miércoles, 13 de diciembre de 2006

Los fotogramas de la autoflagelación

Para muchos, el cineasta danés Lars von Trier es un iluminado. Para otros, se trata simplemente de un loco. Conforme un servidor va descubriendo más trabajos suyos, se está haciendo a la idea de que podría tratarse de ambas cosas a la vez...



Hasta la fecha, su mejor trabajo me sigue pareciendo Rompiendo las olas, aquella epopeya romántico-religiosa que fue aplaudida en Cannes y que a todo el mundo le recordó el Ordet de Dreyer. No obstante, ese policíaco tan sui generis titulado El elemento del crimen, o una película tan arriesgada como Dogville, con Nicole Kidman, merecen muy mucho la pena. En cambio, Bailar en la oscuridad siempre me ha parecido bastante sobrevalorada, y de la idiotez de Los idiotas, mejor ni hablamos...



Uno de sus últimos trabajos, esta Cinco condiciones, parte de una premisa harto original: en 1967, su compatriota Jorgen Leth filmó el cortometraje Det perfekte menneske ("El ser humano perfecto"), donde analizaba el comportamiento de las personas. Fascinado por este semidocumental de trece minutos, Von Trier propone a su colega recrear dicha obra repetidas veces a partir de una serie de condiciones, a cual más complicada...



Von Trier se convierte así en el villano de la función, un demiurgo caprichoso que pone en un brete detrás de otro a Leth, (anti)héroe épico del drama. Pese a ello, el objetivo de Von Trier no es otro que poner a prueba la creatividad de Leth, a la vez que (como vamos descubriendo conforme avanza el metraje), sacarlo de una depresión, quizá fruto de la falta de interés por el propio oficio.



¿El resultado final? Pues, como suele pasar con el cine del principal impulsor del movimiento Dogma, es un experimento tan irritante en algunos momentos como fascinante en otros, que aúna documento y cine experimental, imagen real y animación (que, por cierto, odian ambos cineastas daneses)... Cinco condiciones viene a ser una obra fruto de la autoflagelación, de autoimposiciones en muchas ocasiones ridículas pero que germinan en un resultado sorprendente, un cine tan libre como el de Godard o Moretti, por citar dos casos, y cuya mera existencia debe aplaudirse.

1 comentario:

  1. Anónimo10:38 p. m.

    A mí Bailar en la oscuridad me aburrió mucho. Aunque Bjork está de P.M. pero es que los dramas de Von Trier no me interesan mucho y su forma de dirigir no me parece muy novedosa, hortera sí, un rato. Aquello del Dogma eran ganas de marear, luego se ve que se cansó y dirigió Bailar en la oscuridad.

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