miércoles, 6 de febrero de 2008

Hacia rutas salvajes: En busca de la pureza perdida




De un tiempo a esta parte un gran número de actores de Hollywood se han pasado al otro lado de la cámara para desarrollar una carrera paralela que les augure un futuro tras una hipotética retirada del mundo de la interpretación, o bien para compaginar ambas facetas de su expresión artística. Si durante años solo Woody Allen, Clint Eastwood y Robert Redford permanecieron constantes a los dos lados de la cámara, en los últimos tiempos se han sumado a esta nómina intérpretes como Kevin Costner o Mel Gibson, ambos por cierto, como los otros tres citados, oscarizados por sus trabajos de dirección.



En esta lista de actores-directores, a los que el último en sumarse ha sido el estupendo Ben Affleck de Adiós pequeña, adiós, destaca particularmente el nombre de Sean Penn: el antiguo enfant terrible de las fiestas hollywoodienses, primer esposo de Madonna y hoy casado con Robin Wright-Penn en vísperas de un sonado divorcio, acabó reciclándose, por un lado, en el reputado actor de películas como El clan de los irlandeses, Atrapado por su pasado, Pena de muerte, La delgada línea roja, Acordes y desacuerdos, 21 gramos o Mystic River, así como ganador de un Oscar al Mejor Actor Protagonista por esta úlima; y, por otro lado, en un cineasta discreto pero seguro que, sin grandes aspavientos, ha venido construyendo una filmografía coherente y siempre de interés.



Su debut tras la cámara, Extraño vínculo de sangre (The Indian Runner en el original) ya denotó un talento considerable y consiguió que la crítica se fijara en sus posibilidades. Una promesa que se confirmó con sus dos siguientes trabajos, ambos protagonizados por Jack Nicholson: Cruzando la oscuridad y El juramento, ambos dos magníficos filmes a medio camino entre el thriller noir y el drama descarnado. Ahora, y después de firmar uno de los segmentos más aplaudidos del film colectivo (y coyuntural) 11-09-01 (11 de septiembre), Penn se descuelga con Hacia rutas salvajes, la adaptación de la novela homónima de Jon Krakauer basada en el caso real de Chris McCandless.



McCandless ha pasado a la historia por tratarse de un joven de apenas 22 años que, una vez graduado en la Universidad, y siendo coherente consigo mismo y con su manera de ver el mundo (diametralmente opuesta al materialismo de sus padres, que siempre repudió), decidió abandonar las comodidades de la gran ciudad y los lujos que le proporcionaba el pertenecer a la clase media-alta burguesa, y partió en un viaje sin retorno (aunque esto último él no lo sabía) a los helados parajes de Alaska.



En su periplo, que detalló en cartas enviadas a uno de los amigos que hizo en el transcurso del viaje, entabló amistad con diversas personas, algunos viajeros como él, otros individuos de carácter sedentario; pero todos ellos, de una u otra forma, influyeron en su formación como adulto y en su acelerada madurez, que concluyó con su muerte accidental con tan solo 24 años.



El film de Penn no enjuicia a su personaje, y aunque en algunos momentos puede demostrar una cierta simpatía hacia él, que se contagia al espectador, tampoco desestima el mostrarlo como alguien excesivamente vehemente en sus opiniones, e incluso ingenuo en otras manifestaciones. McCandless, que se bautizó así mismo como Alex Supertramp después de quemar su documento de identidad y su tarjeta de la Seguridad Social, así como de enviar todos sus ahorros a la entidad benéfica Oxfam, siguió las directrices literarias de sus ídolos, y movido por la filosofía naturalista del Walden de Thoreau y el aroma de la aventura en estado puro de La llamada de la selva de Jack London, acabó rompiendo con todo y sobreviviendo como pudo en Alaska, donde llegó finalmente y permaneció durante 113 días, hasta su fallecimiento tras ingerir unas bayas venenosas.



Hacia rutas salvajes ha brindado a Emile Hirsch, joven actor que llamó la atención en La peligrosa vida de los Altar Boys y en la comedia La vecina de al lado, demostrar que es uno de los actores más prometedores de su generación: su interpretación de Chris McCandless, así como su trabajo en Alpha Dog de Nick Cassavetes, le auguran un futuro más que prometedor. De momento, protagonizará Speed Racer, lo nuevo de los hermanos Wachowski, y va a coincidir de nuevo con Penn, este en su faceta de actor, en Milk, dirigida por Gus van Sant.



Y aunque Hirsch es el protagonista absoluto de la cinta y esta se centra por completo en su experiencia (no hay escena del film, salvo un par de breves insertos de la vida de su familia tras su desaparición, en el que McCandless no haga acto de presencia), Sean Penn, también guionista de la película, ha tratado con esmero los retratos de todos aquellos que el aventurero encontró en su camino: del rudo trabajador encarnado por Vince Vaughn a la pareja de hippies interpretados por Brian Derker y Catherine Keener, pasando por la joven cantante que encarna Kristen Stewart y, sobre todo, el anciano al que da vida Hal Holbrook, merecidamente nominado al Oscar por su trabajo y al que consideramos un más férreo competidor del Javier Bardem de No es país para viejos. Sin olvidar, claro está, a los actores que dan vida a la familia de McCandless: Jena Malone es su hermana, y Marcia Gay Harden y un (como siempre) excepcional William Hurt hacen las veces de sus progenitores.



Como no podía ser de otra manera, uno de los mayores atractivos de la cinta son los escenarios naturales, que la cámara de Penn sabe captar en toda su grandeza: al mismo tiempo bella y amenazadora, la naturaleza salvaje es la otra gran protagonista del film, que cuenta con canciones escritas para la ocasión e interpretadas por Eddie Vedder, vocalista de Pearl Jam.



Así pues, con Hacia rutas salvajes, Sean Penn confirma su estatus de cineasta a seguir más allá de su impecable, al menos en los últimos tiempos, carrera como intérprete; dos líneas paralelas estas en las que demuestra tener una personalidad propia que no se rinde a las imposiciones de la industria. Así, si como actor ha trabajado a las órdenes de Allen, Eastwood, Brian De Palma o Terrence Malick, como director demuestra no hacer concesiones a la galería: Hacia rutas salvajes es un film de casi dos horas y media que carece de todo sentido del espectáculo, más allá del atractivo puro de la naturaleza... que no es poco, verdaderamente.

2 comentarios:

  1. La historia que contó Krakauer era tremenda. Qué ganas de ver la película, coño!!!!

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  2. A mí la película me gustó mucho, en especial los paisajes. De acuerdo con tigo en la valoración que hace Penn sobre el personaje principal.

    Saludos.

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