domingo, 31 de agosto de 2008

Hellboy: El ejército dorado: Del Toro 8 1/2



El estreno de Hellboy: El ejército dorado, la nueva película de Guillermo del Toro y segunda incursión cinematográfica del investigador sobrenatural del cómic homónimo de Dark Horse, por un lado, viene a confirmar el actual estatus del realizador mexicano como uno de los nombres clave -tanto artística como comercialmente- del cine fantástico reciente; y por otro, subraya la imperiosa necesidad de su cine en cuanto a buscar nuevos caminos, otras historias, para seguir expresándose.



Y esto es así porque esta secuela (lógica, dado el éxito tanto de la primera entrega como del cómic original creado por Mike Mignola) continúa allí donde se quedó la primera narrando una historia nueva pero que no aporta nada más a lo ya contado: solo un apunte inicial (la escena pre créditos, que nos permite contemplar a un Hellboy niño y recuperar al fallecido profesor Bruttenholm encarnado por John Hurt) y uno final (una sorpresa por parte de Liz Sherman que no revelaremos aquí) arropan un relato que sigue reincidiendo en la relación sentimental entre Hellboy y Liz, así como en la aceptación de ambos y de su compañero Abe Sapien por parte de aquellos a los que ayudan pero que por su apariencia externa y sus poderes, al más puro estilo X-Men, acaban por rechazarles.



Estos dos elementos ya estaban presentes en la primera Hellboy, y aquí todavía más que en aquella pasan a dejar bastante espacio libre para un mayor número de escenas de acción. Porque, no nos engañemos, esta saga -con todos los aciertos y logros que se quiera- nace con voluntad de blockbuster para todos los públicos... dejando a un lado -sobre todo en la secuela-, los apuntes más oscuros, lóbregos y deprimentemente melancólicos de la obra de Mignola.



El film, a la manera del 8 1/2 de Federico Fellini -un cineasta, a su manera y apartado de etiquetas, tan deslumbrante y apabullante como Del Toro-, parece un suma y sigue de la filmografía anterior de su director, con múltiples referencias (aunque muchas sean meros apuntes anecdóticos) a elementos visuales de sus filmes precedentes: los artilugios mecánicos recuerdan a la joya de la ingeniería alquímica, a la postre vampiro artificial, de la inaugural Cronos; las simpáticas pero temibles hadas de los dientes parecen los insectos de Mimic a tamaño de bolsillo; el agente intangible puede recordar al fantasma de El espinazo del diablo; las criaturas del otro mundo son bien parecidas -tanto que podrían ser intercambiables- a las que aparecen en El laberinto del fauno; y, claro, la mezcla de elementos fantásticos y de terror tratados a modo de action movie con voluntad de blockbuster remite a Blade II y, por supuesto, a la primera Hellboy.



A lo largo de su carrera y a partir de su debut, la producción mexicana Cronos que protagonizó un inconmensurable Federico Luppi y que todavía hoy nos parece su mejor película, Del Toro ha ido alternando proyectos absolutamente personales con otros que de ser meros encargos su talento transformó en muestras decididamente competentes del cine fantástico y donde no dejó de introducir apuntes particulares que lo acercaban a su manera de ver y sentir el género. Así, su salto al cine de Hollywood se produjo con la mencionada Mimic, su película más floja pero para nada desdeñable-, y después rodaría con capital español esa particular y fascinante mezcla de Otra vuelta de tuerca de Henry James y Paracuellos de Carlos Giménez titulada El espinazo del diablo. Con posterioridad, y para que el estudio le permitiera llevar adelante un proyecto muy acariciado a su manera, tuvo antes que acceder a dirigir la primera secuela del cazavampiros negro de Marvel Comics encarnado por Wesley Snipes, y sin esfuerzo aparente la convirtió en la mejor película de la (hasta ahora) trilogía.



