otra forma, se apropian de los cuerpos de varias muñecas que descansan en una fábrica de ídems cerrada a punto de reabrirse... porque hasta allí, el último agujero del mundo olvidado de la mano de Dios, ha ido a parar un empresario de una compañía de muñecas y su familia, decidido a convertir a Dolly Dearest en la muñeca más querida de América.



Por supuesto, esa idea que a él le parece tan lógica, al espectador le deja patidifuso una vez ve la cara de la susodicha muñeca, que ya da miedo incluso antes de la transformación. Pero claro, el matrimonio protagonista no nota nada, y apenas reaccionarán cuando -y este es el apunte más interesante del film, aunque luego no se explote adecuadamente- la hija pequeña empiece a entablar una relación cada vez más cerrada y excluyente con el engendro de plástico y hasta llegue a peinarse para parecerse a ella.



Mientras tanto, el hermano mayor, una suerte de explorador fascinado con las antiguas civilizaciones mayas, intentará convencer a un experto arqueólogo para que lo deje convertirse en su ayudante. Y mientras sus padres se enfadan con él por los peligros que corre y por salir en mitad de la noche sin avisarles, nadie parecerá percatarse del peligro que supone la citada Dolly... Solo, claro, la sirvienta nativa, de esas que siempre saben mucho pero a las que todos tildan de locas y nadie cree hasta que es demasiado tarde.



La película, como ven, es una sucesión continua de tópicos que resulta insalvable pese a su digno reparto: el cabeza de familia está interpretado por Sam Bottoms, que murió el año pasado dejando atrás intervenciones en películas tan importantes como su debut en The Last Picture Show y sus papeles para Coppola (Apocalypse Now y Jardines de piedra) y Eastwood (El fuera de la ley y Bronco Billy); su esposa es Denise Crosby (habitual en el género, recuerden El cementerio viviente o la discreta Mortuary); y el arqueólogo es el veterano Rip Torn. Incluso recordarán a Lupe Ontiveros, la criada santera, como la madre de Eva Longoria en los primeros episodios de Mujeres desesperadas. Pero de donde no hay no se puede sacar...



En fin... una pérdida de tiempo absoluta, que solo satisfará a los fanáticos de las películas de muñecos mortales. Y debe de haberlos, porque solo así se explicaría la retahíla de pequeños homicidas de plástico que han poblado y pueblan la historia del cine. Les dejo en buena compañía con algunos de ellos...









5 comentarios:

  1. Me parece que no la veré... Esta muñeca da miedo sólo de verla... jejeje

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  2. Y todo sobre la saga Puppet Master en nuestro programa de radio LA HORA DE VING RHAMES, mas exactamente en el programa nº 7:
    http://lahoradeving.blogspot.com/2009/09/la-hora-de-ving-rhames-007-190909.html

    Un saludo!!!

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  3. Pues a mi Muñeco diabólico 2 y La novia de Chucky sí que me molan. Me apunto esta, tiene pinta de ser la risión.

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  4. Anónimo6:51 a. m.

    pues para mi esta película se me hizo mejor que las de annabelle

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  5. Anónimo6:52 a. m.

    esta película fue mejor que las de annabelle, al menos para mi.

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