miércoles, 16 de mayo de 2007

La Gran Conspiración

En los años 70, el cine norteamericano reflejó en la gran pantalla buena parte de todos los fantasmas de la nación, cuyo origen estaba en la (más que justificada) falta de confianza en sus líderes tras el escándalo de Richard Nixon y el Watergate. Si a esto sumamos el trauma de Vietnam, no es extraño que en aquella década coincidieran títulos como La conversación de Coppola, Los tres días del cóndor de Pollack, Marathon man de Schlesinger, Taxi driver de Scorsese o El cazador de Cimino.



Alan J. Pakula, director de cine que murió en 1998 en un desafortunado incidente en la carretera, y cuya última película fue La sombra del diablo con Harrison Ford y Brad Pitt, contribuyó a esta corriente cinematográfica con su particular "Trilogía de la Conspiración", formada por Klute, Todos los hombres del Presidente (basada en el caso Watergate, e indudablemente su film más célebre) y la que ahora nos ocupa, El último testigo.



Este film, cuyo título original es el más adecuado The Parallax View, no es por ser el menos conocido de los tres citados una cinta desdeñable. Muy al contrario, se trata de una espléndida película que merece sin duda recuperarse, protagonizada por un sobrio y ajustado Warren Beatty.



La cinta, desde su atractivo arranque (un atentado político donde resuena el asesinato de JFK y las teorías conspiratorias de un segundo tirador), consigue atrapar la atención del espectador en todo momento, conduciéndolo por una trama donde el periodista que interpreta Beatty se verá inmerso en una investigación acerca de una misteriosa empresa que parece reclutar asesinos a sueldo.



Hacia la mitad de la película (de la que cabe destacar que cuenta con la fotografía del gran Gordon Willis, presente en El Padrino y Manhattan) nos encontramos con un punto álgido, el célebre "Test Parallax", la prueba visual a la que someten al protagonista, donde mediante el montaje de imágenes fijas y el uso de la música se manipula la mente de la misma forma que el periodista intenta manipular a la organización donde pretende entrar.



Una vez llegamos a la conclusión, desoladora y no por predecible menos angustiosa, El último testigo nos hace añorar un cine, el de los años 70, donde todavía era posible ver fracasar a los héroes y triunfar a los villanos en la sombra que mueven los hilos del tinglado. Un cine que nos recuerda cómo es el mundo en el que vivimos.

[Imagen 1.ª: Dustin Hoffman y Robert Redford en Todos los hombres del Presidente.]

4 comentarios:

  1. Anónimo7:38 p. m.

    Joooooder.... llevo un par de días pensando en la trilogía de la paranoia del Pakula, no sé porqué (o sí, porque estamos en campaña electoral) y sobre todo en pillarme esta peli y ahora veo esto en tu blog.

    A ver si la veo de una vez que la tengo pendiente desde hace tiempo.

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  2. Anónimo9:03 p. m.

    Por cierto, ¿no te parece que la muerte de Alan J. Pakula suena demasiado a "accidente casual"?

    Quiero decir, parece sacado del manual de "cómo tener accidentes casuales".

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  3. Precisamente pensaba en eso, en la aparatosa muerte de Pakula, mientras escribía este texto sobre THE PARALLAX VIEW. Y es... ejem, sí que resulta harto sospechoso, sí...

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  4. Anónimo1:21 p. m.

    Fran, Pakula fue un director de cine preocupado por explicar la realidad. Joder, ha sido el único cineasta yanki que ha hecho cine político de calidad. Más que un trilogía, dedicó sus películas a esos temas. No te olvides de El informe pelícano, en los 90. La película sobre el Watergate vista hoy, cuando se sabe todo, era directamente EXACTA.Nada de conspiranoicos. Es un documento cinematográfico de primer orden y una gran película gracias a su productor, Redford, el último rojo del cine americano. En cuanto a The parallax, fue una película de gran éxito para los jóvenes ultraizquierdistas univeristarios de los setenta, entre quienes me encontraba. Entre otros motivos, porque consiguió sortear la censura española de milagro
    MARIANO

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