Dicho proyecto muy acariciado no era otro que Hellboy, la versión cinematográfica del demonio rojo creado por Mignola, y el hacerlo a su manera significaba para Del Toro que solo Ron Perlman (con el que ya había trabajado en Cronos y Blade II) podía encarnar al protagonista, aunque el estudio quisiera a una gran estrella de Hollywood. Del Toro estrenó con éxito Blade II, y acabó por salirse con la suya. Pero hete aquí que este proyecto personal, que contó también con Selma Blair, Doug Jones, John Hurt y el simpar Jeffrey Tambor (Arrested Development) como compañeros de Hellboy que ahora repiten en esta secuela, se saldó con un gran triunfo en la taquilla. A partir de entonces, en la filmografía del realizador lo personal y lo comercial se confunden: después vendría un trabajo tan particular como El laberinto del fauno... que también triunfó en los cines de todo el mundo y que pese a su nacionalidad hispanomexicana fue una de las sorpresas en varias categorías de las nominaciones a los Oscar.



Así pues, ¿qué ocurre ahora con esta Hellboy II? Pues que el espectador tiene la sensación de que ya no aporta nada nuevo y se queda en un mero divertimento... muy bien rodado y planificado, eso sí: Del Toro sabe dónde poner la cámara, y no cabe duda de que su poderío visual, su imaginería fantastique, sigue incólume. Pero, narrativamente, la película evoluciona con cierta lentitud, y parece repetir en demasía el esquema de la primera entrega. Solo cuando se permite alguna salida de tono -no se pierdan la escena de la borracherra de Hellboy y Abe Sapien, y el posterior momentazo musical-, que en manos de otro bordearía peligrosamente la vergüenza ajena, alcanza verdaderas cotas de emoción en cuanto a la celebración de la diferencia freak.



Porque eso y no otra cosa es el cine de Guillermo del Toro en general y esta Hellboy II en particular: un elogio de la diferencia, tanto en lo que se refiere a la historia que se nos cuenta como el (aún en cierta forma vilipendiado) estatus del cine fantástico en relación con el resto de géneros. Lo que ocurre es que, como decíamos, Del Toro ya nos lo ha contado varias veces, y ahora se hace necesario evolucionar hacia otros relatos (¿El Hobbit de Tolkien? ¿En las montañas de la locura de Lovecraft?) para seguir dando forma a una filmografía prácticamente impecable. Porque, dado el éxito de sus últimos trabajos y su implicación personal en todos ellos -no se olvide que este Hellboy era un proyecto soñado durante años-, el problema radica en que aunque le podamos poner peros a filmes como Hellboy: El ejército dorado ni siquiera nos podemos consolar acusando a su realizador de vendido a los fastos de Hollywood.


HELLBOY: EL EJÉRCITO DORADO
(Hellboy II: The Golden Army, 2008).
Director: Guillermo del Toro.
Guión: Guillermo del Toro y Mike Mignola (según el cómic homónimo de M. Mignola).
Intérpretes: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Luke Goss.
Estados Unidos-Alemania. 120 min. Color.

(+) Hellboy: El ejército dorado: El trailer

5 comentarios:

  1. No te pierdas VENGANZA, con Liam Neeson. El mejor guión que ha parido Luc Besson en toda su vida.

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  2. Y a mí que no me llamaba nada porque me parecía una serie B (en el peor sentido, quiero decir) con todas las de la ley...

    ¿En serio vale la pena? Es que a mí Luc Besson tampoco es que me vuelva precisamente loco...

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  3. Es como La Caja 507, pero con tiros. Si te gustó la de León, está va por ahí. A mí me sorprendió muy gratamente y es una peli que está pasando muy desapercibida.

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  4. Anónimo6:20 p. m.

    Que lastimica de Hellboy 2, con la de cosas bonitas que tiene (el prologo es impresionante, y todas las escenas con Nuada preciosas) pero parece que la han remezclado con Men In Black 2 (que la uno si me gustó) y como guinda del pastel un doblaje para personaje aleman que hubieran deseado firmar los torturadores nazis.
    Una pena y una decepcion.

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