viernes, 11 de mayo de 2007

No es país para viejos: Corazón salvaje

Cormac McCarthy era una deuda pendiente del que esto suscribe, dado el prestigio de su "Trilogía de la Frontera" (compuesta por Todos los hermosos caballos, En la frontera y Ciudades de la llanura) y, sobre todo, de Meridiano de sangre, un western crepuscular que cuenta con defensores tan variopintos como Rodrigo Fresán o Fernando Trueba, y al que muchos consideran como el libro que más se parece a la idea de la perseguida "Gran Novela Americana" desde que Melville escribiera Moby Dick.



Ahora hemos saldado dicha deuda con la lectura de No es país para viejos, su última novela... al menos de las publicadas en España, porque la posterior The Road ya ha ganado recientemente el premio Pulitzer en la categoría de ficción. Esperemos que Mondadori no tarde mucho en publicarla aquí, ya que muchos la consideran la mejor novela de su autor.



Si en la mayor parte de sus libros anteriores el escritor exploraba los territorios del oeste desde el siglo XIX hasta nuestros días, en No es país para viejos se acerca al género negro con un thriller brutal y despiadado, cuyo punto de arranque es bien sencillo: Llewellyn Moss, cazador y veterano de Vietnam, se encuentra por casualidad con el escenario de un tiroteo; furgonetas agujereadas, cadáveres por doquier y dos millones de dólares, de los que no duda en apropiarse. A partir de ahí se verá inmerso en una persecución a varias bandas, donde Wells, un cazador de recompensas, Chigurh, un despiadado asesino a sueldo, y Bell, un sheriff que ha perdido la fe en la mayor parte de la humanidad, tendrán una presencia vital.



La novela se articula a partir de la interacción de estos personajes, siendo Moss y Bell los protagonistas principales. Los distintos capítulos aparecen intercalados con reflexiones de este último, en las que McCarthy consigue quizá los mayores logros, cargados de emotividad casi lírica, de esta magnífica novela.



Y es que como ya se supondrá, lo que hace de No es país para viejos una lectura imprescindible no es la trama en sí, sino cómo el autor pone a su servicio un estilo literario seco y sin concesiones, en ocasiones más árido incluso que el de James Ellroy, uno de los nombres más destacados de la novela negra moderna. A propósito ha dicho José María Guelbenzu: "McCarthy ha escrito una novela en la que prescinde casi por completo de una de sus mejores bazas literarias: la creación de imágenes de belleza y plasticidad únicas y fascinantes. Aquí escribe con una desnudez extrema, es una escritura ascética de una contundencia demoledora. El sentido del ritmo y el selecto uso de la elipsis son tan potentes que cualquier autor de thriller daría un brazo por llegar a escribir con una tensión tan absorbente". Pero eso sí: allá donde Ellroy construye grandes frescos históricos con multitud de personajes, el autor de Hijo de Dios opta por una pieza de cámara más íntima pero igual de despiadada, y donde vuelve a estar presente la ausencia de guiones en los diálogos, característica de su producción literaria.



Dado la fuerza de la novela, no es extraño que Hollywood se haya fijado en ella: los hermanos Coen, que ya han demostrado su interés por el thriller protagonizado por individuos anónimos de la América profunda, desde Sangre fácil a Fargo, ya preparan la adaptación de la novela, con un atractivo reparto: Tommy Lee Jones (Bell), Josh Brolin (Moss), Woody Harrelson (Wells) y Javier Bardem (Chigurh). El talento de los autores de Barton Fink nos lleva a confiar en que harán una competente adaptación, sobre todo en lo que a la psique de los personajes se refiere, pero es indudable que se perderá el gran atractivo del estilo de McCarthy, sentencioso y cruel, y que aquí vuelve a versar acerca de la maldad que habita en el corazón de los hombres, uno de los temas principales de su imprescindible obra.


No es país para viejos
Cormac McCarthy
Barcelona, Mondadori, 2006
256 pp. - 18 €


[Fotografías 2.ª: Cormac McCarthy; 5.ª: Tommy Lee Jones en Los 3 entierros de Melquíades Estrada.]

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